Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 84. Pondré el mundo a tus pies.

El Marquesado Spinone exhibía su espeluznante grandeza, desafiando los fríos vientos.

Abio Romagnolo, hijo único y heredero de la familia del Conde, permanecía sentado con expresión inexpresiva. ¿Quién habría imaginado que su brillante vida se vería ensombrecida tan recientemente?

Desde su llegada, el insomnio y las pesadillas le habían hecho perder mucho peso. Ya delgado, Abio tenía ahora los ojos hundidos y la piel flácida.

—¿Ya es de día?

Abio murmuró mientras miraba la tenue luz que se filtraba por la ventana. Le dolía todo el cuerpo como si le hubieran dado una paliza. Seguramente se debía a no haber comido bien y a haber dormido en aquella cama vieja y sucia.

«El aire es terrible».

El aire frío de las tierras fronterizas era como veneno para su frágil cuerpo. Cuando le entraba un ataque de tos, duraba minutos y no podía respirar bien. Mientras se tapaba la boca con un pañuelo, notó algo extraño a través de su manga remangada.

En su pálida muñeca había marcas como si alguien le hubiera agarrado con fuerza.

—¿Estoy viendo cosas ahora? ¿Quién se atrevería a poner una mano sobre mi precioso cuerpo?

Aquella noche, Abio cenó su habitual cena fría en el lúgubre comedor y se fue a la cama. Aquí los días eran cortos y la oscuridad caía pronto, dejándole poco que hacer. No le interesaba leer, ni tenía energía para ello.

Al principio, le había guardado rencor al Conde y odiaba a la hija bastarda, pero incluso eso se estaba volviendo demasiado agotador.

La llama de la vela se balanceó violentamente con el viento que llenaba la habitación y Abio estiró una mano bajo la cabeza, acurrucándose de lado. El pelirrojo, con ojos lejanos que añoraban su hogar, no tardó en dormirse.

Poco después, una sombra alargada y espeluznante se extendía por la habitación donde Abio dormía.

—Por favor, cuida de mí también esta noche.

El hombre de la voz escalofriante se quitó la túnica que llevaba puesta y la dejó caer al suelo. Su cuerpo estaba cubierto de cicatrices. Examinó detenidamente el rostro dormido de Abio antes de abrazar a la delgada figura.

Unas manos grandes y ásperas empezaron a acariciar lentamente el cuerpo de Abio. Su largo cabello gris caía sobre la pálida espalda de Abio y sus ojos dorados manchados de sangre brillaban a la luz de la luna.

Su tacto era a la vez tierno y urgente, como el de un animal en persecución. La fría habitación pronto se calentó con acaloradas respiraciones, y sólo se oían los débiles gemidos del inconsciente Abio.

Junto a su cama, el tenue humo del incienso se esparcía suavemente por el aire.

 

***

 

Ludwig le hizo un gesto a Nuritas, quien lo miraba extrañado mientras estaba sentado en el suelo sin silla.

—Probablemente no hayas visto esto nunca. Lo traje para enseñárselo a mi hermana en cuanto lo recibí como regalo. He olvidado el nombre porque es un poco complicado, pero en Parsa usan esto en vez de sillas.

Al ver que a Nuritas le costaba sentarse en el suelo con el vestido, Lucious la tomó rápidamente de la mano para ayudarla.

—Yo te sostengo. Siéntate.

Con voz suave, Lucious guió a Nuritas para que se sentara y luego se colocó cuidadosamente a su lado.

«Está siendo inusualmente atento».

A Ludwig no se le escapó el brillo agudo en los ojos del Duque, como si se preguntara qué podría hacerle a Nuritas.

—Su Majestad, ¿puedo preguntarle por qué ha venido a un lugar tan humilde?

Le preguntó Lucious en voz baja. Ludwig bebió un sorbo de una copa de plata y sonrió alegremente.

—He venido porque quería ver a mi hermana.

—Ah…

Nuritas sintió que le venía un dolor de cabeza por la persistente extrañeza del Rey.

Incluso ahora, innumerables rostros aquí estaban sufriendo en la encrucijada de la vida y la muerte.

Que el Rey hablara despreocupadamente de su hermana en semejante situación. Nuritas estaba furiosa. Apretó los pliegues de su vestido, conteniendo a duras penas el impulso de golpear la nuca del Rey.

—Todos aquí estamos profundamente agradecidos por la gracia de Su Majestad.

Al oír a Nuritas decir esto, Ludwig sintió como si hubiera hecho algo verdaderamente grande.

—Las lágrimas del pueblo son mi dolor…

Aunque no había escatimado esfuerzos en apoyar a los enfermos, la voz de Ludwig vaciló ligeramente. Ni una sola vez había rezado por ellos.

Lucious, que había estado custodiando a Nuritas como un ave madre protege su nido, chasqueó la lengua mientras escuchaba su conversación. El Rey, que sólo había sido irritante, ahora parecía casi lamentable mientras aplaudía con entusiasmo las palabras de Nuritas.

El milagro que Ludwig esperaba de que Nuritas formara un vínculo cercano con él, probablemente nunca ocurriría. Pero tal vez como recompensa por haberle salvado la vida, decidió aguantar un poco más por el bien de Ludwig.

La voz de Nuritas irrumpió en los pensamientos de Lucious, llenando la tienda.

—¿Puedo pedirle a Su Majestad una mayor misericordia?

Nuritas eligió cuidadosamente sus palabras, recordando a Madame Bovary, que le daba golpes sin piedad.

Por aquel entonces, ella se había negado a aprender la etiqueta real, pensando que nunca la necesitaría, pero Madame Bovary había insistido, blandiendo el latigo.

En aquel momento, se había preguntado para qué le servirían esos conocimientos, pero ahora sentía que el dolor había merecido la pena.

—¿Qué pasa, hermana mía?

La voz de Ludwig estaba llena de determinación, como si pudiera hacer caer las estrellas y la luna por ella.

La familia real Xavier siempre había carecido de herederos. Ludwig, que había crecido solo, estaba encantado con la hermana que había reclamado a la fuerza. Aunque el amor romántico tenía un final, convertirse en familia significaba que podrían estar juntos durante mucho tiempo, lo que le complacía enormemente.

Pero contrariamente a lo que pensaba Ludwig, Nuritas sentía una punzada en el estómago cada vez que él la llamaba “hermana”. Le recordaba a Abio, que también la había llamado así.

«Bastarda repugnante».

Nuritas creía que, si hubiera justicia en el mundo, Abio nunca viviría una vida dichosa. Y si surgía la oportunidad, no dudaría en hacerle pagar por lo que había hecho.

Recordar lo que le había hecho pasar le hacía hervir la sangre, pero sabía que no era el momento de vengarse. Había cosas más importantes en las que concentrarse.

Los ojos azules de Nuritas brillaron cuando empezó a hablar con Ludwig.

—He oído que no sólo aquí, sino en muchos lugares, la gente sufre enfermedades. El agua de las fuentes, que debería proporcionar agua potable, se ha contaminado. Incluso los que han sobrevivido han abandonado sus hogares y huido al campo.

—Oh, vaya.

A Ludwig le sorprendió la historia y se dio una palmada en la rodilla. Nunca había imaginado una situación en la que la gente careciera de agua potable. Había pensado que el envío de suministros suficientes era suficiente para cumplir con su deber, incluso cuando la plaga se cobraba muchas vidas.

—Entonces, ¿qué es lo que quieres decir?

Ludwig encontró adorable el comportamiento vacilante de Nuritas mientras luchaba por expresar sus pensamientos.

Sencillamente, nunca le habían importado las circunstancias que le rodeaban. Al fin y al cabo, todos los que nacían estaban destinados a morir. Lo consideraba su destino.

—Espero que Su Majestad pueda usar su poder para reconstruir las ciudades. Necesitamos un sistema en el que la gente pueda acceder a agua limpia en todas partes y proporcionar una ayuda mínima a aquellos que no pueden ganarse la vida ahora mismo.

Mientras Ludwig observaba a Nuritas exponer sus ideas con confianza, sintió que incluso un rastro de sangre real era realmente poderoso.

Una mujer capaz de enfrentarse a la muerte por el bien de sus seres queridos, capaz de sudar y tender la mano a los desconocidos, aquella que se mostraba intrépida y digna incluso ante el Rey, no había nada en ella que no fuera valioso.

«La existencia de una mujer así es realmente fascinante».

Era una historia perdida dos generaciones atrás.

Al parecer, alguien de la familia real que había sido invitado a la fiesta de Romanognolo, se había aprovechado de una criada que trabajaba allí. En realidad, él y la mujer eran parientes lejanos.

«Es una pena que no pueda revelarlo».

—Así que, haga posible que el mundo entero alabe la gracia de Su Majestad.

Tras terminar su discurso con las mejillas sonrojadas, Nuritas agarró con fuerza la mano de Lucious a su lado.

Lucious repitió las últimas palabras que había oído.

«Alabar.. la gracia».

Aunque ya lo había oído innumerables veces, oírlo brotar de los rojos labios de Nuritas le produjo una sensación diferente, más emocionante.

—Como he dicho antes, soy más rico y más capaz que tu marido.

Lucious escuchaba en silencio, intuyendo que la conversación se acercaba a su fin, mientras el Rey hacía ostentación descarada de su riqueza.

—Pero verás…

El cuello de Lucious se puso rígido de irritación cuando Ludwig alargó sus palabras. Como era de esperar, el Rey no era más que un obstáculo para terminar su trabajo aquí y regresar a casa.

—Su Majestad, siento interrumpir, pero mi esposa no se encuentra bien, así que probablemente deberíamos regresar.

Sin embargo, esta vez, Ludwig estaba decidido a conseguir lo que quería.

—No es difícil para mí ordenar la reconstrucción de este lugar. Pero, ¿podrías tú, hermana mía, visitar de vez en cuando el palacio y contarme historias como la que acabas de compartir? Nadie más me cuenta cosas así.

Ludwig lanzó una mirada triste a Nuritas, como si pasara sus días solo y desolado en el palacio.

Muchos que valoraban la vida humana habían escrito al Rey para informarle de la realidad, y hubo quienes lo arriesgaban todo para expresar sus preocupaciones. Sin embargo, ajena a todo esto, Nuritas miró al Duque que tenía a su lado.

Estaba claro que a Lucious no le gustaría esto.

Ella tampoco quería encontrarse a menudo con el Rey, pero le debía la vida y sabía que su ayuda podía ser inestimable en situaciones como ésta. Su determinación vaciló.

—Muy bien. Pero siempre que visite el palacio, ira acompañada.

Fue Lucious quien respondió en nombre de la indecisa Nuritas.

—Excelente. La idea de ver a la familia a menudo y compartir afecto ya me emociona.

Tras recibir la respuesta que deseaba, el Rey se levantó bruscamente y desapareció fuera de la tienda con sus sirvientes.

—Lo siento, Duque.

Mientras caminaban hacia el carruaje, Nuritas habló en voz baja, aún tomada de la mano del Duque.

—Creo que he estado tan concentrada en este lugar que no he sido considerada con usted.

Había ignorado el consejo del Duque de mantenerse alejada, había venido corriendo y casi se había metido en un lío. También había creado una situación incómoda con el Rey. Todo le parecía culpa suya y le pesaba.

—Mereces ser alabada por tu dedicación a ayudar a los enfermos.

A pesar de sus palabras, la voz de Lucious era ronca. Nuritas le acarició el dorso de la mano y lo miró en silencio.

En realidad, Lucious se contentaba con tomarla de la mano. Pero ocultaba sus sentimientos y la miraba con una expresión deliberadamente fría.

Nuritas quería calmar su expresión, pero no sabía qué decir en esos momentos. Se mordió el labio inferior y sacudió ligeramente el cuerpo.

—Cuando volvamos, puedes concederme un deseo. Me parece bien.

Los ojos de Nuritas se abrieron de par en par ante la repentina mención de un deseo, pero se limitó a asentir como respuesta.

¿Qué hay que no pueda darle?

Si el Duque le pedía otro pañuelo bordado como la última vez… Aunque sus dedos se pincharan y arruinaran de tanto coser, Nuritas accedería gustosa.

Dejando atrás a Nuritas con una expresión decidida, Lucious comenzó a caminar adelante con una breve sonrisa en los labios. Sus ojos se teñían con los suaves matices de la noche que compartirían.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ARIETTY 
CORRECCIÓN: ANN


¿TE HAS CANSADO?

© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 83

    Next Post

  • CAPÍTULO 85
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks