Capítulo 105
Adeline no lograba comprender en absoluto el cambio repentino en la actitud de Jack.
Hasta el momento en que se reencontraron en la estación, él parecía de buen humor.
No, incluso cuando comenzó a explicarle hacía apenas unos minutos, aún se veía de buen ánimo. ¿Por qué de pronto se ponía a llevarle la contraria? ¿Acaso se había molestado porque habló de trabajo tan pronto como se vieron?
«Pero aun así…»
No es que fueran a tener una cita romántica ni nada parecido.
Desde el punto de vista de Adeline, reunirse con Jack no era más que una parte del proceso hacia su objetivo.
Así como Jack había venido a Pares para decidir si invertir o no en la compañía comercial, ella también lo veía de esa manera.
—A mí no me importa lo que pase con Joseph Ionov ni con tu inversión.
Jack estaba señalando la actitud despreocupada de Adeline.
Siendo honestos, él estaba sacando a flote algo que ella prefería dejar pasar por el momento.
—Adeline, tú también lo sabes, ¿no? No firmé un contrato contigo solo por unas cuantas monedas.
Lo que Jack deseaba no era la ganancia de inversión que para él no representaba más que “unas cuantas monedas”.
Ante su comentario directo, el rostro de Adeline se endureció por un instante.
Aquella conversación incómoda que había evitado mencionar salía ahora a la superficie.
Quizás, pensó, aquella sería la oportunidad para tantear las verdaderas intenciones de Jack.
Adeline tragó saliva y abrió los labios con cautela.
—…Entonces, ¿qué es lo que querías al aceptar mi propuesta?
—Sería más correcto decir que no tenía razón para rechazarla. Pensé que lo sabías, que por eso hiciste la oferta. ¿No es así?
El dinero era solo una retribución simbólica.
Después de todo, para un extranjero como Jack, obtener una conexión con una familia noble de alto rango, y nada menos que con la prestigiosa casa ducal de Zeller, era sin duda algo de gran valor.
Y, tal como él mismo había insinuado, Adeline también era consciente de eso cuando le propuso aquella «relación contractual».
—Así que, si necesitas mi ayuda, tendrás que pagar por ella, Adeline.
Si esto era realmente una relación basada en un contrato, debía haber una compensación, ¿no?
No existe trato alguno en el mundo que se cierre sin algo a cambio.
—Ya te lo dije. No hago tratos sin recompensa.
Ante aquellas palabras, que en el fondo significaban que debía esforzarse un poco más para ganarse su cooperación, Adeline frunció el ceño.
«Tenía que ser justo ahora, en un momento tan urgente.»
Sabía desde antes que él podía ser terco, pero no esperaba que justo ahora la pusiera en aprietos.
Por suerte, no era la primera vez que Jack le exigía una “retribución”.
En otras palabras, un beso.
Adeline vaciló un momento antes de inclinarse hacia él y depositar un beso en su mejilla.
Sin embargo, el problema era que se encontraban dentro del carruaje.
CLAC
El vehículo pasó sobre una piedra, y el cuerpo de Adeline perdió el equilibrio, cayendo de lleno sobre Jack.
Cuando abrió los ojos, que había cerrado con fuerza, se encontró con las mejillas juntas, prácticamente abrazada a él.
Sus miradas se cruzaron a escasos centímetros, y los ojos de Jack se entrecerraron con una sonrisa apenas perceptible.
—…Pedí una compensación, sí, pero no imaginé que serías tan entusiasta en ofrecerla.
—¡No, no es eso!
—¿Y por qué no? Si dijeras que sí, no te pediría nada más.
Adeline, con el rostro encendido, lo miró con los ojos muy abiertos.
—¿De verdad?
—Parece que te gusta demasiado. Si es así, entonces la situación cambia…
Jack alzó una ceja y la sostuvo con más firmeza.
Si antes solo la había atrapado para evitar que cayera, ahora no cabía duda de que la tenía sentada sobre sus piernas, abrazada entre sus brazos.
Adeline, dándose cuenta tarde de la posición en la que estaba, trató de apartarse, pero el agarre de Jack no cedió ni un poco.
«Por Dios santo.»
¿No se suponía que los hombres de negocios eran de los que solo se la pasaban entre papeles? ¿Qué demonios comía para tener tanta fuerza?
Lamentablemente para ella, Jack no era de los que pasaban el día detrás de un escritorio firmando documentos; su trabajo consistía en cerrar tratos, no en revisarlos. Eso era asunto de WarRick.
Pensando que si Warwick viera aquello seguramente exigiría un aumento de sueldo, Adeline forcejeó intentando liberarse de los brazos de Jack.
CLAC
El carruaje volvió a sacudirse, y antes de que pudiera decir algo, Jack habló con voz serena.
—Estamos dentro de un carruaje, Adeline. Si no quieres salir lastimada, será mejor que te quedes quieta.
Cuando Jack añadió que ya casi llegaban y que solo sería un momento más, Adeline terminó por rendirse y relajó el cuerpo.
—…Está bien. Pero me sueltas antes de que se abra la puerta del carruaje.
—¿Te molesta tanto estar en mis brazos?
—No es que me moleste, es solo que……
Adeline suspiró levemente y respondió sin pensar, pero se detuvo de golpe.
Desde que comenzaron aquella conversación sobre la “recompensa”, una sensación extraña la acompañaba, una incomodidad que parecía provocarle un mareo que no solía tener.
Siendo sincera, no le disgustaba estar en brazos de Jack.
Solo se sentía torpe, sin costumbre, y le resultaba incómodo por no ser algo propio del decoro.
«Aunque ya he hecho algo parecido con Milen, así que no debería resultarme tan extraño…»
Había, sin embargo, una diferencia clara entre MilLen y Jack.
Milen era paciente; siempre esperaba su permiso. Cuando Adeline se lo concedía, la hacía sentarse sobre él y la besaba con gusto.
Si lo pensaba bien, Carlyle no era tan distinto. Aunque se le insinuara con descaro, aquel fiel servidor siempre aguardaba una señal de aprobación de su ama.
Probablemente porque ninguno de ellos quería ser odiado. Le ofrecían su propia correa y pedían, casi suplicantes, que los tratara con cuidado.
Jack, en cambio, no era así. Esa correa jamás había estado en manos de Adeline. Y cada vez que él tomaba la iniciativa, ella perdía el control con facilidad.
«¿Qué es lo que pasa por la mente de Jack?»
No podía descifrarlo, y por eso no sabía cómo reaccionar ante él.
Parecía comportarse como alguien que buscaba afecto de manera normal, pero de pronto mostraba algo tan distinto que Adeline no podía evitar ponerse en guardia.
Tan frío como ardiente, tan suave como filoso.
Si no lograba comprender lo que pensaba, acabaría perdiéndose siempre entre esos contrastes.
Adeline lo observó en silencio, mirando de cerca sus ojos, que se habían acercado a los suyos.
A simple vista, su expresión parecía neutra, quizá algo fría. Sin embargo, cuando rozó su mejilla con la mano, sintió el calor de su piel. Jack la miró directamente y, sin mostrar resistencia alguna, apoyó la cabeza en su mano.
La incomodidad que sentía subió hasta su garganta. No podía identificar de dónde provenía, pero sí podía reconocer con claridad la pregunta que emergía en su interior.
—Jack HaRtzfeld.
Y sin intención de ocultarlo, Adeline preguntó con naturalidad:
—¿Tú… me quieres?
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Milenberg Ishmael Bellof, el joven con cabellos plateados que despertaba la admiración de muchos nobles, estaba de pie con el sol poniente a su espalda.
Los rayos anaranjados que caían siguiendo el descenso del astro teñían el cielo, y también atravesaban el gran ventanal de la estancia.
Frente a él se encontraba un hombre: Kaiden Crawford.
Pelirrojo como su padre, pertenecía al tipo de personas a quienes la luz del crepúsculo parecía favorecer especialmente.
A plena luz del día, ni siquiera una piedra podía ocultarse bajo la sombra, pero cuando el sol se hunde, hasta las copas de los árboles se confunden con la penumbra.
Kaiden levantó la cabeza frente a Milen, esbozando una sonrisa enigmática, difícil de leer.
—Milenberg, has traído una historia interesante. ¿Quieres que te diga dónde está tu hermano? En Bellof, ¿ya es tan difícil hacerse cargo siquiera de un heredero?
—No hay nadie que sepa de su paradero. Mi madre ha sido demasiado insistente con el asunto.
—Conozco bien a la marquesa de Bellof. Debes de estar pasándola mal, Milenberg.
Kaiden sonrió con amabilidad y agitó la mano con desdén.
—Bueno, no es que yo esté completamente libre de responsabilidad. Si lo deseas, te lo dire dónde estaba Huberg.

TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK