Capítulo 133
Sus ojos grises plateados brillaban con intensidad.
[—…]
Oried cerró la boca con fuerza y no añadió nada más.
[—¡No es el momento de desconfiar unos de otros! Arcane se ha vuelto loco. ¿Qué haremos si descarga su ira sobre el mundo?]
El Rey de los Espíritus del Bosque, Driade, que había estado observando la conversación entre los dos, gritó con frustración.
[—Con la mitad de la reliquia inutilizada, ya no hay forma de encerrar a Arcane.]
El Rey de los Espíritus del Viento, Ariel, declaró el hecho con un tono sombrío. Entonces, los Reyes de los Espíritus cayeron en un silencio absoluto.
[—…]
Mientras tanto, el Rey de los Espíritus de la Luz observaba a los presentes con una mirada intrigada y, como sumido en sus pensamientos, no hizo ningún comentario.
[—Vaya, el ambiente está bastante tenso. ¿Ocurre algo?]
[—Ilipa.]
En ese momento, como si un solo golpe hubiera disipado el gélido silencio invernal, apareció el Rey de los Espíritus de la Vida. Radiante de calidez y con una sonrisa elegante, formuló su pregunta. Sus ojos, que parecían contener el universo, examinaron lentamente las expresiones de los demás.
[—¿No has oído la noticia? El Rey de los Espíritus de la Muerte ha desaparecido. Dicen que solo queda su autoridad, y hasta su nombre se ha borrado de la memoria de los mortales.]
El Rey de los Espíritus de la Tierra miró a Ilipa, quien parecía no solo ignorante de los asuntos del mundo sino incluso despreocupado, y habló con una expresión complicada.
[—Así que eso pasó. He estado tan ocupado cuidando de los humanos que no he prestado atención a lo que ocurría en el reino de los espíritus.]
Una inexplicable nostalgia nubló sus ojos negros, llenos de una luz centelleante y dispersa.
[—Ya que su tan amado hermano menor lo ha abandonado… Arcane debe estar sufriendo mucho.]
[—¿Por qué deberíamos preocuparnos por el sufrimiento de Arcane? Deja de lado esas preocupaciones innecesarias, Ilipa.]
Ariel, que había estado mirando a otro lado con el rostro tenso, como si se sintiera incómodo, reprendió con un tono cortante.
[—¡Basta! Ilipa es un Espíritu Primordial; es natural que también se preocupe por Arcane.]
Temiendo que surgiera un conflicto, Driade detuvo rápidamente a Ariel y le dirigió una sonrisa a Ilipa.
[—Ignis, si él, enfurecido, busca a la Muerte que ha desaparecido… ¿qué debemos hacer?]
Junto a Ignis, quien estaba sentado observando la situación con semblante sereno, Astrape, envuelto en un velo blanco que cubría todo su cuerpo, temblaba de miedo y lanzó la pregunta con una voz débil como un hilo.
[—Vaya. No puedo estar seguro de lo que deparará el futuro… pero, Astrape, no olvide este hecho: usted también nació del poder de la luz que ilumina el universo.]
Ignis acarició la cabeza de Astrape con dulzura mientras respondía.
[—Así que no hay necesidad de temer a la oscuridad.]
Aunque su forma no era claramente visible, el Rey de los Espíritus de la Electricidad, de constitución menuda incluso a simple vista, bajó profundamente la cabeza. No emitió respuesta alguna.
[—Necesitamos una nueva solución. No sabemos qué más podría hacer Arcane.]
Con el rostro sombríamente serio, Niad, que había permanecido en silencio, apretó los dientes y murmuró lentamente.
Fue justo en ese momento.
[—¡Cuidado, todos! ¡Es la energía de Arcane!]
Aunque había permanecido en su lugar con una expresión fría y severa, tan imperturbable como siempre, Frost, que observaba a los presentes con una mirada particularmente preocupada, endureció su voz terriblemente y lanzó una advertencia.
[—¿Qué? ¡¿Arcane?!]
Driade gritó, como en pánico, y comenzó a vigilar los alrededores. Astrape, temblando violentamente, se acercó aún más a Ignis y observó con sus ojos negros apenas visibles cómo una sombra se filtraba en el resplandeciente campo de fuerza. Era la intrusión descortés de un invitado no invitado.
[—Arcane.]
Ante la advertencia de Frost, Ilipa, que había mantenido una sonrisa cálida, endureció su expresión y se volvió lentamente hacia la fuente del sonido de serpientes que llegaba desde muy cerca.
A pocos pasos de distancia, cientos de serpientes se entrelazaban unas con otras, emitiendo siseos metálicos. Pasó un instante, apenas el tiempo de un parpadeo.
En el lugar donde estaban las serpientes, ahora se erguía un hombre de deslumbrante belleza, cuya mitad del rostro estaba oculta, pero desprendía un encanto peligroso y venenoso. Era la Oscuridad de este universo, el Espíritu Primordial más antiguo. Era Arcane.
[—Ah, Ilipa. Sigues teniendo un rostro hermoso y sereno.]
La voz de Arcane, que esbozó una sonrisa alargando sus pálidos labios, era extrañamente aguda y temblaba ligeramente, como si estuviera desequilibrada.
[—Incluso si mi esencia se hiciera pedazos y gritara de agonía hasta desear una aniquilación imposible… tú seguirías indiferente, mirando solo al mundo.]
Hablando de manera desordenada, como si estuviera ebrio de fiebre, extendió su mano demacrada, casi hasta los huesos, para agarrar la cabellera plateada, llena de vida y brillo, pero…
[—Aparta esa mano repugnante.]
¡CRAC!
Una lanza dorada que apareció en el aire atravesó su pálida mano. La sangre negra y espesa goteó pesadamente, dejando una marca oscura.
[—Oried.]
Una voz fría, helada y espeluznante, como si el calor lunar se hubiera disipado, pronunció el nombre de quien lo había detenido. Oried, con sus ojos dorados destellando de odio, miró fijamente la figura de la oscuridad, que para él no era más que la encarnación del mal.
[—Ah, cierto. Soy un invitado no invitado.]
Arcane, murmurando en un tono burlón, arrancó despiadadamente la lanza dorada que atravesaba su mano y la hizo añicos hasta que desapareció. Inmediatamente, la profunda herida que quedó en su mano sanó sin dejar rastro.
[—Seguro ya saben por qué he irrumpido tan descortésmente, ¿verdad? El nombre de mi hermano menor, Esimed, ha sido borrado de este mundo… Su presencia misma se ha desvanecido hasta el punto de que ya no puedo sentirla.]
Con una sonrisa afilada que parecía contener una peligrosa fragilidad, Arcane desvió la mirada oculta bajo su máscara hacia Laer y preguntó con un tono escalofriantemente claro.
[—Laer. ¿Dónde está Esimed?]
Su tono sonaba como si estuviera completamente convencido de que Laer conocía la respuesta. Las expresiones de los Reyes de los Espíritus se tensaron gravemente, y todas las miradas se concentraron en Laer.
[—No sé de qué estás hablando. ¿Por qué me lo preguntas a mí?]
Pero Laer, con una actitud de total serenidad, miró directamente a Arcane y respondió con calma. Entonces, la sonrisa en el rostro de Arcane desapareció.
[—¿Dónde está Esimed?]
La misma pregunta que antes salió una vez más de sus labios.
[—Ya te he dicho que no lo sé, ¿estás sordo?]
Laer respondió de nuevo a su pregunta y añadió un comentario sarcástico con un tono de voz extremadamente tranquilo.
[—Esimed, ¿dónde está?]
Después de un silencio tenso que duró un rato, Arcane preguntó por última vez por el paradero de Esimed.
[—Parece que no está en su sano juicio.]
Ante la persistencia escalofriante de Arcane, Driade murmuró en voz baja con una expresión genuinamente consternada. Aunque no lo dijeron, los demás Reyes de los Espíritus parecían sentir lo mismo.
[—Dije que no lo sé. No tengo ni idea.]
Kasu: jaja tiene unos huevos Laer para hablarle así a Arcane ᕦ(ò_óˇ)ᕤ
Laer puso el punto final, rechazando de plano la pregunta de Arcane.
[—Ja, ja, Ilipa. Mira esto. Estoy seguro de que nadie más que ese tipo pudo haberme arrebatado a Esimed, ¡y aún así se niega hasta el final!]
Arcane soltó una risa vacía, como si hubiera perdido la cordura por un momento, y murmuró, como quejándose a Ilipa.
[—Laer ha dicho que no lo sabe.]
En ese instante, una sombra de vacilación cruzó el rostro de Ilipa, pero bajó los ojos, sin mirar a Arcane.
[—Tal vez Esimed, por su propia voluntad, te dejó porque había algo que quería entender.]
Respondió con una voz serena.
[—Ilipa.]
Su actitud daba la impresión de que no se atrevía a enfrentar la reacción de Arcane.
[—¿Tú también me abandonas?]
Kasu: ah carai nuevo ship desbloqueado ლ(´ ❥ `ლ)
Como si estuviera desolado, como si estuviera amargado. Un susurro suave; unas pocas respiraciones pasaron fugazmente.
[—Todas las señales han llegado a su fin.]
Y así, finalmente, la Oscuridad arrojó la máscara de calavera que simbolizaba toda su falsedad.
[—Con esto, el único apego que tenía hacia este mundo… ha desaparecido por completo.]
Mirando a todos los Reyes de los Espíritus con un abismo lleno solo de odio, declaró:
[—Ustedes fueron los primeros en romper el equilibrio, por lo que, a partir de este momento, sin importar lo que ocurra, han perdido completamente el derecho a restringirme.]
[—¿Qué?]
[—¡Arcane!]
Mirando los rostros de los Reyes de los Espíritus teñidos de horror y odio, Arcane esbozó una sonrisa empapada de cruel regocijo.
El mundo, ahora sin Esimed, ya no tenía ningún significado para él. Al enfrentarse a esa realidad brutalmente cruel, una locura que anhelaba enloquecer y perder por completo la razón se elevó, abrumada por una ira que sacudía lo más profundo de su ser. Así que era el momento de poner fin a todo.
Humanos. Todas las criaturas que parasitan este universo. Esas insignificantes vidas, ni siquiera comparables al polvo, serán completamente aniquiladas. Y entonces, en un mundo purificado, encontraré a Esimed. Volveremos a vivir en esa oscuridad primordial a la que finalmente he regresado.
La Oscuridad, decidida a desplegar el acto final, derramó sobre el mundo una maldición más feroz que nunca, y la calamidad despertó en su huevo, latiendo silenciosamente.
Kasu: no tengo palabras para expresar cómo me dejo este capítulo, solo sé que Arcane realmente amaba a su hermano y se sintió traicionado por él, la única persona que le importaba. (▰˘︹˘▰)

TRADUCCIÓN: KASU
CORRECCIÓN: KASU
REVISIÓN: MIRCEA
RAW HUNTER: ACOSB