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Capítulo 3.Tratando de fingir que no pasó nada (2)

Hace varios años, en la Academia, en un tiempo que ella no conocía.

Un hombre estaba sentado en el marco de la ventana con los ojos entrecerrados.

—¿Quién es esa mujer?  

A quien señalaba era una estudiante de estatura alta y figura esbelta que llevaba su abundante cabello dorado recogido en una coleta alta.

«Creo que es la primera vez que la veo.»

El hombre, por naturaleza, no tenía interés en los demás. 

Nunca habría puesto un pie en la Academia si el Decano no fuera su amigo. 

Pero, ¿por qué? 

Ella resaltaba con claridad incluso desde la distancia. 

Para un hombre que había visto a innumerables mujeres más hermosas que ella, aquello era una experiencia un tanto refrescante.

Siguiendo la mirada del hombre, el decano se encogió de hombros y sonrió.

—Te refieres a la “Flor de Hielo” de la Academia.

—¿Qué es ese apodo tan cutre?

El hombre frunció el ceño. 

El Decano hizo un gesto con la mano para restarle importancia.

—No se lo puse yo. No me mires así.

—¿Quién te está mirando?

Su sonrisa burlona era tan feroz como el gruñido de un depredador. 

El Decano se estremeció y, sabiamente, optó por explicarle quién era la estudiante. 

Naturalmente, la mirada del hombre se dirigió de nuevo hacia la ventana.

—Es la joven dama Lilianne Johannes. La menor de las pobres hermanas Johannes.

—Ah.

El hombre también conocía la tragedia de la familia Johannes. 

Una epidemia azotó el territorio y el matrimonio terminó enterrado en ataúdes, uno al lado del otro.

«Para prevenir algo así, al menos uno de los dos debería haberse quedado en la capital.»

El hombre pensó eso con indiferencia. 

De hecho, eran pocos en el mundo los que podían recibir generosidad o misericordia de su parte.

El Decano, entusiasmado, siguió parloteando.

—Si la hermana mayor es una belleza deslumbrante, como una flor de oro, ¿podría decirse que la menor es calmada y silenciosa? En realidad, el apodo de “Flor de Hielo” lo obtuvo en gran parte gracias a su hermosa hermana.

«No es una belleza tan destacada como para ser llamada flor.»

Esas palabras quedaron implícitas, pero se transmitieron con claridad.

«Así que la hermana es la belleza, ¿eh?»

Diera igual o no, para el hombre lo importante no era la apariencia. 

Mujeres con una belleza capaz de arruinar naciones habían pasado por su vida incontables veces.

—Es una mujer interesante.

Pero, ¿qué era lo que captaba su atención? 

El hombre sintió una curiosidad genuina.

━━━━━━✧❃✧━━━━━━

Siento que me voy a volver loca. 

Con el ánimo que tengo ahora, podría saltar hasta las nubes.

«¿Qué le pasa a este hombre?»

Ya pensaba que su apariencia no era común, pero sus acciones son iguales. 

¿Quién muerde el dorso de la mano de alguien?

«¿Se cree un gato?»

Sin embargo, para ser un gato, parecía demasiado peligroso. 

Retiré mi mano de un tirón y dije con tono cortante:

—¿Cómo diablos lograste entrar hasta aquí? Y, ¿a qué viene esta falta de respeto?

—La falta de respeto es la que tú cometiste conmigo la otra noche, y la razón por la que vine a buscarte es…

El hombre sonrió levemente con los ojos y añadió en un tono lánguido:

—Pero, ¿está bien hablar de esto cuando hay tanta gente escuchando?

Solo entonces me di cuenta de que había un montón de personas con las orejas tiesas, escuchando lo que este hombre decía sobre “la otra noche.” 

Grité con irritación: 

—¡Salgan todos!

—Pe-pero, Excelencia.

Entonces, uno de los Caballeros responsables de mi seguridad dio un paso al frente.

—No podemos dejar a su Excelencia a solas con un extraño.

Estaba a punto de hacer el ridículo como Duquesa, ¿y dice que no pueden dejarme? 

Dejarnos solos era precisamente la forma de ayudarme. 

Endurecí el rostro y respondí con severidad:

—Deberías saber que puedo protegerme perfectamente por mi cuenta. Si pasa algo, gritaré con fuerza, así que no se preocupen y salgan.

—… Sí.

El Caballero parecía dudar, pero como no cedí, salió por la puerta como si no tuviera opción. 

Poco después, la puerta del salón se cerró con un golpe sordo.

«Uff, de verdad, ya siento que se me agotan las fuerzas.»

Mientras soltaba un suspiro y me masajeaba el cuello tenso, el hombre, que ya se había sentado en el sofá por su cuenta, dijo con una sonrisa peligrosa:

—Ese tipo es un espía.

—¿Qué?

Fruncí el ceño y me volví hacia él. 

La forma en que estaba recostado en el sofá era tan relajada que realmente parecía una pantera enorme sentada allí. 

Él movió un dedo y dijo:

—Si tú mueres, el título pasa a tu tío, el Duque Glaste Johannes Dieter, ¿verdad? Entonces debe ser un espía de ese lado.

—No, ¿cómo sabes eso?

Que mi tío Glaste y yo estuviéramos enfrentados no era precisamente un secreto en el imperio, pero era sorprendente que hubiera señalado a ese Caballero como espía a primera vista. 

Parpadeé y, sin poder ocultar mi sospecha, pregunté:

—¿Acaso tú también eres un espía? ¿Es por eso que te acercaste a mí ese día?

—En estos asuntos, eres realmente pésima.

El hombre se encogió de hombros.

—Cuando les ordenaste salir, sus ojos brillaron. Tenía una expresión de deseo de que yo causara algún incidente.

Yo, que esperaba una respuesta grandiosa, terminé dejando caer los hombros ante su explicación.

—¿Eso no es solo una impresión subjetiva tuya?

—Puede que suene absurdo, pero hay momentos en los que simplemente con ver la cara de alguien tienes una corazonada. ¿A ti no te pasa? En mi caso, es que he vivido mucho y he acumulado cierta experiencia.

Ladeé la cabeza ante sus palabras.

«¿Se refiere a que, supuestamente, su fisionomía no le gusta?»

A decir verdad, yo también soy de las que confía mucho en su propia “intuición”, así que sus palabras calaron hondo en mí.

«No perdona nada andar con cuidado.»

Tendré que ordenar que investiguen sus antecedentes. 

Estaba grabándome eso en la cabeza, repitiéndolo para mis adentros, cuando el hombre, apoyando la barbilla en su mano, me dedicó una sonrisa pícara con los ojos.

—En ese sentido, tú me gustas.

—… Ese tipo de “gustar” basado en un sentido subjetivo no me emociona ni un poco, ¿sabes?

Era mentira. 

Mi corazón se agitó ligeramente.

«¿Será que mi cara le gustó? ¿Acaso tendré cara de tonta escrita en la frente? ¿Por eso… también me dejó mi hermana? Tras encasquetarme el título.»

Al recordar a mi hermana Mimi y a Alberth, quienes huyeron después de haberme utilizado a su antojo, mi corazón volvió a enfriarse como si fuera mentira. 

Me crucé de brazos y, de pie, le advertí con voz gélida:

—Como sea, lárgate de una vez. Y no vuelvas nunca más. Hoy te he recibido porque me tomaste por sorpresa, pero la próxima vez no me quedaré de brazos cruzados.

—¿Que no vuelva?

—¡Sí! Hagamos como si lo de aquella noche nunca hubiera pasado.

—¿Lo de aquella noche?

Mientras yo le espetaba con seriedad, el hombre no dejaba de hacerme preguntas con esa voz tan profunda. 

¿Sería por eso? 

De forma impropia en mí, solté mi debilidad primero.

—Es que, borrachos como estábamos, dor-dormimos juntos.

«¡Rayos! ¡No debería haber tartamudeado!»

Debía haberlo soltado con un tono de lo más indiferente, pero debido a la inevitable carga emocional, terminé fallando al decir la palabra “dormimos.”

«Uff, de haber sabido que esto terminaría así, me habría dedicado a tener muchas más citas.»

Aunque claro, incluso si pudiera retroceder en el tiempo con este recuerdo intacto, no habría podido tener citas. 

En aquel entonces, a mi corta edad, ya tenía suficiente con apenas poder liderar a los Johannes.

—Dormir, ya veo.

Ante mi respuesta, el hombre esbozó una sonrisa significativa. 

Tan pronto como pensé que esa sonrisa me resultaba inquietante, el hombre se levantó bruscamente de su asiento.

—Dormir, sí que dormimos juntos.

Eran las mismas palabras, pero no entendía por qué, al brotar de sus labios, se sentían tan provocativas.

En un arrebato de terquedad, saqué pecho y levanté aún más la barbilla.

—Si crees que me voy a acobardar por algo así, estás muy equivocado. Tú también eres un adulto, así que no pienses en aferrarte a mí de forma cobarde.

—Jaja.

A pesar de que era una advertencia, el hombre solo se rió. 

Gracias a eso, mis cejas se arquearon aún más hacia arriba.

«¿Se ríe? ¿Cree que soy fácil?»

Justo cuando estaba debatiendo si debía reprenderlo para que mostrara el debido respeto a una Duquesa.

Quizás porque sus piernas eran largas, se acercó a mí de un solo paso y me preguntó con voz cargada de diversión:

—¿De verdad está bien que me rechaces así? ¿No crees que me necesitas?

—¿Yo a ti?

—Si es como tú dices…

Su mano enorme sujetó la mía con fuerza. 

En el momento en que encogí los hombros ante su temperatura, tan caliente que parecía que iba a quemarme, él esta vez besó el dorso de mi mano. 

No fue una travesura feroz como la de antes, sino un beso formal y educado.

Con los labios aún pegados al dorso de mi mano, sus ojos entrecerrados me observaron fijamente. 

Sentía como si sus labios moviéndose sobre mi piel me estuvieran haciendo cosquillas.

—Podría haber un hijo mío en tu vientre. ¿De verdad está bien que me eches así?

—¡…!

Pero las palabras que soltó, lejos de ser una caricia, fueron suficientes para dejar mi cuerpo gélido.

Fue cuando, sin darme cuenta, me mordí con fuerza el labio inferior. 

El hombre tiró con firmeza de la muñeca que sujetaba hacia sí mismo. 

Por la sorpresa, fui arrastrada y quedé aún más cerca de él.

«Es alto.»

Yo también era bastante alta para ser mujer, pero al estar frente a él, apenas llegaba al borde de su barbilla. 

Sus hombros eran mucho más anchos que el promedio, lo que me hacía sentir repentinamente delgada.

El hombre, como si le complaciera que yo hubiera entrado en su radio de alcance, dijo con una sonrisa de satisfacción:

—Aún no sabes mi nombre, ni mi edad, ni dónde vivo. Si llegaras a quedar embarazada, ¿cómo piensas encontrarme entonces?

—E-eso es…

Me di cuenta de que había pensado en aquella noche con demasiada ingenuidad. 

Estando tan borracha, era imposible que hubiéramos usado anticonceptivos, y las probabilidades son las mismas en cualquier situación.

—E-eso es…

Me resultaba difícil ocultar que me había puesto pálida. 

Me mordí el labio inferior. 

Al inclinar ligeramente la cabeza, el flequillo cubrió mis ojos.

—Disculpa.

Sentí unos dedos grandes apartar suavemente mi flequillo para colocar el mechón detrás de mi oreja.

«Una cicatriz.»

Sus dedos eran tan firmes que el contacto con mi rostro se sentía áspero. 

Al levantar la cabeza por instinto, vi en los dedos del hombre una larga cicatriz, como si hubiera sido golpeado por un látigo.

«¿Quién es este hombre, exactamente?»

De nuevo, me di cuenta del hecho de que no sabía absolutamente nada del hombre que tenía frente a mí. 

Ni su nombre, ni su oficio, ni su estatus, ni siquiera cómo había logrado entrar aquí.

Parecía que el hombre había notado el cambio en mi interior, pues volvió a sonreír entornando los ojos con delicadeza.

—¿Te han dado ganas de saber más sobre mí ahora?

—¡Hagamos esto entonces!

Me negaba a seguir dejándome arrastrar por este hombre ni un segundo más. 

Por supuesto, su observación tenía sentido; incluso con una sola noche, un bebé era una posibilidad real.

—Un mes. Veámonos en un mes. Para entonces ya sabremos el resultado.

Mi periodo era sumamente regular. 

Si hubiera un bebé, lo sabría con total precisión por mi ciclo.

Ante mis palabras, el hombre frunció sus perfectas cejas.

—¿Dices que nos veamos dentro de un mes?

—Sí. Si para entonces hay algo de lo que debas hacerte responsable, podemos hablarlo aparte.

Asentí con fuerza. 

A mi juicio, esta era la mejor opción.

Sin embargo, inesperadamente, el hombre sacudió la cabeza.

—No quiero.

¡Pero este hombre…! 

Justo cuando abrí la boca, indignada, para reclamarle, una mano enorme rodeó mi cintura.

—¿Qué te parece ser mi mujer solo por un mes?

—¡…!

Lai: Yo me ofrezco como voluntaria. 😘

Wolf: Yo también quiero 🌚

Mi cintura quedó atrapada por completo entre sus brazos gruesos. 

Al quedar repentinamente pegada a su cuerpo sólido, me puse rígida como una piedra. 

Su rostro, que me miraba desde una distancia mínima, volvió a dedicarme esa sonrisa pícara.

—No está mal, ¿verdad? Utilízame a tu antojo en los momentos en que necesites un compañero de cara al público. Después de un mes, yo también me marcharé sin remordimientos.

—¿Y qué ganas tú con eso?

—¿Resolver un poco mi curiosidad?

¿Curiosidad? 

Qué tontería.

Como no podía creerle en absoluto, lo miré con recelo. 

Entonces, el hombre respondió arqueando una ceja con un guiño.

—Por si acaso, te diré que no tengo el más mínimo interés ni en tu título ni en tu fortuna. Si codiciara esas cosas, no te habría dejado escapar a escondidas aquel día.

—¿Y venir a buscarme así está bien?

—Es que me pareció que tenías toda la intención de ignorarme.

Me dio justo en el clavo.

Como realmente planeaba fingir que nada pasó y no volver a buscarlo, terminé desviando la mirada poco a poco. 

El hombre, que soltó una risita baja, susurró con un tono sugerente:

—En cuanto escuches mi nombre, tú también lo entenderás de inmediato. Sabrás que no te estoy mintiendo.

—¿Cuál es tu nombre?

¿De qué familia tan importante será para andarse con tantos rodeos?

Incapaz de vencer la curiosidad, acerqué mi cabeza a él. 

El hombre puso su mano grande cerca de mi oreja y susurró:

—… Es secreto.

—¡Pero este hombre!

¡Otra vez burlándose de mí!



TRADUCCIÓN / CORRECCIÓN: LAI
REVISIÓN: WOLF
RAWS: ACOSB


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