Capítulo 48. Devuelta a la capital 3
Al abrir los ojos, la sorprendente revelación fue que habían pasado diez días.
—¿Diez días? ¿No quisiste decir diez horas?
Pregunté incrédula al escuchar la explicación de Weitz al borde de un ataque de tos, por su lado los Cream Puffs, me alcanzaron rápidamente un vaso de agua.
—Gra-cias.
—Miau, miau.
Lloriqueó, empujando su cabeza bajo mi palma para que lo acariciara.
—¿También te preocupaste por mí, Miau?
Dije, presionando su entrecejo mientras él lamía mis dedos, al abrazarlo y llevarlo a mi rostro.
—Yo fui el que más se preocupó.
Como un niño, Weitz empujó su cabeza hacia mí, su gran cuerpo, acercándose de repente, me hizo retroceder, desencadenando un dolor punzante en el vientre.
—¿Estás bien?
Quise decir que sí, pero ni siquiera podía mentir, el dolor era surrealista y Weitz me recostó con cuidado.
—¿Anemia?
—Tu estómago estaba desgarrado y tus piernas sufrieron congelación. Pero es un milagro que hayas despertado tan pronto.
—¿…Qué? ¿Desgarrado? Mi último recuerdo era solo de la avalancha ¿Había algo allí que causara tal herida?
—A mí también me sorprendió.
Mientras contemplaba mi camisa holgada, ¿de quién sería?, Weitz preguntó con seriedad.
—¿Le seguías diciendo a Dawa que aquello era una colina?
—Así es como lo veía yo, cuando decían que estaban cerca, para mí parecía que eran absorbidos por el bosque.
—Por eso te jalé para que siguieras, pero no entraste.
—No podía ver ninguna entrada.
Weitz entonces preguntó, con el rostro tenso.
—¿Por qué soltaste mi mano?
Me retorcí los dedos.
—Pensé que si la avalancha nos atrapaba, tú estarías en peligro.
—¿Así que me apartaste?
—Sí. ¿Y no te lastimaste, verdad?
Él soltó un largo suspiro, no de agradecimiento, sino de frustración, su mirada se volvió dura como una estatua.
—¿Estás enojado conmigo?
—Estoy enojado, pero no contigo, es porque no pude inspirar suficiente confianza.
—Weitz, no es falta de confianza
Él no podía haber pensado eso, una avalancha es una fuerza de la naturaleza quería explicarle eso pero las palabras no me salían.
—Lilianne.
Weitz dijo mi nombre con voz grave, sus ojos dorados brillaban con intensidad. Instintivamente, cerré los ojos suavemente.
Sus labios secos se posaron sobre los míos con un suave roce, fue un beso cuidadoso, casi tierno en ese momento, sentí que todos los sentimientos no dichos se transmitían y eran comprendidos.
«Así que por esto las personas enamoradas necesitan tocarse».
—Esto sonará loco, pero escucha
Su tono autoritario le quedaba bien, sonreí arrugando la nariz, sus labios rozaron luego mi párpado.
—Nunca antes había conocido a una mujer como tú en mi vida.
Solté una risa.
— No suena loco, suena trillado.
—No bromeo, no sé cómo explicarlo, es desconcertante descubrir que hay cosas que no conozco después de una vida tan larga.
Su confusión era palpable, lo miré fijamente mientras sus pupilas se contraen como las de un gato.
—Quiero conocerte más.
Eran palabras alegres y tristes a la vez.
—Weitz, ¿sabes qué tipo de vida deseo más que nada? Una vida ordinaria.
Sus ojos se abrieron.
—Tú no encajas en ese rompecabezas, lo sabes.
Weitz apretó los labios, yo aparté la vista en el fondo, él ya lo sabía, como la única duquesa Johannes debía encontrar un marido adecuado y responsable. Alguien que no pudiera dejar el Norte no encajaba.
Al ver mi calma, Weitz torció los labios.
—Eres una mujer interesante, terriblemente racional incluso cuando tu vida pendía de un hilo o al recibir una declaración de amor.
—Cuanto más precioso es algo, menos quiero arrastrarlo a la imprudencia.
No era solo racionalidad, incluso un amor apasionado se desgastaría ante la distancia y las restricciones.
—Temía que con el tiempo pudiéramos llegar a reprocharnos el habernos conocido.
—Al principio me dolió, tu actitud de poner límites, pero con el tiempo entendí que tenías razón
Era mejor despedirse con pesar que con resentimiento, sonreí con tristeza.
—Weitz yo…
—Basta.
Él cortó mi intento de ser cruel para protegerlo y se levantó de un salto.
—Lo entiendo todo, ahora descansa.
Su espalda, vuelta hacia mí, parecía herida y oscura, hizo que me doliera el corazón.
Weitz salió lentamente, obstinada le di la espalda y abracé con fuerza a Miau.
—Miau, vivir es difícil, ¿verdad?
Él lamió mi nariz, forcé una risita y apoyé la mejilla en sus cuernos.
—¿Verdad? Eres el mejor.
La razón por la que lo amo es la misma por la que tuve que rechazarlo, vaya ironía. El presente es demasiado perfecto, temo un futuro lleno de arrepentimientos, solo porque soy una cobarde.
* * *
Tras varios días de cuidados intensivos de los Cream Puffs, ya podía sentarme, los preparativos para el regreso a la capital se aceleraron y el retraso fue por mí ahora la prisa también.
—Así te quedarán cicatrices, es mejor que un sacerdote te vea a tiempo.
La curación mágica tenía límites, especialmente la del Norte, enfocada solo en la supervivencia, siempre dejaba cicatrices. Para evitarlas, debía ver a un sacerdote en la capital antes de que las heridas cerraran por completo.
Como montar a caballo era imposible, conseguimos un carruaje en el Norte, Kanzel intentó aprender a conducirlo, pero fue inútil así que contratamos a un conductor.
Llegó el día de la partida.
—¿Estás ofendido?
Weitz que siempre me había acompañado al salir estaba notablemente ausente, los Cream Puffs me guiaron fuera del castillo.
Es comprensible, era contradictorio esperar su despedida después de haberlo rechazado. Suspiré.
—¡Lili!
Llevaba puesta, sobre mi herida, la holgada camisa de Weitz con un abrigo encima.
—Lo siento, Su Alteza, debido a mí, el itinerario se retrasó mucho, ¿verdad?
Kanzel frunció el ceño al verme salir con muletas.
—No digas eso. ¿Sabes cuánto me preocupé?
Sus palabras eran cálidas, pero mi corazón se sentía vacío.

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: AKANAE
REVISIÓN: GIGI
RAWS: ACOSB