Capítulo 54
—No creo que sea algo que deba preocupar a Su Alteza.
Desde que mencionó que iría al festival, fue una excusa fabricada, por lo que Sayed evitó responder. Sin embargo, Lessas no retrocedió como Sayed esperaba. Con una expresión completamente seria, Lessas habló en voz baja.
—Si conociera el propósito del Archiduque, ¿no podría guiarte mejor al lugar correcto?
Hace un momento, parecía que se dirigía directamente hacia la salida, pero ahora estaba plantado como un árbol, mostrando una determinación de no moverse hasta obtener una respuesta.
Era un cambio tan repentino como una nube oscura que aparece de la nada en un cielo despejado. El estado de ánimo de las personas es similar a una especie de energía; aunque no se conoce la razón subyacente, el cambio en sí es fácil de notar. Claramente, algo en sus palabras había ofendido a Lessas.
Cuando era joven, no parecía que fuera difícil de manejar.
Sayed quedó desconcertado por el aspecto desconocido de Lessas. A medida que el niño se convirtió en un hombre joven, dejó ir todo aquello a lo que se había aferrado, pero cada vez que se encontraban, Lessas solo hacía cosas que para él eran difíciles de adivinar.
El incidente inesperado del día anterior era un ejemplo perfecto de ello. No quería llamarlo una confesión, ya que había sido una declaración hecha por un malentendido en su corazón.
—Ah…
Sayed frunció ligeramente el ceño y eligió sus palabras con cuidado. Había pasado una eternidad desde la última vez que preparó algo para regalar a alguien. No había tenido a nadie a quien darle algo así. Pero al pensarlo bien, recordó a Kurt, a quien le debía un favor. Aunque su relación con Desertus se basaba en beneficios mutuos, de cualquier manera, le debía algo a Kurt personalmente, así que pensó que sería mejor mostrar algo de gratitud, sin importar si al otro le gustaba o no.
—Es un regalo para una mujer.
Los labios de Lessas estaban fuertemente cerrados cuando escuchó la respuesta. El color de sus labios, que una vez fueron rosados, se había desvanecido, haciéndolo lucir aún más pálido.
Aus:
—… ¿No sería mejor buscar un tesoro para una mujer en el palacio?
Después de un largo rato salió una voz profundamente apagada. A medida que la conversación continuaba, la expresión de Lessas empeoró notablemente, por lo que Sayed no pudo responderle por un momento. Era difícil comprender qué era lo que sacudía tanto a Lessas.
—Eso me parece demasiado pretencioso, así que prefiero buscar algo más sencillo.
Regalar un tesoro a Kurt le parecía excesivamente personal. Preferiría recompensarla con monedas de oro, pero no más que eso.
Definitivamente, era mejor eso que dar algo innecesario.
Sayed decidió retractarse de sus propias palabras. Desde el principio, se dio cuenta de que habría sido más fácil mencionar a Jasper y salir, en lugar de inventar excusas para llevar a Lessas fuera del palacio.
—Está bien si voy al festival solo, no necesita preocuparse por lo que acaba de pasar…
—No, iré contigo. Creo que quieres irte ahora, así que me prepararé.
Estaba a punto de decir que podía olvidar lo del regalo, pero Lessas le interrumpió. Con el rostro pálido, Lessas lo miró con una expresión que parecía entre dolorosa y angustiada, antes de bajar sus largas pestañas. El príncipe, que había dejado escapar un leve suspiro, giró su cuerpo.
—Espere un momento, por favor. Me pondré un atuendo adecuado para salir del palacio.
—De acuerdo…
Aunque actuó como si fuera a negarse, Lessas actuó obedientemente como si nada hubiera pasado. La espalda de Lessas, girando hacia el palacio, parecía más grande y fuerte de lo que recordaba, pero al mismo tiempo más solitaria de lo que era en sus recuerdos. A pesar de que ahora tenía a muchas personas a su lado.
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Parecía que el clima seguía los caprichos de Lessas, el cielo soleado de la mañana se volvió nublado cuando salieron al mediodía para almorzar. Y a pesar del cielo gris, el centro de la capital, que se extendía a lo largo de la plaza del festival, estaba abarrotada de gente.
Las calles del centro de la capital se llenaron de un festival callejero, con puestos instalados a lo largo de las calles bordeadas de residencias nobles y tiendas diversas. Desde carne de animales salvajes a la parrilla, como el alce, hasta todo tipo de productos que habían salido para celebrar la ocasión. Vendedores de flores, sombreros, capas y hasta aquellos que ofrecían sus mejores platos llenaban las calles.
