Capítulo 69
El hombre, que había aparecido ante mí, no era otro que Kylos, el Gran Duque de Ludwig.
—Chloe, te he echado mucho de menos.
Inmediatamente, él atrapó mi muñeca mientras retrocedía instintivamente. A diferencia de los demás que habían acudido al festival, Kylos era el único en la plaza que no llevaba máscara. Por eso, no tuve más remedio que enfrentar aquel rostro desagradable. Lo que menos quería era volverlo a ver y escuchar aquella voz escalofriante, así que, en vez de responder, me mordí el labio inferior con fuerza.
Pero, obviamente Kylos, no contento con mi silencio, insistió:
—¿Tú no me has echado de menos, Chloe?
—¡Qué tonterías dices!—exclamé asqueada, apartando su mano de un golpe y soltando las peores palabras que conocía—. ¡¿Por qué iba a echarte de menos?! ¡Deja de decir cosas sin sentido! ¡¡Estás malditamente loco!!
Era la primera vez que usaba un lenguaje tan vulgar frente a él, pero Kylos se limitó a mirarme de forma intensa mientras esbozaba con una leve sonrisa.
—He reflexionado mucho, Chloe.—dijo mientras avanzaba tambaleándose hacia mí—. Me di cuenta demasiado tarde… Ya sabes… De cuánto debiste sufrir, de lo difícil que debió haber sido todo aquello para ti…
No quería seguir más aquella conversación sin sentido. Seguí retrocediendo, tratando de alejarme de él y, sin darme cuenta, me aparté cada vez más de la multitud. Cuando fui consciente de mi error, Betsy y Lady Miller ya habían desaparecido de mi vista.
Nerviosa y asustada, intenté apartarme lo más posible de él pero, en el momento en que mi espalda chocó contra una pared fría, sin lugar a dónde escapar, no me contuve más y grité:
—¡No te acerques más!
—Oh… Mi pobre Chloe.—articuló él, pronunciando mi nombre con esa voz dulce que ya no amaba, sino que más bien repugnaba—. Debió ser muy doloroso para ti… Verme a mí, el hombre a quien verdaderamente amas con otra mujer…
Intentó acariciar mi rostro, pero, de un manotazo, no dejé que me tocara otra vez con aquella mano repulsiva.
—¡¡No me toques!!—chillé enervada—. ¡¡Este no es tu Ducado!! ¡Si no te vas antes de que llame a la guardia, provocaré un escándalo que te arruinará de por vida! Entiendes lo que quiero decir, ¿no? ¡¡¡Lárgate ahora mismo!!!
—Lo siento, Chloe… Supongo que todavía me guardas rencor, ¿verdad? Te pido perdón por todo. Por el dolor que te causé. Me disculparé por ello durante toda mi vida, si es necesario. Así que, Chloe, por favor, deja de rechazarme, no finjas más, sé que en el fondo tú también me deseas.
—¡Deja de decir sandeces! ¿Por qué no lo entiendes de una vez? No quiero tus disculpas, no quiero saber nada de ti, ya es demasiado tarde para eso. De hecho, entre nosotros, no hay absolutamente nada.
Mi tono cortante y resolutivo, provocó, por un momento, un ligero temblor en sus ojos inyectados en sangre.
—Sabes que soy el único hombre en este mundo que puede amarte, ¿verdad?
La ira me invadió.
«¿Con qué derecho dices eso, maldito bastardo? ¿Acaso crees que aún tienes el poder de decidir sobre mi vida como en el pasado?»
Sus palabras ignoraban el amor de Raymond, el hombre a quien yo más amaba en este mundo.
—¡Deja ya de vivir en tu perturbada fantasía! ¡Para ser exactos, tú eres el único hombre en este mundo que no puede amarme! ¡Ni siquiera un poco, porque eres un egoísta al que solo le interesa su bienestar!—dije, mirándolo fijamente y sin bajar la guardia.
—Ay… Mi tonta Chloe…—murmuró con amargura—. Tan ingenua como siempre… Vives engañada y pronto lo entenderás…
Tras una pausa espeluznante y con una voz apenas audible, como si hablara consigo mismo, dijo:
—Nadie puede amarte más que yo, porque, en este mundo, no existe un amor tan sincero como el mío.
—… Estás completamente desquiciado… Loco, demente, maldito.
