Extra 11
Después de acostar a los niños, Chloe salió a caminar por la noche con Raymond y, de pronto, sacó el tema de lo que había sucedido durante la tarde.
—Oye, Raymond. ¿Recuerdas que hubo hoy un alboroto en el salón de invitados? Pues verás, Elliot hizo llorar a Eve y a Rebecca y…
—¿Cómo? ¿Que Elliot hizo llorar a Eve?—interrumpió Raymond, sorprendido.
Chloe había mencionado también a Rebecca, pero, al parecer, él, o no lo había escuchado o lo había ignorado deliberadamente. Entonces, Chloe le explicó en detalle lo sucedido.
—Es grave. Elliot es demasiado agresivo…
—¿Y eso por qué?—inquirió él, quien se veía visiblemente—. Con cinco años, es normal que actúe así.
Raymond evitó su mirada, como si estuviera midiendo sus palabras, lo que hizo que Chloe entrecerrase los ojos con sospecha.
—¿Acaso tú también andabas retando a duelos a diestro y siniestro a esa edad?—preguntó ella.
—¡Es que Eve es demasiado débil! ¡Si es mi hijo, debería criarse como el mejor guerrero del Imperio! ¡Y no persiguiendo pajaritos como una niña!—respondió Raymond, de inmediato, quien estaba picado al haberse sentido algo ofendido por la puya de su mujer.
Mimy: ¿En qué te has convertido Raymond? Pasaste de ser el hombre más comprensivo y paciente a ser un completo gilipollas. Esto no es Mulán, con el “voy a hacer todo un hombre de ti”, sin contar que ella estaba en el ejército y tú, que según Lette ibas a tener un Imperio próspero y pacífico, pretendes que tus hijos sean unos energúmenos. En fin… Sigamos…
«Así que Raymond también retaba a duelos a todo el mundo a la edad de Elliot…»
De repente, Chloe recordó la expresión horrorizada de Daria cuando hablaba de la infancia de Raymond.
—No me digas que… ¿Alguna vez retaste a Daria a un duelo cuando eras pequeño?
—¡Por supuesto! Ella era una de mis rivales a vencer.
—Así que Daria también fue una de tus víctimas. Ahora entiendo porque reaccionaba así…
—¡Claro! Tiene razones para enfurecerse.—continuó Raymond, con una expresión orgullosa, levantando la barbilla—. Aunque ella era tres años mayor que yo, nunca pudo vencerme.
—¿En serio estás presumiendo de eso?—inquirió Chloe, estupefacta.
—¡Claro que sí! ¡Es la prueba de que soy un hombre fuerte!
—… Bueno, si tú lo dices.—respondió ella con condescendencia, y Raymond, riendo, la abrazó.
—No te preocupes demasiado, Chloe. No quiero que te salgan arrugas tan pronto en esa preciosa frente que tienes.—susurró él, besando la punta de su nariz.
—¿Y a ti no te preocupa? Elliot solo tiene cinco años, pero ya hizo añicos una espada de madera. Incluso si está hecha para niños, no es normal que se rompa tan fácil. ¿Y si se lastima gravemente? ¡Oh, no! ¿Y si hiere a otros?
—Mmm, yo rompía espadas de adultos a su edad, y aquí estoy, sano y salvo. Incluso logré conquistarte y hacerte mi Emperatriz.
Chloe negó la cabeza ante su actitud presumida, respondiendo:
—No sé si eso es algo de lo que enorgullecerse, pero creo que deberíamos hablar con Elliot.
—Hmm…—Raymond, quien no terminaba de entender la actitud de su esposa, asintió de todos modos—. De acuerdo. Hablaré con él, entonces. De hombre a hombre.
Mimy: Me da la espina de que va a ser peor el remedio que la enfermedad…
Aliviada, Chloe sonrió y giró sobre sí misma
—Gracias, Ray. Entonces, yo…—susurró ella, insinuante, tomando las manos de su marido para entrelazar sus dedos con los de él—. Quiero pasar esta noche contigo… De mujer a hombre.
Tras esto, ella se acercó de puntillas, rozó sus labios y, de forma coqueta, retrocedió rápidamente, haciendo que Raymond se sonrojara visiblemente. Aunque ya llevaban seis años de matrimonio, él seguía ruborizándose con cada una de las muestras de afecto de su mujer. Además, ella también disfrutaba secretamente de ello con creces.
—En serio… ¿Cómo es que aún te pones rojo por algo así?—bromeó Chloe, con una suave y melodiosa risa por lo bajo.
Raymond tosió y agarró sus muñecas.
—Ejem… Precisamente por esto me pongo rojo.—susurró él ,de forma sutil, a la vez que la jalaba hacia sí, haciendo que ella cayera en sus brazos—. Cuando te acercas así, jugueteando, me vuelves loco… Tanto, que quiero devorarte ahora mismo.
—Entonces hazlo, mi Ray.
Raymond tragó saliva y la miró. Las pestañas de Chloe brillaban plateadas bajo la luz de la luna, y sus ojos lo seducían, provocando que el calor de su cuerpo se desplazara hacia la parte baja de su abdomen.
—Haaa…—suspiró él, sin apenas poder contenerse.
—Vamos… Devórame…—lo alentó ella.
—Si todo esto era para excitarme, lo lograste, Chloe.
Sus dedos ásperos acariciaron su mejilla, y luego deslizó el pulgar por sus labios rojos. Raymond inclinó la cabeza y la besó de forma prolongada, pero, en el momento en que se disponía a meterle la lengua, ella soltó una risita.
—¿No terminará solo con esto, verdad Ray?
Sin que él se diera cuenta, ella le rodeó el cuello y lo miró con ojos provocativos. Raymond tragó en seco y sonrió, rindiéndose a la tentación.
—Por supuesto que no, Chloe. ¿Por quién me tomas?
En cuestión de segundos, la separó de su cuerpo y, antes de que ella pudiera protestar, la levantó en brazos.
—¿R-Raymond?
—El resto lo haremos en la habitación.
Robin: Espero que la traducción sea de vuestro agrado. ¡Quedó muy expresiva y fiel al original!
Sin más dilación, Raymond comenzó a caminar lentamente mientras cargaba a Chloe.
—¡Ah! ¡¿Q-qué haces?! ¡Déjame bajar! —replicó ella, cuyo tono resonaba en los oídos de Raymond de forma adorable, mientras su risa suave impregnaba el aire nocturno.
Mimy: Y yo, que esperaba que lo hicieran en el jardín… Es en estos momentos en los que me doy cuenta de que soy una depravada… XD
- ┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈•
Al día siguiente, sentado frente a su escritorio, en la oficina, revisando un manojo de documentos, Raymond miró la hora y se levantó de repente.
Era el momento en que Elliot debería haber terminado su entrenamiento y estar descansando.
—¿Dónde está Elliot?—preguntó a su asistente, el Marqués de Lart.
—Todavía está en el campo de entrenamiento.
—Vayamos allá.
Tras escuchar las palabras del Marqués, Raymond se dirigió sin demora al campo de entrenamiento. Al llegar, encontró a Elliot agachado, solo, en el amplio espacio vacío. Los ojos de Raymond se estrecharon ligeramente al observar su figura solitaria.
—Elliot.
Al notar a Raymond, Elliot se levantó de un brinco.
—¡Ah, padre!
—¿Por qué estabas ahí solo, agachado?
—Es que…—Elliot, quien normalmente se mostraba lleno de confianza, respondió con voz tímida y vacilante—. Eve no vino hoy al entrenamiento… Por mi culpa, rompí su espada de madera…
—No te pregunté por qué Eve no está aquí. Te pregunto por qué mi sucesor está agachado en el suelo con una expresión deprimida.
—…
—¿No te he dicho siempre que nunca olvides tu posición, sin importar dónde o cuándo?
Mimy: Vale, a estas alturas confirmo que Raymond es un mierdas como padre. El chaval tiene 5 años y vas y lo presionas así, de buenas a primeras.
—Lo siento, padre. Es solo que… Estaba muy triste por… Algo…
A Raymond le agradó que, a pesar de su expresión afligida, Elliot no bajase la cabeza y lo mirara directamente.
—¿Triste por algo?
—…
—Bueno, cuéntame.—lo animó Raymond, esbozando una sonrisa, a la vez que tomaba la mano de su hijo.
Elliot abrió los ojos redondos de sorpresa, pero su padre no le dio importancia y comenzó a caminar junto a él, despacio.
Después de un rato en silencio, cuando el calor de sus manos entrelazadas se volvía agradable y familiar, Raymond habló de nuevo.
—Ayer, escuché que Eve lloró.
Elliot se sobresaltó y redujo su velocidad. Ante esto, Raymond ajustó su paso y preguntó con voz gentil:
—¿Por qué hiciste llorar a Eve?
—No era mi intención hacerlo llorar.
—¿Entonces?
—Solo quería protegerlo de la Princesa de Carolina.
—¿La Princesa de Carolina?
—¡Sí! ¡Esa bruja estaba intentando seducir a nuestro Eve!—exclamó Elliot quien, deteniendo sus pasos, miró a Raymond con furia.
Raymond, sintiendo una inexplicable emoción, dejó escapar una sonrisa.
«Con ese rostro tan parecido al de Chloe… Expresando enojo de esta manera…»
—No te preocupes tanto, Elliot. No creo que nuestro Eve sea tan incauto como para caer ante los encantos de una mujer de la Casa de los Carolina.
—Hmm, pero… Pero Eve es demasiado bueno y de corazón blando. Podría dejarse engañar fácilmente por lástima.
—Hmm, entonces eso sí que sería un gran problema.
Al ver que Raymond concordaba, el rostro de Elliot se iluminó.
—¿Ves?—gritó el niño emocionado, apretando sus pequeños puños con determinación—. ¡Yo nunca quise hacer llorar a Eve! ¡Solo quería protegerlo! ¡Cuidarlo de esa bruja!
Raymond lo encontró adorable y, acariciando su cabeza suavemente, sonrió de forma amplia mientras decía:
—Eres muy confiable, Elliot.
El halago de su padre alegró al niño, quien, olvidando su tristeza, levantó la barbilla con orgullo.
—Eve es demasiado bueno y por eso me preocupa… ¡Pero, como soy su hermano, lo protegeré a toda costa!
Mimy: Creo recordar, Elliot, que fuiste tú quien luchó contra Eve en un duelo, rompiste su espada, pudiendo hacer, incluso, que tu hermano saliera lastimado de ello… ¿Y ahora vienes y dices que es por protegerlo? A mi no me la cuelas, y la culpa es de tu padre que es tan infantil por darte la razón con lo de Rebecca… ¿Qué culpa tiene la niña de que Raymond sea un inmaduro que sigue erre que erre contra Daria? Además, no creo que Elliot aprendiera lo de “bruja” de otro que no fuera su padre.
—Es una excelente idea.—coincidió Raymond, cuya voz suave alentó a su hijo—. Pero Elliot, si realmente quieres proteger a Eve, debes actuar con más cuidado. Ayer, intentaste protegerlo y, al final, terminaste haciéndolo llorar, ¿no es así?
—Ah, eso…
—Y no solo a Eve, sino que también entristeciste a tu madre.
—… Tienes razón.
Elliot, que momentos antes hablaba con firmeza, bajó la cabeza nuevamente ante las palabras de su padre. Al ver esto, Raymond, nuevamente, le habló con cariño:
—Levanta la cabeza, Elliot.
Elliot cubrió su rostro con las manos.
—No puedo.—respondió el niño, arrepentido de sus actos—. Me prometí, a mí mismo, que protegería a Eve, pero lo único que conseguí fue hacerlo llorar… Y ahora mamá también está triste por mí… Al final, no pude proteger a nadie.
Raymond observó a su pequeño hijo. Le parecía tierno ver cómo murmuraba tras cubrirse el rostro.
«Qué suerte que se parezca a Chloe. Si se pareciera a mí, no sería tan adorable…»
Siendo fiel a sus pensamientos, Raymond dejó escapar una risa.
—Ja, ja, ja… ¿Y piensas solucionar todo, quedándote así, sin hacer nada, y solo cubriendo tu cara?
—…
—No vine a regañarte. Vine a ayudarte.
Elliot, dubitativo, asomó los ojos entre sus dedos.
—¿A ayudarme?
—Sí, así que baja esas manos.
Al darse cuenta de que su padre no estaba enojado, Elliot retiró sus manos rápidamente.
—Entonces, ¿cómo me ayudarás?
Raymond extendió la suya con una sonrisa.
—Quieres disculparte con Eve, ¿no? Iré contigo.—propuso Raymond, mientras tendía su mano hacia su hijo con una sonrisa
—Pe-pero… Dijiste que el futuro Emperador no debe disculparse con cualquiera…—vaciló el niño.
Pero Raymond arqueó una ceja al escuchar sus palabras.
—¿Acaso Eve es “cualquiera” para ti?
—¡No! ¡Para nada!—negó Elliot con fuerza, tomando la mano extendida de su padre.
—Entonces no hay problema.
Una risa corta escapó de Raymond. Elliot, aún con expresión seria, comenzó a caminar a su lado.
—¿Crees que Eve aceptará mis disculpas?—habló el niño, un tanto inseguro.
—No lo sé.
—¿Y si está tan enojado que no quiere verme?
—Hmm.—Raymond fingió pensar un momento antes de preguntar—. ¿Temes que Eve no te perdone si te disculpas?
—Sí…
—¿Por qué?
—Porque Eve… Es alguien muy importante para mí… Mi otra mitad en este mundo.
Raymond sonrió al escuchar eso.
—Recuerda bien lo que acabas de decir, Elliot. Tu deseo de proteger a alguien importante es admirable. Yo también tengo a alguien a quien quiero proteger, y siempre me he esforzado por ello al máximo, incluso ahora nunca he dejado de hacerlo. Pero debes tener cuidado de no lastimar a otros por ese fuerte afecto que sientes.
—…
—Especialmente porque aquellos que más amamos suelen tener corazones sensibles.
Raymond pensó en Chloe y Eve.
La mujer que amaba, a pesar de su apariencia frágil, tenía una fortaleza interior, pero también un corazón tierno y cálido.
Eve, que se parecía tanto a su madre en apariencia y carácter, era delicado y considerado. Por eso, Raymond entendía el deseo de Elliot, quien, como su padre, también quería proteger esa calidez para siempre.
Ambos continuaron caminando en silencio por un rato, hasta que, de repente, Elliot le preguntó a Raymond:
—Padre, tú eres un gran Emperador. Seguro nunca te metiste en problemas como yo, ¿verdad?
—Mmm… Bueno… Yo también tuve una infancia como la tuya. Solía desafiar a duelos a cualquiera que se me cruzara… Tanto, que incluso mi difunto padre, el anterior Emperador, se desesperaba.
—¿En serio?—Elliot abrió los ojos como platos, incapaz de imaginar a su padre siendo un niño problemático.
—Por supuesto. Los niños nobles de mi edad llegaron a temer entrar al Palacio Imperial por mi culpa. Es más, los rumores se distorsionaron tanto que, al final, los adultos amenazaban a los niños desobedientes con llevarlos al Palacio.
—¿Cómo empezaron esos rumores?
—Mmm… Se decía que el Príncipe Raymond de Astarot era un monstruo que devoraba a la gente con solo mirarla.
—¡¿Qué?! ¡¿Quién creería semejante tontería?!
—Ja, ja, ja… ¡Eso mismo pienso yo!
Mientras padre e hijo conversaban, llegaron, sin darse cuenta, frente a la habitación de Eve.
—¿Hay alguien más dentro? —preguntó Raymond al caballero que custodiaba la puerta.
—La princesa Rebecca de Carolina también está aquí.
—Preferiría no encontrarme con esa chica…—murmuró Elliot.
—Mmmm… ¿Acaso no la hiciste llorar también ayer?
—…
—Ve y discúlpate con ambos. No era tu intención hacerlos llorar, ¿verdad?
—Pero…
—Recuerda, Elliot. Tú serás el próximo gobernante del Imperio de Astart. Es tu deber proteger a todos por igual, incluida la Princesa de Carolina. Si la hiciste llorar por motivos personales, entonces es un error tuyo.
—Sí…—Elliot asintió, miró fijamente el pomo de la puerta y respiró hondo.
Finalmente, después de un último intercambio de miradas con su padre, Elliot abrió la puerta y vio a Eve, quien se encontraba sentado en el centro de la habitación leyendo un libro grande con Rebecca.
—¿Eli?—dijo Eve, sonriendo, al ver aparecer a su hermano tras el umbral de su habitación—. ¡Entra, Eli! ¡Te he esperado todo el día!
—¿No…? ¿… Estás enfadado conmigo?—preguntó Elliot, incómodo.
—¿Enfadado?
—Ayer… Te hice sentir mal.
—¿Ah, eso?—reflexionó Eve inclinando la cabeza, pero luego sonrió, cerrando los ojos—. No pasa nada, Eli. No lo hiciste a propósito.
Mimy: El único maduro, con dos dedos de frente, de la Familia Imperial y el que debería ser, en mi opinión, el Emperador.
—Entonces… ¿Me perdonas?
—Pero, ¿qué dices, Eli? ¡Entre tú y yo no hay nada que perdonar!
—Pero…—dudó Elliot un momento, antes de dar un paso adelante y añadir—. Aún así, lo siento, Eve. Y también a ti, Princesa. Nunca fue mi intención lastimarlos o hacerlos llorar.
Al escuchar sus disculpas, Eve y Rebecca se miraron y rieron al mismo tiempo.
—Lo sé, Eli, no te preocupes.—respondió Eve con un tono cariñoso.
—Por mí, no hay problema, Príncipe.—se unió Rebecca.
—¿Eh…? —Elliot se quedó perplejo ante la rápida aceptación de ambos niños.
Eve, al ver vacilar a su hermano, le hizo señas, diciendo:
—¡Vamos a jugar, Eli!
—¿Eh?
—Acababa de empezar a leerle a Becky “La bruja del cañón negro”. Ahora, que tú también estás aquí con nosotros, puedes unirte y escuchar la lectura.
Aunque normalmente Elliot preferiría correr antes que leer, esta vez se acercó y se sentó obedientemente a su lado.
—Hace mucho, mucho tiempo, había un gran dragón que vivía en el Cañón Negro. Allí…—leyó Eve con una voz suave y melodiosa.
Elliot y Rebecca se acercaron a ambos lados de Eve, tragando saliva cada vez que pasaban las páginas, absortos en la historia que el niño les leía con soltura.
«Una razón más para elogiar a Chloe…»
Pensó Raymond, observando la escena desde la puerta entreabierta, con una sonrisa de satisfacción.
No solo estaba contento por haber resuelto el problema de los niños, sino que la imagen de los dos pequeños, tan parecidos a él y a su amada, juntos y en armonía, lo conmovió profundamente.
Así, habiendo solucionado todo, Raymond se dirigió lentamente hacia donde lo esperaba su amada esposa, con una sonrisa radiante en el rostro.
Mimy: Felicítame Chloe 🐶

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY