Capítulo 82
A partir de ese día, Lette y yo comenzamos a hacer una por una las cosas que queríamos hacer antes de que ella se fuera.
Para empezar, nos centramos en lo más simple de su lista de “deseos” y, cuando le dije a Daria que quería cocinar para la pequeña Santa, ella amablemente me permitió usar la cocina.
Ni durante mi tiempo como bestia de la Casa de los Garnetsch, ni cuando vivía en el Gran Ducado de Ludwig, se me permitió entrar a la cocina. Así que, al pisar ese lugar que evocaba recuerdos de mi infancia, mi corazón se llenó de expectativas.
—¡Espera, Chloe! Creo que un pedazo de cáscara de huevo cayó ahí…—avisó Lette.
—¡Oh! Gracias, Lette.
—¡Ten cuidado, Chloe! ¡Está caliente!
—¡Ay! ¡Cielos! Casi me quemo.
—Mmmm… Chloe, creo que cocinar no es lo tuyo… ¡Ah! ¡Mira! ¡La sopa se está quemando!
Al escuchar el grito de Lette, corrí hacia la olla donde hervía la sopa. Pero ya era demasiado tarde. La olla estaba completamente negra, la mayoría de los ingredientes se habían pegado al fondo y, lo poco que quedaba, era un líquido denso y viscoso, para nada apetecible.
—Emmm…
Frustrada, por cómo las cosas no salían como quería, fruncí el ceño y dije:
—Es raro. Seguí perfectamente las instrucciones del libro… Al pie de la letra…
Intenté ocultar mi decepción, mientras miraba el desastre que se había creado en la cocina en cuestión de pocos minutos.
No solo la sopa, sino todo lo que había planeado preparar estaba arruinado. La salsa de la pasta estaba demasiado salada, y el pollo estaba medio crudo.
—Lo siento, Lette… Es mi primera vez en la cocina.—me excusé con una sonrisa torpe, y ella se levantó.
—Está bien. Entonces hoy cambiamos a “comer algo que Lette cocine” en vez de “algo preparado por Chloe”. Pero mañana tienes que cocinar tú, ¿sí?
Dicho esto, Lette ató su delantal con movimientos dignos de un cocinero experto y, como parecía que la altura de la cocina no era adecuada para su forma de niña, se transformó en una mujer de unos veinte años.
Yo en cambio, me senté y observé cómo cocinaba. Lette tarareaba una canción mientras se movía por la cocina, arreglando el desastre que mis torpes manos habían dejado por doquier.
Mientras miraba su espalda, una sombra de alguien, que había enterrado en lo más profundo de mi memoria, resurgió, como flotando ante mis ojos.
Era una persona familiar, pero a la vez extraña.
Lette, en aquel momento, me recordaba a la mujer que me dio a luz. Mi madre, quien ya había partido de este mundo hace mucho tiempo.
Cuando tomé una cucharada de la sopa que Lette había preparado, y mis ojos se abrieron de par en par, exclamé:
—¡Wow! ¡Está delicioso!
Lette sonrió tímidamente.
—Lo aprendí de Enoch.—confesó ella.
—¿De Sir Enoch?
Intenté imaginar a Sir Enoch cocinando, pero no pude. Se me hacía difícil ver a aquel caballero apuesto en la cocina.
—Cocinar y Sir Enoch… No sé por qué, pero no parece una combinación que vaya bien…
—Te dije que Enoch me crió, ¿verdad? Siempre estuvimos los dos solos. Yo no sabía cocinar, así que era natural que él lo hiciera. Y , bueno, con el tiempo, aprendí de él.
Lette se sentó frente a mí, apoyando la barbilla en su mano mientras observaba cómo comía. Sus uñas, teñidas con el tinte de flores que habíamos usado aquella misma tarde, llamaron mi atención.
—¿Lette, no vas a comer?
—Con verte comer tan bien, Chloe, ya me siento llena y feliz.—dijo, sonriendo con satisfacción.
En ese instante, sy sonrisa me recordó a la de Raymond.
«Quizás es por esa sonrisa, tan parecida a la de él, que me siento tan atraída hacia ella.»
Mimy: El yuri de Daria se te está pegando Chloe… Dicen que a uno lo conquistan con la comida XD
Mientras levantaba el tenedor, para probar los demás platos que había preparado, pensé en lo extraña que, a veces, era Lette. Estar con ella me hacía recordar a las personas más queridas e importantes para mí.
«Es casi mágico… Con sólo estar, un par de horas, frente a Lette, me ha hecho recordar a la mujer que me dio a luz, al hombre que amo, y… A esa pequeña calidez que tuve que dejar atrás…»
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Después de comer, continuamos con las peticiones de la lista de Lette:
—¿Realmente tenemos que tomarnos de la mano?—pregunté con un tono un tanto inquieto.
—¡Por supuesto, Chloe! ¡Es la parte más importante!
Lette, que había vuelto a su forma de niña, me agarró de la mano con fuerza mientras reía. A diferencia de su sonrisa radiante, yo me sentía extremadamente incómoda.
El centro de la ciudad, al que habíamos ido, era bastante modesto. Aunque el antiguo Duque Arnold de Carolina había sido ejecutado no hace mucho, la vida de los ciudadanos comunes seguía siendo tranquila, a diferencia de la melancolía que envolvía al Castillo del Ducado.
—Dijiste que era tu primera vez en el centro de una ciudad, ¿verdad, Chloe?
—No es exactamente mi primera vez, pero sí es la primera en mucho tiempo. No he vuelto a ver un sitio como este desde que era muy pequeña.
Cuando vivía con mis padres, en un hogar humilde, pero feliz, los días en que iba al centro de la ciudad tomada de la mano de mi madre eran muy especiales para mí. Por eso, aún los conservaba en los tenues recuerdos de mi infancia.
—Cuando era pequeña, vivía en un pueblo tan pequeño que ni siquiera tenía un centro.—conté.
—…
—Recuerdo que tomaba la mano de mi madre e íbamos a la plaza. Un lugar muy parecido al de aquí. Era algo que ocurría solo unas pocas veces al año, así que era muy especial.
Mientras hablaba suavemente sobre mi infancia, Lette me miró con ojos llenos de lágrimas.
—Es extraño escuchar sobre la infancia de Chloe de la propia Chloe…—murmuró.
—… ¿Qué parte es extraña?—pregunté sorprendida.
Confundida por su reacción, Lette me condujo, sonriendo, a un puesto cercano, evitando mi pregunta.
—¿Vendían cosas como estas cuando eras pequeña? Dicen que antes, con solo una moneda de oro, podías comprar todo lo que hay expuesto aquí.
—Bueno, eso era antes… Pero, ahora que lo pienso… ¿Cuántos años de diferencia hay entre la Santa y yo?
La miré con curiosidad, y Lette rió con una voz que denotaba una ligera incomodidad.
—¡Ah! Ja, ja, ¿Verdad…? ¿Cuántos deben ser…?
Lette, a veces, era tan misteriosa y enigmática que despertaba en mí el querer saber más de ella.
—Entonces dime, ¿cuántos años tienes realmente?
Dado que su cuerpo podía cambiar, para aparentar la juventud que ella deseara, no sabía cuál era su verdadera edad.
—Mmm, no estoy segura. El tiempo no es algo importante para mí.—murmuró, mientras contaba con los dedos, pensativa.
Al ver cómo aumentaba el número de sus dedos doblados, me di cuenta de que Lette era algo mayor que yo.
—Han pasado seis años desde que celebré mi ceremonia de mayoría de edad…—concluyó Lette, finalmente.
—¡Eres mucho mayor que yo!—exclamé atónita.
