Capítulo 69
Sayed conocía esa mirada.
Era la misma que Zion le había dirigido a él, condenándolo como el “Demonio”, mientras se situaba en el lado bueno que consideraba correcto. Al principio, Zion lo había visto con esos ojos llenos de compasión, como si él fuera un ser despiadado y cruel que merecía lástima. Así como una persona infinitamente buena siente compasión por una persona malvada.
Por eso Sayed pensaba que Zion era tan ingenuo e ignorante de la realidad tal como lo era Lessas. Por esa razón, había trazado una línea clara entre sí mismo y ellos, enfrentando incluso el momento en que comenzó a dudar que la inocencia de su madre, en la que había creído desde siempre, pudiera haber sido una vana ilusión.
Pero ahora se daba cuenta de que no era así.
Zion los miraba desde arriba. Por esa razón, Zion estaba enojado con las acciones de Sayed, y a veces sentía lástima. Porque los consideraba criaturas débiles a las que su familia había perdonado la vida por pura misericordia.
—¡Aunque lo destroce y lo mate, no será suficiente…! —En el instante en que Cecilia desenvainó su espada y avanzó, los caballeros de Sildras que estaban detrás sacaron las suyas.
El sonido metálico y resonante de las hojas hizo que Cecilia se volviera sobresaltada. Decenas de caballeros miraban a Cecilia con expresiones tensas, mostrando hostilidad hacia ella. En medio del temor de tener que lidiar con Títer, se reflejaba desprecio y odio hacia ello.
La intensidad de esas emociones negativas sumió a Cecilia en un estado de shock. Cecilia se sintió momentáneamente abrumada, nunca antes en su vida había experimentado un rechazo tan abrumador y concentrado.
Cecilia miró a Sayed con sorpresa.
Sayed había temido que llegara un momento como este. Esta clase de situación era algo que solo él debía soportar. Que una multitud, no, que todo un país la odiara y despreciara era algo que Cecilia no podría soportar.
Enfrentar el odio de una sola persona ya dejaba una marca en el corazón, pero resistir el de muchas personas era algo que podía devastar la mente de cualquiera.
—Bajen la espada si no quieren morir. —Sayed ordenó con voz sombría. En realidad, Zion debería haber sido quien los detuviera, pero en lugar de intervenir, los reprendió.
—¿Estás amenazando a mis caballeros ahora, Archiduque? Fue tu hermana quien amenazó primero.
—¿Acaso unos simples caballeros tienen derecho a entrometerse en los asuntos de Títer? ¿O será que le da miedo la espada de mi hermana, que acaba de despertar, y necesita que sus caballeros lo protejan?
—Es simplemente porque no vale la pena ensuciar mis propias manos con alguien como ella.
—La forma en que amenazas con una multitud de caballeros es igual a la de tu padre. Qué típico de la débil descendencia de Sirkan Sildras, quien acabó sus días postrado en una cama. ¡Patético para un Títer!
Los ojos de Zion brillaron con un destello frío. Sus pupilas doradas centellearon de ira, y por un instante, el aire a su alrededor pareció iluminarse.
—No insultes a mi padre, quien incluso mostró misericordia con un demonio terrible como tú.
—Veremos si sigues respetándolo tanto después de que se revele la verdad. Así que, ¿por qué no dejas de hacer el ridículo y sigues tu camino? —Sayed dijo esto mientras observaba a los caballeros que mantenían una postura defensiva con una mirada asesina.
Esos idiotas, que morirían sin siquiera tener tiempo de gritar si él movía un dedo, estaban siendo demasiado arrogantes. Fue entonces cuando Baine, quién había estado observando la situación, dió un paso adelante para intervenir.
—Eh… ¿No creen que ya es suficiente? No sé en qué estaban pensando al provocarlo, pero el Archiduque es alguien que puede matarnos sin siquiera blandir una espada. Yo no vine aquí para pelear, sino para capturar a las Niera…
La mayoría de los caballeros de Lessas eran rostros que Sayed conocía, pero entre ellos, algunos desconocidos agarraron a Baine y le susurraron que se calmara. Pero en lugar de dar marcha atrás, Baine puso una expresión indiferente.
—¿Eres el único que no sabe lo que hasta un simple caballero conoce?
Sayed no dejó pasar el comentario de Baine, y Zion estalló de furia.
—¡Baine! ¿Por qué te metes de repente? ¿No sabes que el Archiduque es el enemigo que oprime a Lessas? —Zion reprendió a Baine como si lo hubiera traicionado. Mientras tanto, Rigda, que estaba observando apoyó cortésmente a Baine.
