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Capítulo 72

Mimy: volveremos a la primera persona con nuestra Chloe <3 Los capítulos no suelen estar con nombre pero este es el “contragolpe de la hermosa carnada”. Así os hacéis una idea porque el cambio del cap. anterior a este es un poco abrupto (ෆ`꒳´ෆ)

Mientras cerraba los ojos en la oscuridad, levanté lentamente los párpados al oír los pasos resonando cerca de mis oídos.

TAP, TAP, TAP, TAP…    

Cuando éstos cesaron, delante de mis ojos apareció una figura de alguien desagradable.

—Kylos…

A través de las rejas, ese hombre me sonreía. Como si finalmente hubiera conseguido lo que deseaba, la curvatura de sus labios era profunda, infinitamente atractiva, pero, al mismo tiempo, repugnante.

Mimy: ¿Hola? ¿Chloe? ¿Atractiva? O.O No se si soy yo la rara, pero si vivo lo que vivió Chloe con este hombre lo menos que me pongo a pensar es si algo es atractivo o no… 

—Ya no me dices “tío”, ¿verdad? Claro… Llamar “tío” a alguien que te ama como un hombre a una mujer debe ser incómodo, ¿no es así? Pero a decir verdad, prefiero esto.

—…

—Bueno, dejando eso de lado… ¿Qué opinas? ¿Has pensado un poco más en lo que te dije? Pobre Chloe, ¿no te advertí lo suficiente? El emperador no te ama. Si en realidad te amara, ¿cómo podría haberte dejado aquí, en este lugar tan frío y sucio?

Kylos, sacó una llave brillante de color dorado de su bolsillo. Pronto, con un sonido metálico, la cerradura se abrió y, la puerta de hierro que me mantenía prisionera, se desplegó.

—¿Ves? Solo yo puedo ayudarte. Ven conmigo, Chloe.

—¿Y se puede saber cómo me vas a ayudar?

A mi pregunta, él giró sus ojos intensos hacia mí y, sin emitir sonido alguno más que sus pasos al andar, entró en la prisión. 

TAP, TAP, TAP. 

Cuando llegó frente a la silla donde estaba atada, sonrió amablemente y acarició mi rostro.

—Mi pobre, Chloe… ¿Qué te han hecho? Mira lo dañada que está tu piel…

La punta de sus dedos descendió por mi mandíbula y luego se apoderó de mi hombro.

—Siempre me acuerdo de aquel momento… Fui yo, quien extendió mi mano hacia ti, y tú la tomaste, ¿recuerdas? La mansión Garnetsch que, tras ser tragada entre las rojas llamaradas, se quemó y desmoronó en cenizas negras mientras tú, aferrándote a mi mano bajo la nieve blanca, mirabas la escena con una belleza etérea.

—…

—Vuelve a tomar mi mano, Chloe.—con la mano, que no sujetaba mi hombro, me apretó la muñeca con firmeza y susurró—. Al igual que antes, solo yo estoy aquí para salvarte. 

Lo miré fijamente, observando su desagradable rostro rebosante de satisfacción.

—Tienes razón… El Emperador no me amaba.—pronuncié con un susurro seco que emergió de mis labios, negando todo lo que Raymond me había dado—. Como dijiste, solo tú puedes amarme. Lo siento, me di cuenta demasiado tarde.

Al escuchar mi firme respuesta, él, eufórico, sonrió entrecerrando los ojos.

—No es tarde. Pensé que la confusión sería más breve, pero no importa. Al fin y al cabo, te diste cuenta por ti misma. Eres una chica inteligente, Chloe.

—Entonces… ¿Vas a sacarme de aquí?

—¡Por supuesto! Tus dudas y malentendidos han sido aclarados y, ahora, es hora de volver a casa, Chloe.

Él me liberó de la silla en la que estaba atada, me levantó y, con la dulce sonrisa que había anhelado durante tantos años, dijo:

—Vamos, de vuelta al Gran Ducado de Ludwig, a nuestra casa y, por siempre, hogar.

  • ┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈• 

El carruaje en el que Kylos y yo viajábamos avanzaba rápidamente fuera del Palacio Imperial. Sin embargo, no tardó en disminuir la velocidad gradualmente a medida que se alejaba de la capital. Con la marcha ralentizada, contemplé el paisaje por la ventana algo distraída, hasta que sentí una mirada fija desde el asiento frente a mí.

Al girar ligeramente la cabeza, vi a Kylos recostado en el respaldo del asiento. Su postura era elegante, cruzando las piernas y con ambas manos en una de sus rodillas, mientras me observaba con una intensidad escalofriante. Cuando nuestros ojos se encontraron, él soltó la tensión de sus brazos y sonrió de manera relajada.

—Estar contigo me hace recordar los viejos tiempos, Chloe.

—¿…?

—¿Recuerdas cuando tomamos el carruaje por primera vez y te mareaste? Te esforzaste por no mostrarlo en absoluto porque no querías que pensara que eras una molestia o algo parecido.

—¿Sabías eso?

—Ja, ja, ja… —Kylos se rió brevemente con una pequeña sonrisa y asintió—. ¡Por supuesto! No hay nada que no sepa sobre ti…

Lentamente, se acercó y acarició mi rostro en silencio. En sus ojos oscuros, un sentimiento de ternura estaba impregnado con los restos del pasado. No me miraba a mí, la Chloe frente a él, sino a la idealización de una chica con cabello plateado y ojos rojos que ya no existía. Sabiendo esto, lo observé fijamente y, sin previo aviso, pregunté:

—Entonces, ¿por qué nunca te dignaste siquiera a decirme alguna que otra palabra de consuelo cuando estaba pasando por tantas dificultades? ¿Era mucho pedir?

De repente, su rostro se tiñó de desconcierto.

—Chloe, eso… Yo…

—Déjalo. No te estoy culpando. Solo me dio curiosidad.

—…

De reojo, vi cómo cerraba los labios con fuerza, sin poder responder fácilmente, y no pude evitar reírme por dentro al verlo así.

En realidad, no hacía falta preguntar para saberlo. Mi niñez, tratando de quedar bien de cualquier manera, debió parecerle algo divertido. Él siempre había sido una persona que disfrutaba engañando y manipulando mi tímido corazón lleno de inocencia genuina.

—Chloe… Aunque sea tarde, te pido perdón. Lo siento mucho… En aquel momento fui un completo idiota que no supo valorar lo que tenía e ignoré lo valiosa que eras para mí. Siento mucho todo lo que pasó, pero ahora, nunca más cometeré el mismo error. Te lo prometo.

«¿Qué quiere decir con eso? ¿Significa que las personas que no son valiosas para él pueden ser manipuladas a su antojo? Si no es eso, y es cierto que no pudo comprender lo que él mismo llama “amor”, ¿quedaría justificado todo su comportamiento engañoso hacia mí? Sus juegos, sus mentiras… ¿Sería justo perdonarlo?»

Una respiración pesada escapó de mis labios. Aunque se equivocara en el pasado como decía, su “amor” seguía siendo egoísta, como él mismo. Al girar mi rostro hacia la ventana, vi que la Mansión Ducal se acercaba gradualmente.

—Pronto el Emperador se dará cuenta de que escapé.—dije con voz indiferente, manteniendo la mirada fija en el paisaje.

—Bueno, aunque lo note, ¿qué diferencia hará?—respondió Kylos con un tono igualmente neutral—. Ahora que has vuelto, pondré todo el poder del Gran Ducado de Ludwig para protegerte. Algo que Raymond de Astarot nunca pudo hacer; ni antes, ni ahora, porque yo soy el único que puede hacerlo, Chloe. No hay nadie que te ame como yo. Solo yo estaré siempre de tu lado.

Sus palabras repetidas, casi como un lavado de cerebro, hicieron que frunciera el ceño. Afortunadamente, él no vio la expresión distorsionada de mi rostro, ya que no giré mi cara hacia él, hasta el final del trayecto. 

Finalmente, el carruaje se detuvo frente a la entrada del Gran Ducado.

Pensé que no volvería jamás, pero, ante la vista de la enorme Mansión, que hace meses había dejado atrás, dejé escapar el todo aire que había estado conteniendo.

—Entremos.—determinó Kylos con decisión.

Me giré hacia él, sintiendo cómo su repulsiva mano rodeaba mi hombro. Levanté la cabeza reflexivamente para mirarlo, antes de volver a fijar los ojos al frente. La majestuosa y tranquila residencia Ducal nos recibía con sus puertas abiertas.