«Veintiséis años… Es de la misma edad que Daria y he estado tratándola como una hermana menor sin darme cuenta…»
Me sentí extraña. No obstante, después de pensarlo detenidamente, algo, en su historia, llamó mi atención:
—Espera, entonces, ¿cómo te crió Sir Enoch?
—Cuando conocí a Enoch, yo tenía más o menos esta edad.—dijo tranquilamente.
Por un momento, me sentí mucho más confundida de lo que antes había estado. Sin embargo, al verla sonreír tan alegremente como una niña, me di cuenta de que era perfectamente posible. Lette tomó una pulsera de cuero del puesto y la probó en mi muñeca.
—¿Qué te parece este color, Chloe?
—Prefiero el rojo…
Mimy: Claaaaro, justo la tonalidad del pelo y ojos de Raymond, ¡qué casualidad!
—¡Sí! Es difícil escoger porque todo te queda bien, en especial el rojo.—contestó Lette.
Luego, sacó unas monedas de su bolsillo y compró dos pulseras del mismo color y diseño.
—Tú me ayudas a ponerme la mía y yo la tuya—añadió.
Lette continuó caminando de mi mano mientras sonreía feliz, viendo cómo las pulseras colgaban en nuestras muñecas, como si fueran un par. Después de mirar un rato más por los puestos del mercado, ella compró algunas cosas más, incluyendo otra pulsera de cuero igual a las nuestras.
—¿Y esa pulsera?—pregunté.
—Es para Raymond.—respondió la Santa, como si fuera lo más natural del mundo.
—Lette, ¿cómo es que siempre eres tan generosa conmigo y con el Emperador?
Mimy: Daria lo llama Ray, Lette Raymond, ¿no es hora de que Chloe deje de llamarlo Emperador o Su Majestad? Es que se me hace rarísimo… Se acostaron, tuvieron un pasado compartido con una hija, e incluso se dijeron que se aman… Hasta Enoch consiguió que dejara de decir lo de Brans…
—Es que ambos son personas que no puedo evitar amar en este mundo.
Por alguna razón, no me molestaba que ella quisiera al hombre que yo amaba.
«¿Sería porque tenía la apariencia de una niña? ¿O por su pureza y claridad que siempre mostraba frente a mí, a través de sus ojos titilantes?»
Mientras caminábamos por la calle llena de gente, Lette jugueteó con lo que tenía en la mano y siguió parloteando:
—Esto de aquí es para Enoch.—comentó—. Tal vez, con esto, Enoch… Me recordará…
Lo que sostenía era un colgante de diseño tosco. Con un pequeño espacio cerrado en el que se solía guardar un pequeño retrato de un ser querido.
—Hablas como si te fueras a separar de Sir Enoch pronto.
—Es difícil seguir con Enoch… Para siempre.
—¿Es por los asuntos de la Iglesia de Ramie?
Ante mi pregunta, ella sonrió de manera enigmática y respondió:
—Es la voluntad del Dios Ramie…
Después de caminar un rato, escuchamos los gritos de un grupo de gente reunida en la plaza y nos dirigimos hacia allí.
Unas cuantas personas de tierras lejanas estaban realizando un espectáculo circense. Fascinada, observé atentamente mientras algunos de ellos pasaban por aros en llamas y otros caminaban sobre espinas afiladas.
—¡Dios mío! ¡Eso parece peligroso…! ¡Guau…!—exclamé.
—¡Yo también puedo hacer eso! ¡Incluso mejor que ellos!—dijo Lette con orgullo mientras yo aplaudía de pie, junto a la multitud.
—Mmm…
Intenté hacerme la dura mirándola con duda, pero, al final, su actitud de niño fanfarrón me ganó y me hizo reír a carcajadas:
¡JA, JA, JA, JA, JA!
—¡Joba, Chloe! ¡Es en serio!
—Sí, sí, te creo.—asentí, moviendo la cabeza al mismo tiempo.
Sin embargo, Lette pensó que no la creía debido al tono de voz que salía de mi boca y, ante esto, ella frunció sus pequeños labios.
Su expresión era tan inocente y adorable, que tuve que recordarme a mí misma que era mayor que yo, para no pinchar sus tiernos mofletes sonrojados.
Cuando el espectáculo terminó, el sol ya estaba bajando. Tomé la mano de Lette, que todavía refunfuñaba, y caminamos por la ciudad, teñida de colores anaranjados bajo el atardecer.
Después de pasear un rato, de repente, ella vio algo y sus ojos brillaron.
—¡Eh! ¡Mira eso…!—exclamó, señalando hacia una exhibición de botellas de alcohol barato—. ¡Chloe! ¡Hay una cosa más que quiero hacer contigo!
—Pero el alcohol, no es un poco…—vacilé, recordando las palabras de Daria sobre “nunca beber en público”.
No obstante, antes de que pudiera negarme, Lette tomó una botella y me miró con ojos centelleantes.
—¿Qué te parece, Chloe? ¡Quiero beber contigo!
Su voz sonaba tan emocionada que no sabía cómo negarme. Sin embargo, en un instante, el tendero, que estaba detrás de nosotros, se acercó y le gritó a Lette:
—¡Oye! ¡Niña descarada! ¡Deja eso ahora mismo!
Ante el alarido del hombre, Lette se quedó paralizada y, un tanto sorprendida, balbuceó:
—¡Ah! No, no, es que yo…
—¡No vendo alcohol a niños! ¡Lárgate!
Finalmente, el señor me miró de reojo y habló con un tono un poco más respetuoso que con Lette. Parecía que había escuchado todo lo que ella dijo acerca de beber juntas y, después de ser regañadas, nos echó mientras Lette resoplaba, enfadada:
—¡Tengo suficiente edad para beber!
«Sus pequeños puños apretados son tan adorables…»
—Sí, lo sé, lo sé.
—¡Estoy tan molesta!
—No te enfades demasiado. El tendero no tenía otra opción. Pareces una niña muy pequeña con esa forma.
—…
«¡Hasta sus regordetes labios apretados, como si estuviera pensando profundamente, son encantadores!»
Después de un momento de reflexión, Lette levantó la cabeza repentinamente y sonrió de forma traviesa:
—Bueno, ¡no importa, Chloe! El alcohol no solo existe aquí…
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Unos días después, Lette apareció con una botella de alcohol.
—¡Ta-dá! Te traje alcohol, Chloe.
—… ¿De dónde salió eso?
Era claramente una botella cara. La miré con sospecha, preguntándome si había cometido otro crimen, pero ella puso una expresión de indignación.
—¡No lo robé! Me lo regaló la Duquesa.
«Probablemente fue más un saqueo que un regalo…»
—Ahora que, legalmente, tenemos alcohol, ¡Bebamos juntas, Chloe!
—Emms… No puedo…—dije con una expresión incómoda—. Daria me lo advirtió. Me dijo que no debo beber alcohol.
—¿Qué importa? Chloe ya no está bajo su tutela.—habló ella con indiferencia, destapando la botella.
El aroma dulce del mismo vino de frutas que había probado antes, me tentó.
—… Tienes… ¿Razón…?—asentí, tragando la saliva que se acumulaba en mi boca, mientras me convencía a mí misma entre pensamientos.
«Es tal y como Lette ha dicho… Ya no soy la doncella de Daria, así que no necesito su permiso para beber alcohol… No es como si nunca pudiera beber de nuevo, y por algo hay que empezar…»
Decididas, llenamos nuestras copas de vino con el líquido de color púrpura oscuro. El sonido del licor al caer sobre el cristal, era alegre y refrescante.
Chocamos las copas y, echando de menos el sabor del alcohol, me lo bebí todo de un trago, sin dejar ni una gota al final.
—¡Qué impresionante, Chloe! ¡Es la primera vez que veo a alguien beber así!
