Capítulo 174
Atrapada por el terror, giré de inmediato para enfrentar a quien se había acercado sigilosamente a mi espalda. En mi visión apareció una melena negra que ondeaba como un presagio siniestro, y al alzar la mirada temblorosa hacia una barbilla afilada, un jadeo áspero escapó de mis labios.
Mis ojos se abrieron de par en par, fijos en el techo oscuro de una habitación que reconocí al instante era mi dormitorio, aturdida recorrí con la mirada mi cuerpo sobre la cama y los muebles familiares, mientras la realidad ahogaba el último eco de la pesadilla.
—¿Era un sueño?
Aparté las mantas y me senté, murmurando desconcertada.
La casa fue consumida por las llamas, Shastia entrando sin importarle el fuego y suplicando con desesperación, Carlyle rechazando a Shastia con una voz fría, ¿Acaso todo eso no era más que un sueño?
—¿Qué pasa…?
El sudor frío de la pesadilla aún empapaba mi cuerpo, recogí mi cabello y lo dejé caer sobre los hombros, más allá de la ventana el cielo del amanecer teñía el mundo me había despertado entre la noche y el día.
—Por más que lo piense, no hay razón para tener un sueño así de repente.
Después de contemplar la ventana aturdida por un tiempo, fruncí el ceño ante una duda persistente.
—La novela que cuenta la historia de este mundo que para mí se ha convertido claramente en realidad tras mucho tiempo transcurrido aunque su credibilidad es algo dudosa.
Carlyle Frym era un personaje que nunca apareció, solo era un personaje de la trama mencionado brevemente para explicar el infeliz pasado de la protagonista, quien era huérfana, cuyo apellido provenía de su exmarido y que había sufrido abusos por parte de él…
—Su única mención era que había muerto en un accidente…
El sueño no se va, lo recuerdo todo con demasiada claridad: el fuego arrasando todo, Shastia y Carlyle mirándose por última vez, el techo cayendo, fue tan real tan detallado, que no puede ser solo algo que mi mente inventó.
—Ahora que lo pienso ¿qué dijo esa voz?
De pronto, la imagen de la casa en llamas se desvaneció, reemplazada por una voz gélida que susurraba en mi oído. El pánico me paralizó al sentir una presencia ajena justo a mi espalda, y en ese terror, las palabras se perdieron, solo queda la inquietante certeza de que decía algo importante.
—Ah, en serio…
Apoyé el rostro en mis manos, exhausta, era extraño, pero llevaba años sin pensar en esa novela. Quizás era normal, su trama ya era solo un recuerdo lejano para mí, una historia distorsionada que idealizaba el amor entre Shastia y Roderick.
La vida real me había mantenido demasiado ocupada resolviendo problemas como para reflexionar sobre eso, además, ¿qué sentido tenía obsesionarme con un libro cuyos secretos ya conocía y cuyas trampas había evitado?.
Puse mis pantuflas, me levanté y caminé hacia la ventana.
La seda de mi bata rozó mis tobillos aquella historia Rapsodia de Frym era la novela de fantasía que había leído en mi vida pasada. Una ficción llena de medias verdades y mentiras, pero que narraba, al fin y al cabo, la crónica de este mundo, un mundo que existía de verdad.
—Entonces.
Esa pregunta siempre volvía, ¿quién había escrito esa novela? Alguien que tomó eventos reales de este mundo, los mezcló con ficción y los publicó en mi antiguo mundo, era un misterio que, sencillamente no podía resolver.
—Quizás estoy soñando así por los nervios de que la ceremonia de mayoría de edad esté a la vuelta de la esquina será más fácil pensar así.
Me acerqué a la ventana y apoyé la mano en el frío cristal, allí en el reflejo me observaba una joven de ojos rojos bañados por la luz del amanecer, su cabello lavanda ondeaba hasta la cintura, enmarcando una figura esbelta y grácil.
Su rostro, de una belleza casi irreal podía parecer frío e intelectual en la quietud, pero se iluminaba con una viveza radiante al esbozar una sonrisa, era yo, la hija que había heredado por completo el legado de sus padres un recordatorio vivo del tiempo que había transcurrido.
—Ahora realmente yo también me he convertido en adulta…
Contemplando mi reflejo, un sentimiento complejo me embargó, allí estaban los ecos de mis padres Roderick Haylian el Gran Duque héroe, y Mariette Basteban, la princesa cuya obsesión la convirtió en villana. Y, Edith Ronen Haylian su hija, por fin llegó al umbral de mi mayoría de edad, cargando con el peso de su legado y la sombra de su historia.
