Capítulo 5. Cita (1)
No lo sabía, pero parece que tenía talento para la provocación.
—¿Hola?
Tan pronto como envié la respuesta, pude encontrarme con Weitz descansando cómodamente en la sala de recepción como si fuera su propia casa.
El hombre, vestido con una sencilla camisa negra, desprendía una atmósfera aún más peligrosa que ayer.
Era como una pantera negra.
No sé si fue a propósito, pero la camisa ajustada parecía que iba a reventar debido a sus músculos.
Lai: ay, aver 🫣🫦
Wolf: a ver x2
«¿Por qué alguien con un cuerpo tan feroz sostiene la taza de té con tanta elegancia?».
Era un hombre que lograba una extraña armonía que no encajaba en muchos sentidos.
Mientras yo lo observaba apoyada en el marco de la puerta con los brazos cruzados, él me dirigió una sonrisa con los ojos.
—Siéntate aquí. El aroma es bueno.
—Lo sé.
«De dónde cree que salió ese té.»
Pensé mientras solté un suspiro por la nariz, cuando de pronto me di cuenta de que hacía mucho que no tomaba té.
«Porque mi hermana Mimi no está.»
No soy de las que bebe mucha agua y, si tuviera que elegir una bebida, era más de café que de té.
El único momento en que tomaba té era exclusivamente cuando tenía la hora del té con mi hermana Mimi.
«Ahora que lo pienso, la última hora del té fue bastante significativa.»
{—Lili, ¿realmente te vas a casar con Alberth?}
Pensándolo ahora, me pregunto si me estaba tanteando.
«Solo yo no lo sabía, como una tonta.»
Al recordar a mi hermana Mimi y a Alberth, una sonrisa amarga volvió a brotar.
Weitz me miró fijamente.
—¿Por qué te ríes de esa manera? ¿He dicho algo desagradable?
—No es tu culpa. Es que estoy cansada.
No quería transferirle mi estado de ánimo agitado, así que dije eso y me senté frente a él.
La mirada que me observaba minuciosamente era desconocida.
—No parece ser eso.
Tal vez porque mis nervios estaban a flor de piel, me enojé de repente ante sus palabras.
Respondí torciendo los labios.
—Y si no lo es, ¿qué vas a hacer?
—Bueno…
Aunque fue una respuesta que incluso a mis oídos sonó afilada, él se rió como si se estuviera divirtiendo.
—Tendré que hacer que te sientas bien.
Dejó la taza de té y extendió la mano hacia mí.
Acarició mi mejilla con la punta de sus dedos ásperos.
—Ah.
¿Por qué terminé sintiendo ternura ante ese toque seco?
«¿Qué sé yo sobre este hombre?»
Unos ojos dorados profundamente hundidos me miraban.
Eran ojos como estrellas antiguas.
Con la garganta extrañamente apretada, pregunté en voz baja:
—¿Estás actuando porque hay gente delante?
Ante mi pregunta, los ojos de Weitz se curvaron suavemente en forma de media luna.
Weitz preguntó de vuelta con voz ligera.
—No soy actor. ¿Por qué piensas que estoy actuando?
—Acordamos vernos de forma temporal solo durante el mes en que confirmamos si estoy embarazada o no.
—Por eso digo que al menos durante un mes te trataré con sinceridad. ¿Acaso parezco un vago tan superficial?
No podía creer sus palabras.
Al contrario, ¿no es más superficial volverse sincero por apenas una noche?
Además, los hombres que se enamoran rápido no eran de mi agrado.
Como si supiera exactamente qué estaba pensando en mi cabeza, Weitz se rió.
—Vaya, parece que no crees ni un poco en mis palabras.
Se levantó de su asiento y se sentó cerca de mí, metiéndose a la fuerza en el sofá donde yo estaba sentada.
Era una distancia tan cercana que, si exhalaba, nuestros alientos se entrelazarían.
Su rostro de piel cobriza se acercó a mí.
«¿Qué?»
Pensé que no me causaba impresión, pero al verlo acercarse tanto sentí que el corazón se me oprimía.
Encogí los hombros inconscientemente y él susurró en mi oído con voz baja.
—Ah, di “ah”.
—No quiero.
Giré la cabeza bruscamente y me levanté de mi asiento.
Las gruesas cejas de Weitz se contrajeron y se curvaron.
—¿Sabes que mientras más te conozco más diferente eres?
—¿Qué cosa?
Apenas era la tercera vez que nos veíamos a la cara, ¿hay algo que pueda señalar como “mientras más te conozco”?
Weitz despegó los labios con una sonrisa extrañamente pícara.
—Ese día fuiste tan obediente. Incluso sin que te dijera que te quitaras la ropa, tú sola te la qui… ¡Mph!
En el momento que lo escuché se me puso la piel de gallina.
Extendí la mano y tapé los labios de Weitz.
«Por mucho que fuera la primera vez que bebía y estuviera totalmente borracha, hacer tal espectáculo frente a un hombre que veía por primera vez…»
Una vergüenza muy humana me invadió por completo.
—Te lo advierto —gruñí ferozmente—. Si dices algo así una vez más, no me quedaré de brazos cruzados. Realmente no es broma.
—Qué poco adorable eres.
Weitz apartó mi mano de su mejilla y frunció los labios.
Yo le solté la mano de un golpe y respondí.
—Nunca he sido adorable. Ni de pequeña me dijeron algo así.
Qué va de adorable. Las palabras “lindo” y “adorable” tenían dueña desde el momento en que nacieron.
{—Mimi, ¿cómo puedes ser tan hermosa?}
{—Pareces un hada nacida de una rosa.}
{—Comparada con Mimi, Lili es tan rígida. A veces me pregunto cómo pueden ser tan diferentes siendo hermanas.}
Se trataba de mi hermana, Magnolia Johannes.
«Ni siquiera siento envidia.»
Después de todo, era cierto que mi hermana Mimi era hermosa y adorable.
Weitz me miró fijamente mientras yo resoplaba.
Luego, con una sonrisa lánguida, dijo:
—Entonces yo puedo decírtelo. Eres adorable.
Fruncí el ceño.
—¿Qué? No es que quiera escuchar esas palabras.
—Para mí tampoco son palabras vacías.
Weitz se levantó de su asiento.
El hombre, mucho más alto que yo, caminó hacia mí con pasos pesados y volvió a entrelazar sus dedos con los míos.
—Incluso cuando tu temperatura corporal es tan baja.
Comparada con sus palabras apasionadas y densas, su gran mano sujetando con fuerza la mía estaba seca como la arena.
Tal vez se sentía así porque estaba llena de callosidades.
Sin embargo, sus ojos observándome estaban ardientes como una hoguera.
—Si me acerco, te pones roja en un instante.
Por alguna razón, no podía apartar la mirada de su rostro que soltaba una risita.
Tras quedarme un momento aturdida encontrándome con sus ojos, lo empujé un paso tarde.
—… Vete allá.
Él retrocedió dócilmente según yo lo empujaba.
Luego, con ambas manos levantadas ligeramente, me preguntó:
—¿Entonces salimos así, señorita?
—¿Eh?
—Prometiste que usaríamos el tiempo provechosamente durante un mes. Tengamos una cita.
De cualquier modo, si le doy un espacio, no tiene fin.
«Aunque sea un Rohard, ¿no tiene demasiadas agallas?»
Incluso si todavía no he recibido el título oficialmente, soy la Duquesa Johannes.
¿Y me trata con tanta confianza?
«Tal vez no sea un pariente lejano del Gran Duque, sino alguien mucho más cercano.»
Un nieto, o un hijo.
«Incluso su nombre es parecido al del Gran Duque.»
Como todo sobre la familia del Gran Duque Rohard está envuelto en un velo de misterio, no sería extraño sin importar quién apareciera.
«Aun así, esto no está bien.»
Por mucho que ellos sean los señores del Norte, esas reglas no se aplican hasta en la capital.
—Creo haber dicho que aparecieras discretamente.
Decidí cortarlo adecuadamente.
—Lo siento, pero hoy no se puede. Estoy cansada y ocupada ante la ceremonia de investidura. Si tuviera tiempo para tener una cita contigo, preferiría dormir.
Así que lárgate. Ya te mostré mi cara.
Ese era el significado, pero Weitz se encogió de hombros cruzando sus gruesos brazos.
—Entonces duerme.
—¿Qué?
—Si estás cansada, simplemente duerme. Yo tampoco tengo por qué salir necesariamente.
—¿O sea que piensas quedarte aquí incluso mientras duermo?
Dudé de mis oídos.
Entonces, como si mi reacción le resultara divertida otra vez, Weitz respondió con una sonrisa de oreja a oreja.
—Te prestaré mi brazo de almohada.
Lai:🫦
—Qué tontería.
—¿Entonces te canto una canción de cuna?
—… ¿Estás intentando hacerme enfadar?
Como no era para nada la respuesta que deseaba, aparté mi cabello con el rostro contraído.
Fue justo en ese momento.
—Lilianne Johannes.
Me estremecí.
Su voz profunda pronunció mi nombre completo.
Era una voz que, por alguna razón, hacía que mi cuerpo se tensara con escalofrío.
Él me miró con expresión seria y dijo:
—No ha habido nadie en este mundo que me haya hecho cantar. Debes saber qué clase de favor te estoy concediendo.
Qué gracioso.
Torcí los labios.
—Nunca pedí que me concedieras nada.
Si vamos a esas, yo también le estaba concediendo una indulgencia considerable.
El hecho de que su cuello no hubiera volado a pesar de hablarme de forma tan informal era la prueba.
Sin embargo, él negó con la cabeza ante mis palabras.
—No quiero que sepas que soy extraño. Lo que quiero es que sepas que eres una mujer especial para mí.
Sus palabras me confundieron aún más.
¿Una mujer especial? ¿Yo? ¿Para ese hombre?
¿Por qué demonios?
—¿Por qué yo? Antes… ¿nos habíamos conocido?
Pensándolo bien, cuando estaba bebiendo, ¿no fue él quien se acercó primero?
Justo cuando entorné los ojos con la sospecha razonable de si acaso me habría echado el ojo de antemano.
Su respuesta fue tan ligera como una semilla de diente de león.
—Yo tampoco lo sé.
Entrecerré los ojos por lo absurdo de la respuesta.
Entonces, él se encogió de hombros y respondió:
—¿No es eso lo que significa ser especial?
Era una sonrisa radiante que no encajaba con el comportamiento astuto que había mostrado hasta ahora.
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Así que esta era la última oportunidad.
{—Cuando llegues a conocer el verdadero amor, podrás obtener la libertad que deseabas.}
Weitz, al recordar a la Santa que derramaba esa maldición sonriendo amablemente con un rostro elogiado por su bondad, mostró una sonrisa amarga.
«Es una mujer soberbia e insolente.»
¿Verdadero amor? ¿Acaso no habría habido realmente nadie a quien hubiera amado durante ese largo tiempo?
¿Libertad? ¿Quién se atrevería a decir que puede restringirlo?
«Aun así, me da asco mi propia debilidad por dejarme influir de nuevo por esas palabras.»
Claramente eran tonterías sin sentido, pero me hacen mirar hacia atrás.
¿Acaso los amores que tuve no fueron sinceros? ¿Estoy realmente vagando en medio del sufrimiento?
«Por eso, esta es la última vez.»
Weitz, con los brazos cruzados, observó a la mujer de cabello dorado atado en una coleta que lo miraba con desprecio.
«Lilianne Johannes.»
No era mentira que ella fuera especial.
Porque a sus ojos, ella se veía sumamente adorable.

TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: LAI
REVISIÓN: WOLF
RAWS: ACOSB