Capítulo 215
—Cuando me di cuenta de tu lado cruel, ese que no conocía, mi decepción fue indescriptible…
Esimed apretó los dientes mientras bajaba la mirada hacia el cuerpo inerte de Edith que yacía en su regazo.
—Para entender la mortalidad, esa que tú considerabas algo insignificante, elegí el camino de nacer como un humano por voluntad propia. Me alejé de ti… únicamente por decisión mía.
«Sin imaginar que mi elección provocaría toda esta tragedia.»
—Pero tú, con la sola excusa de recuperarme, desataste el desastre en el mundo. Incontables vidas perecieron por tu culpa. Y cuando finalmente lograste secuestrarme… ¿tienes siquiera una idea de cuánto miedo te tuve? ¿De lo repulsivo que me resultabas…?
Esimed volvió a estrechar con fuerza entre sus manos temblorosas a la mujer que para él era lo más valioso del mundo, como si le doliera incluso tocarla en ese estado, y levantó la cabeza.
—Y ahora, tú, que terminaste por destrozar el alma de la persona que amo, condenándola a una muerte eterna…
Entonces, fulminó a Arcane con una mirada donde se mezclaban el arrepentimiento más amargo y el odio más puro, y escupió las palabras con desprecio:
—Te odio. Con todo mi ser.
[—¡…!]
Un impacto devastador sacudió el corazón de Arcane.
[—E-Esimed…]
Arcane balbuceó el nombre de su hermano y extendió la mano, aturdido.
Cada vez que él lo llamaba así, Esimed solía mirarlo fijamente con unos ojos tan serenos y profundos como un lago invernal en calma.
Sin embargo, en este preciso instante…
Al encontrarse con la mirada de Esimed, desfigurada por un odio atroz, Arcane sacudió la cabeza y balbuceó con el rostro desencajado:
[—No, Esimed… Tú no… Tú eres el único que no puede abandonarme.]
Su hermano menor siempre había sido dócil a su voluntad y lo seguía a donde fuera. Aunque había escapado de su lado, aun así…
Que ahora le mostrara ese odio era algo que estaba en una dimensión totalmente distinta a una simple huida.
—¿Acaso olvidaste el pasado? ¡Con cuánto cariño te cuidé, cuánto te amé, al punto de arrancarme mi propia carne para alimentarte!
Aquellas palabras de Esimed terminaron por destruir por completo a Arcane.
[—Por favor, retira lo que acabas de decir. Esimed, que me odias… que tú… me odias a mí…]
Arcane lanzó un grito desgarrador, sacudiendo la cabeza una y otra vez mientras suplicaba.
Sin embargo, Esimed no volvió a pronunciar ni una sola palabra hacia él. Solo permaneció en silencio, con un rostro más gélido y severo que la muerte misma, mientras abrazaba con ternura el cadáver de la mujer que estaba destinada a traer el fin de Arcane.
[—… ¡¿Qué demonios significa esa mujer para ti?!]
Traición. Esto era una traición.
Arcane miró a Esimed y aulló como un demente:
[—¡Tanto Vanus como tú! ¡¿Por qué todos me abandonan y la eligen a ella?! ¡¿Por qué, maldita sea?!]
No quería quedarse solo.
Arcane se desplomó, dejándose caer mientras sollozaba con agonía.
Desde el principio de los tiempos, su compañera, aquella que siempre estuvo a su lado, se había marchado. Había abandonado la forma y el nombre que él tanto amaba para renacer como el Rey Espíritu de la Vida.
Arcane sentía como si hubiera sido abandonado para siempre en esta oscuridad abismal, una tiniebla donde no podía percibir ni un rastro de calidez.
Fue por eso que, aferrándose desesperadamente a su joven e inocente hermano, desató desastres como quien lanza un grito de auxilio. Trastornó el mundo y arrebató vidas para desahogar su furia.
Pensó que, si lo hacía, Vanus volvería la mirada hacia él.
Sin embargo, Vanus nunca regresó.
E incluso su preciado hermano, quien aliviaba su soledad, terminó por abandonarlo también.
Incapaz de soportar esta soledad aterradora, estuvo dispuesto incluso a romper los tabúes con tal de eliminar cualquier obstáculo y, finalmente, recuperar a Esimed.
Sí, ciertamente lo había recuperado, pero…
{—… Tú, que terminaste por destrozar el alma de la persona que amo, condenándola a una muerte eterna… Te odio. Con todo mi ser.}
Esimed, a quien por fin tenía de vuelta, lo odiaba.
Ya nunca más volvería a mirarlo con los ojos de antes.
Arcane observó a Esimed con una mirada cargada de desesperación.
Ahora, la persona a la que Esimed más amaba en este mundo no era Arcane.
Era una humana; precisamente aquella que tenía el destino de traer su final.
[—¿Por qué…?]
Arcane, de verdad, no podía comprenderlo.
«¿Por qué todos los seres que amaba terminaban alejándose de su lado?»
Aún no lograba darse cuenta de que aquellos actos desesperados que cometió por el simple miedo a la soledad fueron, irónicamente, los que provocaron que todos se marcharan para siempre.
[—¿Por qué…?] —susurró perdido, sumergido en una desesperación tal que preferiría la extinción.
—…
Esimed observó la figura de Arcane con el corazón destrozado.
El cuerpo de Edith, que antes descansaba en sus brazos, ya se había desvanecido por completo, disperso como cenizas negras.
Esimed bajó la mirada hacia sus propios brazos, ahora vacíos donde antes estuvo ella, y pensó con desolación:
«La razón por la cual eligió vivir como un humano había desaparecido por completo de este mundo.»
—…
Ahora, lo que debía hacer era…
{[—Recuerde esto. Si algún día desea despojarse de su piel humana y regresar a ser la Muerte Primordial…]}
La voz de Laer resonó en sus oídos mientras un recuerdo de hace mucho tiempo afloraba en su mente.
Esimed extendió la mano lentamente y sujetó la empuñadura de la espada que yacía tirada a su lado.
{[—Usted mismo deberá renunciar a su vida como humano. Solo entonces, todo volverá a ser como era en un principio.]}
El suicidio.
Era la única forma en que podía renunciar a su vida como humano y regresar a ser el Rey Espíritu de la Muerte.
[—¿Esimed…?] —murmuró Arcane, aún bajo la apariencia de Alea, mirándolo con desconcierto.
—… Ya no puedo seguir siendo testigo de tus atrocidades.
Esimed apoyó la punta de la hoja contra su propio corazón y se dirigió a Arcane, quien lo observaba atónito.
«Al final, después de tanto tiempo y de dar tantas vueltas, he vuelto a ti.»
«…Edith, ¿qué puedo hacer ahora por ti, que ya te has desvanecido?»
—El único que queda para detenerte soy yo —susurró Esimed con una voz vacía.
«Así es, Edith.»
«Yo fui el principio de todas las tragedias que te ocurrieron.»
«Desde el momento en que nos conocimos, una densa oscuridad se cernió sobre el mundo. Y esa sombra desató incontables desastres con tal de recuperarme.»
«Por eso, a esa oscuridad… a mi hermano, a quien alguna vez consideré como un padre…»
«Debo arrancarlo por completo de mi corazón.»
—…
Justo antes de tomar su decisión final, Esimed inclinó la cabeza por un instante y contempló el techo del palacio imperial.
La inmensa pintura mural, impregnada de la larga historia del Imperio Roshan, quedó grabada en sus pupilas azules.
En silencio, pidió perdón a la Familia Real Ruairi, quienes tuvieron que enfrentar una tragedia que no merecían por el simple hecho de que un ser tan siniestro como él naciera como su descendiente.
Esimed cerró los ojos.
«Es hora de volver.»
«He tenido este sueño vano por demasiado tiempo.»
Esimed tiró de la espada con ambas manos, llevándola hacia su pecho como si la estuviera abrazando.
[—¡No, Esimed!]
El segundo príncipe del Imperio Roshan.
La hoja fría atravesó el corazón de Esimed Has Ruairi.
Y con ese acto, despojándose de su piel humana, la Muerte Primordial que había desaparecido de este mundo finalmente regresó, haciendo brillar sus ojos de un azul gélido mientras clavaba la mirada en la oscuridad.
19. El Abismo
¿Qué forma tendrá el vacío?
Probablemente, la descripción que mejor encaja es la de un abismo absoluto: una oscuridad eterna donde no penetra ni un solo rayo de luz, donde no hay suelo que pisar ni un camino hacia el cual avanzar.
Y allí, envuelta en una luz tenue, una figura vagaba por las profundidades del abismo.
Habiendo perdido todos sus recuerdos, olvidando incluso quién era ella misma.
Aquella mujer caminaba sin rumbo, con la mirada perdida en la oscuridad infinita, mientras bajo sus pies…
TUC.
De pronto, un pequeño paquete cayó al suelo.
Debido a aquel leve sonido, el rostro de la mujer, que hasta hace un momento avanzaba aturdida, mostró un destello de extrañeza.
Girándose lentamente, extendió su delicada mano para recoger aquello que había caído en el camino por el que acababa de pasar.
En el instante en que aquel objeto de luz blanca reposó sobre sus manos, una brillante ráfaga de luz estalló como si fuera una pequeña estrella.
Un velo que parecía tejido con la mismísima Vía Láctea fluyó entre sus dedos, mientras unas esferas de cristal azul profundo, impregnadas de una luz serena, caían hacia la oscuridad con un suave tintineo:
CLIC, CLIC.
Aquellos ojos rojos, sumidos en el asombro, pronto se tornaron distantes. En el momento en que los cristales tocaron la negrura, los recuerdos contenidos en ellos brotaron, desplegándose ante ella.
Era una niña, vista a través de los ojos de alguien que la amaba profundamente. Su cabello lila ondeaba como en una escena de ensueño y, en su pequeño rostro pálido, unos ojos que brillaban como estrellas en el cielo nocturno miraron a la mujer atrapada en el abismo.
Aunque la niña, de semblante frío e indiferente, no mostraba ni rastro de una sonrisa, su imagen reflejada en aquella mirada llena de amor era tan tierna y tan valiosa que hacía que el corazón doliera de solo verla…
La mujer contempló absorta los innumerables momentos de recuerdos que se materializaban frente a ella.
[—Mariette.]
De repente, escuchó una voz. Una voz que no lograba reconocer, pero que sentía haber extrañado con toda su alma.
[—Mariette, mi niña.]
Al escuchar ese nombre, susurrado con tanta ternura y benevolencia, las primeras lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos rojos como el amanecer.
—… Mari… ette.
El nombre de esa niña, a quien el dueño de estos recuerdos amaba tanto, era Mariette.
Era también la mujer que me había dado la vida, y la misma que había encontrado la muerte por mi culpa.
Era mi pobre madre.
En el instante en que comprendió su propio origen, la mujer que vagaba por el abismo envuelta en esa tenue luz recuperó, por fin, su verdadera forma.
Sollozando como una niña pequeña, repetía sin cesar el nombre que acababa de recordar.

TRADUCCIÓN: VALK
CORRECCIÓN: VALK
REVISIÓN: WOLF
RAW HUNTER: ACOSB