Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Extra 25

Era el primer día del año nuevo, y el baile en honor a la Princesa se llevó a cabo con más esplendor que nunca. Una ocasión especial en la que Chloe estaba de un humor particularmente alegre.  

Todos recibieron a la nueva Princesa con calidez y le dedicaron palabras de felicitación. Algunos, incluso, la envidiaban preguntándose cómo es que habían conseguido a una joven tan hermosa como ella, mientras otros, simplemente, le transmitían sus cumplidos de forma genuina.  

Raymond, también de mejor humor de lo habitual, en lugar de sentarse arrogantemente esperando a que la gente se acercara como solía hacer, se levantó y se paseó entre los nobles.  

Cuando el cielo se oscureció un poco más, Elliot y Estel no pudieron vencer el sueño y se retiraron temprano a sus aposentos. Por más que fueran el Príncipe Imperial y la Santa, al fin y al cabo, eran solo dos niños.  

Eve, por su parte, se llevó a Rebecca consigo y desapareció hacia algún lugar.  

El tiempo avanzó hacia la medianoche, y Chloe, sintiéndose extremadamente feliz, bebió copa tras copa de licor dulce, hasta que, de pronto, los copos blancos que caían fuera de la ventana captaron su atención. 

—¿Oh? Está nevando…

Al instante, ella recordó el momento en que cayó la primera nevada de ese mismo invierno.  Aquel día había sido la ceremonia de bienvenida de la Santa. También fue la fecha en la que, mientras intentaba tener un encuentro secreto con Raymond, fueron descubiertos por Estel y Elliot, que los siguieron a escondidas.  

Al final, todos compartieron la primera nevada juntos y, cuando un copo de nieve cayó sobre la palma de Estel, ésta estalló en llanto a la vez que Chloe la abrazaba con fuerza. Aquel pequeño cuerpo que se aferraba a su regazo le pareció tan adorable y tierno, que apenas pudo contener la emoción.  

—Ji, ji, ji,…—Chloe soltó una risita alegre, rememorando aquellos momentos.  

—Mmm… Parece que Su Majestad, la Emperatriz, está hoy de excelente humor.  

Un joven noble, que pasaba por allí, con las mejillas ligeramente sonrojadas, se acercó  para hablarle.  

—Por supuesto. Estoy muy feliz. Si la felicidad existe, debe ser algo así…—respondió ella, tomando otro sorbo de su copa y, al dirigirse al chico, entrecerró sus ojos alargados.    

Mimy: Más letales que nunca…

Su mirada sutil, de un tono rojo brillante, hizo que el joven noble, que estaba frente a ella, dejara escapar un gemido breve y ahogado.

—Ah…  

De repente, ensimismado por la escena, y sin darse cuenta, dejó caer su copa de champán al suelo.  

¡CLINK! ¡CRASH!  

El sonido estridente atrajo todas las miradas y Raymond, que conversaba con otros aristócratas, interrumpió abruptamente la charla al ver el estado de Chloe, para dirigirse hacia ella con pasos alargados. 

—¡Emperatriz…!—exclamó el Emperador.

No se había dado cuenta, pero al parecer, ella había bebido demasiado y él, notando la situación que estaba por desarrollarse, se dijo para sí mismo:

«Maldición…»

Pero, por su parte , Chloe, al verlo, entornó sus ojos rojos de manera coqueta.  

—Mmm, Ray….  

Poco a poco, sus traviesos hábitos, que se mostraban al beber, comenzaron a aparecer. Raymond, rápidamente, rodeó su cintura con un brazo y la atrajo hacia sí, anunciando:  

—Si me disculpan, me llevaré a la Emperatriz ahora.  

Aunque la tolerancia al alcohol de Chloe no era tan baja como otras damas, cuando bebía en exceso, dejaba entrever un comportamiento bastante juguetón.  

Con una expresión de exasperación, Raymond la sostuvo y salió con ella. Al sentir los fríos copos de nieve en su piel, Chloe se estremeció. 

—¿Chloe? ¿Estás bien? ¿Cuánto has bebido?—preguntó él, preocupado. 

—Haaa… Raymond de Astarot…  

Chloe se giró, con un movimiento gracioso, y lo miró fijamente, sin apartar las fogosas pupilas que centelleaban con fuerza. Luego, con un gesto rápido, le tomó la cara entre sus manos, apretando sus mejillas.  

—El Emperador del Imperio de Astart…—continuó ella. 

—Sí, Chloe. Soy yo, el Emperador y también tu marido. 

Raymond asintió, incómodo, con su rostro aún atrapado entre las finas y suaves manos de Chloe.  

—¿Sabes? Eres muy guapo.  

Los blancos y delicados dedos de la Emperatriz, comenzaron a pellizcar y estirar las mejillas de su esposo. Este último, sintiéndose como si estuviera siendo torturado, se retorció internamente mientras balbuceaba:  

—E-espera, Chloe. Vayamos primero a nuestra habitación…. 

—No… ¿Por qué esperar? Un Emperador tan guapo y apuesto se merece un beso en este mismo momento… 

Con una sonrisa pícara, Chloe se levantó de puntillas y posó sus labios sobre los de Raymond.  

—Este es un premio solo para ti, Ray. Porque eres el Emperador más guapo del Imperio Astart. 

Mimy: Y el único…

—Ch-Chloe… ¡Mmm!  

Raymond, que intentaba detenerla, terminó rindiéndose ante el profundo beso con lengua que siguió a continuación del otro. Incapaz de hacer nada, se vió extasiado por el sabor de la dulce lengua de Chloe que le recorría la boca. 

Ebria, Chloe era demasiado intensa, sensual y apasionada. Raymond, sin poder contenerse, atrajo su cintura contra el bajo vientre de ella, pegando sus cuerpos al máximo.  

—Ah… Chloe….  

Al separar sus labios, la contempló con ojos llenos de deseo y Chloe también lo miró fijamente, con llamas cargadas de apetencia sexual en sus pupilas.

Su rostro pálido, iluminado por la luz, con las mejillas y el contorno de los ojos enrojecidos, despertó en Raymond una sed insaciable. Además, a mayores, la sensualidad del momento se acentuó con creces cuando, poco a poco, los ojos de la joven se curvaron con picardía, y una risa cristalina escapó de sus labios.  

La verdad es que los excesos de Chloe con el alcohol tenían una larga historia. Desde tiempos ya olvidados.  

Cuando bebía, lo primero que ocurría era que sus mejillas se volvían de un rojo apetecible. Tanto que, sin importar la edad o género, todos quedaban hechizados. De hecho, llegó a tal punto que Raymond y Daria hablaron seriamente en la asamblea nobiliaria, barajando el si se debía aprobar una Ley que prohibiera beber a la Emperatriz.  

En segundo lugar, se reía de forma coqueta sin control. Al principio, sus ojos rojos como gemas se entornaban con una sonrisa suave, pero, al embriagarse más, sus labios de color cereza se curvaban en una sonrisa amplia y traviesa.  

En esos momentos, cuando su embriaguez alcanzaba su punto máximo, solía estallar en una risa jovial y contagiosa, una risa que resultaba tremendamente seductora. Ya había habido varias víctimas que, encandiladas por su risa, habían caído en un profundo enamoramiento hacia ella.

Tercero, se volvía más directa al hablar. De hecho, esta era una de las partes que más volvía loco a Raymond. Chloe, hablando de manera informal, mostraba un encanto diferente al habitual, una seducción que brillaba especialmente en la intimidad.

Y, por último, como cuarto efecto, era que ella corría increíblemente bien. No solo bien, sino de manera asombrosa. Tanto que Raymond, quien jamás se quedaba atrás en habilidades físicas frente a otros, era incapaz de alcanzar a Chloe una vez que empezaba a correr borracha.

Pero, ahora, el problema ya estaba ahí. La borrachera de Chloe estaba pasando del tercer al cuarto punto. Con una risa seductora, que hipnotizaba, Chloe empujó levemente a Raymond de forma repentina.

—¿Chloe…?

Aprovechando su confusión, giró sobre sí misma con una sonrisa cautivadora y echó a correr en dirección opuesta.

—¡Chloe…! ¡No! ¡Que alguien detenga a la Emperatriz!

Raymond de Astarot era la víctima eternamente atormentada por las borracheras de Chloe.

Pero, antes de que él se ofreciera voluntariamente como víctima, hubo otros que sufrieron su embrujo.

Por supuesto, entre ellos también estaba Kylos de Ludwig.

Un hombre olvidado en el tiempo, del que ya nadie se acordaba, había cometido el error de ofrecerle a Chloe un poco del licor que al Emperador tanto le gustaba.

{—Mi tío es un maldito hijo de perra.}

Con esas palabras, y una tremenda bofetada que Chloe le dio antes de huir, quedó aturdido por un buen rato.

Cuando Kylos reaccionó y fue tras ella, la encontró llorando y riendo alternativamente mientras abrazaba a un joven caballero.

{—¡Mi tío es…! Snif… ¡Un maldito hijo de perra…! ¿Sabes?}

Lo peor era que, si se escuchaba con atención todo lo que ella decía, eran insultos hacia él que daban lugar a grandes malentendidos. Aunque logró recuperar la compostura y llevarse a Chloe consigo, el problema fue que el joven caballero ya se había enamorado de ella.

Por eso, debido a lo que ella había gritado, el ingenuo caballero, embriagado por la fiebre del amor, osó atacar a Kylos con un arma. 

{—¡Este maldito! ¡El enemigo de Lady Garnetsch…!}

Pero, obviamente, fue derribado al instante. Kylos intentó llevar a Chloe a su habitación para que durmiera, pero ella le dio otra bofetada y escapó. Era tan rápida que, una vez más, no la alcanzó a tiempo y simplemente se quedó viendo, impotente, cómo huía con soltura.

Cuando finalmente la encontró, lloriqueando y riendo con una sirvienta de la cocina, ya era demasiado tarde. La sirvienta también se había quedado prendada de ella.

{—¡Mi tío es…! Snif… ¡Un maldito hijo de perra…!}

En este caso, la sirvienta era un poco más inteligente que el joven caballero y, en lugar de atacar a Kylos en el acto, al día siguiente mezcló una sustancia extraña en su comida. Claro que fue descubierta y expulsada de inmediato, pese a los gritos que daban explicación a sus actos.

{—¡Este maldito! ¡El enemigo de Lady Garnetsch…!}

Dos bofetadas de Chloe, borracha, y dos amenazas a su vida por parte de personas seducidas por ella, fueron suficientes para que Kylos entendiera lo peligrosa que era Chloe al lado de una botella de alcohol.

Es por eso que, después de aquel suceso, él nunca más le ofreció ningún tipo de licor a Chloe. No era precisamente porque no le gustara verla en ese estado. Su aspecto ebrio era tan cautivador que encandilaba a cualquiera, incluso él, siendo insultado y abofeteado, tuvo un momento difícil para controlarse. Sin embargo, era consciente de que la presión que él ejercía sobre ella era tanta, que su estado mental no era el mejor, y temía que pudiera arruinar cosas importantes diciendo algo contraproducente por una simple bebida de más.

Además, para empeorar las cosas, y por alguna razón desconocida, Chloe no recordaba nada de sus borracheras. Creía, erróneamente, que había escupido el whisky que Kylos le había ofrecido. Pero, en realidad, solo había escupido el primer trago, y luego, llevada por la euforia, se había bebido toda la botella.

No obstante, ahora que Kylos de Ludwig había muerto, ya no quedaba nadie que recordara ese incidente, hasta que llegó la segunda víctima, Daria de Carolina.

Ella, que había obligado a Chloe a beber cuando ésta se negaba, terminó sufriendo las consecuencias de su borrachera.

{—Me pediste que fuera tu amante, ¿no?}

Daria, que debería haber notado que estaba borracha desde el momento en que su lenguaje comenzó a ser directo e informal, quedó tan confundida por aquellas palabras, que, atónita, tardó en reaccionar.

{—¿Es eso de verdad? ¿Te gustaría que fuera tu amante, Daria?}

Su voz, seductora y llena de insinuaciones, hizo que Daria pensara, por un momento, que no estaba borracha, sino que intentaba seducirla, como venganza por todas las bromas que le había gastado.

{—Espera, Chloe. Puede que haya bromeado contigo sobre eso, pero…}

El problema era que estaban en la cama y, antes de que Daria pudiera explicarse, su cuerpo cayó pesadamente sobre las sábanas. Un instante que Chloe aprovechó, para subirse encima de ella. 

{—Pero no puedo ser la amante de Su Majestad, la Emperatriz… Porque yo…}

PLIC, PLIC, PLIC… 

De repente, lágrimas gruesas cayeron sobre el rostro rojo de Daria, que ardía de vergüenza.

La imagen de Chloe, montada sobre ella, con los ojos llorosos y las lágrimas cayendo, era increíblemente sensual. Tanto, que incluso Daria, heterosexual, quedó embelesada.

A diferencia de Kylos de Ludwig, meticuloso y calculador, Daria de Carolina era humana y sensible, por lo que solía repetir los mismos errores.

Así que, incluso después de eso, seguía ofreciéndole alcohol a Chloe, solo para terminar en situaciones peligrosas, cargadas de erotismo.

Aunque siempre se arrepentía después, probablemente, Daria de Carolina nunca escaparía de aquel ciclo de errores y remordimientos, donde el alcohol estaba de por medio.

Además, sus aparentes descuidos, en ese aspecto, tenía una razón de fondo:

“Enloquecer de celos a Raymond de Astarot. El pobre hombre que siempre sufría y se contenía las ganas cuando se trataba de Chloe Garnetsch.”

Cuando Chloe se emborrachaba, el más afectado era Raymond. Por eso, cada vez que bebía, él se ponía el doble de alerta y Daria lo sabía. Ella, que buscaba el más mínimo detalle para meterse con él, tenía a su alcance el móvil perfecto: Chloe y una botella de alcohol. 

Pero hoy, el incidente no fue ocasionado por terceros. Raymond, simplemente, estaba tan contento que bajó la guardia, y Chloe, embriagada en la alegría del momento, se dejó llevar por el ambiente festivo.

«¡Maldita sea! Un mínimo error y… ¡Demonios! ¿Cómo he permitido que Chloe llegara a este estado?»

Después de correr por un buen rato, Raymond encontró a Chloe, que había sido capturada por los caballeros no muy lejos de allí.

—¡Chloe! ¡Aaah! ¡Maldición…!

Chloe les hablaba con gestos muy sensuales y emotivos, y los caballeros, que la observaban hipnotizados, tenían miradas llenas de ternura.

—Todos deben saber lo adorable y cariñosa que es mi Estel.

—¡Sí, Su Majestad la Emperatriz! ¡Nos esforzaremos por servir a la Princesa Estel con aún más cuidado de ahora en adelante!

—Ainns… No basta con simplemente servirla. Deben entender lo encantadora que es, ¿comprenden?

—¡Sí! ¡Entendido!

—Mmmm… ¿De verdad? ¿Realmente lo entienden? ¿O solo están respondiendo por responder?

Raymond, que contemplaba la escena en silencio, dejó escapar una risa burlona, como si se hubiera rendido por completo.

—Hummm… Ahora hasta sospechas por estar ebria, ¿eh?

Se acercó a Chloe y rodeó sus hombros por detrás con su brazo. Al notar su presencia, los caballeros, que habían estado boquiabiertos siendo hechizados por el erotismo de su esposa, se sobresaltaron y se inclinaron rápidamente.

—¡S-Su Majestad el Emperador!

—Gracias por acompañar a la Emperatriz en su charla. Pero, ahora que he llegado, pueden retirarse.

—¡Sí, claro!

Los caballeros, intimidados por la mirada penetrante de Raymond, se dispersaron rápidamente y él, que ya no podía contenerse más, levantó a Chloe en brazos y comenzó a caminar.

—Chloe, de verdad…

Al soltar un breve suspiro, Chloe, en sus brazos, estalló en una risita alegre y juguetona.

—Pero Ray… Todos deben saber lo adorable que es Estel.

—Hoy es Estel, y otro día será…

—¡Ey! ¡Ray!—exclamó Chloe, quien no estaba escuchando lo que él decía—. Creo que debemos capturar su sonrisa tímida en un retrato. Cuando levanta las comisuras de los labios, se parece tanto a ti… ¡Ahhh! ¿Te confieso un secreto? Raymond es el hombre que más amo en este mundo… Estoy loca por él…

Su voz parlanchina y dulce no le resultaba desagradable, al contrario, si por él fuera, se la comería a besos en ese mismo instante, y, de solo pensarlo, una sonrisa similar a la de ella apareció en los labios de Raymond.

Chloe, al notar su expresión, aplaudió feliz.

—¡Oh! ¡Pero mira, si es Raymond!

—¡Vaya! ¿No me digas? estás completamente borracha, mi chica revoltosa.

—¡Te amo, Ray! Eres realmente, pero realmente increíble, atractivo, encantador…

Chloe, mientras recitaba piropos, estiró los brazos, le tomó las mejillas y le dio un beso suave en los labios.

A pesar de estar completamente ebria, en lugar de molestarse, Raymond la encontró tierna y adorable. Quizás era porque simplemente era Chloe, su única amada en todo el mundo.

—Haaaa… Esta noche será muy, pero que muy larga.

Raymond negó la cabeza con exasperación mientras seguía caminando. No obstante, el sonido claro de la voz de su mujer en sus oídos suavizó su expresión por completo.

A la mañana siguiente, Chloe despertó tarde y miró a su alrededor, confundida.

—Buff… 

Suspiró al darse cuenta de que debía haberse emborrachado. Aunque no tenía resaca, era como si un trozo de su memoria hubiera desaparecido por completo.

Justo cuando se levantaba de la cama, escuchó unos golpecitos delicados en la puerta. Ninguna de sus damas de compañía solía tocar así e, intentando ocultar su curiosidad, dio permiso:

—Adelante.

La puerta se abrió de inmediato, revelando una voz melodiosa.

—¡Madre!

—¿Estel?

—¡Vine a saludarte!

Era una costumbre que no existía en el Imperio de Astart. Chloe, desconcertada, preguntó de nuevo:

—¿Saludarme?

Estel, al ver a su madre sorprendida, sonrió dulcemente y corrió a su lado con gracia.

—¡Que tengas un día tan alegre y feliz como la belleza de mi madre!

—… ¡Oh…! Gracias, Estel.

Chloe, tras un momento de sorpresa, le devolvió el abrazo con una sonrisa. Sin embargo, rápidamente notó algo fuera de lo habitual.

—¿Llevas pantalones?

—¡Sí! ¡Hoy Elliot me llevará a ver el coto de caza! ¡Voy a cazar un león dorado!

—¿Un león dorado?

La repentina declaración hizo que Chloe inclinara la cabeza, perpleja.

—¡Con su piel haré un regalo increíble para ti, madre! ¡Así que espéralo con ansias!

Chloe dudó si debía decírselo ahora o no. Pero Estel, emocionada, miró el reloj y salió corriendo antes de llegar tarde.

—Hmm… No creo que haya leones dorados en el coto de caza del Palacio…

«Estel se decepcionará…»   

Tras un momento de reflexión, llamó a sus damas y les pidió que trajeran la piel de león dorado del almacén.

Era un premio que Elliot había ganado en un torneo de caza. Afortunadamente, estaba en perfecto estado.

Con ayuda, Chloe comenzó a cortar y coser la piel para hacer una capa adorable que le quedara bien a Estel.

«¡Seguro que le quedará perfecta…!»

Mientras trabajaba, pensó en hacer capas también para Elliot y Eve. La imagen de los tres niños paseando por el palacio con sus capas de león dorado le arrancó una sonrisa de oreja a oreja.

De pie junto a la ventana, viendo caer los copos de nieve, Chloe observó a Estel y Elliot corriendo en la distancia. Verlos de la mano la llenó de calidez.

El invierno en que Estel regresó a su lado fue el más hermoso y cálido del mundo. 

«Un momento feliz que jamás olvidaré…»

Finalmente, la felicidad completa había llegado a la vida de Chloe Garnetsch.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY



© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • EXTRA 24
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks