Capítulo 93
Todo comenzó cuando, tras regresar de su encuentro con Sincere, Adeline solicitó una audiencia con Kaiden.
Aunque Kaiden estaba sumamente ocupado debido a las luchas de poder en torno al trono y los asuntos del gobierno que lo mantenían atareado dentro y fuera del palacio, accedió de buen grado a recibir a la hija de su benefactor.
—Entonces, en resumen… ¿dices que la circulación de licor ilegal no es solo un rumor?
—Sí. Recibí un informe que confirma el hallazgo de etiquetas falsificadas.
Adeline le transmitió a Kaiden toda la información que Jack le había enviado por telegrama.
En realidad, no se trataba de secretos de alto nivel. Después de todo, si se había comunicado por telegrama, era evidente que el contenido pasaría por muchas manos.
Ella misma había recibido el mensaje a través de un sirviente, así que no consideró problemático que la noticia llegara también a Kaiden.
«Por encima de todo… aunque nadie más lo sepa, Su Alteza Kaiden debe estar al tanto de esto.»
Entre las facultades que el emperador Albert había delegado a Kaiden, una de ellas era la administración de la importación, distribución y venta de bebidas alcohólicas.
Es decir, todo lo relacionado con el licor estaba bajo la supervisión directa de Kaiden.
Si se descubría que el contrabando de alcohol había infiltrado el sistema, no solo su gestión se vería comprometida, sino también su reputación y credibilidad.
Por tanto, informar al responsable final, Kaiden, sobre el problema del licor ilegal era lo más lógico.
Sin embargo…
«No puedo hablarle del vodka.»
Con el contrabando ya expuesto, la situación era lo bastante volátil como para no añadir más variables innecesarias.
—Un conocido mío lo descubrió por casualidad y me lo contó. Me sorprendió mucho. ¿Su Alteza estaba al tanto?
—No, es la primera vez que lo oigo. Pensé que no eran más que rumores, pero si es verdad… Me sorprende que no se haya descubierto antes.
Kaiden, claramente, también parecía desconcertado por lo que oía. Saber que alguien estaba operando libremente dentro de su propia jurisdicción era, sin duda, irritante.
Al verlo, Adeline soltó en silencio un suspiro de alivio.
«Así que el príncipe Kaiden tampoco estaba al tanto.»
Antes de mencionárselo, Adeline había dudado mucho. Una de sus preocupaciones era que, quizás, Kaiden también estuviera involucrado en el contrabando.
«Se dijo que las etiquetas falsas eran tan detalladas que era casi imposible distinguirlas a simple vista.»
Por eso, el licor ilegal seguía siendo considerado un rumor sin fundamento. Le resultaba sospechoso que Russko, el funcionario encargado de emitir las etiquetas oficiales, no hubiera detectado nada antes.
«Y, por supuesto… también el propio príncipe Kaiden, que le había delegado esa autoridad.»
No era raro que los funcionarios aceptaran sobornos para pasar por alto actividades ilegales.
Adeline lo había experimentado de primera mano mientras administraba su empresa de licores bajo la autoridad otorgada por Kaiden.
{—Vamos, duquesa Zeller, no sea tan estricta. Considere esto un pequeño gesto de cortesía, para que pueda comprarse algo bonito…}
{—Ya le he dicho que no aceptaré ese tipo de cosas, igual que antes. Retírese, no me haga repetirlo.}
Claro que mentiría si dijera que no le resultaba tentador aceptar ese dinero.
Aunque fingía mantenerse firme, en aquel entonces Adeline vivía sumida en una pobreza extrema.
Pero una de las razones por las que había decidido proteger la casa Zeller desde el principio era su padre, Diego. Si solo se hubiera tratado de cumplir con un deber familiar, quizá habría cedido a la tentación.
«Si aceptara ese dinero… ¿cómo podría después mirar a mi padre a la cara?»
Cada vez que recordaba el peso de aquella responsabilidad sobre sus hombros, Adeline lograba rechazar la tentación del soborno. Dormía tiritando en una habitación tan fría que no podía encender el fuego, repitiéndose a sí misma que había hecho lo correcto.
Mirando atrás, pensaba que su motivación no era muy distinta de la de un niño que hace algo bueno solo para recibir elogios.
Por mucho orgullo o dignidad que alguien tenga, cuando la vida se vuelve desesperada, esos valores dejan de importar. Adeline había estado dispuesta a sacrificar toda su vida por el bien de su familia; así que no era el orgullo lo que la había hecho rechazar el dinero.
En el fondo, todo provenía de un sentimiento infantil: el deseo de oír una palabra de afecto, una pequeña alabanza de su padre. Y al recordarlo, se dio cuenta con una sonrisa vacía de que ese anhelo seguía siendo una herida abierta que nunca había logrado cerrar.
«Aun ahora… sigo deseando escuchar un elogio de mi padre.»
Habían pasado los años y había acumulado experiencia, pero en ese aspecto sentía que no había crecido en absoluto.
Fuera cual fuera la razón, lo importante era que Adeline sabía bien que los sobornos entre funcionarios con poder eran una práctica común.
«Por eso pensé que tal vez Su Alteza Kaiden había recibido algún soborno.»
Pero al observar su reacción, Adeline comprendió que debía buscar más abajo en la jerarquía.
Si había que ir tras la siguiente figura con autoridad después de Kaiden…
—En Russko se encargan de colocar directamente las etiquetas de autorización de venta. Tal vez allí sepan algo sobre las etiquetas falsificadas.
Russko, el predecesor de Adeline. Aunque Kaiden pudiera no saberlo, era difícil imaginar que Ruskoh fuera completamente ajeno al asunto de las etiquetas falsas del licor ilegal.
Si realmente lo ignoraba, sería un caso claro de negligencia; pero si lo sabía, recaería sobre él la sospecha de complicidad.
Por eso Adeline preguntó a Kaiden, quien había sido quien le había otorgado autoridad directa a Russko.
—¿Quién dirige actualmente Russko?
—…Alguien que, sin duda, te resultará familiar.
Ante la pregunta de Adeline, Kaiden esbozó una sonrisa amarga.
No parecía una expresión de duda ni de vacilación, pues la respuesta llegó enseguida.
—Huberg Roman Bellof.
Mientras pronunciaba el nombre del ausente, Kaiden dejó lentamente la taza de té sobre la mesa.
Su mirada, cargada de la autoridad propia de un príncipe, se deslizó brevemente sobre Adeline, aunque tan de paso que apenas se notó.
Chasqueando la lengua en desaprobación, Kaiden continuó:
—Huberg ha estado dirigiendo Ruskoh por encargo mío. Pero si hubiera sabido que los problemas eran tan graves, habría tomado medidas antes. Es lamentable.
—¿Medidas… dice?
—Tendré que hacer que se retire de este asunto.
Comentó que ya había tenido dificultades por la forma en que Huberg manejaba su trabajo, y volvió a chasquear la lengua con fastidio.
—Llevaba tiempo pensando en cómo resolver esa situación, y ahora que surge un problema así, parece que al menos podré dejar todo en orden. Qué conveniente. Te lo debo a ti.
Kaiden le dirigió una sonrisa amable al decirlo.
En otra ocasión, Adeline habría sentido cierta satisfacción al pensar que algo bueno le ocurría al hombre que tanto admiraba. Pero esta vez no sintió nada. Ni alegría, ni alivio. Nada.
Su mente se había quedado en blanco en el instante en que escuchó las palabras “haré que Russko se retire”.
«…Le hablé del licor ilegal, y él dice que es un alivio poder apartar a Huberg por fin.»
Despedir a Huberg no resolvería el problema del contrabando, ¿entonces por qué reaccionaba así?
«¿No parece, acaso, que Su Alteza Kaiden no tiene el más mínimo interés en el licor ilegal que tanto está causando revuelo?»

TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK