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Capítulo 205

Desgarrando al propio destino, Arcane, oculto en la oscuridad, observaba a Robertick sonreír radiante hacia otra mujer, con un frío veneno en los labios.   

«El hijo del destino que habría de traer su final ya no podría nacer.»

[—Tu consejo me ha sido de gran ayuda, Carlyle.]

Arcane murmuró en voz baja, como si lamentara la desaparición de su subordinado, cuya alma había sido desgarrada y aniquilada por la mano de Laer. Luego, alzando sus pálidos labios, volvió a esbozar una sonrisa.

Con la amenaza que era una piedra en su zapato eliminada, ya no tenía que preocuparse por insignificantes humanos.

Arcane apartó la mirada del mundo.

Y, contemplando la vasta oscuridad que se extendía sin fin ante él:

[—Esimed…]

Pronunció con voz vacía el nombre de su hermano desaparecido.

Pero, contrariamente al juicio de Arcane, Laer no había fallado en nada.

—Eres tú…

La razón de todo destino, el hijo que Laer anhelaba con desesperación.

Edith Ronen Haylian había nacido a salvo, pese a todos los obstáculos, y había aparecido ante Laer a través del tiempo.

—Han ocurrido tantas cosas. Arcane ha amenazado mi vida y la de otros seres sin descanso, y aunque estaba encadenado por la prohibición, volvió a arrastrarse al mundo para provocar calamidad. Además, mi madre… ¿Por qué tuvo que encontrar un final tan miserable al intentar cumplir la misión que tú le diste? ¿Por qué la elegiste en primer lugar? Al final todo fracasó… Si realmente puedes ver el futuro-

La niña, aparecida con el cuerpo de su antepasado, lanzó la pregunta como quien desahoga un rencor acumulado durante largo tiempo.

En aquel momento, Laer no podía responder sinceramente, así que desvió el tema.

Por las palabras de la niña se intuía que el futuro no sería sencillo, pero una cosa era clara: su ferviente deseo se había cumplido.

Así, Laer sabía que cuando Edith naciera, Arcane intentaría impedirlo.

Sabía de antemano que Mariette encontraría una muerte miserable.

Pero no quiso alterar el futuro en que Edith crecería, y por eso toleró la tragedia de Mariette.

Laer miró el cuerpo de Mariette, que se enfriaba, y sintió culpa por la muerte de la joven que había apreciado.

Y, mientras Siorn lloraba desconsolado por la muerte de su hija, incapaz siquiera de atender a su nieta recién nacida, Laer se acercó en silencio a la pequeña y temblorosa cuna.

Mikumkzuu: el texto original decía “moisés” en lugar de “cuna” pero lo puse así para que entendieran mejor. De igual manera, un moisés es un tipo de cuna que es como una canasta: pequeña, ligera y portátil. 

Envuelta en un paño blanco, yacía allí una vida frágil, aún incapaz de abrir los ojos.

[—Eres tú…]

Laer, conmovido más allá de las palabras, extendió una mano temblorosa y acarició suavemente la mejilla del bebé, susurrando:

[—Así que eras tú.]

El ser que inauguraba el inicio de una gran transformación en un mundo que parecía eterno e inmutable.

El hijo del destino que tanto había anhelado.

Usó su poder para ocultar su nacimiento de Arcane, pero no podría mantenerlo oculto para siempre.

Por eso…

Laer tomó en brazos a la niña dormido y murmuró en voz baja:

[—Hasta que alcances la mayoría de edad y heredes el nombre de Ilipa.]

Ahora era su turno de representar la obra.

Laer miró a la niña con ojos fríos y brillantes.

Mostró ante la serpiente, la muerte que había arrebatado tiempo atrás.

Mientras la serpiente, cegada por el anhelo de su hermano, no veía, la ola del destino que traería el final comenzaba a avanzar.

Al final, corrompería la raíz misma de la serpiente y pondría fin a la interminable disputa que había persistido desde la creación.

  1. El desenlace del amor

Con el último susurro de Laer, desperté del pasado como quien es arrancado de las profundidades del agua y regresé a la realidad.

—¿Has despertado?

La voz de Idris… no, de Laer, resonó.

Me incorporé lentamente.

Durante la visión del pasado, había perdido el sentido y me habían recostado en un sofá al lado de la habitación.

Por un tiempo no pude pronunciar palabra, mirando atónita a Laer, que vestía el cuerpo de Idris.

La locura vengativa de Robertick, el cruel destino de Mariette…

Y Laer, que había manipulado todo y la había dejado morir.

—¿Qué es lo que espera de mí? —pregunté, apretando con fuerza mis manos temblorosas.

Laer me miró con indiferencia y respondió sin vacilar:

—El final de Arcane. Para ello, quiero que abandones el destino humano y te conviertas en el Rey Espíritu de la Vida.

Al escuchar sus palabras, mi cabeza palpitaba tanto que apenas podía mantener los ojos abiertos.

Me cubrí el rostro con ambas manos y respiré hondo.

Los recuerdos del pasado seguían repitiéndose en mi mente.

—Parece que estás muy sorprendida. No es complicado. Todo esto existió para tu nacimiento, y tu misión es convertirte en el nuevo Rey Espíritu de la Vida y expulsar a Arcane.

—Así que Mariette y yo no fuimos más que instrumentos para ti.

Levanté lentamente el rostro de entre mis manos y murmuré hacia Laer:

—Lo sabías todo. Pero, temiendo que el futuro cambiara, dejaste que la vida de Mariette se volviera miserable y solo observaste… No, lo que hiciste fue engaño. —Con rabia y tristeza, rechiné los dientes y lo acusé.

—Puedes odiarme si quieres —pero Laer, con rostro imperturbable, respondió con frialdad—. No olvides esto: quien me empujó al camino del engaño y la indiferencia no fue otro que Arcane. Si no hubiera amenazado y perturbado el mundo, si no hubiera acosado la mente de tu padre para impedir tu nacimiento, esta tragedia no habría ocurrido.

No encontré palabras para refutarlo y mi rostro se contrajo con dolor.

—El verdadero objeto de tu venganza es Arcane. Nunca olvides tu odio hacia él.

—¿Qué importa el destino?

—¿Qué?

Laer se sorprendió por mis palabras murmuradas con abatimiento.

«Ya basta, estoy harta.»

Pensé, abrumada por la fatiga.

Arcane y Laer.

Dos seres poderosos como dioses, cuya lucha nos arrastraba, nos usaba como piezas, nos mataba cruelmente.

Y todo, siempre, en nombre del destino.

Que ahora me obligara a ser otra marioneta del destino, blandir la espada del odio… era algo que no podía aceptar, y por eso me resultaba aún más miserable.

—¿Por qué Mariette y yo tenemos que ser usadas sin fin?

El destino, palabra que antes no conocía como algo terrible, ahora me parecía un espejismo.

—¿Por qué debo renunciar a la vida humana y convertirme en un inmortal que nunca quise ser, solo para derrotar a Arcane?

Las lágrimas rodaron por mis ojos.

—…Edith.

Laer me miró con desconcierto, sorprendido por mis palabras.

—¿Por qué se nos priva incluso del derecho a desear nuestra propia felicidad y libertad?

«¿Dónde se torció todo en este mundo?»

Laer, que siempre imponía su voluntad sin importar mis reproches, me miró con ojos vacilantes, incapaz de responder.

Un silencio mortal llenó el aire.

¡BANG!

—¡Edith!

Con un estruendo repentino, la voz urgente de Esimed resonó desde afuera.

Mikumkzuu: mi amor?

—¿Esimed?

Sorprendida, murmuré su nombre mientras me levantaba del sofá.

¡CRASH!

La puerta, cerrada con firmeza, se abrió de golpe.

—¡Edith!

Esimed, que en cuatro años no había pronunciado mi nombre, lo gritó con desesperación al entrar en la habitación, con ojos temblorosos mirando a mí y a Idris.

—Esimed… no, Alteza el Segundo Príncipe.

Dije, limpiando mis lágrimas y poniéndome de pie, confundida por haberlo llamado por su nombre.

Antes de acercarme a él, levanté la mirada hacia Laer para ver su reacción.

Él lo observaba con un rostro frío, como si hubiera previsto su llegada.

—¿Qué ocurre para que entres con tanta urgencia? —Pregunté, acercándome a Esimed con vacilación.

Los ojos azules que antes miraban a Idris se posaron por completo en mí.

—Al menos me alegra. Estás a salvo. —Esimed me contempló largamente y, con el ánimo un poco más sereno, murmuró.

¿EH?

Al descubrir la profunda inquietud que oscurecía su rostro, endurecí mi expresión y lo miré fijamente.

—Edith… no te sobresaltes y escucha —y, con gran dificultad, Esimed dijo—: el Príncipe Heredero ha asesinado al Emperador.

Tras una breve pausa, cerró los ojos y añadió:

—Es traición.



TRADUCCIÓN: MIKUMKZU
CORRECCIÓN: MIKUMKZU
REVISIÓN: MIKUMKZU
RAW HUNTER: ACOSB


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¿Te has cansado?


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