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Capítulo 55

Mientras Susan libraba sola su batalla, un carruaje se adentró en la residencia del Marqués. Aunque más pequeño que el que recibió a Calliope al llegar, seguía siendo lo suficientemente elegante y se detuvo suavemente frente a la entrada principal.

—Isaac.

El hombre que descendió del carruaje tenía el cabello negro que aún caía ligeramente sobre sus ojos. Sin embargo, Calliope le dirigió una radiante sonrisa antes de hablar.

—Señorita Anastas.

Parecía sorprendido de encontrarla ya fuera. Y no era para menos, ya que había llegado treinta minutos antes de lo pactado. En realidad, Calliope ya sabía que él llegaría temprano. Siempre lo hacía. Cada vez que tenían una cita, él se adelantaba y esperaba por ella.

—¿Te hice esperar?

—No, acabo de salir.

Su respuesta fue clara y sencilla. No era una mentira. Conociendo sus hábitos, realmente había salido justo en ese momento.

Calliope extendió su mano, e Isaac, con delicadeza, la tomó para escoltarla. Su movimiento fue tan cuidadoso como si sostuviera una pluma de ave. Calliope subió al carruaje, encontrándose con su mirada y sonriendo.

—Al parecer, nuestras mentes están conectadas.

—… ¿Conectadas, dices?

—Sí, porque tú pensabas en mí y yo pensaba en ti. Eso nos conectó.

Isaac apretó los labios en silencio. Para los demás, podría parecer una pausa muda, pero para Calliope era simplemente que él se sentía avergonzado.

—Ya veo.

Movió ligeramente los labios antes de reunir el valor para continuar.

—Hasta hace un momento, estaba pensando en ti.

—Yo siempre pienso en ti.

—Ah —parpadeó, un poco confundido, sus ojos apenas visibles tras el flequillo—. Yo también, siempre pensaré en ti.

Calliope sonrió, satisfecha. Detrás de ellos, Jack y Susan intercambiaron miradas por un momento, contemplando el cielo vacío. Aunque ya era verano, parecía que una brisa primaveral amarillenta revoloteaba a su alrededor, haciéndoles estremecer.

«No debemos entrometernos».

«No debemos… entrometernos…»

Aunque, al fin y al cabo, no había escapatoria para los sirvientes y asistentes de Calliope. Poco después, el carruaje que llevaba a los cuatro partió.

El carruaje llegó al Atelier Haute Éclaire, reservado previamente por Jack. Este exclusivo establecimiento funcionaba estrictamente con citas, ofreciendo la comodidad de encontrar en un solo lugar a maestros de la confección, sombreros, zapatos y adornos. Su fama había crecido gracias a su calidad excepcional, diseños exquisitos y precios prohibitivos que enloquecían a la nobleza. En este contexto, “prohibitivo” no significaba barato, sino extremadamente costoso.

Cuando ganaron suficiente renombre, redujeron el número de visitas diarias a unas treinta, lo cual solo intensificó el deseo de la nobleza. La reputación del lugar alcanzó nuevas alturas después de que se supo que la reina había comprado allí un regalo para el Rey.

Aunque era un edificio de una sola planta, su interior era más espacioso que muchas mansiones. Isaac, que visitaba un lugar así por primera vez, no podía ocultar su nerviosismo. Aunque ya había estado con Calliope en otras casas de moda y joyerías, hoy parecía más rígido que de costumbre. Calliope, entrando junto a él por la puerta que Jack les sostuvo, comentó: —Hoy ajustaremos todo, de la cabeza a los pies.

—Ah, sí. Por eso me pediste que despejara toda la agenda…

—Exacto. No encontré algo adecuado para la ceremonia de compromiso.

Ante sus palabras, Isaac parpadeó sorprendido.

—Pero dijiste que la ceremonia sería algo sencilla.

Calliope hizo un gesto al personal que los recibió y respondió con serenidad.

—Sí, sencilla. Solo vaciaré un salón de la mansión del Marqués y recibiré a unos cincuenta invitados. Sería maravilloso si los Condes Dylus, de la familia materna de la Marquesa, también pudieran venir, aunque no estoy segura. Ah, también deberíamos contratar una orquesta y decidir el menú para agasajar a los invitados. Creo que tendremos que traer a un pastelero de fuera para los postres. Aunque hay un pastelero en la casa del Marqués, parece que solo se encargan de los dulces que disfruta Karolie, y no son suficientes.

—¿S-se supone que eso es… sencillo?

Su tono entrecortado reflejaba claramente esa duda, pero Calliope, con ternura, ladeó la cabeza y lo miró.

—Sí, sencillo. ¿Puede haber algo más simple que esto?

Isaac pronto aceptó que su prometida siempre tenía la razón y que asentir continuamente era su mejor cualidad. Con un leve movimiento de cabeza, confirmó su acuerdo.

Cuando Calliope levantó la cabeza ante la repentina llegada, Otis se acercó a ella, inclinándose ligeramente mientras pasaba las páginas del catálogo. Finalmente señaló una tela azulada en una de las hojas posteriores.

—No es una boda, solo un compromiso, así que este color debería estar bien. Para la chaqueta que irá sobre la camisa, sería mejor algo en un tono más oscuro.

—¿Qué haces de repente?

—Simplemente, no podía quedarme mirando sin hacer nada.

Otis se enderezó, cruzándose de brazos. Cada una de las prendas, accesorios, cinturones y zapatos que llevaba brillaba impecablemente, acorde con su comentario. Ah, cierto, él era un verdadero líder de tendencias. Ya fuera en vestimenta, comida o calzado, siempre marcaba el camino. Especialmente cuando se trataba de ropa, era insuperable.

—¿Acaso un amigo no puede hacer este tipo de observaciones?

—¿Amigo?

Ah, claro, habían acordado ser amigos. En cuestiones de moda masculina, él claramente era superior. Calliope no había pedido su consejo, pero si él mismo lo ofrecía, no tenía razones para rechazarlo.

—Amigos, perfecto. Entonces, ¿por qué no me ayudas a elegir también la tela para la chaqueta y los pantalones? Ah, y los zapatos, el cinturón, incluso los accesorios.

—Qué rapidez para aprovechar la situación —dijo Otis con una sonrisa irónica—. Pero supongo que es comprensible.

—Mi prometido debe estar perfecto ese día.

—¿Eh?

Otis se sorprendió, y no fue el único. Desde detrás de Calliope, otra voz inesperada exclamó: —¿Eh?

—¿Eh? —repitió otra vez.

Calliope se giró y se encontró con alguien inesperado.

—¿Qué haces aquí?

—¿Qué más podría estar haciendo? Pero, ¿y esa persona? —preguntó, señalando discretamente.

—Comprando un regalo para mi padre. 

El breve intercambio entre Otis, Calliope y la recién llegada, Bertche, culminó con un momento de confusión en el que todos parpadearon. Isaac, que había permanecido en silencio entre ellos, finalmente habló.

—¿Se conocen?

Otis parecía recordarla vagamente de una vez anterior. Pero, siendo Bertche una dama de la casa del Conde Dylus, era natural que Isaac no tuviera idea de quién era. Calliope lo miró y explicó: —Es la señorita Bertche, hija del Conde Dylus. Y ese de allá, como ya sabes, es el joven maestro de la casa ducal Gladiert.

—Ah.

Isaac intentó levantarse para saludar, pero Otis levantó una mano para detenerlo.

—No hace falta.

—Qué coincidencia encontrarnos aquí 

Comentó Calliope mientras tomaba asiento siguiendo la guía del empleado. Le entregaron un catálogo de ropa masculina, y ella comenzó a pasar las páginas con calma. Tenía toda la jornada libre, así que podía concentrarse en ello.

Dado que la familia del Conde no era precisamente confiable, Calliope prefería manejar el asunto personalmente. Habían mostrado algo de preocupación, como se reflejaba en el estado del carruaje en que había llegado Isaac, pero el hecho de que no trajera ni criadas ni asistentes con él evidenciaba que las cosas seguían lejos de estar en orden.

Mientras revisaba el catálogo, Calliope levantó la vista para preguntar a Isaac cuál diseño prefería. Sabía que su sentido estético no era muy confiable, pero sentía que debía preguntarle. Sin embargo, al hacerlo, sus ojos se encontraron con alguien que venía caminando detrás de Isaac.

—¿Eh?

Calliope, tratando de mantener la compostura, rozó ligeramente el hombro de Isaac y se dirigió a Otis.

—Por cierto, recuerdo que la primera vez que nos vimos, llevabas zapatos de Haute Éclaire, ¿verdad?

Otis no respondió de inmediato. Parecía recordar ese primer encuentro, su expresión torciéndose ligeramente como si la memoria de aquellos ojos rojos brillantes lo incomodara.

—Fue una actuación magistral —respondió finalmente.

Isaac, que había permanecido en silencio, miró a Otis y luego a Calliope, claramente desconcertado por la conversación. Desde hacía tiempo, sabía que había cosas que los dos compartían y él desconocía. Apretó sus manos sobre sus rodillas, algo que Calliope no dejó pasar.

—En ese entonces yo también estaba bastante desesperada. Después de todo, tú tampoco querías comprometerte conmigo, ¿verdad?

—Es cierto.

—Estoy aquí para elegir el atuendo de mi prometido para la ceremonia de compromiso. Parece que mi familia política no está siendo muy colaborativa.

—¿Ya les llamas “familia política”?

—¿No debería? ¿O tal vez debería llamarlos simplemente “mi familia”?

Calliope respondió despreocupadamente antes de dirigir su atención a Bertche. La joven noble no decía nada; simplemente mantenía la mirada fija en un punto. O más bien, en una dirección específica. Calliope entrecerró los ojos, sin demostrar abiertamente su incomodidad, y volvió al catálogo, fingiendo no haberlo notado.

Luego, mostró una página a Isaac y comentó: —Bueno, ya hemos saludado, así que volvamos al trabajo. Isaac, ¿qué color prefieres para la camisa? Creo que este tono de blanco es muy limpio. El blanco puro tiene un toque amarillento que no creo que te quede bien, y este otro es demasiado rígido. Este parece el adecuado.

—Parece…  bien.

Isaac asintió con energía, aunque claramente no entendía la diferencia entre los blancos que Calliope señalaba. Otis, que aún no se había ido, chasqueó la lengua.

—¿Vas a hacer que tu prometido use una camisa tan simple en la ceremonia de compromiso?

—¿Perdón?

Calliope ni siquiera se inmutó ante su tono crítico. Otis suspiró y, finalmente, se sentó junto a ella para examinar el catálogo.

—Estoy de acuerdo en lo del tono. Pero si eliges esta tela, los puños deberían ser de color rojo.

—No, los puños serán de diamantes.

—¿Diamantes? No está mal, pero podrían parecer demasiado sencillos.

—Son del mismo color que los ojos de mi prometido. ¿No sería hermoso?

—Ah… claro… —respondió Otis, sin mucho más que añadir.

Traducción: Sia



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SIA
CORRECCIÓN: TY


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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