Capítulo 65
El bosque de Solias era la frontera que encerraba el Reino. La gente siempre imaginaba si habría algo más allá del bosque que rodeaba todos los límites del Reino, y en las antiguas historias transmitidas junto con los mitos fundacionales, se describían un mar infinito y montañas de diversas formas.
Aus: sasageyo sasageyoo.
Nona: jajajaja.
Sin embargo, todos en el Reino de Solias solo podían vislumbrar débilmente ese límite más allá de edificios muy altos, y aunque usaban la palabra “mar”, ninguno lo había visto realmente. Solo lo imaginaban como un lago infinito lleno de agua.
La curiosidad creció como maleza, convirtiéndose pronto en una sed que anhelaba el exterior. Por eso, en cada generación, siempre hubo un Rey que intentó destruir el bosque.
Pero chocaban constantemente con los Titer, quienes arriesgaban sus vidas, y que ahora hubieran acordado eliminar el bosque con el consentimiento de todos los Titer era algo inusual. El número de Títer en ese momento era históricamente el más bajo, por lo que si alguien perdía la vida, habría una escasez absoluta de mano de obra para detener a Niera.
Cuanto más lo pensaba, más sospechosas le parecían a Sayed las circunstancias que habían provocado que en su vida pasada se volviera loco. Al principio, cuando regresó de la muerte, solo pensó en su propia culpa, pero cuando supo la verdad sobre su madre y pensó en las visiones que él y Cecilia tuvieron del futuro, las cosas se volvieron más complicadas.
Los Titer habían perdido el control muchas veces a lo largo de la historia, pero el Reino siempre había sobrevivido. Que Solias, con esa historia, hubiera perecido en ausencia de Sayed, le hacía pensar que había algo relacionado con él.
«Por supuesto, también existe la posibilidad que la destrucción del reino que Cecilia y yo vimos fuera solo una ilusión…»
Quizás debido a sus pensamientos complicados, la expresión de Sayed se volvió más fría de lo habitual. Podía sentir cómo los caballeros que lo custodiaban lo observaban con cautela.
Actualmente, Sayed formaba parte del séquito del Príncipe Heredero que se dirigía al Sur, y a su alrededor había una escolta formada por caballeros de la Armadura de la Luna Azul, los caballeros del Príncipe Heredero. Detrás del grupo, que incluía la guardia personal del Marqués de Saklani, estaba Lessas, acompañado por los caballeros que le fueron asignados y el resto de los Títer.
Se decidió que el primer bosque para la erradicación perteneciera al territorio de Sildras. El bosque del Sur, conocido como “Pesadilla del Medio Día”, era el más pequeño en tamaño y por lo tanto un objetivo más realista. En realidad, el Rey había preferido dirigirse al Norte, pero Lessas intervino en el proceso.
{—Padre, ¿no sería mejor asegurar primero la seguridad del sur, cerca de la capital? Es el más pequeño, y terminar la primera erradicación antes de que comience el invierno en el Norte también ayudaría a levantar la moral de los caballeros.
—Trabajar en eliminar primero el bosque del Norte, donde se encuentra la mayor amenaza del reino sería la mejor manera, padre.}
Aster y Lessas discutieron acaloradamente en ese proceso.
Normalmente, el Rey habría apoyado a Aster sin dudarlo, pero esta vez se inclinó por las palabras de Lessas y, tras una larga deliberación, eligió el Sur como objetivo. Luego, hizo un comentario que puso a todos en alerta.
{—El príncipe que demuestre el mayor mérito recibirá el título correspondiente.}
Eso también implicaba que Lessas podía convertirse en el Príncipe Heredero. El trono de Solías solía recaer en el más capaz, por lo que esto no supuso una gran desviación de la tradición. Sin embargo, no tenía precedentes que un sucesor cambiara tan tarde.
La reunión terminó en caos después de que el grupo partidario de Aster, incluído el Marqués de Saklani, protestara. Sayed tuvo que quedarse con ellos porque el temperamento de Aster estaba muy herido, aunque no le molestó demasiado, ya que era la primera vez en mucho tiempo que veía un espectáculo tan entretenido.
—Ed, ¿alguna vez le has mostrado a Cecilia los hermosos paisajes del sur? —Aster, que iba adelante junto a Cecilia, hizo la pregunta de la nada. Sayed, que lo vigilaba desde atrás para evitar que se acercara demasiado a Cecilia, respondió con reticencia, consciente de su entorno.
—No.
Las tierras del Sur eran un lugar al que los Titer del Norte no habían pisado desde tiempos remotos. Atados al Norte por los largos inviernos de seis meses, nunca habían tenido motivo para viajar con tranquilidad hasta el extremo opuesto del Reino.
—Entonces, cómo nos tomará dos días más llegar al territorio de Sildras, creo que lo mejor sería descansar hoy en la villa de mi madre en Tarkan. Como pronto anochecerá, cambiaremos de rumbo hacia allí. Hay un lago muy hermoso. Me gustaría enseñártelo, Cecilia. Pareces estar demasiado nerviosa por la batalla, así que descansa un poco.
Cecilia, que estaba nerviosa ante la idea de enfrentarse a Niera, mostró una expresión de alivio ante las palabras del Príncipe Heredero.
—Gracias por su consideración, Su Alteza.
—Con tu hermano aquí, la erradicación del Sur no será peligrosa. —dicho esto, Aster guiñó un ojo a Sayed.
Cuando hizo ademán de tomar el hombro de Cecilia, el rostro de Sayed se ensombreció por un instante. Parecía disfrutar de la expresión abiertamente disgustada de Sayed, porque Aster murmuró con los labios:
—Si tanto te molesta, ocúpate tú.
Sayed avanzó sin decir una palabra. Le dio una excusa a Cecilia, quien miraba a Sayed con una mirada perpleja cuando de repente montó su caballo y se interpuso entre ellos.
—Debo guiar el camino. Quédate atrás.
—Pero desde aquí hasta Tarkan solo hay que seguir el camino recto… —Aster señaló deliberadamente sus palabras.
Afortunadamente, Cecilia, a pesar de su gratitud hacia Aster, se mostró incómoda con él y simplemente se retiró al medio de la procesión. Tan pronto como los dos se adelantaron, Aster se rió.
—Pareces estar celoso, no te preocupes. Mi Títer principal eres solo tú. —Era la primera vez que alguien lo acusaba de sentir celos, era una expresión desconocida para él. Conteniendo su irritación, Sayed lo miró fijamente.
Esos ojos azules, enfrentados a los suyos, eran tan hermosos y cálidos como siempre. Hubo un tiempo en que pensó que esos ojos eran los únicos que realmente veían a través de él.
Pero era un recuerdo fugaz. Incluso entonces, Aster le había considerado una herramienta. Esta actitud que estaba mostrando ahora era probablemente un capricho suyo, como un niño al que le habían quitado su juguete. Seguramente, la razón por la que no había ido a buscarlo cuando perdió el control fue la misma: deshacerse de un objeto roto.
—Parece que te he herido profundamente. —mientras Aster hablaba, extendió su mano hacia Sayed. Ajustando su paso y sus palabras con lentitud, Sayed tragó su incomodidad y se dejó tomar. Una mano cálida, de temperatura diferente a la de Lesas, agarró la muñeca de Sayed y la apretó.
Algo que antes no le importaba mucho, ahora le resultaba molesto. No recordaba que alguna vez se hubiera sentido tan irritado cuando Lessas lo hacía.
Ahora que lo pensaba, ¿no le había prometido a Lessas no ofrecer su muñeca a nadie más? Aquella extraña promesa entre él y Lessas estaba en su consciencia. Pero, al fin y al cabo, era solo una muñeca. No valía la pena alterar a Aster, ya de por sí malhumorado, y arriesgarse a que jugara alguna broma con Cecilia.
—Ahora que lo pienso, desde el invierno pasado, rara vez te he visto sonreír. No sé qué cambio repentino ha habido en ti… —Sayed se preguntó cómo reaccionaría Aster si descubriera las consecuencias de su purificación.
Había sido criado para ser Rey desde su nacimiento, y su poder era incuestionable. A menos que se viera forzado, tenía curiosidad por la expresión que pondría entonces, pero era difícil imaginarla.
Aún así, sería divertido. Sayed se consideró cruel por albergar tales pensamientos hacia alguien a quien había servido tanto tiempo. Pero, alimentado por la anticipación de ese momento, logró soportar la compañía de Aster.
Después de viajar durante aproximadamente otra hora, llegaron a un pequeño pueblo junto a un gran lago. El nombre del lugar, Tarkan, le resultaba familiar, como si lo hubiera escuchado recientemente, pero era difícil recordarlo de inmediato porque había llegado mucha información recientemente.
La gente del pueblo, que ya habían recibido noticias de que la Familia Real acudiría personalmente para la erradicación, los recibieron con entusiasmo. Fue allí cuando el grupo de Lessas se desvió del camino. Aster cambió el destino hacia la mansión, propiedad de la familia de la difunta Reina, mientras que el séquito de Lessas se dirigió a los alojamientos preparados por el pueblo.
Sayed siguió a Aster, mientras escuchaba a los caballeros reír ante el comentario de Aster sobre esa chusma mezclada con plebeyos.
El trayecto tomó más de lo esperado, y pronto cayó la noche. La mansión bien cuidada estaba ubicada justo al lado del lago y tenía una gran vista. Quizás como un intento de apaciguarlo, Aster permitió que Sayed pasara la hora de la cena con Cecilia. Después de un largo paseo, Sayed la envió primero y se quedó solo junto al lago.
Todo estaba en calma. Como los lugares a los que Sayed solía ir, eran lugares que los caballeros evitaban conscientemente, pudo tener tiempo para pensar sin ser molestado.
Como el festival de la fundación había terminado y era mediados de primavera, el clima estaba inusualmente cálido para los estándares de Sayed, así que decidió refrescarse sumergiéndose en el agua. El lago de Axid del Norte siempre estaba congelado, por lo que rara vez tenía la oportunidad de disfrutar de aguas tan templadas.
Vistiendo sólo ropa ligera para la próxima batalla, se despojó de sus prendas y pasó un largo rato en el lago. Siempre que no estaba peleando con Niera, pensaba en formas de proteger el territorio o seguir las órdenes de Aster, así que no había tenido un día tan tranquilo desde que era un niño.
Sayed miró el cielo nocturno e intentó imaginar una vida sin ser un Títer. No sirvió de nada. Desde el momento en que nació, fue alguien que tuvo que proteger a alguien, por lo que no podía imaginar un momento en el que no tuviera deberes.
En lugar de seguir divagando, volvió a reflexionar sobre dónde había escuchado el nombre Tarkan. Al salir del lago, caminó descalzo sobre la hierba hacia donde había dejado su ropa. Alguien le había dicho explícitamente el nombre de este lugar, y era…
—¿Archiduque?
Era Lessas.
Ah, sí. Lessas se lo había dicho.
{—Hubo un reporte de alguien que vio a Niera en pleno día en Tarkan. También ha habido desapariciones en el pueblo. Deberías investigarlo.}
Con esa claridad repentina, Sayed miró hacia la oscuridad. Para alguien tan habituado a la penumbra como él, no era difícil distinguir la figura que avanzaba lentamente hacia él. Lessas, que había estado caminando lentamente hacia el lago donde se reflejaba la luz de las estrellas, caminó hacia él vistiendo una capucha negra.
—¿Cómo supo dónde estaba?
No parecía haber preguntado a nadie, ya que claramente había venido en secreto. Pero, ¿cómo lo encontró? Lo mismo había pasado cuando lo descubrió oculto en las sombras la otra vez. Era desconcertante.
—Inspeccioné los alrededores sin llamar la atención. Y entonces vi al Archiduque.
Al llegar a un lugar con un poco más de luz, Lessas se detuvo en seco. Bajo la capucha, su rostro pálido quedó al descubierto, pero pareció olvidar que intentaba quitársela. Se quedó paralizado, mirando a Sayed.
Los ojos violeta de Lessas se abrieron de par en par, y al mismo tiempo sus mejillas se tornaron de un rojo brillante. Sus labios, que habían esbozado una sonrisa, se tensaron de golpe. Levantó las manos con torpeza y, con sus grandes palmas, se cubrió los ojos. Con una voz ahogada por el desconcierto, el príncipe logró balbucear:
—E-Ed… ahora mismo… no estás… vestido.
«Ah.»
Sayed miró su propio cuerpo con indiferencia. Acababa de salir del lago, así que, por supuesto, estaba completamente desnudo.
Aus: dichosos los ojos de Lessas ahhh.
Nona: Dios y yo que me lo estaba imaginando en calzoncillos o algo así…

RAW HUNTER: ROBIN
TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: SAAM
REVISIÓN: NONA