Capítulo 70
Caleb, al ver que Edith se levantaba de un salto al verme, ahora brincaba y saltaba mientras agitaba la mano.
«¡La señora me ha reconocido!»
Solo con eso, se sentía como si fuera a volar.
Antes de que comenzara el combate de entrenamiento, los caballeros que habían regresado de la mina vieron a Caleb y pusieron una expresión de desconcierto. Aunque los caballeros que estaban en el castillo decían que Caleb había crecido, ellos simplemente no podían creerlo. Incluso ahora, muchos negaban que él fuera Caleb. Eran, en su mayoría, hombres orgullosos de ser sangre pura de Hacklam.
Por eso mismo, pensaban que era natural que Caleb, siendo mestizo, no creciera. Andaban por ahí diciendo que estaba maldito por ser un deshonroso mestizo, y de repente había crecido, así que se quedaron sin saber qué decir. Entre ellos, algunos lo miraban con desprecio, preguntándose si no habría usado algún tipo de hechicería malvada. Al final, Caleb fue objeto de más recelo que antes.
Esto se intensificó cuando Caleb derrotó a varios caballeros. Desde el principio, Caleb fue derribando a los otros caballeros sin titubear. Hubo algunos que cayeron de un solo golpe. Ellos escucharon que habían sido derrotados sin siquiera saber qué les había pasado. Muchos no podían aceptarlo, ya que la victoria o la derrota se había decidido demasiado rápido.
—¡Hasta hace poco era un idiota que ni siquiera podía sostener bien una espada! ¡Todos sabemos que el hecho de que el cuerpo crezca no significa que la habilidad mejore!
Pero aquellos que alzaban la voz así, solo se limitaban a fulminar con la mirada a Caleb, que se burlaba diciendo: “Si os parece injusto, ¿por qué no hacemos otra ronda?”, sin llegar a enfrentarse a él. Porque ni siquiera habían podido percibir correctamente los ataques de Caleb. Si se enfrentaban de nuevo en ese estado, solo terminarían siendo derrotados dos veces.
Así, Caleb ganó una y otra vez. Ver a los caballeros eliminados le llenaba de orgullo. Porque no había ni uno solo que hubiera tratado bien ala señora. Entre los que quedaban, tampoco había ninguno que fuera del agrado de Caleb.
«Por eso tengo que ganar yo.»
Aguantó y resistió con ese pensamiento, y cuando se dio cuenta, solo quedaba un hombre frente a él. El vicecapitán. Era a quien Caleb más odiaba.
Como corresponde a Hacklam, donde el poder lo determina todo, el vicecapitán se sometía incondicionalmente a Eckhart y Richard. Del mismo modo, era estricto, más bien cruel, con los caballeros bajo su mando. En especial, trataba con mayor dureza a los caballeros de baja habilidad, diciendo que eran una vergüenza para Hacklam.
«Si un tipo así está con la señora…».
En la mente de Caleb apareció la escena que había visto en el invernadero. La señora, que sufría bajo Eckhart. Si el vicecapitán llegara a hacerle eso a la señora….
«Seguro que le pega. Le estrangulará el cuello.»
Ese hombre violento no conocía la moderación. Por eso, incluso entre los caballeros, solía haber heridos a manos de él. La señora era más pequeña y delicada que un caballero, así que si ese tipo le daba un solo golpe, seguro que caería desplomada. Y luego, como el señor, lo abrazaría y por abajo… Al pensar hasta ahí, la sed de sangre se le disparó. No podía permitir que eso sucediera bajo ningún concepto.
—¡Caleb! ¡S-sangre!
La voz de Edith hizo que Caleb volviera en sí. Se pasó la mano por la cara, hacia el lado que ella señalaba, y la sangre le manchó los dedos. Así que por eso veía todo un poco rojizo; parecía que le estaba sangrando. Se frotó la cara con la mano, y de repente se sintió bien.
«Se ha preocupado por mí.»
Ya era emocionante que lo hubiera reconocido al instante, y encima se preocupa por el.
Mientras Caleb estaba tan contento que no sabía qué hacer, el vicecapitán, al verlo, entrecerró los ojos.
—Parece que en tu forma de niño andabas meneando el rabo como un perro.
Luego, miró alternativamente a Edith y a Caleb, y volvió a hablar.
—Como la señora es tan pequeña, supongo que con la suya también habrá disfrutado lo suficiente. Pero a partir de hoy, no se conformará con algo pequeño. Hasta que amanezca, voy a llenarla bien para que por abajo se transforme a mi imagen y semejanza.
Mientras decía esto, el vicecapitán miró también a Eckhart y a Richard con una expresión de burla. Como si pensara que el hecho de que la señora no hubiera concebido aún era culpa de ellos por ser insuficientes.
—…Cállate.
Caleb rechinó los dientes. No entendía perfectamente lo que decía el vicecapitán, pero sí podía darse cuenta de que se estaba burlando no solo de él, sino también de Eckhart y Richard. Se limpió la sangre que le caía de la frente con la manga.
Sinceramente, había llegado al límite. Aunque se había vuelto más fuerte después de que su cuerpo creciera, al haber estado enfrentándose a caballeros desde la mañana, estaba agotado y todo su cuerpo, golpeado, le dolía y le gritaba. En cambio, el vicecapitán parecía estar bien. Tenía manchas de tierra aquí y allá en la ropa, pero no se le veían heridas.
Era de esperar. El vicecapitán había ido sometiendo a sus oponentes sin piedad desde el principio del combate. Normalmente, habría terminado en un punto razonable, pero esta vez había sometido a sus rivales con crueldad deliberadamente. Por eso, se sucedieron las declaraciones de derrota de caballeros con huesos rotos y heridas graves. En realidad, era una amenaza de que, aunque intentaran resistírsele, no les iría bien.
Ver a sus compañeros quejándose mientras sujetaban sus piernas rotas hacía que cualquiera se encogiera. Gracias a eso, el vicecapitán pudo llegar cómodamente hasta el final. En cambio, Caleb, como todos se enfrentaban a él con todas sus fuerzas pensando “a este tipo puedo ganarle”, había quedado hecho un desastre.
El desarrollo intermedio fue intenso, pero el final tenía un claro vencedor. Entre los caballeros, ya había algunos que comenzaban a recoger y prepararse para irse.
—Cuando estén listos, comenzamos.
En cuanto el juez dijo eso, Caleb y el vicecapitán se miraron fijamente y se separaron.
—¡Comiencen!
Al mismo tiempo que el sonido que anunciaba el combate final, los dos se lanzaron el uno contra el otro sin dudarlo.
Aunque ya había sonado el aviso de inicio, Edith ni siquiera pensó en sentarse y se quedó mirando a los dos que luchaban. No lograba entender qué era lo que estaba pasando.
Realmente se preguntaba si ese hombre era Caleb. No hacía tanto que había visto a Caleb por última vez. ¿Como mucho, unas dos semanas? Y de repente aparecía así, crecido de golpe como si hubieran pasado años. Eso ya era sorprendente, pero encima Caleb había llegado hasta el final.
«¿Es eso posible?»
El vicecapitán contra el que estaba luchando Caleb ahora parecía el doble de grande que él. Además, era el vicecapitán, así que debía ser fuerte. Y sin embargo, Caleb estaba enfrentándose a alguien así. Entonces Edith se dio cuenta de que quien ganara entre ellos sería con quien pasaría la noche.
Mientras tanto, el vicecapitán y Caleb habían chocado las espadas de práctica varias veces. Entonces, un breve suspiro se escapó de entre los caballeros. Solo con eso, ya se podía prever claramente el resultado de este combate. Cada vez que chocaban, el cuerpo de Caleb retrocedía.
Las expresiones de Eckhart y Richard se endurecieron. Ambos sabían bien qué clase de hombre era el vicecapitán. Sinceramente, no era de su agrado. Pero era fuerte y, al menos, no había problema en que dirigiera la orden de caballería. Para mantener la disciplina de los caballeros, un hombre severo era mucho mejor que uno blando.
«Pero pasar la noche con Edith es otra cosa.»
Es alguien que no refrenará sus propios deseos. Además, tiene tendencia a disfrutar viendo al otro someterse a él. ¿Cómo se comportaría ese tipo si pasara la noche con Edith? Pero ya era demasiado tarde para intervenir ahora por ese motivo. Casi preferían que ganara Caleb.
Pero en el momento en que vio la reacción de Edith al descubrir a Caleb, Eckhart sintió que su interior se revolvía. Cualquiera podía ver que estaba angustiada y sin saber qué hacer por Caleb, como si le tuviera lástima. En esta situación, si Caleb estuviera con ella….
En su mente apareció la imagen de Edith, abrazándole mientras le confundía con Richard. La imagen de ella riendo, hablando y mostrándole su afecto sin reservas. Edith trataría a Caleb con más naturalidad. Entonces, ¿cuánto más cálida y suave sería…?
Apretó el puño con fuerza.
Mientras tanto, el vicecapitán había arrinconado por completo a Caleb.
¡CLANG!
Con un fuerte sonido, la espada que Caleb sostenía cayó al suelo.
—No te hagas el interesante y arrodíllate. No tengo tiempo para educarte ahora.
Dijo eso mientras miraba a Edith. Al encontrarse sus miradas, el rostro de ella palideció. Le gustó la expresión asustada de Edith. Ahora podría ver ese bonito rostro contorsionarse una y otra vez hasta que amaneciera. Al pensarlo, sintió una opresión en la entrepierna. Entonces, Caleb, que había soltado la espada, lo miró fijamente y dijo:
—¿Estás loco?
Y en un instante, se abalanzó sobre él. El vicecapitán, que pensaba que Caleb se echaría atrás, se sorprendió ante este ataque inesperado. Pronto, los dos cuerpos rodaron por el suelo como si fueran uno solo.
Pero el éxito del ataque sorpresa no significaba la victoria de Caleb. El brazo del vicecapitán rodeó el cuello de Caleb. El vicecapitán susurró:
—No se exigirán responsabilidades por el resultado del combate de hoy. Así que aunque un mestizo muera, no será más que un accidente.
Dijo eso mientras apretaba aún más el brazo. Caleb jadeaba y forcejeaba. En un instante, le faltó el aire y la vista se le nubló. Si seguía así, estrangulado un poco más, moriría. Eso era lo que el vicecapitán quería.
«No.»
No le da miedo morir. Pero si perdia así….
«La señora. Si pierdo así, quizás la señora acabe hoy igual que yo.»
En cuanto pensó eso, Caleb levantó la mano y agarró la cara del vicecapitán. El vicecapitán, viendo la mano de Caleb tantear su rostro, iba a soltar una risita burlona cuando, de repente.
—¡Aaaagh!
Un dolor terrible lo cegó. Al mismo tiempo, Caleb se liberó de su brazo. Las afiladas uñas de Caleb le estaban hundiendo el ojo. Caleb agarró inmediatamente al vicecapitán por el cabello. Y entonces, apretó con fuerza con el dedo el ojo derecho que había perforado con sus uñas.
—¡Agh! ¡Aaaaagh!
De nuevo se oyeron gritos y, con un sonido ‘pop’, el globo ocular desprendido cayó al suelo del campo de entrenamiento.
Caleb miró al vicecapitán que se retorcía, y luego miró al juez. El juez, con expresión atónita, tartamudeó y luego gritó:
—¡Vi-victoria de Caleb…!
Robin: que cardiaco estuvo el capitulo kiaaaaaa

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: ROBIN
REVISIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN LA MERA MERA DEL SCAN