Capítulo 66
—Un vestido de debutante es lo que necesito.
Y esas palabras fueron bastante inesperadas.
—He visto los vestidos de los diseñadores que marcan las últimas tendencias en la capital, pero ninguno me convence. Entonces recordé aquel sencillo vestido que vendían en aquel momento.
Calliope llamó “sencillo” al vestido que compró por ochenta silones. Tal vez, en ese entonces, no fuera un precio despreciable, pero ahora, para alguien como ella, eso no era más que una bagatela.
—Sin embargo, no estaba mal. Era aceptable.
Con ambas manos sobre las rodillas, Calliope evaluó con arrogancia. Silvia y Romanda, lejos de ofenderse, asentían fervientemente.
—Así que pensé que necesitaba a un diseñador que, de manera innovadora y exclusivamente para mí, creará un vestido.
Romanda tragó saliva con fuerza.
—¿Quiere decir que me ha elegido a mí?
—Tu tienda es demasiado pequeña. Es modesta. Supongo que, probablemente, no has podido diseñar libremente los vestidos que quieres debido a los costos, ¿no es así?
—Sí, sí, así es.
Romanda respondió fervientemente. Porque tenía razón. En un pueblo fuera de la capital, en una tienda tan pequeña, no había tenido oportunidad de trabajar con telas costosas que suelen usar los nobles. Con mejores telas, podría hacer mejores vestidos, pensaba. Quienquiera que dijera que un buen artesano no depende de sus herramientas y materiales estaba equivocado.
Un buen vestido nace de una buena tela. Esa era la filosofía de Romanda, y la persona que podía solucionar ese problema estaba justo frente a ella.
—Jack.
Ante la llamada de Calliope, Jack abrió la puerta. Las criadas colocaron sobre la mesa del salón varias telas enrolladas. Al verlas, Romanda casi perdió el sentido.
—E-esas telas tan valiosas…
Eran materiales que solo podían obtenerse en el lejano bosque invernal del norte, y ni los plebeyos ni muchos nobles comunes tenían acceso a ellos. Romanda, temblando, ni siquiera se atrevió a tocarlas.
—¿Dice que me confiará esto?
—No todavía. Trajiste tus libros de diseño, ¿verdad?
—Sí, ¡por supuesto!
Romanda, casi arrebatándoselos a Silvia, puso los libros sobre la mesa. Jack tomó uno y, arrodillado, lo fue hojeando página por página frente a Calliope.
—Es parecido al estilo que tenía en mente.
Romanda tragó saliva con fuerza. Ahora mismo, estaba en una encrucijada que cambiaría su futuro. Si lo hacía bien, su vida se abriría; pero si no estaba a la altura, seguiría atrapada en el pequeño mundo en el que vivía.
Con un movimiento seco, Calliope cerró el último libro. Jack lo lanzó sobre la mesa.
—El diseño de la octava página del primer libro, combinado con el de la décimo tercera página del séptimo libro. Haz el diseño con esos elementos. Si apruebo el diseño, harás mi vestido de debutante.
—Me esforzaré al máximo. ¡Confíe en mí!
—¡Yo también lo haré!
Romanda era una mujer ambiciosa. Silvia, siendo una empleada tranquila que seguía bien sus instrucciones, al menos no soltaba comentarios desalentadores como ¿Podremos lograrlo?. Romanda preguntó: —¿Comenzamos ahora mismo?
—Sí.
Lo que dijo para mostrar entusiasmo se convirtió en una orden.
—¿Cuándo debería entregarlo?
—Si empiezas ahora y consideramos el tiempo de confección, veamos.
Con una sonrisa radiante, Calliope pronunció algo digno de un verdugo.
—Mañana por la noche.
—¿U-un día…?
—Pide lo que necesites a las criadas. Si necesitas más telas, las traerán. Si tienes sed, pide té; si tienes hambre, pide una cena.
—¿Cómo vamos a…?
—Solo tienen que completar mi vestido a tiempo. Y si lo hacen, todo cambiará —Calliope miró directamente a Romanda al decir esas palabras—. Estoy segura de que entiendes perfectamente.
Romanda apretó con fuerza el dobladillo de su falda y, con determinación, asintió. Ese gesto no era una muestra de lealtad a Calliope, sino una expresión de su propio deseo de ascender.
—Por supuesto.
—Bien, esa es la actitud correcta. Les prepararé una habitación; empiecen de inmediato. Dentro encontrarán todo lo que necesiten.
Antes de que pudieran responder, Calliope salió del salón. Con un golpe seco, la puerta se cerró. Jack se acercó a su lado y preguntó: —¿De verdad lo harán bien?
—Si fracasan, simplemente volverán a su vida habitual. ¿Por qué? ¿No te parecen confiables?
—Para ser sincero, no mucho. Al fin y al cabo, eran personas que dirigían una pequeña tienda de ropa fuera de la capital. Si fueran grandes diseñadoras, ya estarían en la capital.
—Hmmm.
Calliope dejó escapar un sonido nasal, ambiguo entre la molestia y la diversión. Jack, incapaz de comprenderla, ladeó la cabeza. Tanto que ese gesto comenzaba a parecerle entrañable.
—Jack, tengo curiosidad por algo.
—¿Qué desea saber? Dígamelo.
—¿Los nobles miran dentro de los pozos?
Jack respondió como si no entendiera la pregunta.
—Claro que no.
—Entonces, si no es el pozo dentro de la mansión, sino el pozo que usan los aldeanos fuera del castillo, ¿lo harían?
—¡Menos todavía!
—Exacto. Así es.
—¿Perdón?
—Así es.
—¿Eh?
—Nacer en la capital, en sí mismo, puede ser un privilegio.
Calliope dejó atrás al hombre que parpadeaba como un sapo y se dirigió hacia su habitación. Detrás de ella, Jack, al entender el significado de sus palabras, la siguió apresuradamente.
—Entiendo bien lo que quiere decir, pero, para ser honesto, no lo comprendo del todo.
—¿Qué clase de respuesta es esa?
—Solo estoy expresando mi sincero sentimiento, nada más.
—Claro, claro. Jack, al fin y al cabo, tú también eres un noble.
—Pero usted también lo es, señorita.
Con un movimiento rápido, Calliope tocó la nariz de Jack, que tenía un talento innato para contestar a todo. Aunque sus dedos eran delgados y no debía dolerle, él fingió exageradamente y cubrió su nariz como si hubiera sido golpeado.
—¿Podrías haber llamado “noble” a la niña que fui? Ahora, lárgate.
Sin esperar respuesta, Calliope llegó a la puerta de su habitación, la abrió con sus propias manos y entró, cerrándola de un golpe tras de sí. Jack, frente a la puerta cerrada, se quedó rascándose la cabeza, sin saber cómo responder a la última pregunta que le había hecho.
Al día siguiente, durante el almuerzo, cuando Calliope terminaba su comida y disfrutaba de una taza de té, dos mujeres irrumpieron en la habitación.
—¡Aquí está!
—¡Lo hemos terminado!
—¿De verdad? ¿Tan pronto?
Las dos mujeres, que habían abierto la puerta de golpe, tenían los ojos rodeados de ojeras tras una sola noche. Era como si estas se extendieran hasta la barbilla, si se exageraba un poco. Incluso parecía que habían perdido peso, aunque seguramente era una ilusión.
—Parece que terminaron antes de lo esperado. Déjenme verlo.
—Fue porque usted ya había elegido los diseños previamente, y solo tuvimos que combinarlos de manera adecuada.
Mientras Silvia respondía, Romanda, temblando, entregó con manos temblorosas un único diseño. Al verlo, Calliope sonrió ligeramente. Su expresión era tan ambigua que las dos mujeres no podían adivinar qué respuesta les daría.
Cuando la tensión estaba en su punto máximo, Calliope habló.
—Es incluso mejor de lo que esperaba.
—Ah…
—Sí, realmente pusimos toda nuestra alma en este diseño.
Silvia dejó escapar un suspiro de alivio, mientras Romanda mostró su confianza. Ante la respuesta decidida, Calliope rió suavemente.
—Vaya, si pusieron toda su alma en este vestido, eso será un problema. ¿Cuántos vestidos más van a tener que hacerme? No pueden quedarse sin alma ahora.
Romanda, alarmada por lo que parecía una broma, respondió rápidamente.
—¡Todavía nos queda alma! ¡Nos queda de sobra!
—Jajaja.
Calliope, con una sonrisa divertida, les devolvió el diseño.
—No hay nada que cambiar. Ahora, quiero que hagan un conjunto masculino que contraste con este vestido. ¿Podrán hacerlo? Les proporcionaré el personal necesario para que puedan concentrarse en el diseño y la ejecución.
—Por supuesto, lo haremos sin problemas.
—Gracias. Gracias de verdad.
—Pueden quedarse por un tiempo en el ala del edificio que les asigné. Si después del debut conseguimos una ubicación en la capital, abriremos una tienda allí.
—¿En la… Capital?
—¿Una tienda?
—¿Acaso esperan que sea yo quien salga de la capital para visitarlas? Además, solo tengo una condición: ningún cliente, sea quien sea, debe ser más importante que yo. Aunque sea un miembro de la familia real, siempre tendrán que priorizarme. Los nobles suelen respetar mucho al descubridor de un talento, así que eso no será un problema, ¿verdad?
—Lo entendemos.
—Estamos muy agradecidas. Muy agradecidas.
—En lugar de darme las gracias, vayan a trabajar en los vestidos. Esto no es algo que pueda hacerse en un día o dos, ¿no?
—¡Sí!
Como un viento que viene y se va, las dos mujeres desaparecieron tan rápido como habían llegado. Calliope llamó a Jack y le ordenó que buscara costureros y personas que supieran hacer encajes. Jack preguntó.
—¿Realmente le gustó el diseño?
—Sí. Incluso tú estarías satisfecho si lo vieras.
—¿Qué tiene de especial mi opinión?
—¿Qué va a tener? La mirada de un noble que no necesita asomarse a pozos ajenos.
Con un tono burlón, mitad chiste, mitad sarcasmo, Calliope lo molestó y continuó bebiendo su té. Jack, como de costumbre, se quedó parado sin saber qué más hacer.
***
El vestido avanzaba sin problemas. Liberada de las restricciones económicas, Romanda trabajaba como pez en el agua, usando materiales que nunca antes había podido tocar. Silvia, con su naturaleza dócil, aplaudía a su lado, animándola con elogios como “¡Es increíble! ¡Es maravilloso!” que aumentaban la moral de Romanda.
Ese día, era el turno de avanzar con el retrato. Aunque los bocetos iniciales ya estaban terminados, se encontraba en la fase de añadir colores. Calliope, deliberadamente, no había revisado los primeros bocetos. Confiaba en que Riona, la pintora, con su estilo intuitivo y abstracto, capturaría su esencia.
Aunque su arte tenía una sensibilidad abstracta, la técnica de Riona era tan precisa que podía retratar una realidad incluso más vívida que la propia realidad. Por eso, Calliope no esperaba simplemente un retrato bonito, sino que deseaba ver su verdadera imagen a través de los ojos de la pintora.
—Hola, señorita Anastas

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY