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Extra 3

Era el día de la primera nevada de ese año. Chloe extendió su mano por la ventana y sintió cómo los copos de nieve caían en su palma, derritiéndose suavemente con el contacto de su piel.

—La primera nevada…

«Es extraño…» 

Chloe no comprendía cómo es que, con solo contemplar fijamente la blancura de la nevisca al descender, se sentía de una forma un tanto inusual. Con una sensación punzante que surgía desde su interior.

—Debe ser mi imaginación.—determinó para sí misma sacudiendo moderadamente la cabeza.

Hoy era un día muy especial y, de solo pensarlo, ella soltó una melodiosa risa por lo bajo.

—¡Su Majestad la Emperatriz! ¡Acaban de llegar los carruajes!

Sus Damas de compañía estaban todas emocionadas y, de inmediato, Chloe bajó apresuradamente las escaleras con ellas tras de sí.

Alguien estaba bajando del carruaje que se había detenido frente al edificio del Palacio de la Emperatriz. Era una figura pequeña y femenina con un rostro adorable. 

Por supuesto, no era otra que la gran amiga de la actual Emperatriz, Betsy, la cual, en ese día de invierno, con la nieve cayendo copiosamente, había regresado para estar a su lado. 

—¡Chloe…!

Al ver a la Emperatriz, Betsy corrió por el camino cubierto de blanco y se abalanzó hacia ella. Chloe, a su vez, correspondió y la abrazó con fuerza.

—¡Bienvenida, Betsy!

—¡Oh! Ahora que lo pienso, perdona. Debo llamarte “Su Majestad la Emperatriz” y no “Chloe”.

Betsy miró a Chloe con ojos llorosos y, ambas, soltaron una pequeña risa de la emoción.

—¿Qué pasa? ¿La princesa de Carolina solo tiene ojos para Su Majestad la Emperatriz? ¿No nos mirarás a nosotras también?—bromeó una de las doncellas de Chloe.

Las Damas de compañía de la Emperatriz también eran amigas de Betsy.

Entre ellas estaban: Amelia Kennen, quien tenía al hombre más hermoso de la capital como hermano, pero que, a sí mismo, lo detestaba profundamente; Rodel Miller, la que estaba siempre en el centro de la vida social y, por ello, siempre traía consigo rumores interesantes; Jayce Gloah, quien se autoproclamaba como la devota más fanática de Su Majestad la Emperatriz; y, por último, Luna Travia, una joven de carácter despreocupado, amada por todos, sin distinción de género.

Mimy: En pocas palabras, Luna Travia como “Luna Lovegood”, quien vive en un universo paralelo donde hay magos, varitas y dementores.

Ellas, que habían conocido a Chloe a través de Betsy, se ofrecieron como Damas de compañía de la Emperatriz, incluso antes de que Chloe ascendiera al trono. Por eso mismo, durante todo este tiempo, las cuatro se habían quedado en el Palacio de la Emperatriz hasta ahora.

Pero Betsy, quien sería la quinta doncella de Chloe, les habló con una voz tranquila para corregir un pequeño detalle que se les había escapado.

—Ya no soy la Princesa de Carolina. Así que, mejor, solo llámenme, “Betsy”. Con eso es suficiente para todas las aquí presentes.

Tal vez, debido a las dificultades a las que se había enfrentado, Betsy parecía mucho más madura que antes.

—Gracias por regresar, Betsy.—susurró Chloe tomando sus manos entre las suyas.

De hecho, cuando de ellas le preguntó si todo estaba bien después de todos los problemas por los que había pasado, Betsy respondió sin mostrar ni una lágrima en su rostro.

—Tranquila, no guardo rencor hacia nadie. Todo fue culpa de mi padre.

Por supuesto, ella, quien no era para nada una chica insensible, a veces también mostraba una expresión melancólica al hablar sobre ese tema.

—Solo me siento mal por mi hermana Daria.

Aun así, siempre añadía, con valentía, que todo estaba bien al final de sus respuestas.

—Necesito tu ayuda, Betsy.—digo Chloe, para aligerar el ambiente—. Ayúdame a hacer bien mi trabajo como Emperatriz.

Betsy se rió y agitó las manos mientras contestaba:

—cCómo podría yo ayudarte?

Pero Chloe insistió asegurando que ella era la persona que más podía ayudarla.

—Betsy, has pasado más tiempo en el Palacio que todas las personas aquí juntas. Por eso, eres totalmente perfecta y adecuada para este puesto.

Cuando Betsy entró por primera vez en el Palacio, para ser la doncella de Daria, tenía apenas diez años. Era la persona que más conocía la etiqueta y normativa Imperial entre todas las presentes en la residencia de la Emperatriz.

Además, afortunadamente, como Raymond permitió que Betsy volviese al lado de Chloe como su dama de compañía, todos en el Palacio de la Emperatriz la recibieron sin prejuicios y con los brazos abiertos.

Esa noche, Chloe se acurrucó en los brazos de Raymond y le contó lo que había sucedido durante el día.

—Es un alivio. Parece que Betsy se ha adaptado bastante, ¿no?—preguntó él.

—Sí. Y también hoy jugamos con la nieve. Amelia hizo una figura humana rodando la nieve, y todas la decoramos juntas.

—Dices que estás ocupada todos los días, pero… ¿Tienes tiempo para divertirte con los demás? Me siento celoso, Chloe.—se quejó Raymond con un puchero.

En ese instante, Chloe recordó lo que, en ocasiones, decía la antigua Marquesa Elijah Gemma, y, la verdad, es que tenía mucha razón en eso, cuando afirmaba repetidas veces que los hombres se volvían como niños después de casarse.

—No seas así…—respondió ella con dulzura—. Realmente estoy muy ocupada. Se acerca el festival de Año Nuevo y solo fue hoy que, con la llegada de Betsy, tuve suerte al encontrar un pequeño hueco libre para aliviar el estrés con las demás Damas de compañía.

—Esto no puede ser… Voy a despedir a todas las doncellas de tu Palacio y ocuparé yo mismo sus lugares…

—¡No digas tonterías, Raymond!

Cuando Chloe le habló con seriedad, Raymond puso cara de tristeza.

—Eres muy cruel, Chloe. No hay necesidad de estar tan ocupada. Si hay mucho trabajo, compártelo con tus doncellas, para eso les pagas. ¿No recuerdas cómo Daria te pasó las responsabilidades del Palacio de la Emperatriz?

—Ella nunca tuvo interés en su puesto desde el principio. También tenía la excusa de enseñarme el trabajo, ya sabes porqué…

Por supuesto, la renuencia de Daria a participar en actividades sociales también se debía a la presión de su tío Arnold de Carolina, quien temía que ella ganara influencia. Sin embargo, desde el principio, Daria no tenía ningún interés en el trono, y solo hacía lo mínimo necesario.

Quizás, desde el momento en que Chloe entró en el Palacio, Daria ya pensaba en separarse de Raymond algún día. Gracias a que ella apenas actuó acorde a su posición, Chloe pudo establecerse en dicho puesto más fácilmente.

—Pero, Raymond… Realmente quiero hacerlo bien…—susurró Chloe acariciciando suavemente el triste rostro de Raymond—. El puesto de Emperatriz me lo diste tú, pero convertirme en alguien digno de él es mi responsabilidad.

—Aun así, me siento algo apesadumbrado. Siento que te he perdido… He perdido a mi amada mujer ante el Imperio…

—¡Oh, vamos! ¿Qué estás diciendo? Raymond, tú mismo eres el Imperio de Astart.—contestó Chloe, quien no pudo evitar reír al ver a Raymond celoso, incluso de su propio territorio. 

Mimy: En fin, siento que estos dos dieron un paso atrás en madurez mientras Betsy los adelantó por la derecha… A veces parecen dos quinceañeros hablando…

Sin embargo, a pesar de su melodiosa y dulce carcajada, la expresión de Raymond no se suavizó. Así que, Chloe no tuvo más remedio que buscar una solución para contentarlo.

—Este fin de semana definitivamente haré tiempo para los dos. Pasaremos todo el día juntos, ¿sí? 

—No, eso no es suficiente, Chloe.—reprochó Raymond malhumorado, junto a una mueca de disgusto—. El fin de semana pasado también dijiste lo mismo, que pasaríamos el tiempo juntos y tal y cual, pero, como siempre pasa últimamente, no pudimos.

—¡Ah! Pero eso fue porque el Duque de Hedges vino de visita…

—¡Maldito viejo!—murmuró Raymond entre dientes—. Definitivamente lo hizo a propósito, Chloe. ¿Cómo se atreve a interferir así en la luna de miel del Emperador? Ese viejo ha perdido el sentido del miedo.

El Duque Adrian de Hedges a menudo visitaba a Chloe para conversar, y, además de compartir su filosofía, también le daba muchas lecciones sobre la política interna del Imperio. Sin embargo, Raymond nunca lo había visto con buenos ojos.

Mimy: Mira, Raymond, eres un estreñido emocional con esta nueva actitud inmadura, solo me das más razones para preferir a Enoch. Aunque Chloe es otra que tal baila, así que no sé si se merece a alguien como Sir Enoch. ¡Begh! Dios los cría y ellos se juntan, si no fuera por la bendición del Deus ex machina, Lette, Artart se iba a la mierda con estos dos… 

No obstante, Chloe, para calmar a Raymond, quien parecía muy enfadado, rodeó su cuello con sus brazos y le susurró suavemente al oído. 

—Este fin de semana, sea quien sea, incluso si es el mismísimo Duque de Hedges el que viene de visita, lo enviaré de vuelta. Te lo prometo.

Entonces, la expresión del joven Emperador mejoró un poco y, mirándola a los ojos con ternura, confesó su vulnerabilidad.

—Me preocupa que mi amada y adorable “Chloe Garnetsch” desaparezca y solo quede “la Emperatriz Chloe de la Casa de Astarot”.

—La “Chloe Garnetsch” que ama Raymond y “la Emperatriz Chloe del Imperio Astart” son la misma persona. Ambas son yo, y eso no va a cambiar.—respondió ella mientras besaba apasionadamente los labios del Emperador

  • ┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈• 

Sin embargo, a pesar de la promesa, Raymond no pudo estar con Chloe durante el fin de semana. El día anterior, tenía que revisar un nuevo proyecto de ley que se había presentado en el Consejo de Nobles. Además, dicha nueva legislación estaba relacionada con los asuntos internos del Palacio, lo que claramente caía dentro de su ámbito como Emperador, de forma exclusiva.

Al final, Raymond no pudo intervenir y, sin poder encontrar un hueco libre, tuvo que tragarse su enojo. Sentía que el mundo entero se había confabulado para arruinar su luna de miel. Por tanto, cuando terminó el fin de semana y comenzó una nueva semana, el descontento de Raymond llegó a su punto máximo.

«¡Maldita sea! ¡Finalmente me he casado con la mujer que tanto he deseado, pero ahora estamos tan ocupados con estudios y trabajo que ni siquiera podemos disfrutar de nuestra luna de miel! ¡¿Qué clase de ridiculez es esta?!» 

Finalmente, incapaz de soportarlo más, Raymond decidió pasar al menos un poco de tiempo con Chloe aunque fuera trabajando y, con esto en mente, llevó un montón de trabajo a la oficina de su esposa.

—¿Qué es todo esto?—preguntó ella, atónita.

—A partir de hoy, trabajaré aquí.

—¿Eh? ¿Y qué hay de tu oficina?

—Mi esposa está tan ocupada que ni siquiera puedo ver su rostro, así que, no tengo otra opción.

Era un comentario que podría malinterpretarse fácilmente con otro significado. Parecía como si Chloe lo hubiera abandonado por completo, y no era así, pues, aunque es cierto que estaban ocupados durante el día, todavía pasaban las noches juntos. Momentos en los que conversaban y compartían su amor.

Ante esto, Chloe sonrió y preguntó:

—¿No te resulta incómodo?

Raymond se rió entre dientes y se sentó frente al sofá, apilando sus documentos.

—Para nada.

«Claro. ¡Qué tonto de mí preguntar algo tan obvio! Por supuesto, que tú no te sientes incómodo. La incomodidad será para tus asistentes, que van a tener que buscarte por todas partes…»

Sin embargo, al darse cuenta de que Raymond estaba como pez en el agua en el mismo espacio que ella, Chloe sintió que su cuerpo, agotado por el exceso de trabajo, se calmaba poco a poco.

Chloe le sonrió a Raymond y luego volvió a inclinar la cabeza hacia sus documentos. El plan, que recién había completado, sólo necesitaba el sello de la Emperatriz para dar por finalizada aquella tarea.

—¡Espera, Chloe! ¡Estás poniendo el sello al revés!

—¿Eh? … ¡Ah! ¡Ostras, es cierto!

Ella, que acababa de estampar el sello en el papel, se sobresaltó y sacudió la cabeza con fuerza. Pero Raymond encontró tan adorable su expresión que no le preocupó dicho fallo garrafal y lo que aquello conllevaba, pues ahora Chloe debía empezar, otra vez, desde el principio.

—Parece que perdí la concentración.—se excusó Chloe, visiblemente cansada—. ¡Oh, no! Ahora tendré que rehacer este documento…

No obstante, la sensación que brotaba lentamente en el interior de Raymond, era completamente contraria a la de Chloe. Se sentía como si fuera una energía ardiente que quitaba cualquier signo de agotamiento, haciendo difícil el poder controlarse.

«¡Hasta su ceño fruncido también es encantador…! ¡Haaa! Quiero besarla…»

Además, eso suponía un problema. Pero, ¿cómo podía evitarlo? Para Raymond, era completamente natural que, con solo estar en el mismo espacio que ella, viendo cada pequeño movimiento suyo, le dieran ganas de besarla. Así que, sin poder contenerse más, se levantó de su asiento y se acercó a ella, apoyando ambas manos en su escritorio. Por su parte Chloe, deprimida por haber estampado mal el sello, levantó la cabeza en señal de confusión. confusión. 

—¿Raymond?

Pero Raymond no respondió. En su lugar, se inclinó lentamente hacia ella. Su sombra cayó sobre su rostro y, a su vez, sobre esos, sus labios rojos, que él tanto ansiaba besar. Mas eso, en vez de calmarlo, solo provocó que se despertaran los más oscuros e indecentes deseos de Raymond.

—No solo mires los documentos.—dijo él, con una voz lenta y pesada que resonó de forma sutil, como si estuviera a punto de devorarla—. Mírame a mí también, Chloe.

La lujuria se respiraba en el ambiente. Raymond, con la punta de sus dedos extendidos, levantó la barbilla de su Emperatriz lentamente y, la forma en que ella siguió, de forma obediente, su demandante gesto, lo hizo hervir por dentro. Pero, justo cuando él estaba a punto de besarla, sintiendo el calor creciente en su abdomen, percibió cómo algo caliente y húmedo caía sobre sus dedos.

PLIC, PLIC, PLIC…

—Pero, ¿qué…? ¿Sangre…?

—¿Eh?

Chloe inclinó la cabeza con confusión. Un  reguero de color rojizo le goteaba por la nariz.

—¡Sangre! ¡Te está sangrando la nariz, Chloe!—gritó Raymond horrorizado, cubriendo rápidamente la hemorragia con la manga de su camisa.

—Ra-Raymond… No puedo respirar…

—¡Llamad a un médico! ¡Ahora mismo!—rugió él hacia los guardias que estaban detrás de la puerta.

La ropa blanca comenzó a teñirse de rojo. Chloe, con una expresión un tanto aturdida, solo parpadeó repetidas veces mientras él la sostenía.

En cuestión de segundos, las Damas de compañía, alarmadas, llegaron rápidamente con una palangana de agua y una toalla blanca.

—¡Su Majestad la Emperatriz!—exclamaron al unísono.

—Su Majestad, si quita la manga…—dijo Betsy, entre ellas.

Siguiendo las palabras de la prima de Daria, Raymond intentó quitar su manga. Pero, en ese mismo instante, la sangre comenzó a fluir de nuevo a borbotones, y él entró en pánico.

—¡La sangre…! ¡La sangre no para de salir…!—balbuceó Raymond, con una expresión de espanto.

Aunque, él había visto mucha sangre cuando era joven, además de terribles heridas en el campo de batalla, nunca había pensado que un sangrado fuera algo tan aterrador, hasta que vio a Chloe siendo víctima de ello. De hecho, ahora, esa pequeña hemorragia nasal en el rostro de su amada esposa lo estaba volviendo loco de preocupación.

Mimy: ¿Y qué haces cuando Chloe tiene la regla, mijo? Como sea de esas que la tienen super dolorosas, que te deja medio muerta en el sofá (mi propia experiencia) ¿Qué harás? ¿Poner gritos al cielo? Y ya no hablar de dar a luz… Amigo, es un sangrado de nariz, la pobre ni se dio cuenta. Simplemente, trátalo, busca la causa que ya todos sabemos y toma medidas preventivas. Por favor, sé un poco racional, consistente y confiable, que eres Emperador…   

—Su Majestad, debe quitar la manga. De lo contrario, su ropa se ensuciará más.

—Pero la sangre sigue saliendo de la nariz de la Emperatriz.

Su ropa ya estaba manchada y arruinada. Mientras tanto, su nerviosismo aumentaba paulatinamente, sin saber qué hacer para ayudarla. Por suerte, pronto el médico del Palacio entró apresuradamente en la oficina.

—¡Oh! ¡Su Majestad la Emperatriz!

Solo después de ver al doctor, Raymond pudo confiarle a Chloe y retroceder un paso.

El médico enrolló cuidadosamente un par de pequeños trozos de algodón y lo colocó en sus fosas nasales, limpiando después su rostro con una toalla limpia.

—¡¿Qué demonios está pasando?! ¡¿Cómo es que la Emperatriz está sangrando tanto?!—gruñó Raymond con severidad.

—No es nada grave. Parece que ha estado trabajando demasiado.—contestó el médico mientras presionaba suavemente el puente de la nariz de Chloe, con un poco de hielo que las Damas de compañía le habían traído.

Los ojos de Raymond se estrecharon incrédulos.

—¿Trabajar demasiado?—repitió Raymond, quien se mostraba claramente susceptible ante tal vaga respuesta—. ¿Trabajar demasiado hace que alguien sangre tanto? ¿Has revisado bien? ¿Puede que alguien usara un veneno peligroso, o quizás haya algo mal en su cuerpo…?

—Aunque Su Majestad es extremadamente saludable y no suele tener este tipo de problemas, las personas comunes a veces sangran por la nariz cuando están muy fatigadas.

—Fatiga acumulada…—murmuró Raymond, asintiendo en silencio.

Como había dicho el médico, Chloe no había descansado apropiadamente ni siquiera en los fines de semana. Sumergida en estudios y trabajo todos los días, apenas tenía huecos libres en su horario. 

«Mi amor… ¿Qué tanto has trabajado para que tu frágil cuerpo no pudiera soportar la fatiga y terminase sangrando terriblemente…?»   

Mimy: Drama Queen, ¿o debería decir King?

—Chloe…

Raymond se arrodilló junto a ella. Luego, la miró con ojos llenos de angustia y tomó su pequeña mano mientras continuaba:

—No puedo perdonarme a mí mismo por permitir que algo tan trivial como la fatiga amenace con dañar tu cuerpo…

No obstante, Chloe, alarmada, intentó calmarlo.

—¿Raymond? ¿Qué dices? Esto es solo una hemorragia nasal.

Pero Raymond, sumido en la desesperación, bajó la cabeza con una expresión sombría.

—Si estás sangrando, debes estar en un estado bastante enfermizo y, con el tiempo, algo como esto te pasará factura. Yo… ¿Cómo pude…? Yo, que debería estar aquí para protegerte, más que nadie… Y, como un idiota, no me di ni siquiera cuenta de lo mal que estabas…—murmuró él con gravedad en su rostro.

De hecho, su seriedad era tan notable, que las Damas de compañía también se contagiaron con la atmósfera tensa que se formó.

«No… Esto es solo una hemorragia nasal…»

Chloe, incapaz de soportar la incomodidad, tembló al sentir cómo un escalofrío recorría su espalda. Sin embargo, Raymond, lo interpretó de otra manera, y finalmente mordió su labio inferior mientras susurraba con voz dolorida:

—¡Pobrecita mía…! Ahora, incluso tiemblas… Chloe, ¿por qué no me dijiste que estabas sufriendo tanto? ¿No confías en mí?

Mimy:

—No es eso…

—Claro, entiendo que tengas razones para no confiar en mí… Ni siquiera me di cuenta de tu estado…

Mimy: Jooooooder… Voy a desgastar el meme. ¿Quieres dejar de hacerte la víctima? Ya son como dos páginas de gilipollismo…

Finalmente, Chloe no pudo soportarlo más y lo empujó, alzando la voz.

—¡Raymond!—exclamó con severidad—. ¡Estoy bien! ¡Esto es solo una hemorragia nasal común! ¡Ya basta!

Ante su reprimenda, Raymond se levantó con renuencia y dejó caer los hombros. Aunque era un hombre grande y fuerte, verlo tan desanimado le dio un poco de pena, pero, aun así, Chloe no cedió y lo miró con determinación.

No obstante, Raymond tenía otros planes en su cabeza, que maquinaba con ardiente decisión.

«Debo sacar a Chloe de esta ola de trabajo de alguna manera…»

Después de unos minutos necesarios, para que la conmoción del incidente de la hemorragia nasal se calmara, Chloe revisó uno por uno los documentos que habían quedado arruinados por la sangre.

«¡Oh! ¡Qué frustrante…! Tendré que rehacer esto… Y aquello… Otra vez, una noche más en la que dormiré menos…»

Mientras ella pensaba eso, comenzó a sentir sueño. Su cabeza cayó lentamente hasta que, finalmente, se quedó dormida sobre el escritorio.

Raymond, que había estado observándola cabecear desde el sofá de la sala, se levantó con un suspiro.

HAAAA…

Caminó hacia Chloe, pero, como ella ya estaba profundamente dormida, ni siquiera se dio cuenta de su presencia. Con cuidado, Raymond se quitó la chaqueta y la colocó sobre sus hombros.

—Chloe… ¿Por qué eres tan diligente en todo?

«Ojalá fuera un poco más débil… Estaría bien que mostrase más su vulnerabilidad… Al menos, hasta que termine sus estudios como Emperatriz, debería hacer solo un mínimo de trabajo diario…»

Los eruditos que la enseñaban estaban impresionados por su rápido aprendizaje. Sin embargo, por mucho que ella aprendiera rápido, era difícil dominar, en poco tiempo, lo que Raymond había estudiado durante más de diez años para convertirse en Emperador.

Era admirable que estuviera sobrellevando cada día así, pero ella, con su innecesario sentido de responsabilidad, tampoco descuidaba sus deberes como Emperatriz. Su preocupación de que, si no cumplía con su parte, Raymond podría verse afectado, le conmovía el corazón, no obstante, a la vez, le dolía el alma.

—Sería bueno que confiaras un poco más en mí y descansaras, mi amor.

Mientras murmuraba, acariciando suavemente su cabello, Raymond echó un vistazo a los documentos que ella había estado reescribiendo con melancolía.

  • ┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈• 

A la mañana siguiente, Chloe despertó en la cama de Raymond.

—¿Eh? ¿Por qué estoy aquí…?

No recordaba haberse quedado dormida, pero estar en sus aposentos era bastante desconcertante. En ese momento, un brazo grueso y musculoso se deslizó por debajo de las cobijas y rodeó su cintura.

—Quedémonos así, un poco más, Chloe.—susurró Raymond en su oído con una voz adormilada.

—Espera, Raymond. Ayer estaba claramente sentada frente al escritorio revisando documentos y… ¡Aaah!—gritó ella en voz baja.

Chloe, que intentaba levantarse de la cama, fue arrastrada por las sabanas debido a la fuerza que la jalaba. Mientras él la atraía hacia sí, su cuerpo, tendido sobre la cama, se vio envuelto entre un pecho desnudo y firme, con dos brazos que la dominaron por completo.

—Chloe…

Raymond se arrodilló junto a ella. Luego, la miró con ojos llenos de angustia y tomó su pequeña mano mientras continuaba:

—No puedo perdonarme a mí mismo por permitir que algo tan trivial como la fatiga amenace con dañar tu cuerpo…

No obstante, Chloe, alarmada, intentó calmarlo.

—¿Raymond? ¿Qué dices? Esto es solo una hemorragia nasal.

Pero Raymond, sumido en la desesperación, bajó la cabeza con una expresión sombría.

—Si estás sangrando, debes estar en un estado bastante enfermizo y, con el tiempo, algo como esto te pasará factura. Yo… ¿Cómo pude…? Yo, que debería estar aquí para protegerte, más que nadie… Y, como un idiota, no me di ni siquiera cuenta de lo mal que estabas…—murmuró él con gravedad en su rostro.

De hecho, su seriedad era tan notable, que las Damas de compañía también se contagiaron con la atmósfera tensa que se formó.

«No… Esto es solo una hemorragia nasal…»

Chloe, incapaz de soportar la incomodidad, tembló al sentir cómo un escalofrío recorría su espalda. Sin embargo, Raymond, lo interpretó de otra manera, y finalmente mordió su labio inferior mientras susurraba con voz dolorida:

—¡Pobrecita mía…! Ahora, incluso tiemblas… Chloe, ¿por qué no me dijiste que estabas sufriendo tanto? ¿No confías en mí?

Mimy:

—No es eso…

—Claro, entiendo que tengas razones para no confiar en mí… Ni siquiera me di cuenta de tu estado…

Mimy: Jooooooder… Voy a desgastar el meme. ¿Quieres dejar de hacerte la víctima? Ya son como dos páginas de gilipollismo…

Finalmente, Chloe no pudo soportarlo más y lo empujó, alzando la voz.

—¡Raymond!—exclamó con severidad—. ¡Estoy bien! ¡Esto es solo una hemorragia nasal común! ¡Ya basta!

Ante su reprimenda, Raymond se levantó con renuencia y dejó caer los hombros. Aunque era un hombre grande y fuerte, verlo tan desanimado le dio un poco de pena, pero, aun así, Chloe no cedió y lo miró con determinación.

No obstante, Raymond tenía otros planes en su cabeza, que maquinaba con ardiente decisión.

«Debo sacar a Chloe de esta ola de trabajo de alguna manera…»

Después de unos minutos necesarios, para que la conmoción del incidente de la hemorragia nasal se calmara, Chloe revisó uno por uno los documentos que habían quedado arruinados por la sangre.

«¡Oh! ¡Qué frustrante…! Tendré que rehacer esto… Y aquello… Otra vez, una noche más en la que dormiré menos…»

Mientras ella pensaba eso, comenzó a sentir sueño. Su cabeza cayó lentamente hasta que, finalmente, se quedó dormida sobre el escritorio.

Raymond, que había estado observándola cabecear desde el sofá de la sala, se levantó con un suspiro.

HAAAA…

Caminó hacia Chloe, pero, como ella ya estaba profundamente dormida, ni siquiera se dio cuenta de su presencia. Con cuidado, Raymond se quitó la chaqueta y la colocó sobre sus hombros.

—Chloe… ¿Por qué eres tan diligente en todo?

«Ojalá fuera un poco más débil… Estaría bien que mostrase más su vulnerabilidad… Al menos, hasta que termine sus estudios como Emperatriz, debería hacer solo un mínimo de trabajo diario…»

Los eruditos que la enseñaban estaban impresionados por su rápido aprendizaje. Sin embargo, por mucho que ella aprendiera rápido, era difícil dominar, en poco tiempo, lo que Raymond había estudiado durante más de diez años para convertirse en Emperador.

Era admirable que estuviera sobrellevando cada día así, pero ella, con su innecesario sentido de responsabilidad, tampoco descuidaba sus deberes como Emperatriz. Su preocupación de que, si no cumplía con su parte, Raymond podría verse afectado, le conmovía el corazón, no obstante, a la vez, le dolía el alma.

—Sería bueno que confiaras un poco más en mí y descansaras, mi amor.

Mientras murmuraba, acariciando suavemente su cabello, Raymond echó un vistazo a los documentos que ella había estado reescribiendo con melancolía.

  • ┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈• 

A la mañana siguiente, Chloe despertó en la cama de Raymond.

—¿Eh? ¿Por qué estoy aquí…?

No recordaba haberse quedado dormida, pero estar en sus aposentos era bastante desconcertante. En ese momento, un brazo grueso y musculoso se deslizó por debajo de las cobijas y rodeó su cintura.

—Quedémonos así, un poco más, Chloe.—susurró Raymond en su oído con una voz adormilada.

—Espera, Raymond. Ayer estaba claramente sentada frente al escritorio revisando documentos y… ¡Aaah!—gritó ella en voz baja.

Chloe, que intentaba levantarse de la cama, fue arrastrada por las sabanas debido a la fuerza que la jalaba. Mientras él la atraía hacia sí, su cuerpo, tendido sobre la cama, se vio envuelto entre un pecho desnudo y firme, con dos brazos que la dominaron por completo.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY



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