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Extra 10

En los jardines del Palacio Imperial del Imperio de Astart, un niño y una niña de unos cuatro o cinco años jugaban con la arena. El niño, de cabello plateado, idéntico al de su madre, la Emperatriz Chloe, era Eve, el Segundo Príncipe del Imperio. La niña, de rizos castaños y expresión dulce, era Rebecca, la única hija de la Duquesa de Carolina.  

Mientras ambos construían un castillo de arena con sus pequeñas manos, Eve levantó la mirada y fijó sus ojos en el rostro de Rebecca. Ella, quien notó cómo él la observaba, levantó su cabeza hasta que sus pupilas se encontraron mutuamente.  

—¿Príncipe Eve?—preguntó Rebecca inclinando la cabeza, confundida.  

—Espera un momento, Becky.     

—¿…?

Lentamente, Eve alzó su mano y, con la manga, limpió un poco de tierra que manchaba la mejilla de la niña.  

—Listo.—dijo él, con una sonrisa de satisfacción, mientras chocaba las manos para quitarse el exceso de arena de sus palmas.  

—¡P-pero la manga de Su Alteza se ha ensuciado!—balbuceó Rebecca, estupefacta.  

—Sí, ¿y qué? No importa. Es solo mi ropa y es mejor que tu carita esté limpia y bonita, ¿no crees?

Mimy: Eve, el precoz y futuro casanova XD

Ante sus palabras, el rostro de Rebecca se sonrojó al instante, abrumada por la vergüenza.

  

«¡Dios mío! ¡El traje de Su Alteza se ha ensuciado por mi culpa!» 

Pero, en ese mismo instante, desde algún lugar, una piedra voló y derrumbó con estrépito el castillo de arena que tanto esfuerzo les había costado construir.  

—¡Aaaah!—gritó Rebecca al mismo tiempo que se levantaba de un salto—. ¡Príncipe, Eve! ¿Está bien…?  

No obstante, justo cuando ella iba a acudir a junto de Eve, que seguía sentado sin entender nada, una voz dura interrumpió:  

—¡Duquesita de Carolina! ¿Cómo te atreves a seducir a nuestro Eve?  

—¿P-príncipe Elliot?  

Un niño, de su misma estatura, apareció blandiendo una espada de madera. Era Elliot, el Primer Príncipe del Imperio Astart. Su cabello, rojo como las llamas, era la herencia característica de los Astarot, la Casa de su padre, el Emperador Raymond. Aun así, su rostro poseía los delicados rasgos, idénticos a los de su madre, la Emperatriz Chloe, lo cual lo hacían parecer un elfo de los cuentos de hadas.  

—¡En nombre de la familia Imperial, te desafío a un duelo, Duquesita de Carolina!  

—¡N-no quiero!—protestó la niña. 

Ante la repentina provocación del joven Príncipe, Rebecca, sin saber qué hacer, se escondió rápidamente detrás de Eve.  

—¡Qué chica más grosera! ¡¿Cómo te atreves a rechazar un duelo con un príncipe?!—le recriminó Elliot con el ceño fruncido.  

Pero justo cuando empezó a avanzar hacia ella, la voz tranquila de Eve detuvo sus pasos:  

—Eli. Becky aún no ha aprendido esgrima. Además, ella es mucho más pequeña y frágil que nosotros. Tú mismo dijiste que debíamos protegerla.  

Rebecca, asomando solo su pequeña cabeza desde detrás de Eve, agarró con fuerza el borde de su ropa. Al ver esto, la expresión de Elliot se volvió cada vez más sombría.

Mimy: ¡Ay! Esos celos, Elliot XD  

—¡Entonces pelea tú en su lugar, Eve!  

—¿Qué?—dijo Eve, quien parpadeó varias veces consecutivas, incapaz de entender a su hermano gemelo—. ¿Por qué yo?  

—¡Porque así tú serás el representante de la Duquesita de Carolina en este duelo!  

—¿No podemos simplemente no pelear?  

—¡Hoy, ahora mismo y en este lugar, acabaré con la Duquesita de Carolina y…!—hablaba Elliot con seriedad, dirigiendo su espada de madera hacia Eve, quien solo sonreía incómodo, hasta que su discurso fue interrumpido por un grito.  

—¡Cielos, Becky! ¡Su Alteza!  

Desde la distancia, Daria, al ver a Elliot amenazando a los niños con la espada, corrió hacia ellos.  

—Tsk, otra vez viene la Duquesa de Carolina a salvarte…—murmuró Elliot, frunciendo los labios mientras bajaba su espada a regañadientes.  

Aprovechando la distracción, Rebecca corrió hacia su madre llorando.

SNIF, SNIF… ¡HIP! SNIF… 

—… Madre, el Príncipe Elliot… 

Mientras tanto, Elliot observó la escena con desdén.  

—Su Alteza, ¿otra vez ha estado molestando a nuestra pequeña Rebecca…?—lo reprendió Daria mirando al niño con reproche.  

Aun así, él mantuvo su actitud altiva, al mismo tiempo que le respondía con una de sus protestas. 

—No es asunto suyo, Duquesa. La pequeña mocosa de Carolina solo sabe esconderse tras las faldas de su madre y llorar.—tras escupir aquellas palabras con descaro, Elliot hizo un gesto de desprecio hacia Daria y después continuó—. Se nota lo mucho que la has criado como una flor de invernadero.  

—Eli, la Duquesa de Carolina es amiga de nuestra madre…—susurró Eve, con expresión preocupada, mientras tiraba de la manga de su hermano—. Si no muestras respeto…  

—¡Bah! ¡Pamplinas! Al fin y al cabo, solo es una Duquesa. ¡Ya verás! Cuando yo sea Emperador, tendrá que inclinarse ante mí.—prosiguió Elliot levantando su nariz con arrogancia—. Pero, ahora que lo pienso, Duquesa, ¿Cómo es que no muestra respeto ante los Príncipes del Imperio?  

Daria, al verlo tan parecido a Raymond en su infancia, sintió hervir su sangre, pero contuvo su ira e hizo una reverencia.  

—La Duquesa Daria de Carolina, gobernante de las Tierras Occidentales, saluda a Sus Altezas, los Príncipes Elliot y Eve.  

Sin embargo, no pudo evitar notar cómo Elliot soltaba una risita burlona por lo bajo al ver temblar su labio inferior.  

PFFT…

  • ┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈•

En el salón principal de la Residencia de la Emperatriz, Chloe y su invitada, la Duquesa de Carolina, tomaban juntas el té de la tarde. Daria, que, a petición de la Emperatriz, había visitado la capital, llevaba ya una semana quedándose en el Palacio.  

—Ayer vi al Príncipe Elliot paseando con una espada de madera.—comentó la Duquesa.  

—¡Ah, sí! Elliot y Eve han comenzado sus entrenamientos de esgrima.  

—¿Tan pronto? Solo tienen cinco años.  

—A los cinco, ya tienen edad suficiente para sostener una espada con una mano, según tengo entendido…  

Aunque la frase no revelaba quién era el que le había hecho entender tal cosa a la Emperatriz, Daria supo de inmediato a quién se refería.  

—Raymond también decía que a esa edad quería aprender a usar la espada… Y, a causa de eso, ponía el Palacio patas arriba…—se quejó Daria, quien parecía tener malos recuerdos de aquella época, pues su expresión no era precisamente de lo más agradable.  

—Por suerte, el joven Sir Brandon Kenneth, el hermano menor de Amelia, está enseñando a los Príncipes. Aunque Raymond quería enseñarlos personalmente…—habló Chloe levantando su taza de té y, tras tomar un sorbo, sonrió con complicidad añadiendo—. Aunque la verdad es Elliot quien está demasiado emocionado con todo ello.  

Al mencionar de nuevo el nombre de Elliot, el ceño de Daria, que había permanecido en calma, se frunció levemente.  

—El príncipe Elliot es exactamente igual a Raymond de pequeño.—murmuró la Duquesa entre dientes.  

—¿En serio?—preguntó Chloe, inclinando la cabeza con curiosidad. Pero, pronto, con una sonrisa en los labios, remató diciendo—. ¿Quieres decir que Raymond era tan adorable?  

—…—Daria, incapaz de responder, frunció el ceño con irritación y bebió el té de un trago. 

Chloe, que la observaba en silencio, soltó una risilla cargada de alegría.  

JA, JA, JA, JA…

Al escucharla, unas perdices volaron mientras piaban alrededor de ella. Eve, que jugueteaba a los pies de Chloe con Rebecca, extendió el brazo hacia una de las aves. El pájaro lo obedeció, posándose en su muñeca, y él lo acarició con un gesto elegante que no parecía propio de un niño de cinco años.  

—¡Wow! ¡Increíble! ¡¿Cómo has hecho para que la perdiz se posase en tu brazo, Príncipe?!—exclamó la pequeña con admiración.  

—¿Quieres abrazarlo, Becky?  

—¿E-en serio, puedo?

Los ojos de Rebecca brillaron de emoción y Eve sonrió con dulzura, asintiendo mientras colocaba el pájaro en su regazo.

—¡U-uau…!  

—¿Es lindo, verdad?  

—¡Sí, es muy lindo!  

Eve, al ver a Rebecca tan emocionada, sonrió con los ojos entrecerrados y le respondió:  

—Tú también eres linda.  

Ante esto, el rostro de Rebecca se sonrojó al instante.  

Mimy: ¡Ay, Dios! Con este niño, adiós a las pajas mentales, malentendidos y demás chorradas pro angst Coreanas ¡Eve va a por todas! Chloe, Raymond y Elliot, aprendan de él. 

—… Tu hijo está seduciendo a mi hija—murmuró Daria, observando a los dos con una expresión entre tierna y preocupada, al mismo tiempo que estrechaba los ojos con un deje de picardía.  

—¡¿Seducción?! ¡Q-qué dices! ¡Si apenas tienen cinco años!—replicó Chloe, riendo entre dientes, pensando que su amiga bromeaba.

Mimy: Que tu seas una mojigata desflora margaritas del campo no quiere decir que tu hijo también lo sea… Bueno, puede que en el futuro las desflore en otro sentido, ejem, ejem… 

Pero la expresión de Daria era seria.  

—El Príncipe Eve es peligroso. Solo con existir…  

Mimy: Ainnns Bienvenidos a las leyes de la genética, ya saben… ¡Vuelven! Más salvajes que nunca, en versión Alpha, y Daria lo sabe:

Ahora ya sabemos quién de los dos gemelos las heredó XD

Divertida por su actitud, Chloe apoyó la barbilla en una mano y preguntó con pereza:  

—¿Y Elliot?  

—El príncipe Elliot también es peligroso… Aunque en un sentido totalmente diferente al de su hermano—respondió Daria, temblando levemente tras ser recorrida por un escalofrío.  

—¿Un sentido diferente?—musitó Chloe parpadeando, confundida.  

Pero entonces, de repente, la puerta del salón se abrió de par en par y apareció Elliot.  

—¡Madre! Fui a buscarte y… ¡Ah! ¡La maldita bruja de los Carolina!—gritó Elliot, pero, al ver a Eve y Rebecca sentados juntos, abrió los ojos como platos y, frunciendo el ceño, añadió—. ¡Otra vez tratando de seducir a nuestro Eve!¡Terminemos nuestro duelo pendiente, Duquesita!  

En un instante, Elliot sacó su espada de madera y la blandió, desafiante. Chloe, sorprendida, resbaló y casi cayó de la silla.  

—¡Y-yo no quiero pelear con el Príncipe!—protestó Rebecca con voz tímida.  

Pero Elliot solo soltó una risa burlona.  

—Pfft… ¡Llorica! ¡No pienses en escapar!  

—¡Basta, Eli! Madre y sus invitadas están aquí—intervino Eve, levantándose y protegiendo a Rebecca.  

Elliot miró alternativamente a Rebecca y a Eve, estrechando los ojos.  

—Pequeña bruja de los Carolina, ¿ya has usado una de tus artimañas para ganarte a Eve? ¡Me las pagarás!  

Su mirada se clavó en Rebecca, quien, asustada, gritó y se escondió detrás de Eve.  

—¡Elliot!—intervino Chloe, seria—. ¡¿Qué significa esta grosería?! ¡Tu madre y la Duquesa Carolina estamos aquí!  

—Lamento la grosería, madre. Pero si no detengo a esta pequeña bruja ahora, nuestro Eve estará en peligro.  

—¡¿Qué…?! 

Todos lo miraron atónitos.  

—¡Bruja enana, aléjate de Eve!  

—¡¡Aah!!  

—¡Dios mío, Elliot!  

—¡Príncipe Elliot!  

Elliot agitó su espada de madera, amenazando a Rebecca, que se escondía tras Eve y, en cuestión de segundos, el salón se convirtió en un completo caos. Hasta el tranquilo Eve gritaba, sacando su propia espada de madera para bloquear a Elliot, a pesar de que solo la había usado en sus entrenamientos.  

—¡¡Detente, Eli!!  

Aunque era una espada pequeña y ligera, hecha para niños, el choque entre las dos armas produjo un sonido estruendoso.

—¡…!  

—¡…!  

Todos en la sala miraron con ojos como platos cómo ambos niños blandían sus espadas en el aire. Pero, en uno de los impactos, un crujido se escuchó, y la espada de Eve se partió en dos.  

—Eh… ¡¿Eh…?!  

Eve miró fijamente los restos de su espada con sus pupilas temblando y Elliot se estremeció, agitado, como si hubiera un terremoto en su interior.  

—E-Eve… Y-yo… Yo no quise…  

—E-esto… Me lo dio papá…—murmuró Eve, al mismo tiempo que sus ojos se enrojecieron hasta llenarse de lágrimas, las cuales pronto se desbordaron por sus mejillas—. ¡Buaaa, uaaaah! ¡Snif! ¡Buaaaa! 

Por su parte, Rebecca, presa del pánico, y asustada al ver a su protector llorando, también se unió al llanto de Eve. 

—¡Príncipe Eve, buaaaa!  

Al final, Eve estalló con un llanto sonoro, y Rebecca, que se escondía detrás de él, también comenzó a llorar mientras agarraba con fuerza el dobladillo de la ropa del niño.  

—¡N-no llores, Eve! E-el… ¡Mío! ¡El mío! ¡Te lo daré!  

—Buaaaa… Eli… Snif, snif… Eres muy malo.  

—¡N-no es eso, Eve…!  

Elliot intentó consolar a Eve en vano. Al ver que no dejaba de llorar, sin importar lo que dijese, él, asimismo, también comenzó a sollozar.  

—Pero… ¿Qué demonios…?—dijo Chloe, desconcertada, mientras observaba a los pequeños llorando.  

Daria, ante tal situación, se apresuró a calmar a su hija, Rebecca. Pero Chloe, se quedó un rato reflexionando, sin saber si debía consolar o reñir a ambos niños. 

«Tal como dijo Daria, Elliot es realmente peligroso… En muchos sentidos…»



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY



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