Capítulo 109
Al pensarlo bien, Adeline notó que entre Jeremiah, el esposo de Sincere, y Millen había cierta semejanza en su aire.
Eran hombres de carácter gentil y naturaleza apacible.
Ahora Adeline comprendía que el sentimiento que había tenido hacia Millen no era amor, sino algo más cercano a la admiración; aun así, no podía evitar que sus preferencias siguieran inclinándose hacia su tipo.
No, quizás debería decir que se habían afianzado tanto en Millen como en Carlyle.
«Un hombre detallista y considerado.»
Alguien capaz de hacer cualquier cosa por ella, que solo con ella hacía excepciones.
Era natural, pues había crecido bajo la mano de Carlyle y tenido a Millen siempre tan cerca.
Al verlos arrodillarse ante ella, Adeline sentía ternura.
Acariciaba a Carlyle como si mimara a un cachorro, y recibía los besos de Millen como si bebiera crema.
Someter a los demás, no solo desde su posición, sino como la persona que era, Adeline Zeller le otorgaba una satisfacción muy distinta.
A veces, Adeline se preguntaba:
«¿Será que Sincere también lo sentía así?»
Frey tenía un rostro objetivamente hermoso; la diferencia era que Jeremiah tenía rasgos más suaves y una expresión más amable.
Desde el punto de vista de Adeline, también le habría agradado más Jeremiah que Frey.
Era natural pensar que Jack, con su aire anguloso y dominante, tan asociado a una masculinidad imponente, estaba aún más lejos del tipo de Sincere.
«Al menos, de mi tipo sí que lo está.»
Adeline sospechaba que lo que ella sentía no difería mucho de lo que Sincere habría sentido.
Si ella misma pensaba así, ¿no sería lógico que los demás también percibieran esa similitud aún más claramente? Ambos, incluso, compartían una visión poco común sobre la modestia, al menos entre los nobles del Imperio Crawford.
«Aunque ahora ya no pueda decirse que soy una persona recatada…»
Aun así, seguía siendo más conservadora que la mayoría.
Por eso, la conclusión de Adeline sobre las “excentricidades” de Jack derivaba en esa dirección. Jack quería a Sincere, pero debido a su esposo no podía acercarse a ella. En una situación así, que ahora buscara de Adeline algo más que dinero, algo de contacto físico…
—Pensé que quizás me ve como el reemplazo de esa persona.
—¿Qué…?
—Si es así, creo que podría seguirle el juego sin problema.
Al menos si lo sabía, no se dejaría arrastrar por ello.
La ternura que Jack mostraba sería para Sincere, y la frialdad, para ella; con eso bastaba.
Adeline creyó que su pregunta era una forma razonable de manejar la situación, pero en el instante en que Jack escuchó aquellas palabras, sintió cómo la ira le subía por dentro.
«¿Reemplazo? ¿Está loca?»
Una maldición le quemaba la garganta, queriendo salir.
Sabía que aquella señorita, que probablemente había vivido toda su vida entre conversaciones refinadas, no merecía escuchar palabras vulgares; aun así, le fue imposible ocultar el gesto endurecido por la molestia.
Su voz, áspera, le salió entre dientes:
—¿Quieres decir que todo lo que he hecho contigo hasta ahora fue tratándote como un reemplazo?
—¿No es así?
Maldita sea. Claro que no.
La mano de Jack, crispada por la furia, se cerró de golpe sobre Adeline. Sus ojos, encendidos por la rabia contenida, la miraron con una intensidad que parecía capaz de devorarla.
—Escucha bien, Adeline. Si lo mío fuera solo un juego de niños, lo primero que te habría hecho decir sería que me amas. Pero tú aún me llamas señor Hatsfeld, maldita sea.
{—…Eso}
{—Mejor así. ¿Por qué no lo intentas ahora?}
Jack se burló con una sonrisa afilada y dijo:
{—Dime que me amas, Adeline. Entonces, sin importar qué clase de juego estés tramando, cerraré los ojos ante todo.}
«…»
Pero Adeline no respondió.
Su rostro, antes siempre sereno, ahora estaba rígido, endurecido frente a Jack.
Ante ese resultado previsible, Jack soltó una risa amarga. Sabía que aquella mujer obstinada actuaría justo así.
{—No puedes hacerlo, ¿verdad? No puedes decir palabras de amor que no sientes.}
Y aun sabiéndolo, ¿por qué le resultaba tan desagradable?
Conteniendo una maldición, Jack habló con rudeza:
{—Piénsalo bien. Ahora mismo me necesitas. No te queda otra opción más que obedecer lo que te pida. ¿Y aun así te resulta tan difícil decirme que me amas?}
{—…No me insulte.}
Por fin, la respuesta salió de los labios de Adeline.
Con el rostro encendido por la humillación, lo miró con furia, al borde de las lágrimas.
Cualquier otro día, Jack habría inclinado gustoso el rostro, invitándola a abofetearlo como castigo por su insolencia. Pero en ese instante, simplemente no pudo hacerlo.
Un dolor sin origen y una sensación de vacío le revolvían las entrañas.
«¿Se puede perder algo que nunca se ha tenido?» se preguntó.
{—No es una ofensa, solo eres demasiado ingenua. Si realmente te tratara como una sustituta de amante, no habrías salido del dormitorio en todo el día.}
A veces, recordaba lo ocurrido en el club Lambert.
Adeline desvanecida en sus brazos, el éxtasis de tener su cuerpo tan cerca.
Aunque habría podido poseerla en cualquier momento, Jack no lo hizo.
«Si espero lo suficiente, algún día bajará la guardia.»
Sabía que Adeline no era de las que podían fingir sus sentimientos.
Así que, si algún día ella llegaba a aceptarlo de verdad, sería la mayor dicha imaginable.
No una relación de apariencias, sino un vínculo real, el momento en que Adeline lo deseara sinceramente.
Abrazar por completo a aquella noble mujer en sus humildes brazos sería, para Jack, tanto su venganza contra la casa Zeller como la culminación de su deseo más profundo.
Jamás habría imaginado que toda su paciencia y esfuerzo terminarían reducidos a una acusación de reemplazo.
{—Adeline Zeller, no sé de dónde sacaste esa idea, pero no metas a nadie más entre tú y yo.}
No lo necesitaba, ni le resultaba agradable. Jamás había esperado que ella le dijera que lo amaba; solo deseaba que no se alejara más.
Mientras las chispas de su pensamiento se iban apagando, Adeline volvió a hablar.
{—…Jack. Solo sentía curiosidad.}
Por más que lo pensara, no podía entenderlo.
Por más que lo razonara, todo aquello solo podía explicarse si se trataba de amor.
{—Pero no tienes ningún motivo para amarme.}
El carruaje se sacudió de pronto, robándoles el aliento.
{—¿Me amas?}
{—…Claro que no.}
La ira ya se había disipado, dejando solo una sensación confusa, casi nauseabunda, como un mareo.
Solo después de decirlo comprendió Jack que su respuesta era una mentira. Al mismo tiempo, el carruaje se detuvo en su destino.
{—Entiendo.}
Con esas palabras, la conversación llegó a su fin.
Adeline se puso de pie primero y descendió del carruaje. Y así, en el presente
Jack tomó una hoja del escritorio. Era una carta firmada por Frey Roche.
Había demorado en abrirla, sabiendo lo que Frey había hecho. Y, tal como imaginaba, su contenido no lo sorprendió.
Una disculpa disfrazada, un intento desesperado de probar su utilidad.
Solo había un detalle que Jack no esperaba.
De forma irónica, aquella carta hablaba exactamente del tema que había atravesado su conversación con Adeline.
[Jack, tu amante fue a ver a Sincere.]

TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK