Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 6. Cita (2)

No podía seguir escuchando más tonterías como eso de ofrecerme su brazo de almohada o la canción de cuna. 

Me levanté de mi asiento.

—¿A dónde vamos?

—¿Eh?

Weitz frunció el ceño ante mis palabras. 

Giré la cabeza bruscamente y respondí con tono indiferente.

—Mejor salgamos. Si vas a hacerme escuchar palabras tan cursis.

Él soltó una risita ante mi respuesta. 

Sus colmillos blancos, que quedaron a la vista al abrirse sus labios, por alguna razón se veían peligrosos.

—Adonde quieras ir, princesa.

—No lo hagas. Me da escalofríos.

Qué princesa ni qué nada. 

Yo no tenía esos romances de princesa que las niñas suelen tener.

«Princesa es una palabra para alguien como mi hermana Mimi.»

Después de todo, tenía a una verdadera princesa a mi lado.

—…

Al recordar a mi hermana Mimi, mi estado de ánimo volvió a decaer. 

Mientras yo estaba allí de pie con los labios fruncidos, Weitz preguntó con una sonrisa sutil.

—¿Acaso tienes la mente muy complicada?

—¿Qué?

Claro que mi mente está complicada. 

Sinceramente, en mis planes de vida, nunca pensé que me convertiría en Duquesa.

«A estas alturas, debería estar holgazaneando mientras planeaba mi boda con Alberth.»

Con una casa para recién casados lejos de la capital. Incluso consideré establecerme del todo en el territorio Johannes. Solo había una razón. Viví demasiado ocupada después de que mis padres fallecieron. Ahora quería pasar el resto de mis días con tranquilidad.

«Haciendo las cosas que quería hacer.»

Un sueño que guardaba profundamente en mi corazón, sin habérselo dicho a nadie.

En este mundo, solo Alberth lo sabía. 

No podía decírselo a nadie más. Porque era un sueño muy humilde y ordinario que no encajaba con la joven dama del Ducado Johannes.

«Tal vez Alberth me dejó porque era un sueño demasiado aburrido.»

Fue justo cuando tragué un suspiro pensando en eso. 

Weitz agarró mi mano con fuerza y tiró de ella.

—Entonces sígueme. Conozco un lugar donde se despeja la mente.

—…

Normalmente, jamás lo habría seguido. 

Pero parecía que mi corazón estaba más desastroso de lo que pensaba.

—… Si no se despeja, tendrás que hacerte responsable.

Mordiéndome los labios suavemente, lo seguí.

━━━━━━✧❃✧━━━━━━

Como de todas formas llevaba camisa y pantalones por estar trabajando, me eché un abrigo corto sobre los hombros y me convertí en una plebeya cualquiera que pasaba por ahí. 

Tras terminar ese disfraz que no era tal disfraz, el lugar al que Weitz me llevó de la mano fue un patio de juegos en una calle de plebeyos.

Mientras encogía los hombros mirando aquí y allá, Weitz sonrió frunciendo el ceño.

—¿Por qué miras tanto a tu alrededor?

No trajimos escoltas porque Weitz se puso orgulloso preguntando qué clase de protección hacía falta estando el Gran Duque Rohard presente. 

Pero al estar así entre los plebeyos, una sensación de inquietud brotó por sí sola. De hecho, era la primera vez en mi vida que salía así a la calle.

—¿Qué es este lugar?

Los niños estaban reunidos jugando en grupo. Había niños lanzando una pelota, niños corriendo descalzos y otros jugando con la arena.

«Así es como juegan los niños plebeyos.»

Como los niños nobles suelen jugar con muñecas, los miré porque esa imagen me resultaba un poco curiosa. 

Pensándolo bien, era obvio.

«Las muñecas son muy caras.»

Las muñecas hechas de cerámica suben de precio cuanto más delicadas son. Lo mismo ocurría con las casas de muñecas hechas por artesanos. Los niños plebeyos no podían jugar con algo así.

«Es curioso.»

Sin embargo, aunque no tenían ni uno solo de esos juguetes caros, los niños se veían muy felices. 

Mientras yo los observaba fijamente, Weitz dijo soltando una risita.

—Como solo has estado dentro del castillo, ¿parece que no conoces ni uno solo de estos juegos de la gente común?

—No es eso.

Me irrité y negué con la cabeza con fuerza.

—Puede que no conozca la capital, pero recorría mi territorio con frecuencia para inspeccionarlo.

No era mentira. No había lugar en el territorio Johannes que yo no conociera. 

Weitz asintió con naturalidad.

—Eres una señora feudal diligente. A los vasallos les debe haber gustado.

—Eh…

Por el contrario, me quedé sin palabras ante eso.

«Pero cuando hacía mis inspecciones, nunca vi niños jugando así.»

Siempre encontraba calles limpias y ordenadas, y solo conocía a gente amable y bien arreglada. ¿Acaso lo que vi se puede llamar la verdadera cara de Johannes?

«Tendré que investigar esa parte también una vez más.»

Me mordí el labio. 

Entonces Weitz me tendió de repente algo parecido a una tabla ancha de madera. 

Weitz me guiñó un ojo.

—Entonces podrás hacerlo bien. Toma esto.

—¿Qué es esto?

—Críquet.

—¿Críquet?

Era un nombre que escuchaba por primera vez. 

Sostuve la tabla de madera con torpeza.

Tenía una forma parecida a un mazo de lavar, con la parte del mango estrechándose para que fuera fácil de sujetar, y se sentía suave al tacto, como si se hubiera usado por mucho tiempo.

—Como no hay tiempo para jugar un partido, hoy solo intentaremos golpear con ganas.

—¿Golpear con ganas?

Él caminó hacia delante de mí. Luego, les entregó unas monedas de cobre a los niños que estaban jugando en el barrio. Los niños se alegraron como si fueran a saltar y se acercaron en grupo, parándose de forma amplia rodeándonos.

A los pies de Weitz se amontonaron cinco o seis pelotas que los niños le habían tendido. 

Weitz recogió una de ellas.

—Si yo lanzo la pelota así, tú la golpeas con el bate que sostienes para acertarle. ¿Fácil, no?

—¿Con esta parte ancha?

—Sí.

Agité el bate de un lado a otro. El peso no era mucho, pero quizás por ser una postura desconocida, la parábola no salía de forma bonita.

«Qué demonios estoy haciendo.»

Tras balancear el bate unas cuantas veces mientras me tambaleaba, sentí una punzada de autodesprecio por estar haciendo esto aquí. Entonces, Weitz volvió a mostrar los colmillos al reír.

—Si no tienes confianza, ¿quieres que lo dejemos ahora mismo?

—No me hagas reír.

Aunque sabía que eran palabras de provocación obvias, no pude evitar que me hirviera la sangre. Agarré el bate con fuerza y fulminé a Weitz con la mirada.

—Entonces, allá va.

Como si no fuera la primera vez que lo hacía, la postura de Weitz al sostener la pelota y hacer el lanzamiento fue fluida como el agua.

Y con un sonido de viento, la pelota salió volando.

—¡Ah!

Lo balanceé con todas mis fuerzas, pero ni siquiera rocé la pelota. Me quedé en mi lugar tambaleándome por la fuerza de mi propio giro. Weitz sonrió levemente.

—No es fácil, ¿verdad?

Al ver ese rostro tan fresco, mi terquedad se disparó. 

Recuperé la postura.

—Es porque es la primera vez.

Si no hubiera empezado, daría igual, pero desde el momento en que ya había hecho un swing con el bate, esto era una batalla entre esa pelota y yo.

«No voy a perder.»

Yo era alguien con más espíritu competitivo que los demás. Weitz, al notar que yo empezaba a encenderme, soltó una risa relajada y recogió otra pelota.

—¿Entonces lo intentamos hasta que aciertes?

—¡Bien!

Sin embargo, a diferencia de lo que pensaba, no era fácil golpear la pelota. No solo fallaba los swings, sino que a veces golpeaba el borde de la pelota y esta salía volando hacia cualquier parte. Los niños corrían a recoger esas pelotas entre risas. Parecía que la razón por la que les dio las monedas de cobre fue precisamente para usarlos de recogepelotas.

¿Cuántas veces lo habré intentado?

¡PUCK!

Finalmente, un gran sonido resonó desde la parte ancha. Era la prueba de que le había dado correctamente a la pelota.

—¡Oh!

Abrí los ojos como platos. Mi rostro se encendió de rojo por sí solo. Solté el bate y empecé a dar saltitos.

—¿Viste? ¿Viste? ¡Voló hasta allá!

Como si se burlara de mí, que había pensado cuánto podría volar siendo golpeada con un bate tan tosco, la pelota voló muy lejos dibujando una larga parábola.

Cuando señalé hacia allá con el rostro enrojecido, Weitz soltó una risita.

—¿Se siente bien, verdad?

—…

La forma en que me miraba con satisfacción parecía la de un tío mayor.

«¿Por qué me mira con esos ojos?»

¿Cuánto tiempo hace que nos conocemos?

Volví a poner en mis labios la pregunta que ya había hecho varias veces.

—¿Quién eres tú?

Ante mi pregunta, las pupilas amarillas de Weitz brillaron. 

Inclinó ligeramente la cabeza.

—Ya te respondí. Soy Weitz, de la familia Rohard.

Eso era algo que ya sabía. Me aparté el cabello y pregunté:

—¿Qué relación tienes con el Gran Duque Rohard?

—¿Tienes que saber hasta eso?

Ante su contrapregunta, mis labios volvieron a cerrarse. El tono de la pregunta fue ligero, pero el contenido era afilado.

«Es cierto. No es eso lo que me da curiosidad.»

Que fuera de la familia Rohard, su nombre o sus relaciones familiares no tenían un gran significado para mí.

—¿Por qué te acercaste a mí?

—Porque sentí curiosidad por ti. Eso también te lo respondí.

—¿Te acercaste a mí con apenas ese sentimiento? ¿Qué ibas a hacer si yo te castigaba por el delito de insultar a la nobleza?

Ante mis palabras, él soltó una carcajada sonora. Parecía realmente divertido.

—Originalmente no soy alguien con mucha curiosidad. Cuando uno llega a mi edad, en realidad no hay muchas cosas divertidas en la vida. Son todas cosas que ya se saben.

Sus palabras eran un poco extrañas. 

Con un rostro que parecía ser a lo mucho tres o cuatro años mayor que yo, decía “cuando uno llega a mi edad”.

«¿Será del tipo alma vieja?»

Tanto por el hecho de interferir en cada cosa como por la forma en que a veces me miraba con satisfacción, parecía que su interior era más viejo de lo que aparenta.

«¿A pesar de tener un rostro que se ve tan joven y moderno?»

Justo cuando yo también estaba observando el rostro de Weitz como un alma vieja, sus pupilas amarillas se cruzaron con mis ojos con un destello.

—Pero curiosamente, tú llamaste mi atención.

—¿Me conociste por primera vez en aquel pub?

—Bueno…

Weitz dejó la frase en el aire con un tono evasivo. Una sonrisa pícara se extendió como la niebla en su rostro de piel cobriza.

—¿Sabes lo adorable que era tu rostro sollozando? Pensé que preferiría que lloraras por mi culpa… ¡Mph!

—¡Ese tipo de palabras están prohibidas!

Llorar, qué voy a llorar por tu culpa.

Yo era una persona que nunca había llorado estando consciente. 

Sintiéndome avergonzada, tapé sus labios con la palma de mi mano.

Entonces Weitz soltó una risita. La sensación de sus labios vibrando se extendió por mi palma. Al mismo tiempo, un escalofrío recorrió mi columna vertebral.

—¿Sabes que incluso este tipo de acciones son demasiado adorables?

—…

Como no quería parecer adorable ante él especialmente, me mordí el labio con fuerza y aparté la mano.

Weitz, que había soltado unas risitas bajas, pronto arrugó ligeramente el entrecejo con un rostro donde la risa había desaparecido.

—Pero al mismo tiempo sé que este tipo de sentimiento no durará mucho tiempo. Como siempre ha sido.

Nuevamente fueron palabras extrañamente de viejo. 

Lo miré fijamente. 

Mi rostro se reflejaba claramente en sus ojos dorados.

Él extendió su gran palma hacia mí.

—Por eso, es un mes. Vamos a llevarnos bien solo por un mes, princesa.

—¿Y después de un mes?

—Desapareceré de tu presencia. Lo juro por el honor de Rohard.

«Lo juro por el honor de Rohard.»

Los nobles no empeñan sus nombres a la ligera. 

Que el nombre de Rohard saliera a relucir significaba que realmente desaparecería de forma tajante después de un mes.



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: LAI
REVISIÓN: WOLF
RAWS: ACOSB


¿TE HAS CANSADO?

© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 5

    Next Post

  • CAPÍTULO 7
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks