Capítulo 84
—¿Señorita Anastas?
—Ah, quise decir que yo también lo pensaba así.
Calliope sonrió suavemente y desvió sus pensamientos. Claro, Isaac ahora está centrado en la espada, así que puede que vea como ideal a ese tipo de caballero.
Pensando eso, cerró el libro y lo devolvió a su lugar original. Al mirar el reloj, ya casi eran las once.
—Parece que es hora de que Isaac se vaya. ¿A qué hora volverás a casa hoy?
—Terminó alrededor de las nueve.
—Vaya, será difícil cenar juntos entonces. Pero aún tendrás tiempo para ver mi cara un momento, ¿cierto?
—Por supuesto.
Ella lo despidió con una leve sonrisa en la entrada de la mansión. Le agitó la mano hasta que el carruaje en el que él iba desapareció, y luego bajó el brazo con desgano. Que su Isaac se mostrara más animado que antes sin duda era algo bueno… pero se sentía extraña. Muy extraña.
Calliope suspiró profundamente allí mismo y regresó a su despacho. Entonces le dijo a Jack: —Tengo una cita, así que debo salir. Ve a llamar a los caballeros.
—Entonces yo…
—Sí, tú también vienes conmigo.
Jack se levantó de un salto.
—Y ni se te ocurra quedarte dormido en el carruaje mientras yo estoy ocupada.
Él se desanimó de inmediato y se marchó arrastrando los pies para llamar a los caballeros. Susan, con expresión completamente despreocupada, comentó: —¿No dijo que tenía que salir temprano y por eso lo mandó a dormir antes?
—Así es.
—Tch.
Susan, la doncella, había despertado una hora antes para asistir a la señorita desde la mañana. Ver a Jack tambalearse aun habiendo dormido hasta tarde le resultaba irritante.
—Tú quédate descansando en la mansión. Solo voy a hacer una diligencia rápida y regresaré.
—Ah, entendido. Gracias.
—No hay por qué.
Calliope partió hacia la casa de los Andress acompañada por Jack y varios caballeros. Jack cabeceó en el carruaje, adormilado, pero eso era algo que podía pasarse por alto.
Lo primero que sintió al llegar a la residencia de los Andress fue lo cálido que se veía todo. El jardín decorado acorde a la estación y las paredes marrones, limpias y ordenadas, daban una impresión acogedora. En efecto, se sabía que la familia Andress era famosa por su belleza y su carácter apacible.
Calliope bajó del carruaje y fue recibida por Jilian y el personal del lugar.
—Bienvenida, señorita Anastas.
—Gracias a ustedes por la invitación, joven Andress.
Como aún no era caballero, no se le podía llamar con el título de “Sir”. Resultaba curioso que una casa tan renombrada por su linaje marcial produjera descendientes de apariencia tan hermosa y serena… y más curioso aún que Jilian no fuera caballero. Sin embargo, él no parecía acomplejado por ello, pues no reaccionó en absoluto al tratamiento formal.
—Su residencia es realmente hermosa.
—No se puede comparar con la del Marqués, pero mi madre le pone mucho esmero.
—Eso se nota.
Ella paseó por el jardín con él. Bueno, técnicamente los acompañaban también su guardaespaldas y los de ella, así que parecía más una excursión. Calliope notó algo extraño en los caballeros que caminaban detrás de Jilian .
«Los caballeros de la casa Andress son… raros».
Se suponía que estaban para escoltar a Jilian, pero sus miradas agudas daban la impresión de estarlo vigilando. Fingiendo no notar nada, Calliope conversó un poco con él mientras caminaban hacia el interior de la mansión para recibir una presentación del lugar. Su sensación extraña no desapareció.
—Este es un pequeño jardín interior dentro de la casa. A mi madre le gustan mucho las flores.
Pero los sirvientes que se encargaban de las flores ni siquiera se levantaban a saludar a Jilian.
—Espero que le haya gustado el aroma del té.
Las doncellas que servían el té trataban a Calliope con cortesía, pero mostraban una sutil indiferencia hacia Jilian. No era algo que se notara a simple vista, así que alguien poco perspicaz podría pasarlo por alto, pero Calliope lo notó enseguida. En realidad, no era tanto una cuestión de perspicacia, sino de experiencia.
«¿Está marginado dentro de su propia familia?»
Sabía bien que en una casa marcial, un hijo que no llegaba a ser caballero era tratado como un trasto viejo. Pero aun así… era el hijo mayor. Sin embargo, pronto recordó que ella también, en el pasado, había sido una hija mayor solo de nombre. Sonrió con ironía.
Dejó la taza de té sobre la mesa y preguntó: —El té tiene un aroma encantador. Por cierto, ¿los demás miembros de tu familia están ocupados?
—Mi padre está fuera, y mi madre seguramente también está ocupada. Mi hermana menor debe estar terminando su clase con el tutor por esta hora…
—Oh, ¿termina bastante temprano?
—Como somos una familia marcial, el resto del tiempo lo dedica al entrenamiento con la espada. Se emocionó mucho al saber que hablé con el Conde Dylus hace poco.
—Ah, ¿por la señorita Bertche?
—Así es. Después de todo, a su edad ya ha logrado grandes cosas. Aunque no tanto como tu prometido, claro está.
—Bueno, es que mi prometido es especial. Incluso la señorita Bertche lo reconoce.
Ella se encogió de hombros con un gesto ligero, como si no tuviera más pensamientos al respecto, y preguntó: —Ya que estoy aquí, me gustaría saludar a alguien más. ¿Podría ver, aunque sea un momento, a tu hermana?
Mientras sus ojos brillaban con inocencia, Jilian mantenía esa habitual sonrisa suave.
—… Le preguntaré.
Ni su voz ni su expresión mostraron alteración alguna, pero Calliope comprendió que no le agradaba la idea. Solo lo comprendió. Para saber por qué, tendría que verlo con sus propios ojos.
Él se excusó brevemente y salió. Calliope apoyó el codo en el reposabrazos y sostuvo su barbilla con la mano.
—Ese tipo me da una sensación inquietante constantemente, ¿por qué será?
—¿Por qué es más guapo que usted?
—Pégale a Jack.
—¡Agh! ¡Era una broma! ¿Ya ni eso se puede decir?
—¿Una broma tan mala merece un castigo, sabes? Me parece imperdonable que digas eso solo porque no te dejé dormir más.
—…
Jack puso una expresión de “me descubrieron”.
Pasaron unos diez minutos y se oyó a alguien corriendo por el pasillo. No podía ser Jilian quien corría así. Entonces, de repente, la puerta se abrió de golpe, sin siquiera tocar.
—¡Señorita Anastas!
Un niña con una melena rubia ondulada y unos preciosos ojos verde claro entró con la cara llena de emoción. Jilian, que la seguía jadeando por detrás, dijo con tono de disculpa: —Todavía no está acostumbrada a las normas. Lo siento.
—No te preocupes. Está bien. Fui yo quien pidió verla de improviso.
—¡Ah, cierto! No debí hacer eso. Disculpe.
—También deberías presentarte, ¿no crees?
La niña miró de reojo a Jilian y luego habló con energía: —¡Soy Kelly Andress, señorita! ¡La segunda hija de la familia Andress!
—Ya lo sabía por lo que me contaron. Ven, ¿quieres sentarte aquí?
—¡Gracias!
La niña se sentó con soltura al lado de Calliope, y esta la recibió con calidez, acercándose un poco.
—Y bien, ¿por qué viniste corriendo tan rápido? Me preocupaba que pudieras tropezar.
—¡Se sorprendería si supiera cuántas vueltas doy al campo de entrenamiento! ¡Nunca me caigo!
—Qué interesante. Bueno, ¿cuántas vueltas das normalmente? Digamos… ¿Unas quince vueltas para empezar?
Kelly abrió los ojos redondos, como si no pudiera creer lo que oía. Tenía una expresión simplemente adorable.
—¿Cómo lo supo?
—Yo también he aprendido algo de esgrima, y como mi prometido es un espadachín excelente, aunque no quiera, uno termina sabiendo cosas.
—¡Ah, cierto! ¡El caballero Esteban! Señorita, si no le molesta… ¿podría hablarme de él y de la señorita Dylus? ¡Son mis modelos a seguir!
—Vaya, tienes grandes sueños.
—¡Los sueños tienen que ser grandes!
—Tienes razón.
La niña se giró hacia Calliope con ojos brillantes. Estaba completamente concentrada en la conversación.
—Aunque no sabía que usted también practicará con la espada. Pero claro, el Marqués Anastas también es famoso por su esgrima, ¿verdad? ¡De verdad impresionante! ¡Dicen que usted es buena en muchas cosas!
—¿Oh? ¿Eso se dice por ahí? Bueno, no es mentira, desde luego.
A Kelly parecía gustarle la confianza de Calliope. Sin embargo, las palabras que siguieron resultaron algo extrañas.
—Mi hermano no puede practicar esgrima porque está enfermo, ni puede estar sentado mucho rato, pero usted, con ese cuerpo tan delgado, hace tantas cosas. Me parece increíble.
Calliope sonrió, pero entrecerró los ojos.
—¿De verdad?
—Sí, mamá y papá siempre me dicen que tome a mi hermano como ejemplo de lo que no debo hacer, y que me esfuerce mucho. Dicen que tengo talento para la esgrima. Por eso siempre doy lo mejor de mí por los dos.
—Ya veo. El esfuerzo es algo admirable.
Calliope lanzó una mirada a Jilian. Su expresión seguía siendo la misma de siempre: una sonrisa tranquila, como si estuviera acostumbrado. Luego observó de cerca el rostro de la niña.
Una niña inocente, sin rastro de mala intención. Era aún muy joven y simplemente repetía lo que oía sin pensarlo demasiado. Calliope esbozó una expresión de comprensión casi involuntaria.
—No sé… A mí me parece que el joven Jilian también tiene un gran talento.
Kelly abrió los ojos aún más, como si escuchara eso por primera vez en su vida.
—¿Eh? ¿Qué talento?
—Hmm… es un secreto. Descubrirlo por ti misma también es una forma de afinar el juicio.
—¡Ah, ya veo! ¡Gracias por enseñarme eso!
Calliope sonrió en silencio. Al poco tiempo, llegó la hora del entrenamiento y la niña se retiró. Jilian no dijo nada durante un rato. Calliope tampoco.
Calliope sentía una presión incómoda en el pecho por esa atmósfera extraña. Esa situación… era como si fuera ella misma, o tal vez como Isaac. Pero Jilian soportaba todo aquello sin mostrar una sola fisura.
«Bueno, ni siquiera teniendo eso en cuenta se despejan todas las dudas. ¿Por qué me mostraría interés?»
Calliope tomó una decisión.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY