Capítulo 211
En ese momento pude comprender plenamente el sentimiento con el que él hablaba.
Miré a Mainhardt con ojos temblorosos y respondí:
—… ¿En forma de una especie de amuleto? Entiendo. Me lo llevaré.
Mainhardt esbozó una sonrisa.
Era una sonrisa que mostraba después de mucho tiempo él, que normalmente no solía revelar sus emociones.
Yo lo miré fijamente, aturdida.
—Edith, ¿lo recuerda? La promesa que le pedí hace unos años en la aguja de Litera.
—… Lo recuerdo.
Cómo podría olvidar aquel momento tan desesperado.
Yo respondí lentamente mientras rememoraba mis recuerdos con Mainhardt:
—Entonces, júreme lo mismo una vez más. Que esta vez, también, regresará sin falta.
—¡…!
Y ante las palabras que Mainhardt pronunció con calma, abrí los ojos de par en par y lo miré aturdida.
—Estaré esperando únicamente a que regrese a salvo.
—… Sí.
Contuve las lágrimas y sonreí junto a él.
—Sin falta, volveré viva a ti.
Esa noche, frente a una nueva despedida, prometimos reencontrarnos tal como lo hicimos en el pasado.
❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀
{—Yo mismo les daré el mensaje al Segundo Príncipe y al joven señor del Conde Yufs. Edith, termine sus preparativos pronto y salga.}
Debía partir hacia el palacio imperial a espaldas de mi abuelo.
Debía terminar con todo esta misma noche.
Tras cambiarme a una vestimenta cómoda para moverme, comencé a trasladar los regalos de los Reyes Espíritus al velo de Astrape.
Primero guardé el cristal de los recuerdos con Mariette que me envió Niad.
Ahora que conocía todo el pasado, el regalo de Niad solo contenía los recuerdos de una pequeña y ordinaria vida cotidiana de Mariette que se desvanecía… Por lo que para mí ahora era un regalo infinitamente valioso.
Tras trasladar también el regalo de Ignis, miré hacia la ventana.
Después de observar por un momento el galán de noche que desprendía una fragancia elegante bajo la luz de la luna, tras vacilar un poco, retiré el ramo de flores del jarrón y lo guardé en el velo de Astrape.
Ya que tenía la intención de llevarme todos los regalos que me dieron los Reyes Espíritu.
—Ahora, ya está todo guard…
En el momento en que iba a cerrar el velo, descubrí una llave que brillaba silenciosamente en la esquina de la caja y abrí la boca aturdida.
Era el regalo que Ilipa me había dado para celebrar mi ceremonia de mayoría de edad.
{[—En el futuro, llegará el día en que esta llave sea utilizada sin duda. Por eso, llévala siempre contigo.]}
Las palabras que Ilipa susurró significativamente al entregarme la llave parecían rondar mis oídos.
En aquel entonces solo albergaba una vaga desconfianza hacia Ilipa, y no conocía la verdad de que él era la voluntad de este universo.
—… Ya no puedo amarte con un corazón puro —susurré suavemente las palabras que quería decirle a Ilipa, quien no estaba en este lugar.
—A pesar de eso, es una verdad innegable que tú me bendijiste… —murmuré saboreando el amor que Ilipa me había dado.
Deseando que su corazón no hubiera sido una mentira, también trasladé la llave al velo de Astrape.
Al guardar todos los regalos, el velo redujo su tamaño hasta ser lo suficientemente pequeño como para caber perfectamente en el bolsillo de mi túnica.
Después de recoger los regalos de los Reyes Espíritu, me giré para mirar el espejo situado en un rincón de la habitación.
Contemplé en silencio mi apariencia, habiendo crecido hasta tener una edad similar a la de Mariette cuando me dio a luz y encontró la muerte.
Al igual que Mariette, a mí también me ha llegado el momento de cumplir con la misión impuesta por el destino, independientemente de mi voluntad.
—Vámonos —murmuré para mis adentros como si me hiciera una promesa con el corazón cargado de pesadez.
Y abriendo la puerta, di un paso hacia el pasillo donde se había asentado la silenciosa noche.
- Muerte
¿Quién entre los humanos habría imaginado que el palacio imperial de Roshan finalmente caería en las garras de la oscuridad?
Alea, que estaba sentada apoyada lánguidamente en el trono imperial que había perdido a su dueño en el palacio donde estaban grabados miles de años de historia, recorrió lentamente con una mirada aburrida el vasto espacio donde no existía nadie más que ella.
—… Algo que era tan fácil.
Aunque como precio por romper nuevamente las restricciones, su cuerpo original enterrado en el vacío apenas soportaba un dolor equivalente a la extinción de su existencia, se encontraba en ese estado.
¿Qué importaba eso?
Si tan solo pudiera recuperar de su muerte, a quien perdió hace tanto tiempo.
Alea, o más precisamente, aquello que vestía el caparazón de Alea, levantó con un movimiento lento el cetro que estaba junto al trono.
Sin embargo, en el momento en que las yemas de los dedos de Alea tocaron la piedra espiritual del fuego, que brillaba intensamente albergando una llama que ondeaba eternamente en su interior.
—¡…!
Un fuego ardiente surgió como si ahuyentara algo inmundo.
¡CLANG!
—¡Cómo te atreves, cómo te atreves…!
Alea, habiendo sufrido una quemadura lo suficientemente grave como para derretir la piel de su mano, arrojó el cetro y dijo como si escupiera las palabras con una voz que temblaba de furia.
—Maldito Phoenix, ¿todavía seguías vivo?
Sus pupilas, mezcladas con ira y burla, brillaron amenazantes mientras centelleaban.
—Si has sido destrozado hasta perder incluso la razón, deberías haberte quedado conteniendo el aliento…
Alea retrocedió tambaleándose desde el cetro.
Y mirando con ojos llenos de odio la piedra espiritual de fuego cuya luz no se apagaba, dijo murmurando:
—No te resistas. De todos modos, sé muy bien que no puedo destruir este imperio por sí solo.
Después de recuperar a Esimed y de encargarse de la niña del destino con la que ha estado vinculada hasta el hartazgo, regresará al vacío sin mirar atrás.
—Princesa Alea.
En el momento en que Alea murmuraba con una voz lúgubre, las puertas del salón principal se abrieron con un estruendo gigante.
—Su Alteza el Segundo Príncipe y la Princesa Edith se han dirigido al Palacio del Príncipe Heredero.
El cabello que caía largo tras su espalda brillaba en un verde claro, captando la luz que iluminaba la oscuridad del palacio imperial.
—El Palacio del Príncipe Heredero… Entiendo, así que puedes retirarte ahora.
Ah, finalmente han llegado.
Alea esbozó una sonrisa lentamente mientras le daba la orden.
—Cuando llegue el momento, te llamaré de nuevo.
—Entendido.
Él hizo una reverencia cortés y abandonó el salón principal.
El espacio quedó sumergido una vez más en el silencio.
Alea se sentó en el trono y, con una sonrisa en el rostro, esperó la visita de la muerte.
❀•°•═════ஓ๑♡๑ஓ═════•°•❀
Las damas de honor del Palacio Imperial, aterrorizadas por la repentina traición del Príncipe Heredero, habían huido del palacio hacía tiempo en su mayoría.
Y los Caballeros que no habían sido reclutados por la facción del Príncipe Heredero también encontraron la muerte luchando contra los traidores, por lo que el Palacio Imperial, que siempre estuvo lleno de vitalidad, ahora desprendía una atmósfera desolada y lúgubre, como una casa abandonada.
Al final del largo rastro de sangre, sentí lástima por un Caballero que había muerto sin siquiera poder cerrar los ojos.
Consideré usar el poder de la vida para revivirlo, pero al recordar el hecho de que el número de personas asesinadas superaba fácilmente las cientos, me obligué a dar media vuelta.
En este momento, tenía que estar ahorrando maná tanto como fuera posible.
—El Príncipe Heredero debe estar quedándose en el Palacio del Príncipe Heredero.
—¿Por qué? Sin estar en el Palacio Imperial…
—Porque, para empezar, esta traición no es algo que se haya llevado a cabo por su propia voluntad completa.
Ante mi pregunta, Idris respondió con una voz sombría.
Él abrió la puerta de la oficina del Palacio del Príncipe Heredero, la cual no estaba siendo custodiada por nadie.
—… Valerian.
Y nosotros, en medio de la oficina sumergida en la oscuridad, nos encontramos con la figura del Príncipe Heredero, quien estaba encogido y temblando violentamente por todo el cuerpo.
Esimed llamó el nombre de su hermano con una voz en la que se filtraba la desolación.
—¡Ah, E, Esimed!
El Príncipe Heredero, Valerian, levantó la cabeza sobresaltado ante la voz de Esimed.
Al mirar su rostro pálido, manchado por una ansiedad y un terror extremos, cerró los ojos con fuerza y contuvo sus emociones.
—¿Por qué estás aquí solo? Dijiste que compitiéramos para ver quién es el mejor.
Esimed lanzó la pregunta mientras daba un paso hacia Valerian.
—… Ah, eso fue algo que Alea decidió por su cuenta. Y, ella me dijo que me escondiera en el Palacio del Príncipe Heredero para evitar cualquier posible amenaza. Pero, ¿cómo supieron ustedes que yo estaba aquí?
¿A dónde se había ido aquella imagen de cuando asesinó a su padre lleno de locura? Valerian hablaba con una voz tan temblorosa que daba lástima, mientras nos miraba con ojos cargados de pavor.
—… Basta, deja de hablar. Al menos preguntemos la razón. ¿Por qué mataste a “Padre”?
Esimed, por primera vez desde que lo conozco, se refirió al Emperador como padre y le preguntó a Valerian la razón por la que lo había asesinado.
—… ¡Tú no lo sabes, no sabes nada!
En ese momento, Valerian de repente gritó y se puso de pie de un salto, escondiéndose en lo profundo de la oficina para evitar a Esimed.
—Yo no recibí la bendición de un gran Rey Espíritu como tú, y todos los súbditos gritaban al unísono que yo era tímido y débil, que no era apto para ser un monarca. ¡Mi posición era extremadamente precaria por el simple hecho de que tú estuvieras vivo y respirando…!
Valerian hablaba como si vomitara las palabras con una voz de agonía mientras se agarraba la cabeza.
—Incluso la chica que por primera vez guardé en mi corazón, terminó convirtiéndose en tu prometida. ¡Incluso si rompieron el compromiso, mira esto, Edith sigue permaneciendo a tu lado!
Sus pupilas de color verde claro se dirigieron hacia mí por un instante.
Yo me estremecí y enfrenté su mirada llena de locura.
—¡Esimed, tú me lo arrebataste todo! ¡Si tan solo tú no existieras, mi vida no habría caído en este infierno!
Valerian miraba fijamente a Esimed mientras derramaba lágrimas.
—¡Pero Alea, Lord Arcane, se convirtió en mi salvadora! ¡Ella te matará y me devolverá todo lo que tú me quitaste…!
La compasión que sentí por un momento ante ese grito desgarrador se esfumó.
Miré a Idris con consternación mientras observaba a Valerian murmurar con una mirada completamente desquiciada.
—… Su mente está totalmente destrozada. Es obra de Arcane.
Laer, quien observaba a Valerian con sus ojos gris plata fríos como si lo atravesara, habló con una voz teñida de una leve ira.

TRADUCCIÓN: LAI
CORRECCIÓN: LAI
REVISIÓN: WOLF
RAW HUNTER: ACOSB