Quería decir algo peor, pero mi mente, hirviendo de rabia, no logró encontrar palabras más fuertes.
—…
Kylos, por su parte, solo me miraba con una turbia sonrisa, como si me retara a seguir insultándolo.
Teniendo en frente a aquel hombre, que no me inspiraba más que repulsión, me hizo recordar una maldición que había oído alguna vez de los labios del dueño borracho de la familia Garnetsch y , con una voz gélida, le solté esas mismas palabras:
—Perro bastardo.
Luego, inmediatamente me giré para no tocarlo ni siquiera por accidente y me dirigí rápidamente hacia donde estaba la gente.
«¿No va a detenerme?»
Mimy: WTF ¿Pa qué preguntas Chloe? Yo que tú me iba cagando leches y sin mirar atrás…
Sin embargo, intuí que algo no estaba bien, como si una sensación extraña se cerniera sobre mí. Sobrecogida y, sin poder evitarlo, miré hacia atrás. Allí seguía Kylos, en el mismo lugar, pero lo que me hizo sudar en frío fueron su mirada y sonrisa inquietantes que estaban puestas en mí.
«¿Por qué… Sigue ahí…?»
Mimy: Esta mujer me pone de los nervios. ¡Correeeeee! ¡Huyeeeee! ¡No te pares!
Al contrario de mis expectativas, él ya no intentaba retenerme, pues simplemente permanecía inmóvil, observándome desde la distancia. Así que, fingiendo no verlo, volví a girar la cabeza mientras corría.
Desafortunadamente, a pesar de haberlo insultado y marchado con aire decidido, mi naturaleza tímida me impedía sentirme completamente tranquila. Solo cuando me di cuenta de que no me estaba persiguiendo pude respirar con algo de alivio.
No obstante, esa sensación incómoda y ominosa, que me produjo la expresión en su rostro, todavía me envolvía como una sombra. Incluso me hizo dudar de si debía acercarme, o no, a la multitud. Durante un rato, permanecí quieta, observando a las personas que pasaban por la calle y, aunque pasó bastante tiempo, el malestar no aminoró en absoluto.
No sabía qué hacer, era como estar rodeada de oscuridad, pero, inesperadamente, una voz me llegó a los oídos, como si de luz se tratara.
—¡Chloe! ¡Chloe!
Hasta ahora, si alguien me hubiera dicho que agradecería, como agua al sediento, los alaridos estridentes de Betsy, no me lo creería. Sin embargo, contra todo pronóstico, ocurrió. Su grito me llegó como un salvavidas que hizo que, el temblor inquietante que recorría todo mi cuerpo, desapareciera junto con la atmósfera intranquilizadora que me rodeaba. Desmoronándose poco a poco el ambiente oscuro en el que estaba sumergida hace unos momentos, llegó a mí, tal que un agradable vendaval de primavera, el mundo vibrante y animado del festival que había estado disfrutando.
Betsy, que había corrido hasta mí, se detuvo jadeando. Sus ojos estaban desorbitados y llenos de pánico.
—¿Betsy…?—pregunté, sin entender el motivo de su reacción.
—Ha… Ha… Chloe, ha pasado algo… ¡Es un gran problema…!
El bullicio a mi alrededor se desvaneció, y solo la temblorosa voz de Betsy resonaba en mis tímpanos.
—La hermana Daria… Su Majestad…
Betsy estaba sollozando entre jadeos, pero no podía consolarla apropiadamente sin saber qué había ocurrido durante mi ausencia.
—… Se han desmayado… No tienen conciencia…
En el momento en que comprendí el significado de las palabras mezcladas con su llanto, la máscara que cubría mi cara cayó al suelo y, las hermosas flores de primavera que la adornaban, se ensuciaron con el barro del suelo.
Sin pensármelo dos veces, dejé a Betsy en ese lugar y corrí descontroladamente hacia el palco en el que, momentos antes, se habían presentado Raymond y Daria.
Aunque me faltaba el aire y el tacón alto de mis zapatos me torcía el tobillo dañándome el talón, no me detuve, hasta que tropecé y rasgué el dobladillo de mi falda cayendo al suelo. Mi piel se rasgó, mis rodillas se golpearon y, confundida, la visión nublada no me dejó ver el estado en el que me encontraba.
Pese a ello, me levanté y seguí corriendo. No podía detenerme, pues mi único pensamiento era llegar a él.
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Cuando llegué al lugar, ya no podía acercarme a los dos, puesto que estaban rodeados por consejeros, médicos y una gran multitud de gente curiosa.
Junto a Betsy, que había corrido tras de mí y sollozaba, me quedé mirando los rostros pálidos de Raymond y Daria en una camilla, sintiendo cómo mi corazón se hundía.
Al confirmar la supervivencia de ambos, mis piernas se debilitaron y estuve a punto de caer al suelo.
«Ahhh… Menos mal… Gracias a Dios que están vivos…»
No obstante, hice acopio de las pocas fuerzas que me quedaban y moví mis piernas temblorosas, tambaleando, mientras me abría paso entre la muchedumbre.
Cuando llegué frente al carruaje en el que se encontraban Raymond y Daria, dos soldados cruzaron sus lanzas para bloquear mi acceso.
—Soy una de las doncellas del Palacio de la Emperatriz. Por favor, permítanme acercarme a ellos.—rogué angustiada al guardia que ya me había visto varias veces junto a Raymond.
—Lo siento, Lady Garnetsch.—respondió con una expresión rígida en el rostro—. Según las normas, no es posible.
—…
Era un hecho que conocía bien. De hecho. recordé el contenido exacto del código Imperial que, hace tan solo unos meses, había leído junto a Raymond en la biblioteca:
[En casos de intento de asesinato de la familia Imperial, especialmente en el caso más grave; atentar contra la vida del Emperador, se debe dar una orden de aislamiento donde, solo limitados cargos quedaran exentos. Tales son:
La emperatriz, el principal asesor del Emperador, el presidente del consejo de nobles, el arzobispo de la orden de Ramie y el comandante de la guardia Imperial.]
La realidad me golpeó en un instante. Aunque uno sea un familiar directo del Emperador, o simplemente la mujer amada por él, no se podía hacer nada más que esperar. Me sentí impotente, no tenía derecho a estar junto a él, la persona a quien más amaba en el mundo. Ni siquiera se me permitía apoyarlo durante aquella fase tan difícil para él. Era alguien inútil.
Aquel hecho hizo que un nudo se formara en mi pecho. Se sentía como si me hubieran clavado una espina en el corazón.
Hasta ahora, nunca me había quejado de no ser la pareja oficial de Raymond. Ni antes, cuando no lo amaba, ni ahora, cuando lo amo. Nunca me había interesado el prestigio y el poder que conllevaba un estatus, pero, era tan doloroso estar separada de él en aquellos momentos que me arrepentía de haber menospreciado el puesto como algo que no necesitaba.
«¿Cómo pude ser tan arrogante? Solo ahora, soy consciente de lo necia que fui al desacreditar la importancia de una posición… Pero eso no cambia el hecho de que me encuentre en esta aterradora situación. Mi amado, el único hombre por el que mi corazón se desvive, está desmayado y en peligro, mientras yo… ¡Maldita sea! ¡Ni siquiera puedo ni siquiera acercarme a él…! Es desgarrador e insoportable… Yo… Raymond…»
Me desplomé. Era demasiado. Quería estar a su lado, confirmar con mis propios ojos su estado, cogerle de la mano, sentir su pulso, los latidos de su corazón… No obstante, nada de eso era posible frente a un grupo de soldados que me bloqueaba el paso hacia él.
Sentada en el suelo, con una sensación de desolación y la mirada perdida, empecé a notar que mi visión se volvía borrosa. La neblina caliente, que cubría mis ojos, se derramó en forma de lágrimas silenciosas que rápidamente recorrieron mis pálidas mejillas y, sin inmutarse siquiera en lo más mínimo, la guardia montó sus caballos para escoltar el carruaje con los Emperadores.
Allí, yo, llorando y en el suelo, me dejaron, mientras partían con mi amado hacia Palacio.
En medio de una vaga sensación de pérdida, escuché una voz llamándome y, lentamente, giré la cabeza.
—… ¡Chloe…! ¡No es momento para esto!—Betsy, a mi lado, con el rostro también empapado en lágrimas, me agarró con fuerza la mano y continuó diciendo—. ¡Tenemos que regresar al Palacio de inmediato! ¡Vamos, Chloe! ¡Levántate!
—…—asentí en silencio y tomé la mano de Betsy, moviéndome con ella en estado de shock.
Sin embargo, tan pronto como pasamos por la puerta principal del Palacio, la guardia Imperial de Raymond nos rodeó y volvió a impedirnos el paso.
—Lo siento, pero deberán regresar a sus aposentos y abstenerse de salir hasta que Su Majestad despierte y podamos escuchar un testimonio preciso sobre lo ocurrido.
Quien nos habló así no era otro que el comandante de la guardia Imperial. Irónicamente, el hombre que debía buscar y arrestar a los responsables del intento de asesinato del Emperador, en vez de dar órdenes al personal encargado de la seguridad, nos las daba a nosotras en un tono imperativo.
Tanto yo como Betsy no pudimos ocultar nuestra confusión y saltamos al unísono:
—¿Qué quiere decir con eso?—pregunté indignada—. ¿Nos está tratando como criminales?
—¡¿Cómo se atreve?! ¡Soy la prima de la Emperatriz, un familiar directo y su doncella personal! ¡No tengo ningún motivo para hacerles daño ni a ella ni a su Majestad! ¡Y Chloe tampoco!
—Por supuesto, no pensamos que esto haya sido obra de una joven de la alta nobleza…—explicó el comandante mientras desviaba su mirada hacia mí—. El motivo por el que ambos se desmayaron fue el té que tomaron, pues estaba envenenado. Pudimos comprobar de que se trata de una sustancia tóxica formada por hierbas que se ocultaron en la tetera y cuyo sabor pasaba inadvertido con el té.
—¡…!
«¿Té envenenado?»
Sin darme cuenta, me aferré a él. Su cuerpo se tensó por la sorpresa, pero no tenía tiempo para preocuparme por eso debido a mi ansiedad por Raymond.
—¿Puede al menos decirme cómo está Su Majestad? ¿Ya se ha hecho el antídoto? ¿Está consciente…?—supliqué angustiada—. Por favor, deme cualquier detalle sobre el estado de Su Majestad…
—Hmm… Creo que los médicos apenas han comenzado el proceso de desintoxicación…
—Entonces, ¿aún no…?
—Lo siento. Aún no ha recuperado la conciencia. Tendremos que esperar un poco más.
—Ahh…
De mi boca salió un suspiro desesperado mientras mi mente alternaba entre el blanco y el negro.
Pensé en Daria, quien, al inicio del festival, nos dijo que fuéramos a la plaza para disfrutar mejor del ambiente. Ella no podía permitírselo y no quería que nos perdiéramos la diversión por atenderla. Como algo así solo se celebraba una vez cada cuatro años, nos animó varias veces con insistencia hasta que accedimos. Incluso nos tranquilizó medio bromeando con que no era una inválida que no sabía ni cómo preparar un té y que podía hacerlo perfectamente ella misma.
He de reconocer que, en aquel momento, su sugerencia forzosa me había emocionado un poco.
El Gran Ducado, en el que pasé ocho años aislada, sin contar mi regresión, estaba algo alejado de la capital y, obviamente, nunca había participado en un festival ni celebración de tipo alguno. Así que, no tuve la voluntad necesaria como para rechazar repetidas veces la amabilidad de Daria.
«Soy una tonta. No debería haberlo hecho. Debería haberme quedado a su lado, de alguna manera. Además, cuidar de ella es mi obligación y responsabilidad como doncella… Aunque ciertamente no estoy segura de si habría podido distinguir entre las hojas de té y las hierbas venenosas… De nada sirve lamentarse ahora, pero, si al menos hubiera estado allí en ese momento…»
Los objetos en la zona de descanso habían sido preparados cuidadosamente por Betsy y por mí. La tetera, que contenía las hojas de té, era una de las que se ya se habían utilizado previamente en el Palacio de la Emperatriz. Por tanto, se podía descartar, con total seguridad, que la toxina proviniera del material del recipiente. Aun así, algo no encajaba.
«¿Cómo es que las hierbas venenosas llegaron allí…? Es imposible que las hojas de té se
mezclaran con plantas tóxicas por arte de magia y ya no hablemos de que se convirtieran en veneno de forma arbitraria. De solo imaginarlo era absurdo.»
Mis manos temblorosas se apretaron en un puño, y el comandante de la guardia hizo un par de toses forzadas para llamar mi atención.