Los caballeros, alineados a ambos lados del hall, hicieron una reverencia al ver nuestra llegada. Por un instante, mi mirada se vio atraída por un destello brillante de cabello platino, pero lo ignoré y seguí caminando hacia adelante.

Sin embargo, sí que le di importancia a la ausencia del hombre que, por lógica, debió haber sido el primero en saludarnos a Kylos y a mí.

—No veo a Erikson.—comenté con un bajo murmullo que denotaba desinterés, mientras pensaba en el viejo mayordomo que nunca logró superar aquel cruel invierno en el pasado.

—…—Kylos no contestó a mis palabras.

Al no recibir respuesta, supuse que, probablemente, al igual que antes, Erikson había sucumbido al frío una vez más. De hecho, no esperaba lo contrario, por lo que caminamos en silencio durante un tiempo.

Cuando me giré, rumbo a la habitación que solía usar, él detuvo mi paso.

—¿A dónde vas, Chloe?

—A mi habitación.—respondí un tanto incómoda.

—Esa ya no es tu habitación, Chloe.—tras decir eso, me llevó a una habitación junto a su propio dormitorio. 

Eran los aposentos que, originalmente, pertenecían a la Gran Duquesa. Una lujosa alcoba que habría sido ocupada por la joven Marquesa Elizabeth de Rosaline de no ser porque, al retroceder en el tiempo, ciertos sucesos habían cambiado considerablemente.

—No quiero.—negué y me zafé de Kylos como pude dando unos pasos hacia atrás.

—¿Chloe?—me llamó con expresión desconcertada. 

Yo le devolví el gesto con una mirada cargada de desprecio.

—¿Me estás diciendo que debo usar la habitación de “esa mujer”?

—¿Qué estás diciendo? Esta habitación…

—Te lo dije, ¿verdad? No importa cuánto retrocedamos, los recuerdos de esa época no desaparecerán.

—…

«Si lo hubieras pensado un poco, si tuvieras un mínimo de respeto hacia mí, no se te pasaría por la cabeza la idea de meterme en los mismos aposentos que pertenecieron a la mujer que me mató.»

Sin embargo, con aquella atontada mueca plasmada en su rostro, me dejó en claro que él no parecía pensar que eso me molestaría.

—En mi memoria, estos aposentos fueron los que ella usaba. Por tanto, ¡no quiero ni acercarme a ellos, teniendo en cuenta las veces que me llamó aquí con el único propósito de torturarme!

—Ya veo…—dijo mientras me observaba en silencio con una expresión sombría—. Entonces, prepararé otro cuarto. Mientras tanto, te quedas en mi dormitorio…

—No. Prefiero la habitación en la que solía estar. Incluso en tu alcoba, los rastros de ella siguen allí…

—… 

—De hecho, siendo sincera, no hay ni un solo lugar en esta Mansión donde no haya dejado su huella en forma de malos recuerdos.

Vi cómo sus ojos se llenaban de dolor, y no pude evitar sentirme satisfecha por dentro. 

Era irónico. Ni tú, ni yo, sabíamos realmente cuál fue el punto de quiebre que había causado las heridas de esa época.

  • ┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈• 

En la tranquila sala del comedor, solo se oían los sonidos esporádicos de la cubertería chocando contra la vajilla. Aunque no había comido bien mientras estuve en la prisión, los pocos platos calientes que pude probar no lograron satisfacerme.

Finalmente, después de mordisquear, desganada, un poco de comida, dejé el tenedor en la mesa y pregunté:

—¿Qué vamos a hacer ahora?—sin recibir respuesta, añadí—. La noticia de mi escape pronto se difundirá. Primero por todo el Palacio y luego por todo el Imperio. De todos modos, para el pueblo, soy una criminal. Aunque no sea verdad, me han acusado de asesinar a la Emperatriz, así que no seré libre.

Mientras escuchaba mis palabras en silencio, los ojos de Kylos se suavizaron. Pese a concretar un hecho irrefutable, no parecía inquietarse en lo más mínimo.

—Haremos todo lo que tú desees. Pídeme lo que sea y te lo concederé.

—¿Seguro? ¿Lo que sea?

—Sí. Si deseas el puesto de la Gran Duquesa, te lo daré, y si quieres irte a otro lugar, también lo haré. La única condición es que siempre estés conmigo, a mi lado. Solo con eso estoy satisfecho.

—Perdona, pero… ¿No me escuchaste bien? Me han acusado de asesinar a la Emperatriz. Es un delito grave contra la familia Imperial…

—Por supuesto que recuerdo todo lo que me dijiste, Chloe. Llevas repitiendo lo mismo desde que llegaste aquí.—la voz suave de Kylos, que interrumpió mis palabras, continuó con el mismo mensaje de siempre—. Yo puedo hacerlo, Chloe. Lo que quieras, lo conseguirás. No soy como ese patético hombre que te prometió la Corona de la Emperatriz, pero al final no lo cumplió.

No podía entender sus intenciones, así que, me limité a mirarlo fijamente a los ojos. Estaba hablando de algo que parecía inviable. Sin contar que, últimamente, mezclaba dichas irrealidades con alabanzas hacia él mismo y algún que otro comentario despectivo hacia Raymond.

De hecho, no era la primera vez que hablaba de cosas que parecían inaccesibles. No obstante, también había que reconocer que era el hombre que había logrado convertir lo imposible en algo realizable.

Sabía, más o menos, cómo había conseguido cambiar lo que parecía inalcanzable, y no era, precisamente, a través de métodos ortodoxos.

—Si tanto dices que eres diferente a “ese hombre”. Entonces, ¿puedes prometerme el puesto que él no pudo darme?

—¿Quieres ser Emperatriz?

Su pregunta, cargada de significado, hizo que tragara en seco. Intenté no mostrar mis nervios y, para denotar seguridad en mi propuesta, erguí mi espalda y desafié su mirada con altivez.

—Sí, quiero ser Emperatriz.—determiné con un tono firme.

Como si estuviera esperando esa respuesta, Kylos curvó su boca con una suave sonrisa.

—Bien, entonces, que así sea. El puesto que ese hombre no pudo darte, yo te lo concederé.—ya de pie, caminó hacia mí, tomó mi mano, que colgaba debajo de la mesa, y con una siniestra voz cerca de mi oído, susurró—. Te lo prometo, Chloe. Mataré a ese hombre, me convertiré en Emperador y te recibiré como mi esposa y Emperatriz.

«De nuevo… Hablando de matar… Nada ha cambiado, sigues siendo el mismo…»

La sabía. Kylos siempre había actuado sin remordimientos, siguiendo sus propios deseos, y dañando a otros para conseguir sus fines. Así era su forma sencilla y cruel de hacer realidad lo imposible.

Mimy: En fin, todo se resumiría a que Kylos es un acérrimo seguidor del maquiavelismo XD

Sus crímenes habían empezado desde hace mucho tiempo, entre ellos, el aborto del hijo que Daria llevaba en su vientre. Tampoco tuvo ningún reparo en exterminar a la familia Garnetsch para tenerme a mí, una niña que no significaba nada para él, pero que utilizaría para eliminar a Raymond. Es más, ahora, para tomar egoístamente mi mano en matrimonio, como si nada hubiera cambiado en su forma de pensar, volvía a hablar de matar al hombre que me propició los medios necesarios para que finalmente pudiera existir como yo misma.

Raymond del Astarot. El único hombre que me permitía ser quien soy, y él se atrevía a decir que lo mataría.

—Kylos, no sé si te das cuenta, pero estás hablando de lo imposible. Es cierto que en tu vida pasada podría ser factible. Sin embargo, en estos momentos, has descartado todas esas cartas que tenías para hacerle daño a ese hombre, sin contar que, no será tan fácil engañarlo por segunda vez.

El vínculo con el Marquesado de Rosaline, que lo había respaldado económicamente, ya se había roto desde hace meses tras la muerte de Elizabeth, que él mismo asesinó.

La Santa mostraba un notable afecto por Raymond, por lo que la relación entre la Corte Imperial y la Iglesia de Ramie era muy buena.

Además, a diferencia de lo que sucedió en el pasado, cuando toda la aristocracia se volvió en contra de Raymond, él mantenía ahora relaciones relativamente equilibradas con el consejo de nobles.

En ese contexto, ¿cómo podría creer aún que podía eliminar a Raymond y convertirse en Emperador como antes lo había hecho?

—Si te entiendo perfectamente, pero ignoras una cosa y es que ahora tengo nuevas cartas.—Kylos acarició mi rostro y lentamente dejó un beso sobre mi frente mientras añadía—. Así que no te preocupes, mi Chloe. Durante este tiempo he creado un nuevo camino para este propósito.

  • ┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈• 

Después de terminar la comida, Kylos insistió en acompañarme hasta la puerta de mi habitación.

—¿De verdad que no tienes intención de dormir conmigo esta noche?—preguntó frunciendo el ceño mientras miraba el interior de mi dormitorio a través de mi hombro.

—No tengo ganas, todavía. Durante aquellos ocho años, nunca te preocupaste por mi situación y aún tengo muy presente el día en que te vi después de acostarte con esa mujer… Espero que comprendas que no me agrada la idea de compartir la misma cama en un lugar como este… Lleno de malos recuerdos… 

—…—al recibir mi respuesta fría, él no pudo contestar y apretó los labios.

—Bueno, entonces entraré.—concluí, aprovechando su silencio.

Cuando intenté girarme para entrar a la habitación, él atrapó mi muñeca.

—Chloe.—me llamó—. Entiendo lo que me quieres decir, pero también es tu primera noche de regreso conmigo.

Con un brazo rodeó mi cintura y me acercó más a su cuerpo, lo que me hizo fruncir el ceño involuntariamente.

—No quiero que vayas a dormir así, sola. ¿Qué pasa si esos malos recuerdos se convierten en pesadillas? Al menos, déjame quedarme a tu lado para consolarte.

Sin embargo, sonreí suavemente, colocando mi mano sobre su pecho. En sus ojos oscuros se reflejó un deseo intenso, lleno de lujuria.

—Pero, Duque de Ludwig.—lo llamé intencionalmente por su título oficial, demostrando que era alguien que ya no podía ser parte de mi familia y, empujando suavemente su pecho, continué—. Todavía no me has mostrado qué tan diferente eres a “ese hombre” que no pudo cumplir sus promesas.

Sonriendo ligeramente, lo distancié con elegancia, notando cómo él se quedaba de piedra, desconcertado por mi actitud sugerente.

—No pienso caer otra vez en las vanas palabras de un hombre que dice amarme para solo conseguir mi cuerpo.—aclaré—. Antes de desearme, deberías demostrarme quién eres realmente.

Aprovechando el momento en que su brazo se aflojó, di media vuelta y me alejé de él, entrando en la habitación. Luego, dejé escapar una sonrisa seductora. Una tentadora expresión que él mismo me había enseñado para cautivar a los hombres, antes de cerrar la puerta.

En el instante en que la puerta estaba a punto de cerrarse, vi su tonta mueca por la rendija, mientras me miraba fijamente, aún petrificado en el umbral.

TSK.

Chasqueé la lengua y, para mis adentros, me reí de él sin pudor.

El hombre que me había enseñado cuán idiotas se volvían los hombres enamorados era, nada más y nada menos, que Kylos. Irónicamente, él había sido el que se había esforzado por no enamorarse, temeroso de cometer el mismo error que Raymond y, ahora, él mismo había caído en esa trampa de falso amor que siempre había jurado evitar.

Sacudí la cabeza y me dirigí hacia la ventana cerrada. Al abrirla, el aire cálido de la tarde inundó la habitación.

—Así que la temporada ya ha cambiado…—murmuré en voz baja mientras extendía mi mano hacia el aire exterior, saboreando la brisa del anochecer—. Antes de que vuelva a cambiar la estación, todo esto debe terminar…

—Y por supuesto, que así será.

Sorprendida, me giré de un brinco al escuchar la suave voz de Enoch, quien se acercaba desde el centro de la habitación.

—¿Desde cuándo has estado aquí?

—Desde que comenzaste la cena. Llegué antes y esperé, para que no me descubrieran.—explicando lo obvio, se detuvo frente a mí, dobló ligeramente la rodilla, besó el dorso de mi mano y añadió—. Lady Chloe, ¿puedo pensar que finalmente ha llegado el momento en el que debo protegerte?

En una noche fría y desolada, tras retroceder en el tiempo, él me había jurado, en este mismo lugar, su lealtad como caballero. Fue extraño ver cómo traicionaba sus votos hacia el Gran Duque con tanta facilidad, pero ya no sentía la misma confusión ni incomodidad que en ese entonces. Simplemente sonreí suavemente, como él solía hacerlo, y asentí:

—Siempre es un honor contar con tu ayuda, Sir Enoch.

—Me alegra oírlo, mi Lady.

Sonrió cálidamente y soltó mi mano. Se levantó y, para mirarlo apropiadamente, tuve que inclinar la cabeza hacia atrás, ya que era mucho más alto que yo.

Al observar su hermoso rostro, el tipo de belleza que tanto admiraban las jóvenes de mi edad, decidí finalmente hacerle la pregunta que había guardado durante todo este tiempo.

—Enoch, ¿por qué haces todo esto por mí?

Era una pregunta que no me había atrevido a hacer antes. En lugar de responder, él sonrió ligeramente y extendió su mano hacia mi rostro. Su cabello rubio con reflejos plateados brillaba bajo la luz de la luna mientras flotaba al son de la brisa cálida de principios de verano.

—Porque eres tú, Lady Chloe.

Al no comprender sus palabras, incliné ligeramente la cabeza hacia un lado.

—¿Eh?

Entonces, sus largos dedos se deslizaron con delicadeza por mi cabello, apartando, tras mi oreja, los mechones que caían sobre mi rostro. Cuando se retiró con cuidado, miró su palma esbozando una amarga sonrisa.

—He cometido una falta, mi Lady. Te ruego que me perdones.

—…

Me sentí un tanto desconcertada. Si la “falta” que mencionaba era el haber tocado mi cabello, me parecía tan grave como para reaccionar así.

Por supuesto, en una relación no íntima, ese tipo de acción podría considerarse una falta de respeto hacia una dama de alta alcurnia. Sin embargo, nadie pensaría que tal acción fuera inapropiada para alguien como yo, una hija ilegítima de una rama menor de la nobleza. De hecho, en algunas ocasiones, me decían que debía aceptar tal gesto como un honor.

Además, no me sentía en absoluto incómoda. Tal vez, de alguna manera, pensaba que ya tenía una relación algo más cercana con él, en comparación a la del pasado.

Cada vez que lo veía tratarme con tal cuidado, como si fuera una figura sagrada, me preguntaba si realmente merecía ser consentida de esa manera.

Sin embargo, lo que estaba claro, era que Enoch Brans seguía siendo una persona misteriosa y extraña para mí.

Mimy: … Te lleva tirando fichas toda la novela… Es un caballero, no puede ir a pecho lobo como Raymond diciendo que te ama. No se Chloe, te gusta leer en la biblioteca… ¡Lee entre líneas! (Comentario de alguien que si no le dicen “te quiero” especificamente no se da cuenta de nada)

—¿La Emperatriz ha despertado?—pregunté desviando el tema de conversación.

—Se está recuperando en secreto, en un lugar en donde nadie pueda encontrarla. Afortunadamente, ahora incluso puede caminar sin ayuda de sus sirvientes.

—¡Menos mal! ¡Qué alivio!

Las buenas noticias sobre el estado de Daria, que me había traído Enoch, hicieron que las lágrimas se acumularan en las comisuras de mis ojos. Coloqué ambas manos sobre mi pecho y dejé escapar, lentamente, un largo suspiro.

Incluso estando aquí, en la repulsiva Mansión del Gran Ducado de Ludwig, el hecho de que la Emperatriz se estuviera recuperando sin problemas me quitó un gran peso de encima.

—Gracias. De verdad, gracias Enoch.—dije emocionada.

«Tanto en el pasado como ahora, siempre te estaré agradecida, Enoch Brans. Cada vez que me enfrento a ti, me ofreces tu bondad sin esperar nada a cambio, y, gracias a ti, siento una profunda dicha dentro de mí. Un anhelo que se remonta a aquellos tiempos en los que, tras perder a Raymond, no tenía a nadie que se preocupara por mí, más que tú y Estel. Por eso ahora, te digo “gracias”.»

Y, como siempre, él me respondió con una sonrisa suave:

—Sobre tus agradecimientos…—dijo dulcemente—. Los recibiré cuando todo termine, mi Lady

  • ┈┈┈••✦ ♡ ✦••┈┈┈• 

El jardín, que alguna vez cuidé con tanto esmero, ya no tenía quien lo mantuviera y, por tanto, se encontraba en un completo abandono. Caminé por el jardín marchito, pisando ramas secas y plantas mustias.

Kylos, que me había seguido desde hacía un rato, reaccionó rápidamente al sonido de una rama quebrándose bajo mis pies y me detuvo con firmeza.

—Ten cuidado, Chloe.—cuando me giré lentamente para mirarlo, Kylos dejó ir mi brazo, mirando furtivamente mi rostro y añadió—. No quiero verte lastimada otra vez, frente a mí…

Ignoré sus palabras, murmuradas como una excusa, y volví a caminar sin mirar atrás.

En algún momento de mi vida anterior, había besado a este hombre aquí y, ese mismo hombre, también había caminado por estos senderos con muchas otras mujeres. Ante mí, había sido evidente cómo se entregaba a otras, mientras yo, como una tonta, lo miraba con devoción.

Sabía que no podía ignorar que esos tiempos me habían herido profundamente. De algún modo, el simple acto de caminar se volvió pesado, así que me detuve bruscamente en el lugar y murmuré con voz apática:

—Estoy cansada…

—¿Estás bien? ¿Te sientes muy cansada? ¿Quieres descansar ya?

—…

En silencio, lo miré lentamente, parpadeando, mientras mi actitud ambigua parecía que lo volvía cada vez más impaciente.

—Por favor, Chloe…

—…

—Di algo.—me rogó con una sonrisa amarga, desesperado—. Si te quedas en silencio con esa expresión, no sé qué hacer.

—No entiendo por qué me dices eso.—respondí con indiferencia—. Fuiste tú quien me crió como una muñeca sin voluntad.

—…

A lo largo del tiempo que habíamos compartido, Kylos me enseñó muchas cosas para que pudiera atraer la mirada de Raymond. Era un hombre increíblemente hábil en manipular los sentimientos de los demás, pero él mismo era alguien que nunca mostraba ni un ápice de emoción, como si careciera completamente de ella.

Para ese alguien, que siempre había evitado los sentimientos, mostrarlos tan abiertamente ahora, era como ofrecer un cuchillo y pedirme que se lo clavara.

—Alguna vez… ¿Realmente te ha importado lo que decía?—pregunté con hastío.

—… Sí, me importa… Y me importó.—su respuesta, tan tenue, estaba llena de un deje de culpa. 

En cuanto me di cuenta de que lo que lo había afectado no era otra cosa que el sentimiento de culpa, casi solté una risa sin querer. Sin nada más que decir, Kylos y yo nos quedamos mirándonos en silencio durante un largo rato. 

—…

—…

Ver a un hombre cinco años mayor que yo, suplicando de esa manera frente a mí, era tan ridículo que casi me sentí mal por no compartir ese espectáculo con alguien más.

Si no hubiera sido por la interrupción de una visita inesperada, podría haberme quedado un poco más disfrutando de su incómoda imagen.

—Su Excelencia.—dijo un guardia—. Hay un visitante.

—¿Un visitante?

—Sí, lo… Lo hemos recibido en la sala de recepción.

Un caballero del Ducado, que miraba de reojo hacia mí, me informó de la llegada del invitado. Era evidente que intentaba ocultar la identidad del visitante.

—¡Ah! Ya veo, es “ese” visitante…—respondió Kylos con una expresión ligeramente molesta y, al igual que el soldado, me miró de forma fugaz y sospechosa.

—Ve.—dije fingiendo que no me importaba—. Como te han dicho, hay un visitante, ¿no?

Con una expresión de disgusto, Kylos me observó un momento, luego me susurró que nos veríamos más tarde antes de dirigirse hacia la sala de recepción.

—Enoch, ¿estás cerca?—al llamarlo, oí un crujido entre los arbustos cercanos.

Pronto, un caballero con cabello rubio platino apareció y se presentó ante mí.

—Siempre, cerca de ti.

Enoch sonrió ampliamente y me miró desde arriba. Mientras lo observaba, alzando la vista hacia su rostro sonriente, incliné la cabeza hacia un lado, confundida.

—¿Por qué estás tan contento?

—¿Mi expresión te parece tan alegre?

—Sí, lo está. 

Cuando se dio cuenta de su leve error, su rostro se endureció ligeramente antes de que, con una mueca incómoda, comenzara a palparse la cara.

—Hmm…—después de un momento de reflexión, Enoch me miró a los ojos y, con una voz suave, respondió—. Estaba pensando en lo impresionante que eras, Lady Chloe. Tu postura tan erguida frente al Duque de Ludwig, tan digna y con altivez… Me dejó una gran impresión, pero no sabía que eso me hacía tan feliz.

Al escuchar tan inesperado cumplido, sentí como si mi rostro se sonrojara. Vi que él se reía brevemente al notar mi reacción.

—Ja, ja, ja… Mi Lady, ¿ahora sí te has liberado completamente de ese hombre?

—… Probablemente sí. Si ya no me asusta ni me preocupa, supongo que sí, se puede decir que ya me he liberado de él.—contesté con voz firme. 

Entonces, los suaves ojos verdes de Enoch se agrandaron en una expresión de sorpresa.

—¡Felicidades, Lady Chloe!

—Gracias.—dije brevemente, antes de ir directo al punto—. De casualidad, ¿sabes con quién está reuniéndose el Gran Duque?

—Lo siento, Lady Chloe. El Duque ya no confía en mí.—explicó con una voz casi indiferente mientras sonreía sin emociones—. Hace un tiempo, un hombre, cuyo nombre aún se desconoce, comenzó a visitar secretamente el Gran Ducado. Supongo que esa persona es alguien de una posición similar al Duque, al menos alguien que él no se atrevería a atacar con facilidad.

—¿Por qué crees eso?

—Si fuera un hombre de baja posición, seguramente lo habría eliminado después de su encuentro.

Los ojos de Enoch, que siempre habían estado relajados, se fruncieron ligeramente. Al verlo, comprendí de inmediato lo que quería decir con “eliminar”.

Eso significaba que la otra persona debía ser alguien de una posición tan elevada como la de Kylos, probablemente otro noble de alto rango.

«Si es alguien que no se puede simplemente desechar…»

—Bueno, si te sirve de algo, mi Lady. Sé que antes de la festividad de Santa Flora, el Gran Duque se encontró con el Duque de Carolina.

—¿El Duque de Carolina?

«¿Será que las “nuevas cartas” de las que hablaba Kylos tenían que ver con el Duque de Carolina? Pero él es el tío de Daria… ¿Por qué él estaría ayudando a Kylos a traicionar a la Emperatriz? No, espera… Así como nadie pensaba que “esa mujer”* podría traicionar a Daria, no hay razón para suponer que su propia familia no podría hacerle daño.»

*Se refieren a la tipa que la envenenó.

—Ya veo… ¡Gracias, Enoch!

—De nada, Lady Chloe. 

Enoch, discreto como era, no me preguntó qué haría a continuación. Tomando un breve momento para relajarme, comencé a caminar hacia la sala de recepción, donde Kylos había ido. Necesitaba confirmar si realmente estaba reuniéndose con el Duque de Carolina.

Al llegar al lugar, vi a dos guardias del Ducado custodiando la entrada. Cuando me vieron, sus rostros se llenaron de incomodidad y se pusieron firmes frente a mí.

—Me temo que no puede pasar más allá, Lady Garnetsch. El Duque está recibiendo a un visitante muy importante.

—Oh…—bajé la mirada como si estuviera decepcionada, y pude notar que los caballeros vacilaron al ver cómo mis pestañas temblaban levemente—. ¿No podría ser? Vine precisamente porque me gustaría saludar al invitado, ya que es importante, si no me presento, sería descortés de mi parte…

—Lo siento.—los guardias, nerviosos, se disculparon nuevamente con rostros avergonzados.

 Al observar sus expresiones en silencio, suspiré profundamente y bajé la cabeza.

—No hay nada que hacer, supongo. Entonces… Yo me voy. ¡Ah…!

Cuando intentaba dar la vuelta para marcharme, mi cuerpo se derrumbó de inmediato. Obviamente fue intencional, pero antes de que cayera al frío suelo, el caballero frente a mí reaccionó rápidamente y me sostuvo.

—¿Está…? ¿Está bien, Lady Garnetsch?—preguntó el joven soldado, que no debía tener más de diecisiete o dieciocho años, con su rostro rojo como un tomate. 

Yo, imitando a una joven Lady en apuros, que se había quedado sin fuerzas, me dejé caer en sus brazos y asentí lentamente.

—Sí… ¿Serías tan amable de acompañarme solo hasta el vestíbulo?

El joven miró con una mirada suplicante al caballero de más edad, que estaba vigilando la entrada de la sala de recepción. Ante tal situación, el guardia más experimentado asintió levemente.

—P-Por supuesto, mi Lady. Eso no será un problema…



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY



© 2026 ACOSB

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