Sayed y Lessas se mezclaron entre la multitud que observaba a los payasos actuando en medio de la calle. Aunque debían alejarse un poco del centro de la ciudad para llegar a la mansión Prosius, tenía que al menos fingir que estaba disfrutando del festival, ya que esa era la excusa que había dado.
Lessas no había dicho ni una sola palabra desde que salieron del palacio. En contraste con el bullicioso ambiente del mercado, un silencio pesado se había instalado entre ellos. Lessas había cubierto su rostro con una capa discreta para ocultar su identidad así que era difícil saber qué expresión tenía.
Estaba claro que su estado de ánimo había estado bajo todo el tiempo. Y en ese estado, ni siquiera escucharía una petición.
Sayed miró a su alrededor para encontrar una manera de hacer que Lessas se sintiera un poco mejor. Y sin saber exactamente qué lo estaba molestando, la solución no estaba clara.
Remontándose a sus recuerdos, Sayed trató de recordar qué cosas le gustaban a Lessas. Pronto se dio cuenta de que sus recuerdos se detenían en una época demasiado temprana. El niño que solía reír a carcajadas mientras trepaba árboles o jugaba al escondite ahora era un joven adulto, y Sayed sabía que, aunque no conocía bien al Lessas maduro, era poco probable que disfrutara de los juegos infantiles.
—¿Hay algo que Su Alteza desee hacer?
Aus: comerte a besos pero no estás listo para esa conversación.
Al final, Sayed optó por un pequeño compromiso. Mientras observaba distraídamente a la gente que reía y parecía disfrutar algo, Lessas finalmente le miró. Sayed se sorprendió un poco al encontrarse cara a cara con un rostro que no le había mirado directamente durante todo ese tiempo. Sus ojos violetas parecían excesivamente tristes.
—Estoy aquí para encontrar el regalo del Archiduque, así que no tienes que preocuparte por mí.
A diferencia de sus ojos de aspecto amargo, la voz de Lessas era tranquila. Pero más bien, la apariencia excesivamente tranquila irritó a Sayed.
—Parece que este lugar le resulta desagradable.
Entonces, en contraste con sus ojos melancólicos, las comisuras de sus labios rosados se elevaron ligeramente. Era una sonrisa extraña.
—¿En serio?
—Sí.
—Lo siento. No era mi intención hacer que el Archiduque se preocupara… —Lessas desvió la mirada. Miró hacia adelante, detuvo su vista en un puesto al final del callejón y murmuró en voz baja: —No es muy agradable ver a la persona que me robó el corazón comprando regalos para una mujer.
Sayed se quedó sin palabras por un momento. La confesión del día anterior que le había tomado por sorpresa, se superpuso. Cuando se encontraron por la mañana sin decir nada al respecto, pensó que simplemente pasarían de largo, pero estaba equivocado.
—Pero la felicidad del Archiduque es más importante para mí, así que si incluso mi humilde consejo puede ser de alguna ayuda, me hará feliz.
Habiendo dejado a Sayed completamente desconcertado, Lessas continuó hablando con calma:
—Allí hay un lugar donde venden artesanías. —Después de decir eso, Lessas se dirigió hacia el puesto.
A pesar de haber dejado claras sus emociones, ahora actuaba como si nada hubiera pasado, y Sayed, deliberadamente, optó por no decir nada y lo siguió.
Nona: Este bruto merece un cocazo…
Estaba bien no ocuparse de ello. Responder y reaccionar a cada una de las emociones que claramente eran debido a un malentendido, solo confundiría más a Lessas. Si simplemente lo ignoraba y dejaba que las cosas siguieran su curso, eventualmente Lessas entendería la verdad.
Ignorando la atmósfera incómoda, Sayed llegó junto al puesto con Lessas. Sobre la mesa de madera había cajas de joyas talladas con delicadeza, adornos para el cabello, collares y broches. Aunque no estaban hechos con joyas costosas, la habilidad del tallado era excepcional y se utilizaron materiales de buena calidad. Como era un festival en la capital, todo lo que se vendía allí era más bonito que en el festival del Norte.
—No sé mucho sobre mujeres, pero cualquiera estaría feliz si recibiera algo hermoso. En realidad, como es el Archiduque quien lo da, estoy seguro de que estará contenta con cualquier cosa. —Lessas susurró suavemente después de observar los artículos.
Cada una de sus palabras hacía que el corazón de Sayed doliera incómodamente, así que sin mirar a Lessas, respondió con un cortés agradecimiento:
—Gracias por el consejo.
Fingió deliberadamente estar eligiendo un regalo, manteniendo la mirada fija en el puesto. Como Lessas había dicho, las artesanías que vendía el comerciante eran ciertamente hermosas. Aunque no había nada que le llamara especialmente la atención, algunos accesorios simples parecían adecuados.
Sayed, que estaba recordando vagamente la imagen de Kurt con cabello negro, de repente encontró algo que llamó su atención. Era un broche de cuero teñido de un suave color púrpura.
El broche, que se volvía más oscuro hacia el centro donde las hojas se enrollaban, parecía una flor real a primera vista. Su forma se asemejaba a una Flor de Hielo, y en el centro, donde estarían los estambres, estaba tallado un profundo amatista. Parecía bastante costoso, pero era hermoso.
Aus: todos sabemos en quién pensó inconscientemente menos él. La Flor de Hielo ya se las había puesto, es la que aparece en la portada.
—¿Cuánto cuesta este?
Ante la breve pregunta de Sayed, el comerciante, que los había estado observando todo el tiempo, respondió con una sonrisa
—Una moneda de oro.
Una moneda de oro era suficiente para que un plebeyo del Norte viviera durante varios meses. Aunque era caro, para Títer no era algo significativo. Sayed estaba lejos de ser extravagante y solo usaba el presupuesto que se le asignaba para organizar tropas y asuntos de su territorio con el fin de detener a Niera. El dinero sobraba.
—Lo llevaré.
Cuando sacó la moneda de oro de su bolsillo, el comerciante la tomó con un paño de tela plateada teñida con delicadeza. Parecía estar contento de que la transacción se hubiera realizado sin necesidad de regatear, y no dejaba de agradecer. Lessas permaneció en silencio mientras Sayed elegía el objeto, pero una vez que la transacción terminó, habló.
—Has elegido un regalo hermoso muy propio de ti. ¿Hay algo más en lo que pueda ayudarte, Archiduque?
Evitando la mirada que caía sobre el dorso de su mano que sostenía el broche, Sayed lo guardó deliberadamente en su bolsillo. Aunque había terminado haciendo lo que originalmente era solo una excusa, era hora de regresar a la mansión. Siguiéndolo en silencio, Lessas caminó detrás de él mientras salían del puesto. Solo tenía que sacar el tema ahora, pero la excesiva calma de Lessas lo inquietaba.
Aunque en otros momentos se sentía como si Lessas hubiera perdido por completo su apariencia infantil, como una mariposa completamente desarrollada, en momentos como este era exactamente como en sus recuerdos. Aunque tenía una expresión triste y sombría, simplemente se lo tragó y dijo que estaba bien, lo que le recordaba al niño que solía parecer tan desdichado.
No es que sienta pena por Lessas o que quiera corresponder sus sentimientos. Simplemente decidió que era necesario mantener una relación más o menos decente con él, así que era necesario pagar el precio.
—No tengo a nadie en particular a quien darle el regalo. —Sayed se detuvo y dió la vuelta. Lessas que lo había estado siguiendo en silencio, se detuvo de repente.
Una expresión de duda apareció en su rostro pálido, que hasta entonces no mostraba emoción alguna. Observando cómo sus largas pestañas se curvaban ligeramente, como si estuviera sorprendido, Sayed explicó su lamentable plan.
—He invitado a Su Alteza a salir porque tengo algo que discutir sobre Jasper. Si realmente lamenta lo sucedido con mi madre y desea ayudarme, por favor me gustaría que me siguiera de ahora en adelante.
Decir esas palabras era extremadamente incómodo para Sayed. Se sentía cómodo moviéndose solo y nunca quiso depender de alguien. Además, esa persona era Lessas. Involucrar a alguien que había sido un aliado de la familia de Zion durante mucho tiempo, en una situación en la que tenía vínculos con la Casa Sildras, significaba que esa información podría filtrarse de alguna manera.
Para Sayed, la confianza era la cosa más incierta del mundo. De hecho, dudaba que algo así existiera realmente.
Sin embargo, la razón por la que hizo tal intento fue por la actitud de Lessas, quien a pesar de saber lo de Jasper, permaneció en silencio. Decidió confiar en Lessas solo esta vez. Tal vez, durante el tiempo en el que esté confundido con un sentimiento de deseo, o quizás solo por un momento, podría convertirse en un aliado confiable.
—… ¿Entonces el regalo no tenía dueño? —mientras Sayed intentaba mantener la boca cerrada y recomponerse en un intento incómodo, Lessas preguntó.
Era desconcertante que no preguntara por Jasper cuando lo mencionó, y en su lugar insistiera en el tema del regalo.
—¿Estás preguntando por un regalo en esta situación?
—Había planeado dejar el asunto de Jasper en tus manos. Aunque es mi leal caballero, no es más importante que el Archiduque. Ya te lo dije. Puedes hacer conmigo lo que quieras. Mis caballeros también son míos, así que si el Archiduque lo desea, entregaré cualquier cosa.
La voz tranquila y grave de Lessas explicaba una devoción inquietante. Sayed, por un momento, se quedó sin palabras y parpadeó.
—Mi Títer, solo tienes que decirme lo que deseas.
saam: ahhhhhh! me ganó, me ganó… Lessas se ganó mi corazón. 😭❤️🩹 (aunque ya lo tenía hahaha, mi bebé no decepciona).
Mientras hablaba, sus curvados ojos violeta apuñalaron su corazón como una aguja afilada. Aunque consideró que el peso de esas palabras vacías no era más que una historia inventada, no pudo evitar reír en voz alta.
No hay favores sin un precio. Así como Aster lo había usado, Lessas también debía querer algo a cambio.
Se sintió mucho mejor cuando intentó organizar las palabras confusas a su manera. Pero el sentimiento de deuda era inevitable. Porque ahora estaba en deuda con Lessas otra vez.
Para aliviar el peso incómodo que oprimía su corazón, sacó el broche que acababa de guardar en su bolsillo. Luego, con un gesto que no llevaba ningún significado especial, lo extendió hacia Lessas.
Aus: Todos sabíamos que era para él menos Sayed 🙊.
—Parecía que a Su Alteza le gustaba, así que puede tomarlo. Por supuesto, no pretendo que esto sustituya el precio de nuestro trato. Después de que terminemos nuestro negocio hoy, le pagaré el precio razonable que desee.
Sus ojos suavemente curvados se abrieron de par en par por un momento, luego fijó su mirada en la mano de Sayed como si estuviera avergonzado. Sayed añadió, mirando el broche sin decir nada:
—Si no lo quiere, puede dárselo a otra persona o tirarlo.
Lo había ofrecido porque Lessas seguía mirándolo y diciendo que era hermoso, pero pensó que era algo más adecuado para una mujer. Entonces Lessas extendió su mano con urgencia. En ese momento, los dedos de Lessas tocaron el dorso de la mano de Sayed y sostuvo su mano con gran cuidado y delicadeza, como si estuviera recibiendo una flor real.
—No, por favor, dámelo. —Lessas suplicó con un tono calmado pero lleno de anhelo. Su otra mano también se extendió, envolviendo la mano de Sayed. Sus miradas se encontraron de nuevo, y en los ojos de Lessas se podía ver una sed intensa. —Por favor, dame la oportunidad de conservar un pedazo de ti.
¿Qué importancia tenía esto? El príncipe suplicaba a su vasallo. Sayed frunció el ceño y retiró su mano de Lessas con un movimiento brusco. Le entregó el broche y se apartó de Lessas con un gesto frío.
—Haga lo que desee con el…
Lessas, que había aceptado el regalo sin ningún motivo en particular, lo tomó con cuidado con ambas manos y se quedó mirando fijamente el broche durante unos segundos.
Luego, levantó lentamente la cabeza y una sonrisa blanca como la nieve apareció en su rostro. Los labios que habían estado pálidos y tensos se relajaron, y sus ojos violetas brillaron intensamente. Un rubor rosado iluminó sus mejillas pálidas. Al mismo tiempo, las nubes grises que habían ensombrecido su hermoso rostro se disiparon, y la luz del sol brilló sobre él con un resplandor deslumbrante.
—Estoy feliz, Ed.
Como si fuera una mentira, la luz del sol se derramó desde el cielo despejado, rompiéndose en destellos cegadores. La luz amarilla que caía sobre ellos era demasiado brillante para Sayed, quien entrecerró los ojos.
Aus: por algo es el pequeño Sol de Solias 😎.
saam: ¿eso es parte de sus poderes de purificación?
Nona: Una persona de fondo exclama: ¡¿Y esta rosa?!… Mientras un viento ligero hace revolotear las capas de los transeúntes.

RAW HUNTER: ROBIN
TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: SAAM
REVISIÓN: NONA