Capítulo 115
En el instante en que Millen revisó los libros de contabilidad, colocados sobre el escritorio como si alguien quisiera que los viera, lo comprendió todo.
«Su Alteza Kaiden… me los mostró a propósito.»
La razón por la que Millen se había ausentado cuando Adeline llegó a la villa también tenía que ver con eso.
Según las palabras de Kaiden, aquella villa no era más que una de sus residencias, y el alojamiento donde Huberg vivía debía estar cerca.
Pero la villa de Kaiden estaba tan aislada que, sin carruaje, visitar otra propiedad cercana era casi imposible.
El paradero de Huberg seguía siendo desconocido, incluso después de la llegada de Millen a Pares. Y, en la villa que Kaiden le había cedido, lo que encontró fue un registro que detallaba la caída del Ducado Zeller, y cómo Kaiden mismo tenía en sus manos el poder sobre su destino.
Circunstancias sospechosas y unas pocas palabras de Kaiden que ahora resonaban en su mente:
{—Millenberg, ¿acaso no te gustaría encargarte de Russko?}
Después de todo, incluso sin Millen, Huberg pronto sería apartado de Russko. Kaiden le había ofrecido ese puesto vacío si así lo deseaba.
Al recordarlo una y otra vez, Millen comprendió al fin la verdadera intención detrás de esa propuesta.
—En poco tiempo, Huberg quedará fuera de juego, y el Ducado Zeller será pulverizado. Ya lo sabes, tú también viste los registros.
El libro de cuentas describía con todo detalle cómo funcionaban las empresas del Ducado.
No era solo un registro de su ruina. Era una recopilación de las irregularidades cometidas por el Ducado Zeller, empujado por las deudas.
[Kaiden no entregó los fondos prometidos, por lo que el Ducado Zeller no pudo pagar a sus subcontratistas.]
Si se eliminaba esa primera parte, el Ducado Zeller parecía simplemente una familia que había roto contratos y robado a otros. Con las menciones sobre la coacción o las deudas borradas hábilmente, lo que quedaba era la imagen de un linaje corrupto cegado por la avaricia.
—No creo que el libro que vi fuera el original. Estoy seguro. Su Alteza Kaiden, Kaiden Crawford, me mostró ese registro con toda intención.
El Ducado Zeller era un barco que se hundía. Incluso sin las deudas, perdería su honor y caería sin remedio. Era un aviso disfrazado de cortesía: lo mejor era apartarse antes de ser arrastrado.
Al comprenderlo, un único pensamiento se instaló en su mente.
«Cuando el Ducado Zeller caiga…»
Entonces ¿qué será de Adeline?
Ella también perdería todo lo que consideraba valioso y quedaría expuesta al escarnio público, sin protección alguna. No sabía hasta dónde llegaban los planes de Kaiden, pero si Adeline heredaba el título del Ducado, podría ser juzgada, condenada o incluso ejecutada.
En ese caso… quizás…
—Tal vez sea mejor que yo cargue con todo.
Recordó la última propuesta de Kaiden.
{—Si hay alguien con quien deseas casarte, también puedo ayudarte con eso.}
Había pensado que solo se trataba de una frase para persuadirlo, pero ahora entendía que ese era el verdadero punto clave.
Si Millen ocupaba el lugar de Huberg, si aceptaba volverse un instrumento de Kaiden y mirar hacia otro lado ante la caída del Ducado Zeller…
Entonces Kaiden le estaba ofreciendo algo a cambio. Le prometía que, si quería, podría rescatar a Adeline de entre los escombros y tenerla como un trofeo.
—Si hablo un poco más con Kaiden Crawford, quizá pueda obtener un mejor resultado.
Aunque la ruina del Ducado sea inevitable, podría al menos impedir que los crímenes salieran a la luz.
Podría negociar para que Adeline, incluso sin el Ducado, conservara su posición y su dignidad en la alta sociedad.
A cambio, Millen tendría que cargar con las cadenas de ser un subordinado de Kaiden…
Al final de sus pensamientos, Millen sonrió con amargura.
—Renée, mientras te tenga a ti, no necesito nada más.
Siempre había sido así. No tenía grandes ambiciones ni aspiraciones grandiosas. La frase que pronunció aquella noche en que mi vergüenza quedó completamente al descubierto fue sincera. Adeline elegir no hacerlo no le provocaría en mí disgusto ni ganas de vengarme.
Pero por Adeline, si existiera cualquier manera de salvarla…
—Aunque me odies, creo que es correcto salvarte.
El puño de Adeline sobre la barandilla se cerró con fuerza. Sus manos, que hasta hacía un momento temblaban de ira, se enfriaron ahora con una clara lucidez que aplacó su razón.
«Ahora lo entiendo.»
Era Millen. El cómplice inicial.
El autor intelectual del plan para arruinar a la casa Zeller era, tal como él lo había confesado, Millen. Las palabras que había oído justo antes de caer por las escaleras volvieron a su mente.
{—Fueron todos imprudentes. Si fui yo quien tramó este plan, entonces debo ser yo quien lo explique.}
{—Señorita, puedo explicarlo todo. Yo solo… lo hice por usted—}
Qué lección tan clara. Nadie de los presentes había mentido. La forma en que habían sobornado al tan leal Carlyle resultó ser todo aquello: lo hicieron por Adeline.
«Kaiden seguramente también me habría usado como carta descartable en el pasado.»
Ahora entendía por qué le entregaron el negocio de bebidas alcohólicas sin contarle nada acerca del contrabando. Kaiden quería que abrazara hasta lo que Huberg había hecho y que su caída fuera gloriosa.
Desde la perspectiva de Kaiden, era doble beneficio: purgar las corruptelas y, de paso, realzar su propia autoridad.
«Y Millen se metió en medio.»
La casa Zeller cambió la narrativa de la corrupción por la de una simple bancarrota debida a las deudas; para evitar que el ducado se desintegrara del todo, involucraron a Carlyle y a Jack y repartieron los trofeos convenientes.
Y cuando Adeline se ausentó temporalmente por el trámite del divorcio, aprovecharon para rematar a la casa Zeller.
Al conocer la verdad, le resultó casi risible lo meticuloso del plan: cuánto habían trabajado todos para rescatar a Adeline lo más intacta posible del barco que se hundía. Qué asco le producía esa gran salvación.
«Me salvaron arrojándome al abismo.»
Preferiría que hubiera existido una gran ambición, un motivo grandioso; al menos entonces lo habría entendido mejor.
Al final, todo volvía a recaer en Adeline.
Para salvarla. Porque no querían perderla. Porque querían conservar, por encima de todo, a Adeline…
«Entonces, Millen tomará la misma decisión.»
A fin de cuentas, aquella conversación parecía orientada a ganarse la menor parte posible del rencor de él; por las palabras de Millen, daba la impresión de que ya había tomado su resolución.
Eso también significaba que había llegado el momento en que Adeline debía decidir.
TIC TAC. El corazón de Adeline latía con un ritmo lento y firme.
Y encima de todo eso, lo que llevaba en el bolsillo se sentía más pesado que de costumbre.
El objeto que Nadia le había sacado y casi impuesto a Adeline nada más llegar a Pares.
{—Señorita, esto es un artefacto de defensa que Carlyle le preparó. Si ocurre algo, solo tiene que rociarlo.}
{—¿No es demasiado peligroso? Si algo sale mal…}
{—Es más aterrador para Carlyle y para mí que usted sufra algún daño.}
Era un pequeño frasco de vidrio que contenía un veneno paralizante de efecto instantáneo.

TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK