Capítulo 103
***
«……?»
Nathaniel levantó la cabeza de repente y miró fijamente hacia un lado. Le había parecido oír algo. Frunciendo el ceño, aguzó el oído, pero a su alrededor solo reinaba el silencio. Tras confirmar una vez más el silencio de la profunda noche, se quedó sentado en la cama sin moverse por un momento.
—Haa…
A pesar de que seguía sin oírse ningún sonido, Nathaniel soltó un breve suspiro, dejó los documentos que estaba leyendo en la mesita de noche y se levantó. Su destino, mientras comenzaba a caminar apoyándose en el bastón que había dejado junto a la cama, estaba decidido. Con solo comprobar que Chrissy dormía bien sería suficiente. Aunque sabía que era un acto sin sentido, salió de la habitación y se dirigió al dormitorio donde estaba Chrissy.
La casa estaba terriblemente silenciosa. En medio de aquella sensación de quietud, solo resonaba rítmicamente el monótono golpeteo del bastón contra el suelo. Tras caminar solo unos pasos, llegó a su destino y, por costumbre, iba a llamar a la puerta, pero se detuvo. De todas formas, como estaría dormido, era algo completamente inútil. Nathaniel bajó la mano que había levantado y, en su lugar, agarró el picaporte y lo giró. En el silencio, el sonido de la puerta al abrirse resonó lúgubremente. Nathaniel detuvo su movimiento por un instante antes de entrar en la habitación. Mientras se dirigía de nuevo a la cama apoyado en su bastón, seguía pensando que estaba haciendo algo inútil. En este lugar con una seguridad tan sólida era imposible que hubiera un intruso, qué cosa tan patética estaba haciendo.
Fue justo cuando pensaba eso y esbozaba una sonrisa amarga.
«…¿Qué es esto?»
Ante la inesperada situación, Nathaniel no pudo evitar fruncir el ceño. En el momento en que vio la cama vacía, negó la realidad por un instante. Cerró los ojos y volvió a abrirlos, pero nada cambió. Aceptando, un momento después, que no estaba soñando, Nathaniel confirmó una vez más que no había nadie en la cama y luego giró la cabeza. En la oscuridad, no se percibía ni un solo rastro de presencia en ninguna parte. Mientras paseaba lentamente la mirada por la habitación, objetos sin importancia se reflejaban en sus ojos uno a uno: la mesita de té, la silla, el sofá, la vitrina, el tocador, y…
El armario empotrado.
Nathaniel observó fijamente aquella puerta firmemente cerrada. Seguía sin oírse ningún sonido. Como si la única persona en este espacio fuera él mismo, un único individuo.
Pero podía estar seguro. Ahí estaba. El lugar donde se escondería una presa aterrorizada.
Nathaniel dio un paso. Con cada paso que daba, el bastón resonaba con un seco golpe contra el suelo. Rompía el silencio con una precisión exacta, como el movimiento del segundero de un reloj. Un paso, otro paso más.
Finalmente, frente al armario empotrado, Nathaniel extendió la mano. Sus dedos agarraron suavemente el picaporte y, un instante después, aplicaron fuerza. Y entonces, sin dudarlo, abrió la puerta de par en par.
—¡Hiiik…!
Se oyó un sonido como de tragar aire, casi un grito ahogado. Como esperaba, Chrissy estaba allí. Con el rostro pálido como la cera, todo su cuerpo temblaba violentamente mientras se pegaba lo más posible al interior del armario empotrado.
—Chrissy.
De los labios de Nathaniel brotó su nombre, como un lamento. Su cabeza se volvió un torbellino de confusiones: el hecho de haber encontrado a Chrissy, la duda de por qué estaba en un lugar así y la incomprensible realidad de qué demonios significaba esta situación.
«…Haa».
Tras soltar un breve suspiro, fijó de nuevo la mirada en Chrissy. Ya era pasada la medianoche. Era demasiado tarde para jugar al escondite, y tampoco tenía edad para eso.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí? Sal ahora mismo.
Diciendo eso, Nathaniel se inclinó. Le tendió la mano a Chrissy como indicándole que la agarrara y saliera, pero, inesperadamente, este no se movió en absoluto. Nathaniel frunció el ceño sin pensar. Su expresión, reflejada en la oscuridad, parecía de algún modo extraña.
—Chrissy.
Iba a apremiarle de nuevo, preguntándole por qué no salía. Fue entonces. Chrissy, temblando visiblemente por todo el cuerpo, se arrastró hacia el interior del armario. No tenía adónde más ir, así que, para ser precisos, sería más correcto decir que restregó su cuerpo contra la pared. Con los ojos muy abiertos, negó con la cabeza desesperadamente.
—¡T-te… tengo miedo!
Su tono era como el de un niño pequeño. Nathaniel frunció el ceño sin querer, pero Chrissy, sin importarle, continuó gritando repetidamente como si tuviera un ataque.
—¡Tengo miedo, no lo hagas! Papá, ¡tengo miedo…!
—Chrissy, reacciona. Primero, sal de ahí, te digo.
Nathaniel intentó calmarlo, pero fue contraproducente. Como si ni siquiera le oyera, solo jadeaba con respiración agitada repitiendo las mismas palabras. Al verlo así, Nathaniel cambió de método. Intentó sacarlo a la fuerza agarrándolo del brazo, pero ese fue un gran error.
—¡T-ten… go miedo! ¡No lo hagas…!
Un chillido agudo estalló. Ante la violenta resistencia, Nathaniel se quedó paralizado por un momento. Se dio cuenta de que, al contrario, lo había estimulado y soltó la mano, pero ya era tarde. Chrissy, como si hubiera caído en un pánico total, comenzó a gritar.
—¡No, no! ¡No me toques! ¡Que no lo hagas! ¡Mamá, mamá…! ¡Lo siento, lo siento! ¡No hagas esto! ¡Miedo, tengo miedo…!
Nathaniel se sintió desconcertado por primera vez en su vida. No solo era la primera vez que se encontraba en una situación así, sino también la primera vez que no podía decidir cómo actuar.
—Chrissy.
Volvió a llamar su nombre, pero hasta ahí llegó su capacidad. Con la mano levantada a medias, sin poder hacer nada, Nathaniel vio ante sus ojos cómo Chrissy ahora se retorcía y gritaba como si tuviera convulsiones.
—¡¡Aaaahhh!! ¡Aléjate, no! ¡No me toques! ¡Que no te oigo! ¡Mamá, mamááá!
—Chrissy.
—¡No…! ¡Socorro…! Mamá…
Finalmente, Chrissy acabó rompiendo a llorar.
***
Alrededor todo estaba en silencio. Parecía que la paz había regresado, pero no era cierto. Nathaniel sintió un cansancio extremo, algo poco habitual en él. Ni siquiera cuando preparaba un juicio pasándose varias noches sin dormir se había sentido tan agotado como ahora.
«Fuu».
Suspiró y miró hacia abajo. Sobre la cama, Chrissy estaba dormido. Las marcas de lágrimas secas en sus mejillas le atraían la mirada una y otra vez. Nathaniel, con gesto cansado, se pasó una mano por el cabello. De repente, pensó en un whisky, pero para eso tendría que levantarse. No le apetecía nada dejar a Chrissy solo. Tras dudar un momento de pie allí, finalmente se rindió y se dejó caer pesadamente en el borde de la cama.
Chrissy seguía dormido. O quizás había perdido el conocimiento. Nathaniel lo miró fijamente con una expresión seria.
«Esto es mejor que tener un ataque como el de antes».
Era un juicio extremadamente racional, pero por alguna razón no le convencía. Algo faltaba. ¿Por qué sería?
Mientras lo observaba con el ceño fruncido, otro pensamiento cruzó su mente.
«Como era de esperar, ¿será por aquello?».
Recordando la situación en la que rescató a Chrissy, era evidente que debió sufrir un shock enorme. Después de algo así, era normal que tuviera un trauma. Durante el día no lo había notado, pero al llegar la noche y quedarse solo, la herida habría levantado cabeza tardíamente. Hasta aquí, todo era un resultado demasiado obvio. Sin embargo, lo que le preocupaba era…
«Aquello de antes, ¿es realmente un recuerdo de ese día?».
No podía pensar otra cosa sino que, debido al shock, había revivido el recuerdo de su época más vulnerable. Si era así, sería, por supuesto, el momento en que su padre disparó a su madre. Ya había tenido un ataque una vez antes y…
Era una historia que encajaba demasiado perfectamente de principio a fin. ¿Qué más podía haber? Sí, así es. Tiene que ser así. Seguramente será así.
Pero, ¿por qué?
Nathaniel miró a Chrissy con una expresión de insatisfacción.
«¿Por qué tengo la sensación de que queda algo más?»
—…Ugh.
De repente, sintió un escozor en una mejilla. Chrissy, forcejeando, le había arañado la mejilla. Nathaniel pensó en el botiquín del baño, pero enseguida desechó la idea. A pesar de que era solo un momento, un tiempo que no le llevaría ni cinco minutos, eligió quedarse allí junto a Chrissy, abandonando la idea de tratar su herida y permanecer a su lado.
«…¿Pero qué es esto?».
Sin poder entenderse a sí mismo, continuaba sentado en ese lugar. Observando el rostro de Chrissy, que seguía dormido, permaneció así, sin moverse en absoluto, hasta que llegó el alba.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA