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Capítulo 70

—Parece que he interactuado lo suficiente con los demás nobles.

—¿De verdad? Has trabajado mucho, mi amor.   

Calliope se acercó a Isaac. Este, como si fuera lo más natural, se inclinó, y ambos intercambiaron un suave beso en la mejilla.

—Pero, ¿por qué la señorita Biroanz…?

—Ah, me pidió que la ayudara a escoger una espada este fin de semana. Por eso vine a preguntarte si está bien.

—¿Está interesada en la esgrima? Si es así, me parece perfecto. Isaac, este fin de semana tengo otros compromisos, así que puedes ir con ella.

—Entendido.

Nina, incrédula, se quedó congelada con una sonrisa forzada.

«¿A, acaso vino a pedir permiso para irse de cita el fin de semana con otra mujer? ¿Y esa mujer, por qué le da permiso?»

Calliope, abanicándose suavemente, dirigió su mirada hacia Nina.

—Espero que pases un buen rato. Ojalá encuentren una buena espada.

—Ah, ah ja ja. Gracias por su amabilidad, señorita.

«Bueno, si su compromiso no es por amor y está estrictamente ligado a razones políticas, supongo que tiene sentido. Tengo que resolver esto este fin de semana, cueste lo que cueste».

Mientras Nina se hacía esa promesa, Calliope sonreía de forma divertida. La hermosa joven, aún no muy acostumbrada al círculo social, no se daba cuenta de cómo las demás damas nobles la miraban.

—¡Cielos, dice que va a salir con el prometido de otra mujer este fin de semana!

—¿Cómo puede hablar de eso con tanta cara dura?

—Tch, tch.

En medio de esas reacciones, Calliope solo agitaba su abanico con una expresión serena. Desde lejos, sentada en un sofá, Bertche observaba la situación y chasqueaba la lengua.

—Mírala, está a punto de perder los estribos.

Bertche ya había aprendido a interpretar a Calliope bastante bien.

Nina, al notar que algo no iba bien, se despidió rápidamente y abandonó el lugar. Mientras tanto, Isaac no se alejaba del lado de Calliope ni por un momento.

Juntos, salieron al balcón a tomar aire fresco y, al regresar, pasearon tranquilamente por el salón. La sala, decorada con joyas, oro y toda clase de riquezas, era tan deslumbrante que parecía un sueño.

Caminando del brazo de Isaac y sosteniendo una bebida roja, Calliope pronto divisó un rostro conocido.

—Oh, buenas tardes, joven maestro Gladiert.

—¿Dónde estabas? Te estaba buscando.

Era Otis Gladiert. Hablaba con un tono algo apurado, lo que tenía sentido. Siendo el único heredero del ducado, las mujeres seguramente lo acosaban sin descanso.

Calliope lo miró con una expresión que decía: “¿Y a mí qué?”, pero él se acercó rápidamente y le habló.

—Tengo que bailar con dos mujeres además de mi pareja. Necesito tu ayuda.

—¿Y por qué debería ayudarte?

—¡Somos amigos!

Calliope inclinó la cabeza, algo confundida, y preguntó: —¿Acaso el Duque ha hecho algo otra vez?

—Si no lo hago, dijo que tendré que caminar hasta la mansión.

—Vaya…

Aunque no parecía interesada, Calliope decidió ayudarlo por cortesía. Antes de hacerlo, era natural calmar a Isaac. Le acarició suavemente el brazo y lo consoló.

—Dada la situación, voy a ayudarle un momento. ¿Puedes quedarte aquí? Si te aburres, puedes hablar con quien quieras.

—No, me quedaré aquí.

—Perfecto. Regresaré enseguida.

En ese momento, comenzó una pieza corta y lenta. Acompañada por Otis, Calliope subió a la pista y adoptó la postura para comenzar a bailar lentamente.

—Por muy urgente que sea, ¿está bien bailar conmigo, que soy de la facción real?

—En los bailes de debutantes, los jóvenes pueden bailar con quien crucen la mirada. No tiene mayor significado.

—¿De verdad? El Duque Gladiert y el Marqués Anastas tienen una relación complicada, ¿no?

—No te preocupes por esas cosas. Ya tengo suficiente dolor de cabeza con mi padre.

—Vaya, qué lástima.

A medida que Calliope se movía con pasos ligeros, su cabello blanco se balanceaba suavemente, como un espejismo. Otis, mirándola, habló impulsivamente.

—Hace un momento, tu prometido estaba teniendo una conversación bastante íntima con otra mujer.

—Oh, ¿me estás informando sobre eso? Gracias, pero ya lo sabía.

—¿No te molesta?

—¿Y si me molestara?

Los ojos de Calliope se entrecerraron suavemente.

—¿Me consolarías?

Mientras susurraba, la distancia entre ellos se redujo aún más. Otis, sintiendo un escalofrío, vio de reojo a Isaac, quien lo observaba más allá del hombro de Calliope. Los ojos de Isaac, blancos como la nieve, lo miraban fijamente, llenos de algo que parecía más ardiente que frialdad. Eran celos puros. Otis apretó los dientes ligeramente.

—… No creo que haya nada de qué preocuparse.

—¿Oh? ¿Por qué dices eso de repente?

—Cosas que pasan.

—Parece que no es algo importante, así que no insistiré.

Cuando la conversación terminó, la breve melodía estaba llegando a su fin. Calliope, como si hubiera pensado en algo, abrió la boca con una sonrisa que prometía una idea interesante.

—Ahora que lo pienso, si tienes que bailar con dos mujeres además de tu pareja, aún falta una.

—Eso es cierto, pero…

—Entonces…

Calliope sonrió como un pequeño demonio. Y así.

—Mis disculpas.

—No hay problema.

Un tono frío marcaba el intercambio de palabras. Otis, para su incomodidad, terminó bailando con la dama Bertche Dylus como su tercera pareja de baile. Aunque prefería bailar con alguien conocido, Bertche era alguien con quien sentía cierto peso. ¿Por qué?

—No entiendo por qué pareces más incómodo. Yo fui quien se confesó y fue rechazada.

—…¡No digas esas cosas a la ligera! Ahem, es aterrador pensar que alguien podría escucharlo.

El motivo de su reacción era claro: dos años atrás, Bertche Dylus había confesado sus sentimientos a Otis. Aunque, en realidad, llamarlo “confesión” era exagerar. Ella, con altivez, le dijo que estaba interesada en él y que, antes de aceptar el compromiso arreglado por su familia, quería conocerlo mejor.

Con el rostro ligeramente inclinado, las piernas cruzadas y una mirada fría, nadie habría interpretado esas palabras como una confesión. Otis tampoco lo hizo y, después de un momento, apretó los dientes.

«Ahora entiendo por qué esa mujer dijo que lo sentía antes de irse…»

En aquel entonces, Calliope le mencionó a Otis que Bertche Dailus deseaba hablar con él en privado y le indicó un salón en una cafetería. Otis, naturalmente, pensó que era una estrategia política para prepararse ante la próxima generación que heredaría los títulos nobiliarios.

Incluso la disculpa de Calliope la interpretó como una forma de suavizar las dificultades de Bertche para rechazar la invitación. Pero lo que encontró fue una confesión gélida.

—Parece que no es un recuerdo muy agradable para ti.

—No lo fue, pero tampoco fue desagradable. ¿Quién recibiría una confesión como esa?

—Cierto. ¿Quién podría recibir una confesión mía?

«Eso no es lo que quise decir, pero lo dejaré pasar». Pensó Otis.

Mientras la música llegaba a su fin, Otis terminó el baile con una reverencia elegante. Bertche, sosteniendo los bordes de su vestido, devolvió el gesto con un leve movimiento. Justo en ese momento, Bertche le susurró: —No tienes de qué preocuparte. Resulta que el primer amor de la juventud se supera más rápido de lo que parece.

—Es lo mejor. Por muchas razones, nosotros no podríamos estar juntos.

—Parece que no estamos destinados a ser Romeo y Julieta.

—Por favor, no digas cosas tan aterradoras.

—Qué fácil es asustarte. Siempre pensé que el joven Gladiert era como un conejo.

—¿Perdón?

—Cuando era más joven, me gustaba ese tipo de persona, pero ahora me atraen más los depredadores silenciosos que acechan en calma.

—¿Perdón…?

Sin responder a su desconcierto, Bertche se giró y cruzó el salón, dejando a Otis paralizado. Un escalofrío recorrió su espalda. Depredador silencioso…

Ty: JAJAJAJJJAJA

«No estará hablando del prometido de Calliope… ¿o sí?»

Sacudiendo ese pensamiento como una paranoia absurda, Otis se rió nerviosamente y se retiró, preocupado por si otra dama noble le pedía bailar.

Mientras tanto, Calliope observaba una escena bastante divertida: Nina, tras varios intentos fallidos, finalmente logró convencer a Isaac de bailar con ella.

Isaac, al aceptar la invitación, miró a Calliope como pidiendo aprobación. Ella asintió tranquilamente, levantó una copa y observó a la pareja desde lejos. Durante el baile, Isaac se giraba constantemente para encontrarse con la mirada de Calliope.

—Deberías concentrarte más en tu pareja de baile 

Comentó con un tono juguetón mientras dejaba su copa en la bandeja de un sirviente.

En ese instante, un hombre desconocido apareció detrás del sirviente y se acercó a Calliope con una reverencia.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

Calliope lo miró detenidamente. Su cabello rubio platino y sus ojos verdes le resultaban familiares, pero no podía recordar de dónde. Antes de que pudiera pensar más, él se presentó.

—Soy Jillan Andress, del condado de Andress.

—Ah…

Por fin lo recordó. Provenía de una prestigiosa familia de militares, y su abuela había sido hermana del antiguo rRey. Pero lo más relevante era que, en el futuro, él se convertiría en el prometido de Bertche.

Aunque el condado no tenía mucho poder en un reino pacífico, con el aumento de las amenazas de monstruos, la familia Andress ganó méritos. Jillan, por ambición, eligió comprometerse con Bertche, quien heredaría el título de su familia.

Sin embargo, Calliope no entendía por qué alguien como él se dirigía a ella.

—¿Qué deseas? —preguntó con una mirada tranquila.

Él sonrió tímidamente, como si se sintiera algo torpe.

—¿Qué otra razón podría tener un hombre para hablar con una dama en un evento como este?



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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