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Capítulo 138

[—¿Me estás diciendo… que yo te conocía?]

«¿De qué se trataba esta vez?»  

Ignis preguntó, frunciendo levemente el ceño ante la confusión. La historia que siguió contenía detalles que jamás habría podido imaginar.

—El espíritu que me bendijo fue Oried, el Rey Espíritu de la Tierra. Al intentar salvarme de una trampa tendida por Arcane, despertó accidentalmente a Yuhirian, su personalidad maníaca. En medio de aquella situación crítica, Arcane intervino y nos envió a Oried y a mí al pasado… Probablemente, sea algo que ocurrirá dentro de unos diez o veinte años a partir de este momento en el que nos encontramos.

[—Yuhirian… No hay muchos mortales que conozcan su existencia.]

Ignis no podía simplemente ignorar sus palabras; era imposible tacharlas de mentira cuando aquel individuo frente a él conocía la otra cara de Oried, un secreto que, aparte de los Reyes Espíritu, casi nadie más poseía.

—Por suerte, logramos apaciguar a Yuhirian y despertar de nuevo a Oried, pero él no tenía forma de romper el poder de Arcane para regresar a nuestra línea temporal original. ¡Fue justo entonces cuando apareciste de la nada, ante nosotros!

«¿Que yo aparecí ante alguien que había caído en la trampa de Arcane…?»

—Aunque usted dijo que solo había venido porque sentía la densa presencia del poder de Arcane, yo pude reconocerlo de inmediato. Su mirada al verme era extrañamente melancólica, llena de anhelo…

Ignis escuchaba con atención, aturdido, sin siquiera darse cuenta de que tenía la boca entreabierta por el asombro.

—¡Incluso me dijo que hacía mucho tiempo que no nos veíamos!

[—…¿Yo le dije eso a usted?]

«Eso significaba que…»

—Después de hablar con Oried, usted dijo que nos enviaría de vuelta a nuestra línea de tiempo original. Y luego añadió: “No tienen que considerarlo una deuda; esto me ha dado una nueva certeza”. Así fue.

Eso no significaba otra cosa sino que su yo del futuro había creído plenamente en el relato de este humano que tenía enfrente.

—En aquel entonces no pude entender el verdadero significado de sus palabras, pero ahora lo sé.

Una mano que debería haber irradiado un calor acogedor, pero que estaba lamentablemente delgada y fría como el hielo, apretó la suya con fuerza.

—Que este encuentro de hoy terminaría teniendo un significado enorme para usted.

[—¡…!]

«Significado.»

¿Acaso este encuentro fugaz dejaría una huella tan profunda como para influir en su futuro?

—Piénselo. ¿Por qué usó usted la palabra “certeza”? Fue como si… como si usted, que siempre observaba todas las tragedias desde lejos bajo la ley del equilibrio, por primera vez hubiera empezado a creer en los milagros. O, si no a creer, al menos a albergar una pizca de esperanza…

«Un milagro.»

En el momento en que aquel humano dijo eso, Ignis sintió unas ganas inmensas de soltar una carcajada amarga.

«¿De qué servía ser el gran Rey Espíritu que gobernaba la luz que todos alababan?»

A pesar de haber vivido durante eones, nunca había podido elegir nada según su propia voluntad… y la esperanza de que la realidad pudiera mejorar había sido pisoteada hace ya mucho tiempo.

Simplemente había existido todo este tiempo, cargando con la desesperación a cuestas.

—Por eso, le pido que tome una decisión. No le estoy pidiendo que se alíe de inmediato con el Rey Espíritu de la Sabiduría. Cualquier ayuda, por pequeña que sea, es suficiente; por favor, bríndeme su fuerza a mí, que he venido al pasado cargando con la misión de la Sabiduría.

Aquellos ojos rojos, de una belleza inigualable pero habitados por un vacío imborrable, capturaron la imagen del humano que lo miraba con evidente nerviosismo.

«¿Solo por las palabras de este frágil mortal?»

«¿Debía doblegar sus convicciones y ayudar a que se cumpliera la voluntad de su adversario?»

«¿Acaso pretendía que reviviera una esperanza que ya se había desvanecido sin dejar rastro?»

[—…¿Qué se supone que es lo que me hace creer en usted?]

En el momento en que pensó eso, ya no pudo seguir fingiendo una falsa calma.

Ignis se despojó de esa máscara llamada “santidad” y, dejando traslucir en su rostro el rencor que guardaba en lo más profundo de su ser contra este mundo absurdo y contra un Creador asfixiantemente egoísta, susurró con una voz gélida:

[—Desde el principio de los tiempos, jamás he intentado desafiar la voluntad del Equilibrio. No enemistarme con Arcane… Esa es la convicción que nunca doblegué, a pesar de que todos me despreciaran por ello. Así que dígame, ¿qué se supone que es lo que me hace creer en usted para traicionar la voluntad que he protegido durante eones?]

«¿En qué parte de ti debo confiar para arriesgarme a tomar una decisión?»

Ignis pensó mientras miraba con ojos sombríos al humano, quien no podía ocultar su desconcierto.

«No puedes demostrarme nada, ¿verdad?»

«¿Debía abandonar la voluntad que había protegido hasta el final, esa de no enemistarse con la oscuridad a pesar de tanto sufrimiento, solo por ella? ¿Debía entregarse con total devoción sin importar un futuro aterrador?»

«¿Eres tú, realmente, un humano que no traicionará mi confianza?»

«¿Eres alguien que no convertirá mi elección en una esperanza vana y sin valor?»

Justo cuando Ignis continuaba con sus cálculos, frío hasta la crueldad…

—Lo esperaré en el futuro.

Aquella mano fría y frágil se aferró a la suya como si su vida dependiera de ello. Ante ese contacto lastimero, la densa niebla negra que nublaba su vista pareció dispersarse y hacerse añicos en un instante.

—En un futuro, dentro de unos diez o veinte años, en un lugar donde el poder de la oscuridad aceche con fuerza… Allí, mi versión más joven lo estará esperando.

Ignis se quedó mirando fijamente, aturdido, a ese ser vivo que lo observaba con una mirada tan decidida como serena.

Si tanto ansiaba una prueba, era porque las convicciones que lo encadenaban le resultaban insoportables.

Porque, más que nadie, anhelaba escapar de ellas.

Apresado por una ansiedad demencial, había acorralado con crueldad a ese ser inocente; sin embargo, esta vida tan fuerte y pura solo le devolvía una simple promesa.

Que si temía tomar una decisión, simplemente aguardara un poco.

Que se dejara llevar por la mano del destino hasta aquel momento en que el relato que acababa de escuchar se hiciera realidad… y que solo entonces, finalmente, tomara su decisión.

[—…Le pedí una prueba, y lo único que recibo es un juramento sin fecha de cumplimiento.]

Era una promesa tan ilusoria que resultaba casi adorable.

Ignis soltó una risa de pura resignación y susurró lentamente.

Sin embargo, no entendía por qué no quería simplemente ignorarla. Tal vez era porque, en el fondo, ya estaba más que agotado de todo.

Sin darse cuenta, lo asaltó el pensamiento de que no estaría nada mal dejarse engañar, aunque fuera una vez, por la promesa de un mortal.

***

Tal como se prometió, pasaron diez o veinte años.

Ignis se sumergió en sus pensamientos mientras acariciaba los restos de la reliquia que quedaban en su mano. Para un ser que vive por la eternidad, ese tiempo no fue más que un parpadeo, pero en ese breve lapso los eventos se desbordaron como una inundación.

El Rey Espíritu de la Muerte desapareció, dejando atrás únicamente su poder, y Arcane, enfurecido por ello, estalló en un odio acumulado contra el mundo.

Bajo el plan de Laer, Ignis y los demás Reyes Espíritu fragmentaron una vez más sus propias esencias para crear el “arma” que sometería a Arcane bajo un sello.

[—…]

Aquel humano que decía venir del futuro, ¿habría sabido que todo esto pasaría? Si fue así, entonces Laer también…

[—¡!]

En ese instante, mientras sus pensamientos se hundían en la reflexión…

Sus pupilas negras se dilataron y el brillo rojo de sus ojos, que antes lucía sereno, comenzó a temblar violentamente.

[—No puede ser…]

Ignis se levantó lentamente de su trono y murmuró mientras buscaba algo en el vacío con una mirada errante.

Podía sentir la presencia de Arcane, pero era distinta a la de siempre. Esta energía se sentía extraña, como si algo se hubiera retorcido de forma bizarra…

[—¿Un retroceso en el tiempo…?]

En el instante en que se dio cuenta, una voz surgió de la nada en su mente y resonó en sus oídos como un eco fantasmal:

{Por suerte, logramos apaciguar a Yuhirian y despertar de nuevo a Oried, pero él no tenía forma de romper el poder de Arcane para regresar a nuestra línea de tiempo original. ¡Fue justo entonces cuando apareció usted, de la nada, ante nosotros!}

Ignis lo supo por instinto.

El momento de la promesa… estaba ocurriendo justo ahora.

***

Siguiendo el rastro, llegó a una llanura rodeada por enormes cadenas montañosas.

El suelo estaba completamente destrozado en varios puntos, y los sirvientes de Arcane yacían muertos en condiciones deplorables, amontonados hasta formar una pequeña colina de cadáveres.

[—…]

Allí estaba ella.

—Oye… Meinhard.

—Dígame.

—¿Cómo vamos a regresar?

A su lado se encontraba Oried, y un hombre que portaba la bendición de Astrape sostenía a la niña en sus brazos.

Sin embargo, estaban tan absortos discutiendo el problema en el que se encontraban que no notaron la presencia de Ignis.

[—Vaya. Veo que han hecho un desastre absoluto.]

«¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que sintió un estremecimiento?»

Ignis hizo un esfuerzo sobrehumano por calmar su corazón y, fingiendo una calma forzada, susurró aquellas palabras.

Ante su voz, el pequeño cuerpo de la niña se sacudió con un sobresalto violento.

Su cabello de un suave color lavanda se agitó con el movimiento, y el rostro de aquella hermosa niña, cuyos ojos brillaban con inteligencia, se volvió para mirarlo.

Como si se tratara de un reflejo en un espejo, ambos destellos rojos se encontraron.

{Lo esperaré en el futuro.}

Con los ojos muy abiertos y la pequeña boca entreabierta por la sorpresa, la niña lo miraba fijamente, como si no pudiera dar crédito a lo que veía.

{En un futuro, dentro de unos diez o veinte años, en un lugar donde el poder de la oscuridad aceche con fuerza… Allí, mi versión más joven lo estará esperando.}

Aunque el cuerpo que envolvía su alma fuera distinto, e incluso si sus recuerdos se hubieran desvanecido…

Era una persona a la que Ignis podía reconocer de un solo vistazo.



TRADUCCIÓN: VALK
CORRECCIÓN: VALK
REVISIÓN: VALK
RAW HUNTER: ACOSB


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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