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Capítulo 76

Aunque no supiera en qué contexto había salido esa frase, se veía bonito que mostrará respeto por sus padres. Quizá por el calor, Yoon Jigu apretó los labios y dejó escapar un suspiro corto. La nuca también se le había enrojecido ligeramente por la fiebre.

—E-eh… ¡nos vemos luego!

Antes de que Yeo-woon pudiera siquiera preguntar si él también estaba resfriado, Yoon Jigu soltó una palabra al pasar, y sacudiendo con fuerza su bolsa de natación, se echó a correr a toda prisa hacia la piscina.

—¿Luego…? Yo hoy no voy a la piscina.

Más tarde se dio cuenta de que ni siquiera le había dicho que, por el resfriado, no podría ir. Pero cómo entrenan en carriles distintos, y si no es la hora de descanso no hay forma de hablar bien; además, el tipo que ni siquiera lo mira en el vestuario, difícilmente iba a esperarlo.

—Seguro que lo dijo por cortesía…

Al llegar a la puerta de su casa, Yeo-woon vio a alguien hurgando en el buzón, con la misma sudadera negra que había visto la otra vez anudada a la cintura, y ladeó la cabeza.

El tipo estaba revisando el buzón 902 —el de Yeo-woon—, mirando con atención por si había algo metido hasta el fondo. Yeo-woon, que lo observaba fijo, se acercó y le arrebató de la mano la correspondencia que sostenía.

El hombre, sobresaltado, alzó la vista hacia él.

—Dame tu número.

Cuando Yeo-woon le tendió el móvil para pedirlo, la boca del hombre se abrió de par en par. No dijo nada, solo movió los labios con cara de desconcierto.

—¿Eh?

—Te dije que me des tu número.

—…E-eso, un poco…

El hombre, un poco más bajo que Yeo-woon, tosió nerviosamente y bajó la cabeza. Al intentar escabullirse como una anguila, como la vez pasada, Yeo-woon le sujetó firmemente la muñeca.

—Te dije que me des tu número.

—¡Maldito loco! ¡No te lo voy a dar! ¡Yo no soy gay…!

—Aunque antes hayas vivido aquí, no me gusta que revises nuestro buzón así —dijo Yeo-woon, serio. 

—…

—¿Qué es lo que buscas? Cuando llegue, te avisaré. Solo dame tu número.

—Está bien, me rindo.

El hombre lo miró de arriba abajo con una expresión extraña.

«¿Así que planea seguir revisando nuestro buzón?» Yeo-woon miró la muñeca que tenía firmemente sujeta. Por la fiebre, no podía pensar con claridad. El hombre movía las piernas nervioso. «¿Por qué está tan alterado? …Un momento. Espera.» 

—Usted… ¿era el que vivía en el 902?

—¿Eh? Sí. Por supuesto que sí.

—Su nombre… ¿Era Choi Cheolgang?

—Hmm… sí. Yo soy Choi Cheolgang…

—No, no es así. Era Min Yonggi.

—…Me cambié el nombre.

—¿Acaso cambió también el apellido de sus padres en tan poco tiempo?

Por su reacción, Yeo-woon se dio cuenta de que definitivamente no era la persona que había vivido antes en el noveno piso.

«…¡Ah! ¿Un ladrón?» En la cabeza de Yeo-woon cruzó la imagen de crímenes que había visto en la televisión: ladrones que apuntan a casas vacías por períodos largos. Justo por eso su propia casa, donde a veces se olvida de recoger el correo a tiempo, se había convertido en un objetivo fácil. En comparación con otras casas, las facturas y publicidad se acumulaban en exceso.

—No se puede vivir así.

—¿Qué dices? ¡Loco!

El impostor de Min Yonggi se zafó del brazo de Yeo-woon y salió corriendo del edificio.

Nunca pensó encontrarse con un ladrón así… En la vida pasan cosas inesperadas. Mientras subía en el ascensor, Yeo-woon pensaba que la próxima vez debía tomar evidencia y llamar a la policía, o al menos vaciar el buzón a tiempo.

Yeo-woon le informó a Jigu, que no paraba de enviarle mensajes hasta que respondiera, sobre su estado de salud. Al entrar a casa, se dejó caer sobre la cama y empezó a abrir las cartas una por una.

La mayoría del correo acumulado eran cosas inútiles. Medio dormido, abrió la última carta que quedaba y se detuvo al ver el logo de la Universidad de Corea estampado en el centro del papel.

Luego, al mirar el nombre escrito en la esquina superior izquierda, se dio cuenta de que no era para él.

—¿…?

Al mirar con más detalle, Yeo-woon se dio cuenta de que era el boletín universitario de Yoon Jigu de este semestre. No tenía muchas ganas de verlo ni planeaba hacerlo, pero, por accidente, revisó las calificaciones y resultaron un desastre.

No sabía si era que no asistía a clases o qué, pero junto a casi todas las materias estaba marcada una D, y para colmo, una asignatura de 3 créditos tenía una F bien puesta. ¡¿Cómo podía tener notas así?!

Yeo-woon miró la hoja con cara de incredulidad y negó con la cabeza.

—…Si Jigu se entera de que vi esto, se va a enojar.

Murmuró mientras volvía a doblar el boletín y lo guardaba en el sobre. Apenas había empezado a acercarse un poco a Jigu, y pensar que ahora él lo miraría con recelo le hizo suspirar.

Yeo-woon revisó la hora en su celular. Faltaba poco para que Yoon Jigu saliera de la piscina.

Cuando lo viera por la tarde, le entregaría el sobre en persona y tendría que inventar la excusa de que lo abrió por error. No debía dar señales de que había visto el contenido. Yeo-woon se prometió a sí mismo que no dormiría hasta entregar el boletín.

Pero ni un minuto después de hacer esa promesa, empezó a cabecear dormido.

Pasaban un poco de las ocho de la noche. Desde el celular que tenía en la mano, sonó un débil aviso de mensaje, pero cada vez que eso ocurría, Yeo-woon apenas parpadeaba.

 

Lo que realmente interrumpió su sueño ligero fue el estruendoso timbre. DING DONG, DING DONG, DING DONG, DING DONG, DING DONG, DING DONG. El ruido era tan fuerte que lo despertó por completo. Yeo-woon se incorporó con el cuerpo pesado; la cabeza le dolía y todo su cuerpo se sentía como una bola de fuego. Entonces se dio cuenta de que se había olvidado de tomar la medicina que había comprado y bajó los pies hacia el suelo desde la cama.

¡DING DONG, DING DONG!

—Ah, maldición. ¿Quién será…?

Con cada paso, su cabeza palpitaba y retumbaba. Apoyándose en la pared, Yeo-woon se acercó a la puerta de la entrada y la abrió.

—¿…?

Al abrirla, lo que lo recibió fue un amplio abrazo y un leve olor a sudor… «¿Un abrazo?» Solo entonces Yeo-woon se dio cuenta de que sus piernas habían perdido fuerza y que Yoon Jigu lo sostenía. Su cabello olía a jabón, mezclado con un tenue aroma a sudor. Yoon Jigu murmuró con voz algo nerviosa. 

—¿Qué… qué pasa?

Una mano grande le tocó la mejilla, apenas rozándola, y también olía a jabón.

—¿Resfriado…?

—¿Resfriado? ¿La medicina…?

Respiraba con dificultad, jadeando. «¿Habría corrido hasta acá después de nadar?… Pero, ¿por qué habría venido Yoon Jigu a mi casa?» Yeo-woon murmuró para sí mismo, aún aturdido, y recordó que ahora tenía su boletín de calificaciones en las manos.

«Es un fantasma… ¿cómo lo supo…?»

Yeo-woon se dio la vuelta para traer el boletín de Yoon Jigu que había dejado en su habitación, pero un mareo repentino lo golpeó y tuvo que apoyarse en la pared para no caerse.

—¡Hyung!

—¿Hyung? —pensó, mientras sentía un brazo firme sosteniéndolo mientras su conciencia se desvanecía.

—…Dicen que los resfriados de verano ni los perros los agarran.

La voz, con un tinte de burla, llegó débilmente a sus oídos y se dispersó suavemente. Su visión se tornó completamente negra y la memoria se cortó.

 

─── ❖ ── ✦ ── ❖ ───

Cuando Yeo-woon despertó, afuera aún estaba oscuro y gris. Lo extraño era que el lugar donde yacía no era su cama, sino otra.

—…Ah, me duele la cabeza. Mañana no voy a poder ir a la oficina.

Se frotó las sienes mientras se incorporaba. Su memoria estaba nublada, como si tuviera niebla en la cabeza. Apenas podía recordar que, cuando se había despertado por un momento, alguien le había metido la medicina en la boca y le había dado un vaso en la mano. Parecía que le hablaban, pero sonaba como un zumbido sin sentido y no estaba seguro.

—¿Despertaste?

—¿…?

Era una voz familiar. Yeo-woon giró la cabeza y arqueó las cejas. Yoon Jigu estaba sentado al borde de la cama frente a él, con una expresión indiferente, y dijo de manera seca. 

—Estamos en mi casa.

—Ah…

—Sí, yo te traje hasta acá, pero no te confundas. ¿Entiendes?

—¿…?

—Normalmente no me meto en los asuntos de los demás, ¿sabes? Pero eso no significa que te esté dando un trato especial. Solo… tenías demasiada fiebre.

«No le pregunté…»

—Me dio miedo que si te dejaba ahí solo realmente pudieras morir. Además, seguro dejé mis huellas en el timbre del vecino. Eso sería… ¿abandono de persona en riesgo de muerte? Algo así. Pero tampoco parecía grave como para ir a urgencias, así que solo quería vigilarte hasta que despertaras… En serio, te lo digo en serio.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SPOOKYBOOGIE
CORRECCIÓN: YOUZHAO
REVSION: GOLDRED



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