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Capítulo 86. La rosa era roja (2)

La tensión llenó el espacio que había entre ellos. Compartiendo la mirada temblorosa que intercambiaban, el rostro de Lucious se inclinó lentamente hacia abajo.

Su lengua lamió las lágrimas que corrían por el rostro de Nuritas.

—¡…!

Demasiado conmocionada para llorar siquiera, ella trató de apartarse del Duque, pero la lengua de éste ya se había deslizado y había rozado sus labios.

—Duque.

Justo cuando Nuritas lo llamó para detenerle, las manos del Duque le acariciaban la nuca. Entonces, algo caliente y suave presionó su boca.

Respirando como si siempre hubieran sido uno, Nuritas rodeó su cintura con los brazos mientras el beso se hacía más profundo.

Temblaba como una niña a la que se aferra en algo para evitar ser arrastrada por un tifón de verano.

Lucious le pasó las manos por el cabello plateado, deseando que su ferviente afecto pudiera alcanzarla aunque sólo fuera un poco. Su avidez por un mayor contacto no conocía límites y sus labios permanecieron entrelazados durante largo rato.

En un día de verano en el que las dulces rosas estaban en plena floración, su precioso amor también estaba madurando.

 

*** 

 

El agua goteaba rítmicamente del techo.
El aire estaba húmedo y olía a hojas en descomposición. Un hombre corpulento yacía desplomado en el suelo.
—Estoy definitivamente herido.
Un olor nauseabundo, como el de las heridas supurantes, le picó en la nariz, pero estaba demasiado oscuro y desorientado para comprobar siquiera dónde estaba herido.
—¡¿Hay alguien aquí?!
Su voz pareció resonar en el espacio oscuro y volver a él.
—¡Maldita sea! Necesito atención médica.
Estaba claro que había estado con sus camaradas, pero cuando recobró el conocimiento, estaba aquí.
Cuando intentó incorporarse y moverse ligeramente, la cadena de hierro que le rodeaba el tobillo se clavó en su carne.
—Ugh.
No tenía ni idea de lo que le había pasado. Trabajaba a las órdenes del Conde Olive y le habían ordenado que se ocupara de una noble. Para alguien como él, acostumbrado a todo tipo de asesinatos, una tarea así era tan fácil como comer gachas.
Intentó recordar lo que había sucedido después de que enviaran a su líder al más allá. La espada de un caballero había rozado su cuerpo de repente, y después de eso, no pudo recordar nada mas.
—No estoy muerto, ¿verdad?
El aire frío le hizo estremecerse y exhaló bruscamente. El dolor de sus heridas le hizo soltar extraños quejidos. De repente, sintió que pequeñas criaturas con ojos amarillos brillantes se acercaban haciendo ruido, por lo que agitó los brazos para alejarlas.

Entonces, escuchó el sonido de pasos de algo más grande que aquellas criaturas. Instintivamente, sintió que era un ser humano y, emitiendo sonidos extraños, comenzó a suplicar.

—Por favor, sálvame. Haré lo que sea, sólo perdóname la vida…

—Responde a mis preguntas y trataré tus heridas.
La voz de un hombre habló lentamente desde la oscuridad.
El hombre encadenado en el suelo luchó por acercar la parte superior de su cuerpo a la voz, soportando el dolor.
—Lo que sea, te diré todo.
—¿Quién está detrás de esto?
A diferencia del hombre desesperado, la figura en la oscuridad parecía tranquila y serena.
El hombre grande vaciló sólo brevemente antes de mostrar sus dientes amarillos y hablar con voz rastrera.
—Actuamos por orden del Conde Olive. Lo juro, sólo hice lo que me dijeron.
—Conde Olive.
La breve respuesta parecía desprovista de emoción, pero en realidad, apenas estaba conteniendo su rabia. Sin embargo, el hombre gravemente herido no se dio cuenta en absoluto.
—Me pregunto si habré visto antes a ese cerdo grasiento. ¿Qué rencor podría tener?
El silencio de la figura inquietó al hombre, que empezó a soltar información sin que nadie se lo pidiera.
Habló de la aparición de una mujer llamada Lady Calix, de su relación con su Señor, el Conde Olive, y de los detalles de las órdenes dadas.
La baba le goteaba de la boca mientras hablaba, pero la figura se limitó a escuchar, sin mostrar reacción alguna. Entonces, volvieron a oírse los mismos pasos de antes.
—Espere, señor. ¿No dijo que me atendería si respondía? ¿Verdad?
Con lágrimas cayendo por su rostro, el hombre grande suplicó desesperadamente hacia la figura invisible.
—Yo cumplo mis promesas.
Con esas palabras, sólo el sonido de las cadenas y el movimiento de criaturas desconocidas permanecieron en el sombrío espacio.
Dos hombres salieron de la cueva.
—Señor, ¿qué debemos hacer?
—Borzoi, soy un hombre que cumple sus promesas. Trae un médico y que le trate bien sus heridas.
Lucious sonrió fríamente mientras hablaba.
Borzoi apenas se había contenido de matar al hombre de la cueva en el acto. No había pasado mucho tiempo desde que había escapado por poco de la muerte a manos de sus espadas. Además, habían intentado hacer daño a la Dama a quien el Duque tanto apreciaba. Por eso dudó en aceptar rápidamente la orden de tratar al hombre.
—Borzoi, ¿por qué no contestas? Sólo llama al doctor. Eso es todo.
Lucious no tenía intención de dejar vivir al hombre de la cueva. Dejarlo morir lentamente, aferrado a falsas esperanzas, no era una mala idea. No había necesidad de manchar su espada con la sangre de un hombre así.
—Noté que las ratas estaban bastante hambrientas antes.
Comprendiendo por fin la intención del Duque, Borzoi inclinó la cabeza en señal de admiración.
Lucious estaba ahora perdido en otros pensamientos.
«Lady Calix».
Nunca se había imaginado que quien había intentado hacer daño a Nuritas era Iola.
Lucious, que había pasado una infancia solitaria, había apreciado en silencio a su tía. E Iola era su única hija.
Era amargo tener que estar en desacuerdo con Iola, pero no podía dejar que un criminal quedara impune.

 

***

 

El posadero les condujo por una escalera chirriante y abrió la puerta de la que, según él, era la mejor habitación.

—…¿Esta es la habitación especial?

La habitación era absurdamente pequeña, y el papel pintado estaba tan descolorido que su dibujo original era irreconocible. Habría estado bien si estuviera intacto, pero algunas partes se estaban despegando.

Ademas, apestaba a lo que parecía perfume estropeado, y mientras el posadero explicaba con orgullo las características de la habitación, Meirin chasqueaba la lengua, molesta.

Pero hoy, su deseo de descansar como es debido era tan fuerte que le ordenó que trajera agua caliente y lo despidió.

—¡Esto es tan molesto!

Sentándose pesadamente en la cama, Meirin no pudo evitar soltar un pequeño grito. Sentía como si hubiera una piedra debajo de la sábana. Además, la manta blanca estaba manchada con marcas desconocidas, como si no la hubieran limpiado.

—¿A esto se refiere la gente cuando dice que se queda sin palabras de la frustración?

Intentando contener las lágrimas de frustración, se quitó los zapatos y los tiró al suelo. Lo que entristeció aún más a Meirin fue darse cuenta de que incluso esta habitación destartalada era mejor que el barco.

—Ingrid, prepara el baño rápidamente.

Después de envolver la almohada de aspecto sucio con su chal, Meirin se apoyó ligeramente en ella. Realmente había sido un día agotador.

—Necesito lavarme pronto…

Murmurando para sí misma, Meirin no tardó en dormirse.

Ingrid, que apenas había logrado recuperar el aliento después de cargar el equipaje, se sentó pesadamente en el suelo cuando vio que Meirin cerraba los ojos.

Las dos maletas grandes contenían los vestidos y los zapatos de Meirin, mientras que otras dos más pequeñas contenían dinero y joyas. Ingrid suspiró y reunió fuerzas para levantarse.

La dirección que le habían dado al cochero no estaba equivocada. Pero era imposible que alguien emparentado con la Condesa poseyera semejante posada.

—Tengo que ir a averiguarlo mientras la señorita descansa.

Aunque todo le resultaba desconocido, ya que era la primera vez que salía del territorio donde se había criado, Ingrid regresó al lugar donde habían desembarcado.

Allí preguntó a una anciana que vendía pescado si conocía a la noble en cuestión. Sin embargo, la arrugada mujer respondió que no había nobles en esa zona.

—Pero es pariente de nuestra señora.

Cuando Ingrid le explicó de dónde venían y adónde se dirigían, la anciana abrió su boca casi desdentada y dijo algo extraño.

 

***

 

Borzoi había recuperado sus fuerzas y los que habían caído enfermos se estaban recuperando, así que Nuritas decidió que era hora de volver al territorio Morciani.

Tomando de la mano a Sophia, cuyo rostro estaba pálido por la enfermedad, Nuritas sonrió cálidamente.

—Sophia, volvamos a casa ahora.

Nuritas subió al carruaje con Sophia, y partieron bajo la protección de una gran escolta.

—El Duque tenía asuntos urgentes que atender, así que vendrá pronto.

Nuritas explicó la ausencia del Duque a Sophia, que sentía curiosidad al respecto.

Aunque no había pasado mucho tiempo desde que se fueron, el ambiente era distinto. No se perdió ni un solo momento del paisaje cambiante que había fuera de la ventana del carruaje.

«Esto es lo que se siente al tener la comodidad de la vida cotidiana».

El carruaje avanzó a toda velocidad, llevándola pronto a la finca. Cuando el paisaje empezó a resultarle familiar, Nuritas se pegó a la ventanilla.

No había nacido ni crecido aquí, ¿por qué le resultaba tan reconfortante? El bosque donde había montado a caballo y las llanuras infinitas que se extendían ante ella le llenaban el corazón de emoción.

Cuando llegó el carruaje y se abrió la puerta, Cesar se levantó respetuosamente para saludarla.

—Bienvenida de nuevo, Duquesa.

Al ver el rostro familiar de Cesar, Nuritas sintió por fin la realidad de estar en casa.

—Gracias.

Tras intercambiar un amable saludo, ella se dirigió inmediatamente hacia donde estaba su madre. Había lamentado que su última reunión fuera tan breve.

«Ahora, me quedaré al lado de mi madre».

Con renovada determinación, se dirigió a la zona cercana al lago del jardín.

Bajo un gran árbol frente al lago, una mujer bajita con un vestido azul y el pelo castaño parecía estar disfrutando de un momento de paz.

—¡Madre!

Leoni había estado dormitando bajo el sol del mediodía.

En su sueño, un bebé pequeño, parecido a su hija, caminaba hacia ella.

«Qué maravilloso habría sido ver eso».

Ella había sobrevivido y ahora podía estar con su hija. Perder la vista a cambio no era tan lamentable. Pero la idea de no ser capaz de ver a su nieto de alguna manera se sentía agridulce.

—¿Estoy oyendo cosas otra vez?

Le parecía oír la voz de su hija en alguna parte. Pero esto sucedía a menudo, así que no era inusual.

—Por favor, vuelve sana y salva.

Nuritas se acercó a su madre, pero las lágrimas brotaron al darse cuenta de que su madre seguía sin reconocerla.

—Sí, gracias a tus oraciones, he regresado sana y salva.

Leoni levantó sus ojos vacíos y giró la cabeza hacia el sonido de la voz de Nuritas.

—¿Eres tú?

—Sí, soy yo.

Nuritas secó con los dedos las lágrimas que corrían por las mejillas de su madre y luego la abrazó.

Su madre tenía un olor familiar y reconfortante, como a paja bien seca. Leoni, con los ojos vacíos, dio gracias al cielo antes de acariciar suavemente el rostro de Nuritas con ambas manos.

—Es fantástico estar viva.

—Sí.

Nuritas y Leoni se abrazaron en silencio durante largo rato, compartiendo la alegría de su reencuentro.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY 
CORRECCIÓN: ANN


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