—Su excelencia, si piensa en la reputación de Su Alteza Lessas, sería mejor resolver esta situación y centrarse en la misión. Eso fortalecería aún más la reputación de Su Alteza.
Parecía que a Zion no le gustó para nada la refutación de Rigda. Para alguien que había crecido sin nunca ser reprendido ni humillado por sus inferiores, debía ser un insulto insoportable.
—No conocen su lugar y siguen hablando sin sentido, los dos. Están insultando a su amo, quien los acogió siendo huérfanos y plebeyos y los convirtió en caballeros.
Aus: mi compa el menos clasista.
La expresión de Rigda se endureció por un momento. Incluso la expresión antes tranquila de Baine se volvió inusual.
—¿Acaso dice eso sabiendo que tuvimos que crecer como huérfanos?
Aus: Uuuy.
Nona: jajajaja
No era propio de Baine, quien siempre parecía no darle importancia a las cosas. Sayed se dio cuenta de que Zion, que aprovechaba esta situación fuera del control de Lessas, no sería fácil de someter solo con palabras. Sayed caminó hacia él y estiró bruscamente el brazo, agarrando con fuerza el cuello de la armadura de Zion.
—Cállate y haz tu trabajo, Sildras.
Los ojos de Zion se llenaron de conmoción y enojo. Estaba a punto de hablar de nuevo, enfrentando su mirada, cuando un escalofrío repentino le recorrió la espalda a Sayed. Cada vez que Niera aparecía, Sayed giraba la cabeza y miraba hacia el bosque, ya que su cuerpo era el primero en notarlo.
—¿Estás loco? ¿Finalmente has perdido la razón? ¡Suéltame ahora mismo!
Aunque había diferencia de complexión física, Zion era un Títer. Su fuerza innata no era muy inferior a la de Sayed, así que apretó el puño como si fuera a romperle la mano que lo agarraba del cuello. Pero la mirada de Sayed ya se había desviado hacia el bosque. A pesar de que era pleno día y el sol bañaba todo el bosque, podía percibir la oscura energía que emanaba de Niera.
—Sildras, prepárate para el combate. Ahora mismo.
Habría valido la pena enfrentarse a Zion si se hubiera dado la oportunidad, pero ahora no era el momento. Como era de esperar, Zion rechazó la orden de Sayed.
—No cambies de tema. Tendrás que responsabilizarte por lo que acabas de hacer cuando esto termine…
—¡Parece que Niera ha despertado ahora mismo así que muévete ya!
Los caballeros se alborotaron al oír la palabra Niera. Stella, que se había acercado a ellos para detenerlos, miró en la dirección en la que miraba Sayed y luego hizo un gesto con una expresión pálida.
—Zion, mira hacia allá.
Al final de donde apuntaba el dedo de Stella, se veía una figura negra. Una sombra cuya forma exacta era difícil de discernir, venía hacia ellos. Zion, instintivamente, también giró la cabeza y descubrió al Niera. Empujó bruscamente a Sayed y adoptó una postura de combate.
—¡Mantengan la calma! Las Niera se alimentan del miedo, así que no muestren temor, ¡por muy fuerte que sea! —gritó esas palabras mientras desenvainaba su espada corta, ignorando a Sayed al pasar. Aunque sus dedos temblaban levemente, Zion fingió compostura y le habló a Stella.
—Stella, cuando lleguen, inmovilízalos. A juzgar por su tamaño, parece un Niera de nivel intermedio.
—Entendido, pero… —Stella miró a Sayed con una mirada inquieta y preguntó: —¿Cómo es posible que un Niera aparezca de día? Además, es primavera…
—Stella, yo soy el líder aquí. Ahora mismo, concéntrate en la tarea que tienes entre manos. —Zion, molesto por la interacción entre Stella y Sayed, comenzó a avanzar con paso rápido.
Pero la desigual guerra de nervios no era la preocupación actual de Sayed. El informe de Lessas sobre las Niera apareciendo de día en Tarkan se había adelantado tres años en comparación con sus recuerdos.
Estaba claro que muchas cosas estaban sucediendo más rápido de lo que Sayed conocía. Su mente se llenó de confusión, pero no tuvo tiempo de procesarlo, porque el Niera reveló su presencia frente a ellos.
El Niera con forma de escarabajo, que parecía arrastrarse lentamente, ahora se veía bastante rápido y, extrañamente, en lugar de correr hacia ellos, tomó una acción diferente en el momento en que los vio. A diferencia de muchas de las experiencias de Sayed, esta intentó simplemente pasar de largo a la gente.
A primera vista, parecía que se abalanzaba, pero las Niera usualmente desprendían una sensación grotesca que incitaba el miedo antes de atacar. Este no lo hizo.
—¡Es bastante grande, pero no es más que un Niera de nivel bajo! ¡No entren en pánico, ataquen su núcleo rojo! Comparado con el invierno pasado, esto no es nada.
Los caballeros, que quedaron momentáneamente sorprendidos por el inusual suceso a plena luz del día, también adoptaron formación de batalla animados por Zion. Zion también parecía un poco aliviado, mientras levantaba la mano y liberaba su poder.
Para Sildras, que manipulaban la luz, era relativamente fácil matar a la Niera. La fuerte luz que llenaba el vacío se convirtió en ondas que transportaban calor intenso, concentrándose únicamente en su objetivo y quemándolo.
¡KIIIK, KIIIK!
Un enorme haz de luz descendió del cielo como si fuera un castigo divino, envolviendo al Niera. Aunque el espectáculo era hermoso, el poder de Zion era destructivo.
El Niera desapareció en un instante, con su cuerpo convirtiéndose en ceniza negra en un instante, y los caballeros exclamaron con admiración. Zion miró a Sayed con una expresión más segura.
—Parece que no será necesaria su intervención, Archiduque. Las sombras diurnas son débiles, así que su poder también debe estar disminuido. Yo me encargaré de todo.
Aus:
Era una suposición equivocada, pero Sayed no lo corrigió. En lugar de eso, escudriñó el bosque. Las sombras se agrupaban como cucarachas, acercándose con rapidez.
—Zion, nosotros cubrimos la retaguardia. ¡Mira al frente!
La advertencia de Stella apenas terminó cuando una oleada de Nieras se abalanzó sobre ellos. Pero, de nuevo, algo era extraño. Al igual que el primero, estos no sembraban miedo, sino que parecían rodar junto a ellos como si quisieran pasar de largo.
—Eso es extraño.
Parecía como si estuvieran huyendo de algo. Stella, que había estado observando la expresión de Sayed, sintió algo inusual y le preguntó con cautela.
—¿Estás bien?
—Stella, cuando comience la batalla, ayudarás a Nova y a Cecilia. Como ninguna de las dos tiene experiencia, coordina a los caballeros con ellas.
—Pero la situación no parece tan grave. Todos esos son Nieras de bajo nivel.
Tan pronto como Stella terminó de hablar, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Era una reacción física antinatural, como la que ocurría al enfrentar a un Niera de nivel superior. Todos sintieron el cambio, y el ambiente, antes tenso pero manejable, se volvió opresivo. Zion también permaneció allí inmóvil, con la espada desenvainada y mirando hacia delante.
Las sombras negras comenzaron a cubrir el bosque. Los Nieras, que deberían estar dormidos, avanzaban sin importar su tamaño. Y detrás de ellos, algo mucho más grande los seguía.
Nunca antes los Niera se habían movido así, como un solo cuerpo.
Tan pronto como el pensamiento terminó, apareció la cosa que perseguía a las Niera. Tenía el cuerpo de un búfalo de agua, las patas de un cerdo y un cuello extrañamente largo con la cabeza de un jabalí al final. Pero lo más aterrador eran los cientos de núcleos rojos incrustados en todo su cuerpo, el punto débil de los Niera.
Ante la visión de esa abominación nunca antes vista, incluso Sayed quedó sin palabras por un momento. Entonces, el monstruo abrió sus fauces y, de un solo bocado, devoró a los Niera que huían frente a él.
—¿Qué… qué demonios es eso…? —Zion murmuró aturdido, retrocediendo un paso. Los gritos de los Niera llenaron el aire. Los que venían detrás, al ver a sus congéneres siendo devorados, no dejaron de avanzar, llegando hasta donde ellos estaban.
La enorme bestia, que hasta entonces había cazado a los Niera con tranquilidad, pronto descubrió a los humanos. Los cientos de núcleos rojos en su cuerpo brillaron.
—¡No te quedes ahí sentado sin hacer nada, toma el mando, Sildras! —y con el grito de Sayed, los monstruos claramente comenzaron a correr hacia los humanos.
Aus: Cecilia y Zion son tan molestos en este capítulo, y ahora se viene la matanza ;-;

RAW HUNTER: ROBIN
TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: SAAM
REVISIÓN: NONA