* * *
—He traído las cartas recién llegadas, Su Alteza la Gran Princesa.
—Sí, puedes retirarte, las leeré.
Tras el desayuno, la doncella depositó una bandeja de plata con la correspondencia sobre la mesa, con un gesto de asentimiento la despedí y me sumergí en la tarea de abrir y leer cada una de las cartas.
—Viene de la Casa del Marqués de Aslan.
Eran otros tiempos, aquellos en los que fui la prometida del Segundo Príncipe, un capítulo que ahora parece pertenecer a otra vida. El Marqués de Aslan ferviente partidario del príncipe me mostraba entonces una gran devoción aún hoy, a pesar de la ruptura su deferencia persiste, materializándose en esporádicas invitaciones a su residencia.
—Su Alteza el Duque de Basteban goza de buena salud, y le felicito sinceramente por celebrar finalmente su ceremonia de mayoría de edad, la camelia que gobernará la alta sociedad del Imperio Roshan finalmente ha florecido, por favor, visite la residencia de Aslan cuando tenga tiempo sin duda, volverá a sacar el tema del compromiso.
El problema es su honestidad, anhela descaradamente un nuevo compromiso entre el príncipe y yo. Con un suspiro resignado, dejé la carta a un lado, una vez más, mi respuesta sería la misma evasiva cortés prometer una visita en un futuro indefinido.
—¿Por qué se aferran tanto a algo que ya terminó?
Si lo hace por lealtad al Imperio Roshan, podría reconocer sus intenciones.
—En primer lugar, no tiene intención de convertirse en Emperador.
El nombre escapó de mis labios casi sin querer, desenterrando un sentimiento que había enterrado a conciencia. Al notar la punzada de inquietud, me mordí el labio y apreté la mandíbula, era fácil culpar al marqués de Aslan por haber removido aquello.
—Dejémoslo, basta.
Abriendo un cajón, tomé una hoja de papel con flores de lavanda prensadas, mojé la pluma en tinta y tracé una respuesta concisa, sellar la carta y dejarla en la bandeja fue un acto rápido mecánico; las doncellas se encargarían del sello con el blasón de los Basteban y del envío.
Con un esfuerzo por ahuyentar los pensamientos incómodos, dirigí mi atención a la siguiente carta.
—¿Viene de la hermana Ehupemina?
Mirando el papel de carta color marrón claro impregnado de una fresca fragancia floral, esbocé una leve sonrisa.
[Hola, Edith.
Ha pasado casi un mes desde la última carta. ¿Estás bien?
Aquí todo está siempre en paz. Por más alborotado que esté el mundo, no pueden invadir el Bosque del Antiguo Linaje Real.]
Mientras leía el contenido de la carta, parecía escuchar la voz alegre y afectuosa de Euphemia en mis oídos.
[Escuché que celebrarás tu ceremonia de mayoría de edad, felicidades ahora tú también eres adulta, Edith.
Aunque para mí sigues siendo una hermanita que se siente muy joven, ahora que lo pienso las costumbres del Imperio Roshan son realmente peculiares.
Sin importar el atributo innato, reúnen a jóvenes espíritus sagrados de dieciséis años para recibir la bendición del Rey de los Espíritus del Fuego y eso a pesar de que tu cumpleaños ya pasó.
El hecho de que los espíritus sagrados de origen plebeyo ni siquiera tengan la oportunidad de una ceremonia de mayoría de edad cuando lo piensas, te deja un sabor amargo.
Bah, estoy sacando temas innecesarios en una ocasión feliz. No le des importancia.]
El Imperio Roshan. Durante milenios fue la luz inquebrantable del continente, inmune incluso a la amenaza de Arcane, pero bajo ese nombre glorioso la corrupción carcomía sus cimientos, con un suspiro ahogado, volví a la carta de Ehupemina.
[Como te dije la última vez, el Señor David trasladó su residencia a nuestra casa.
Últimamente se nota que su salud ha empeorado mucho, y por más que le diga que descanse, insiste tercamente en encargarse de las tareas más duras… realmente, su terquedad me tiene harta.]
El abuelo no había cambiado; lo imaginaba con facilidad y una sonrisa se dibujó en mis labios, pero pronto fue reemplazada por una profunda melancolía, aunque él nunca se quejaba, era evidente que la carga que llevaba sobre los hombros comenzaba a superarlo.

TRADUCCIÓN: AKANAE
CORRECCIÓN: AKANAE
REVISIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: ACOSB