—¡Ah! Bueno, es la forma en que Daria me enseñó.—confesé avergonzada, riéndome tontamente y rascando mi mejilla ante el elogio de Lette.
«Parece que la gente común no bebe de la manera que Daria me enseñó…»
—Ja, ja, ja… Chloe, tu cara se puso roja. Es del mismo color que el vino.—comentó Lette, que se rió al verme toda colorada.
Pero, la verdad, era que su rostro estaba aún más rojo que el mío, como un tomate maduro.
De repente, me sentí tan bien que seguí extendiendo mi copa vacía para que la llenaran.
—Mmm… ¡Quiero más! ¡Dame más!
Mi cara se calentaba y comenzaba a sentirme somnolienta. Reía sin parar y mis palabras se volvían más lentas, hasta que, después de unos cuantos tragos, Lette me miró y se tapó la boca.
—Chloe… Eres tan… Linda…
Al ver sus ojos llenos de lágrimas, me reí aún más, sin motivo alguno. Sentía como si mi cuerpo flotara en el aire, libre de ataduras. Incluso, me resentí con Daria.
«Sin duda, Daria es una mala persona… Cómo pudo no haberme dejado disfrutar de algo tan bueno…»
Mientras miraba a Lette, que me observaba con una mirada maternal, las palabras que tenía dentro, en un rincón de mi mente, salieron de mi boca, sin ser muy consciente de lo que estaba diciendo:
—¿Sabes…? Hay alguien en quien pienso cuando te veo, Lette.
—¿Quién es?—preguntó ella con interés, sabiendo que se trataba de la confesión de una persona borracha.
Aun así, estaba tan iba que sonreí y solté lo que había estado guardando durante todo este tiempo que había pasado junto a Lette.
—Mi madre.
—¿Tu…? ¿Madre?
—Sí, era la mujer más hermosa del pueblo. La única persona que se preocupó por mí hasta el momento de su muerte.
«Incluso en el momento en que su vida se apagaba sobre el frío suelo, ella solo se preocupó por mí…»
—Pero yo, ante su muerte, me asusté y la evité…—murmuré, sin poder ocultar la tristeza de mi rostro.
Cuando era niña, me había asustado su mirada al borde de la muerte. Una que buscaba encontrarme entre la borrosidad de la blancura de la nieve y que, lamentablemente, descubrió cómo su hija se apartaba para evitarla. Incluso en el momento en que sus ojos se volvieron vidriosos, pensé que era un alivio el no verme reflejada en ellos.
«¡Qué horrible! ¡Qué pensaría mi madre de tener una hija así…!»
Cuando finalmente corrí hacia ella, solo quedaba el cuerpo sin vida de una mujer, que no dejó de amarme, ni por un segundo de su efímera existencia.
Lloré mucho. Realmente, lloré mucho. Pero los muertos no vuelven a abrir los ojos, y la sucia hija, que evitó a su madre, tuvo que arrastrarse como una bestia, cargando con la culpa de sus actos.
—Lo siento, madre… ¿Me odias mucho por lo que hice?—murmuré mirando al vacío, como si hablara sola.
Era una pregunta que los muertos nunca responderían. Pero, en cambio, Lette fue la que contestó:
—Cualquiera habría hecho lo mismo en esa situación, Chloe.—dijo su voz tranquila que llenó la habitación.
Girándome hacia ella la observé, viendo cómo me consolaba, con su cabello plateado como el mío y ojos rojos como gemas, llenos de sumo afecto.
—Cuando te veo, Lette, siempre pienso en mi madre…
«Sí… Como alguien que me amó incondicionalmente, tú…»
—Te equivocas por completo, Chloe. No soy esa persona.—dijo Lette, interrumpiendo mis pensamientos.
Sonriendo, ella se sentó a mi lado. Su pequeña cabeza descansó cálidamente sobre mi hombro y, de forma automática, acaricié su cabello suavemente.
—Por cierto, Lette. Tú también perdiste a tu familia, ¿no? ¿Fue por culpa de Kylos…? Ese maldito hombre…
Un suspiro se escapó de entre los labios de la Santa.
—Mi madre…—contó con un tono dulce—. Era la mujer más hermosa del continente.
—… Mentira.
—¡¡Es verdad!!
—Mmm…
Aunque estaba borracha, estaba segura de que ella estaba exagerando. Después de todo, parecía que solo había cambiado “pueblo” por “continente”, en la descripción que yo había dado sobre mi madre.
—¡¡Soy una persona bendecida por el Dios Ramie!! ¡¡Nunca miento!!
—Pero, la última vez, sí que lo hiciste. Aún lo recuerdo perfectamente.
Recordé que Lette no solo había mentido sobre que Raymond y yo teníamos que casarnos para que el Imperio estuviera en paz, sino que también nos había engañado apareciendo como una niña de cuatro años.
«Y ahora que me doy cuenta… ¿Por qué habría mentido así?»
Sin embargo, estaba segura de que sus mentiras no tenían malas intenciones.
—¡Ugh…! Bueno, de cualquier manera…—dijo Lette, que continuó hablando, sin intención de dar una excusa a sus embustes pasados—. Ella era una mujer triste. Aunque yo era demasiado pequeña como para caminar sola, cuando me separé de ella, entendí su dolor.
—… ¿…?
«¿Demasiado joven para caminar sola?»
—Entonces, era solo un bebé… ¿apenas tienes recuerdos de tu madre?—pregunté.
—No, no tengo recuerdos, pero su sombra permaneció en mí. Bendición o maldición, la divinidad del Dios Ramie me guió hacia su sombra.
Sintiendo cómo mi estado de embriaguez, se desvanecía por momentos, reflexioné sobre sus palabras enigmáticas.
—La bendición de Ramie…
—También sé que mi madre realmente me amaba mucho.
Lette me miró y sonrió de forma radiante. De alguna manera, mi corazón se sintió apretado. Probablemente porque me recordó a mi pequeña Estel, a quien tuve que dejar atrás en el pasado.
«Estel, mi pobre y pequeña Estel…»
No necesitaba mirar más allá de mi propia infancia para saber cuán miserable era la vida de un niño que había perdido a su madre. Kylos dijo que Estel no había muerto y que vivió durante mucho tiempo. Por tanto, ella debió haberse sentido sola y abandonada, sin sus padres.
«¡Por supuesto que estaba viva! ¡Cómo pude dudar con tan solo unas palabras de Kylos y Elizabeth! Durante mucho, mucho tiempo, mi pequeña debió intentar sobrevivir obstinadamente… Sin mí…»
Aunque nunca volvería a ver a mi Estel, decidí consolarme con eso y, de repente, me fijé que, los ojos de Lette, derramaban lágrimas gruesas.
—¡Oh, cielos! Estás llorando, Lette.
Extendí mi mano y limpié los regueros que caían por su mejillas.
—Tú también estás llorando.—respondió ella, con voz agrietada.
—¿En serio?
Nos miramos y nos reímos melancólicamente.
—Lo siento. No quería mostrarte mi lado lloroso, Lette.
Lette me miró con ojos suaves mientras yo me sentía avergonzada.
—Está bien. De todos modos, olvidarás todo lo que pasó conmigo.
—¿Por qué crees que lo olvidaré todo? ¿Por el alcohol?
—No… Es porque soy Lette.
—… ¿…?
No entendí el significado de sus palabras y, como si fuera consciente de eso, Lette solo sonrió tímidamente, haciendo que me sintiera aún más confundida.
—A veces dices cosas que no entiendo, Lette…—concluí frunciendo los labios mientras vertía más alcohol en mi copa.
Esa noche, en especial, necesitaba ahogar las penas de aquellos tristes recuerdos.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY