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Capítulo 86

Para bien o para mal, Adeline también se encontraba en ese salón de baile aquella noche.
Al principio, no había visto a Jack. Después de casarse, durante el primer año solía asistir a algunas recepciones junto a Julian, consciente de las miradas del público, y ese día era uno de esos casos.

Julian ya estaba medio ebrio, con una copa de vino en la mano. Cuando no bebía, podía mostrarse como un hombre afable, pero una vez que el alcohol le subía, su verdadero temperamento explosivo salía a la luz sin contención. En una recepción de tal magnitud, que su carácter se manifestara así solo podía significar una inminente humillación, no solo para el duque Zeller, sino también para Adeline.

Por eso, Adeline no podía concentrarse en nada más que en vigilarlo con preocupación.
Lo que más la inquietaba era esa copa de vino que Julian sostenía.

—Julian, creo que ya deberías dejar de beber. Parece que ya has tomado suficiente.

—Maldita sea, ¿no te dije que dejaras de fastidiar con tu parloteo? Cállate de una vez.

Molesto por que ella interrumpiera su embriaguez, Julian la fulminó con la mirada.
Cada vez que oía salir una maldición de su boca, Adeline sentía un vuelco en el corazón. Al principio, la vulgaridad de su tono la había sorprendido, pero tras años de matrimonio ya se había acostumbrado a ello; al menos, eso habría sido cierto si aún estuvieran en la mansión Zeller.

Ahora, sin embargo, temía que alguien escuchara las palabras de Julian. Por el momento, él parecía mantener algo de control y hablaba en voz baja, atento a su entorno, pero si se enfurecía más o se embriagaba del todo, ya no sabría cómo reaccionaría.

Lo único seguro era que, si bebía un poco más, ambos escenarios, ira o pérdida total de juicio serían inevitables.

Después de pensarlo un instante, Adeline decidió actuar. Le quitó la copa a Julian y la colocó en la bandeja de un sirviente que pasaba cerca. Era mejor calmarlo y mantener el vino lejos de él, antes de que ocurriera algo peor. Además, pensó, no se atrevería a levantarle la mano estando en público.

Como era de esperarse, el rostro de Julian se crispó de inmediato. Se acercó a grandes pasos, con un tono agrio y colérico, acentuado por la embriaguez.

—¿Estás loca, maldita mujer? ¿Quién te crees para quitarme la copa?

Pensó que, al menos en una recepción, Julian no llegaría al punto de golpearla; al fin y al cabo, tenía una reputación que mantener. Pero esa esperanza se desmoronó en el mismo instante en que él levantó la mano.

Creyó haber visto ya lo peor de Julian, pero, de alguna forma, siempre lograba caer aún más bajo. Adeline cerró los ojos con fuerza, encogiéndose por reflejo.

CRASH

El sonido seco del cristal rompiéndose retumbó en el salón, donde hasta ese momento solo se escuchaban risas y música tenue.

{—Jack Hartzfeld, ¿cómo te atreves a ponerle una mano encima a Sincere?—}

Tanto Adeline como Julian giraron la cabeza hacia la fuente del alboroto. Allí, un hombre de cabello oscuro estaba siendo sujetado del cuello de la camisa por otro, que respiraba con furia.

Entonces Adeline lo reconoció: era Jack. Aunque estaba a cierta distancia y casi un año había pasado desde la última vez que lo había visto, su presencia era demasiado intensa como para no identificarlo.

Sin embargo, algo había cambiado en él. Jack siempre mantenía el cabello prolijo, corto por detrás y peinado con precisión, en armonía con sus impecables trajes de tres piezas.
Incluso la noche anterior a la boda, cuando se presentó de improviso ante ella, su apariencia había sido perfecta.

Pero ahora, sujetado por un joven de cabello castaño verdoso, Jack tenía el pelo más largo, cayéndole sobre la nuca y la frente.

«¿Qué diablos le ha pasado…?»

El hombre que siempre había parecido contenerse dentro de una armadura invisible ahora se veía deshecho.
Su mirada, aunque aún mantenía esa arrogancia que lo caracterizaba, parecía teñida de un cansancio y desprecio más profundos.

Jack guardó silencio unos segundos, suspiró y apartó bruscamente la mano que lo sujetaba.

—Frey Roche. No sé qué malentendido tienes, pero ¿no crees que estás siendo un poco imprudente? Deberías serenarte.

—¿Malentendido? ¿Malentendido, dices?

A diferencia del tono frío y sereno de Jack, Frey parecía fuera de sí de pura rabia. Al verse empujado hacia atrás por la fuerza de Jack, dio un paso en falso y casi perdió el equilibrio; se sonrojó de ira, con el rostro contraído de humillación.

—¿Ya olvidaste lo que dijiste sobre Sincere? ¿Qué pasa, ahora que se ha convertido en una dama respetable, te da miedo acercarte? Finges estar limpio, pero en realidad fuiste tú quien la ensució. Asqueroso… nunca debí ayudarte. 

Mientras Frey bufaba, gritando que sin él Jack nunca habría podido sobrevivir en Crawford, Jack se limitó a sacudir el cuello arrugado de su camisa con frialdad antes de responder con tono sarcástico.

—Si alguien te oye, pensará que fuiste tú quien me salvó, Frey Roche. ¿No era nuestra relación mutua? Creí que nos ayudábamos el uno al otro, pero ya veo que tú no lo veías así. Qué lástima. Dime, ¿te suena bien cuando te llaman conde Roche gracias a mí?

—¿Qué dices? ¡No fue gracias a ti…!

—Fue por mí. Si no fuera por mí, habrías pasado tu vida exiliado en el Ducado de Mathes, consolándote a ti mismo. ¿Te sientes orgulloso de haber asesinado a tu hermano y a tu padre para colgarte ese título de conde? ¿Piensas que todo eso fue mérito tuyo?

Ridículo.

Jack murmuró la palabra con frialdad, se acercó a Frey y le dio un leve golpe en el pie con la punta del zapato.

—Frey Roche, te diré algo por los viejos tiempos. Si toqué a Sincere o si me convertí en su amante, eso no es asunto tuyo.

Claro, no haber entendido eso fue lo que lo llevó a no aceptar que Sincere hubiera elegido a su hermano, y a rechinar los dientes jurando arrebatarle a su cuñada.

Ante las palabras de Jack, el rostro enrojecido de Frey se contrajo con furia, pero Jack pasó junto a él sin prestarle más atención. Durante ese instante, pareció que sus miradas se cruzaban con Adeline, aunque no estaba del todo seguro. ¿Podría llamarse «cruzar miradas» a un contacto tan breve?

Adeline lo había reconocido de inmediato, pero Jack no pareció hacer lo mismo.
O quizá simplemente ella no había sido alguien digno de quedar en su memoria.

De cualquier modo, gracias al alboroto entre Jack y Frey, Julian perdió el interés en Adeline y desvió su atención hacia ellos, uniéndose a otros invitados para comentar el escándalo.

Durante los días siguientes, no se habló de otra cosa en la alta sociedad.

—¿Esa tal Sincere es tan hermosa? ¿Cómo es posible que haya hechizado a dos hermanos?

—Yo también pensé que sería una belleza deslumbrante, pero parece que no lo es tanto. Dicen que eran amigos de la infancia.

—Se rumoraba que Frey Roche había matado a su hermano. A este paso, parece que era cierto, ¿no?

El hermano mayor de Frey, Jeremiah, había muerto hacía apenas un mes, tras caer de su caballo durante una cacería y agonizar por varios días antes de fallecer. Frey había ido con él aquel día, y cuando su hermano murió, asumió el título familiar casi de inmediato, lo que despertó sospechas de asesinato.

Nadie habría imaginado, sin embargo, que también deseaba a su cuñada, Sincere.



TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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