—Ejem, Ejem… Como la tetera y las hojas de té se prepararon en el Palacio de la Emperatriz, hasta que se esclarezca la verdad, ustedes también tendrán que ser consideradas sospechosas. Aunque sea incómodo, por favor, cooperen y entren a sus habitaciones por ahora.
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Betsy aún protestó durante un largo rato en la entrada principal, defendiendo su inocencia. Yo también estaba indignada, pero no podía hacer nada al respecto, así que, me rendí, aunque toda esa impotencia me volviese loca.
Pensé en la cara de Kylo que había visto unas pocas horas antes. Esa cara que parecía estar imbuida con una enajenación a punto de desatarse y capaz de hacer cualquier cosa, sin importar si se trataba de un crimen o no.
«Kylos… Seguro que esto es cosa de Kylos…»
Después de todo, él había sido un hombre que había querido hacer daño a Raymond desde hace tiempo atrás. Además, las palabras enigmáticas que murmuró al final eran demasiado sospechosas.
«Pero… ¿Cómo diantres lo hizo? No pudo ser algo fácil pasar desapercibido, tuvo que haber algún tipo de indicio… ¿Puede ser que el motivo de no comprender la situación es porque, al no estar allí, no pude visualizar los hechos con mis propios ojos? Es posible… De estar presente, hubiera notado cualquier pista que me ayudara a esclarecer lo que había sucedido.»
Por mucho que le diera vueltas a la cabeza, no iba a obtener frutos con la poca información que me habían dado los soldados. Aun así, era eso o sentirme angustiada por la situación. Por eso, terminé recapitulando los hechos de nuevo, en busca de algo que me ayudara a entender qué es lo que había fallado.
«Veamos… Si las hojas de té fueron preparadas previamente por nosotras… Y Daria había hecho el té ella misma para Raymond… Entonces…»
—¡Oh…!
De repente, una sensación punzante me atravesó el corazón.
—¡Dios mío! ¡Estaban envenenadas con anterioridad…! ¿Y si no se encuentra el antídoto…? ¿Qué pasará con Raymond…? Él ahora está…
Me cubrí el rostro con las manos y lloré en silencio.
«¿Cuánto dolor habrá sentido en aquel momento? Él, aún no ha recuperado la conciencia… ¿Cuánto debe estar sufriendo ahora mismo mientras yo no puedo hacer nada para aliviar su tormento?»
—Es culpa mía… Es todo culpa mía… Si tan solo hubiera prestado más atención a las hojas de té… O si hubiera escuchado a Kylos cuando dijo que dejara de ser codiciosa y que parase de pensar en ocupar el trono junto a Raymond…
Mi mente estaba en un completo estado de caos. No podía tomar decisiones racionales y me sentía como si el accidente hubiera paralizado mi juicio.
«Ahora que, finalmente había reconocido y compartido mi amor con él, cuando al fin había tenido el valor de estar a su lado, pasa esto… ¿Acaso está mal el querer amarlo y estar junto a él? ¿He desafiado el destino que no me pertenece y Dios me está castigando? De ser así, hubiera preferido ser yo la que bebiese el té envenenado y no él.»
Todo parecía ser mi culpa.
—Si hubiera sido un poco más rápida en darme cuenta de que lo que sentía era amor…
«¿Qué pasaría si él empeora? ¿Qué si nunca despierta? ¿Qué debo hacer…?»
—Debería haberle confesado mis sentimientos antes…
Mientras me pasaba horas sin hacer nada y culpándome a mí misma como una tonta, de repente escuché una voz detrás de mí.
—… Chloe.
En un primer momento, pensé que estaba siendo presa de una alucinación. Me giré lentamente hacia dónde provenía la voz.
—Hay cosas que nunca cambian, ¿verdad? Igual que en aquel entonces, en la celda… Sigues llorando por mí… Con tanto dolor que me rompe el corazón.
—¿Su Majestad…?
Cuando me di la vuelta por completo lo vi. Era Raymond, quien apenas apoyado en la puerta entreabierta, me contemplaba con dulzura.
—¡Su Majestad…!
En el momento en que mi mente procesó el hecho de que era él, en carne y hueso, corrí hacia sus brazos.
—Su Majestad, ¿qué ha pasado? ¿Estás bien? ¿Se ha completado el antídoto?
—Por supuesto, Chloe. ¿No lo ves? Ya estoy bien, así que no llores más…
A pesar de decir que estaba bien, su expresión mostraba esfuerzo al intentar sonreír.
Después de haber estado inconsciente por el veneno, no podía ser que se recuperara tan rápido, sin importar cuán hábiles fueran los médicos de Palacio.
Estaba segura de que este hombre, sabiendo lo terco que era, había venido a buscarme apenas recobró la conciencia. Aún cuando era obvio que su cuerpo todavía no estaba completamente bien.
Su mirada profesaba amor y preocupación por mí. Tan solo esos ojos eran suficientes para calmar mi corazón.
Sus manos ásperas acariciaron mi rostro con ternura, consolándome con sumo afecto, al mismo tiempo que sus labios, pálidos y sin vida, empezaban a susurrar palabras de amor, derritiendo mis oídos dulcemente.
—Eres una mujer bondadosa y de corazón cálido, Chloe. Lloraste aquella vez por un hombre al que no amabas, al igual que ahora; con la pequeña diferencia de que esas lágrimas son para aquel a quien amas con todo tu corazón, ¿me equivoco? Nunca dejas o has dejado pasar por alto mi dolor con frialdad y esta, una vez más, es una de las muchas razones por las que te amo, Chloe.—y, tras una pequeña pausa añadió—. Con esto ya van veintisiete motivos por los que te mereces ser amada: “Te amo porque tienes un corazón de oro”
Mimy: This man… Ya se ha ganado el podium de un pradera green ML y de un smooth-talker.
—No… Es… Es todo por mi culpa. Soy la responsable de que Su Majestad resultara herido. Si no fuera por mí… Kylos… Debido a mí, tú… Snif, Snif…
—Shhh, Chloe, mi amor, no llores…
Sus manos grandes rodearon mi rostro y lo acercó hasta que nuestras frentes se tocaron suavemente. Las lágrimas que fluían profusamente empaparon sus manos y , aun así, él no dejaba de consolarme.
—¿Por qué está haciendo esto, Su Majestad? Acaba de despertar después de estar al borde de la muerte. ¿Y por qué…? ¿Por qué me dice que me ama incluso en esta situación?
—… Lo dije antes. Parece que tendré que refrescarte la memoria de nuevo, Chloe. Tranquila, no me importa repetirlo las veces que haga falta porque es la pura verdad.—susurró mientras me miraba dulcemente con una suave sonrisa en sus labios—. No soy yo, Raymond de Astarot, si no te amo, Chloe Garnetsch. Y eso será así por siempre, pase lo que pase.
Raymond siempre fue así. Cuando no lo amaba y lo engañaba con otro hombre, e incluso cuando estaba a punto de enfrentar la muerte debido a mí, nunca traicionó su corazón.
En todos aquellos momentos, él siempre me había dicho y demostrado que me amaba, al igual que ahora.
—¿Cómo…? ¿Cómo pude haber dudado de tu amor?
«Él no debería amarme en esta vida, no deberíamos estar unidos nuevamente.»
Mimy: Opino lo mismo, pero bueno… ¿Razón? Si Raymond fuera una prota se vengaría del tipo que la engañó aliándose con otro, preferiblemente un Duque del norte. Y si perdona al que le puso los cuernos (como está haciendo ahora este hombre) ya tengo en los comentarios una funa a la autora del copón. Por eso no puedo ponerme del lado de Chloe por mucho que quiera…
Rechacé constantemente su amor.
«¿Cómo puede seguir amándome de esta manera tan fiel? Tiene que ser un error.»
No debía amarlo, yo no tenía derecho a amar a alguien como él. Sin embargo, Raymond no desistió y me brindó un amor incesante.
—Un amor tan noble como el de Su Majestad…
Una vez pensé que él era un tonto ciego por el amor. No obstante, irónicamente ahora era la que yo estaba obnubilada por ese brillante amor que él me ofrecía desinteresadamente.
—Este amor que le das a una mujer como yo, me brinda la mayor felicidad que pueda desear en el mundo entero. Por eso, yo también quiero corresponder a ese amor tuyo, sagrado y genuino.
El amor de Raymond era similar al amor del Dios Ramie, cuya fuerza e intensidad era tal, que creó todo desde el principio.
Puro, ciego y devoto.
Frente a un amor tan sagrado, no pude evitar llorar y aceptarlo, sintiéndome sinceramente agradecida por estar de nuevo con vida.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: MIMY