Capítulo 88
—¡¿Estás bien?!
La aparición inesperada me dejó atónita por un instante, pero enseguida asentí con rapidez para indicar que no estaba herido. Liat susurró “qué alivio” y esbozó una leve sonrisa.
«No, ¡mi estado físico no era el problema ahora!»
Me incorporé de golpe y lo agarré por la ropa, queriendo preguntarle qué estaba ocurriendo, pero mi voz seguía bloqueada por el hechizo.
Mientras yo, frustrada, me tocaba el cuello, Liat sacó de su pecho un pequeño estuche circular.
—Espera un momento.
Dentro había un pigmento negro. Con un dedo lo untó y trazó sobre el símbolo mágico grabado en mi cuello, instándome después a hablar.
—Ah… ¡ah, mi voz!
—He neutralizado el hechizo que te ataba, ahora podrás hablar. Solo un instante, Edith.
Lo agarré del cuello con desesperación y grité:
—¿Qué está pasando? ¿Por qué los espíritus oscuros se han reunido y convertido en cientos?, ¿y dónde están Mainhardt y la directora Mekaila…?
¡KYAH!
—Lo siento, pero las respuestas tendrán que esperar.
En ese momento, Liat me levantó en brazos, cubrió mi rostro con su túnica negra y me estrechó contra su pecho mientras corría velozmente.
Mi visión quedó oculta por el manto, así que no vi más horrores, aunque en mis oídos seguían resonando los truenos que desgarraban el cielo y los gritos de agonía.
Alaridos, risas frenéticas, sollozos… era suficiente para hacerme perder la cordura.
No sé cuánto tiempo pasó. Finalmente, logramos entrar en un recinto interior. Liat me dejó en el suelo y retiró el manto que cubría mi rostro.
La luz repentina me hizo fruncir los ojos, y pronto comprendí, atónita, que el lugar al que me había traído era el Templo de la Sabiduría.
—La sala del consejo ya no es segura. Los que no tienen fuerzas para luchar o los que han sobrevivido están refugiándose aquí.
Tal como decía, el entorno estaba abarrotado de personas, todas dominadas por el miedo: algunos lloraban desconsolados, otros estaban pálidos como la ceniza.
Con el rostro descompuesto, me quedé mirando absorta hacia la puerta.
—¿Qué… qué está pasando? —pregunté aturdida. No podía comprender en absoluto qué clase de calamidad se estaba desatando.
Liat, apartando su cabello desordenado con gesto complicado, comenzó a explicar lo ocurrido:
—El Rey Espíritu de Oscuridad ha enviado a cientos de sus siervos para atacar Literra. La directora y el hombre que te acompañaba han salido al frente para enfrentarlos.
—¿Qué? ¿Pero por qué? —horrorizada, pregunté, buscando una razón, pero Liat negó suavemente con la cabeza, con el rostro endurecido, y respondió que él tampoco lo sabía.
En ese instante, un nombre surgió en mi mente: Esimed.
—Señor Liat… ¿no ha visto a Esimed? —Lo agarré del brazo con urgencia. Pero Liat solo negó, diciendo que no lo había visto.
—No hay necesidad de preocuparse demasiado porque aún no se ha confirmado su paradero. Ya viste lo que ocurre afuera: todos han sido víctimas de los espíritus oscuros. —me dijo aquello, quizá para consolarme, mientras yo permanecía hundida en la desesperación, incapaz de levantarme del suelo—. Los espíritus oscuros no son temidos por su fuerza física, sino porque destrozan la “mente” humana, arrasándola sin piedad. Sin embargo, los invocadores bendecidos por la oscuridad nacen inmunes a ese poder, y no corren el riesgo de que su espíritu sea manipulado. Por eso, el Segundo Príncipe de Roshan no será derrotado tan fácilmente como los invocadores comunes, y además no carece de poder: puede protegerse.
—Un momento… ¿y qué hay de Mainhardt y de la directora Mekaila? ¿Ellos no corren peligro…?
Liat suspiró levemente antes de responder:
—¿No entiendes por qué yo, que soy inmune a la magia ilusoria, no estoy en el frente? Aunque la manipulación mental no me afecta, mi atributo es la oscuridad. Y la oscuridad no puede oponerse a la oscuridad.
Solo un tipo de invocador podía enfrentarse a los espíritus oscuros: Aquellos que poseían el atributo de la luz.
—Mainhardt… él es distinto. No ha sido bendecido por el espíritu de la luz, pero el atributo de la electricidad también irradia un resplandor propio, que desciende del cielo como un fulgor abrasador. Por eso no es menos capaz de enfrentarse a los espíritus oscuros.
Así se cuenta que, en la antigüedad, cuando los grandes invocadores combatían contra las calamidades, los más importantes eran siempre el Gran Invocador de la Luz y el Gran Invocador de la Electricidad. El fuego también podría haber sido relevante, pero nunca existió un gran invocador del fuego, y por eso sigue siendo un territorio desconocido.
Comprendí que las palabras de Liat no eran erróneas. Y al mismo tiempo entendí por qué, durante todo el trayecto hacia Literra, los truenos no cesaban de caer. Era para resistir la magia mental que los espíritus oscuros lanzaban, un modo de protegerse.
Conseguí apartar el miedo que me paralizaba la razón, pero pronto me vi sumida en la preocupación de cómo resolver la situación actual.
—¿No sería de gran ayuda invocar a Oried y a Niad? Ahora que puedo hablar, también puedo invocar.
—¿Viste algún espíritu distinto de los oscuros en tu camino hasta aquí?
Me quedé helada y miré a Liat.
«Ahora que lo pienso, era extraño: no había visto ninguno. La situación era tan terrible y urgente que no me había detenido a observar con calma, pero aun así… Incluso si todos los invocadores de Literra mantenían a sus espíritus en estado de invocación, en una calamidad como esta deberían haberlos llamado para luchar junto a ellos.»
—Ese es el mayor temor que inspira el Rey Espíritu de Oscuridad. Allí donde desciende, convierte el lugar en su dominio, y nadie puede entrar sin su permiso. Ni siquiera otro Rey Espíritu.
—Pero…
Al intentar replicar, recordé un episodio del pasado y me hundí en la desesperación. Cuando quedé atrapada en la ilusión de la casa Candel… Oried no pudo entrar, y fue necesario que despertara la peligrosa personalidad “Yuhirian.”
—Arcane es el más antiguo de los Reyes Espíritu. Su rango es diferente.
«Dios mío… ¿acaso no existe ningún modo de superar esta crisis?»
Mordí mis labios con ansiedad.
—¡Necesitamos un invocador de la luz!
En ese momento, alguien entró apresuradamente por la puerta del Templo de la Sabiduría, gritando. Y yo reconocí su rostro: era un invocador que había servido como supervisor en el examen.
El invocador de espíritus de mediana edad jadeaba con dificultad, buscando desesperadamente a un invocador con el atributo de la luz.
—¡La directora y el invocador de la electricidad están resistiendo, pero el número de espíritus oscuros de rango inferior sigue aumentando! Por eso la gente afuera no puede evacuar, necesitamos que alguien más se una a la lucha.
Entre la multitud, apenas una decena de jóvenes dudaron antes de dar un paso al frente. El invocador los reunió y salió apresuradamente del templo. Aquella escena reflejaba con claridad la gravedad de la crisis que Literra estaba enfrentando.
—¿…No existe alguna forma de levantar una barrera en el Templo de la Sabiduría? ¿Alguna habilidad así?
Era una pregunta lanzada como último recurso, pero Liat cerró los ojos y respondió:
—Si existiera, la directora ya la habría usado. El Rey Espíritu de la Sabiduría pertenece al dominio mental, y casi no puede ejercer influencia física.
Entonces recordé lo que el Conde Yufs me había contado: que mis antepasados habían sido la familia real que gobernaba el Imperio de la Luz. Nunca me había lamentado por no haber recibido la bendición del Rey Espíritu de la Luz…
Pero ahora, empujada a una situación tan desesperada y sin fuerzas, esa carencia me resultaba insoportablemente dolorosa.
* * *
Un cielo oscuro, sin una sola estrella. En lo alto, una mujer erguida con su túnica blanca ondeando en el viento.
Mekaila giró los ojos hacia el joven que, desde la torre más alta, lanzaba rayos sin cesar, y luego miró hacia abajo, donde el caos y el dolor convertían todo en un infierno, aun cuando la verdadera calamidad aún no había llegado.
[—¿Qué piensas hacer ahora?]
En ese instante, una voz delicada, clara como el tintinear de un jade, se dirigió a ella. Mekaila se volvió. El pendiente en la oreja del interlocutor emitía un sonido cristalino y un resplandor cegador.
—Señor Ariel.
[—Arcane pronto enviará su sombra a este lugar.]
El cabello celeste, finamente adornado, se agitaba con el viento, dispersándose como una brisa. Ariel alzó la cabeza y contempló el cielo ennegrecido.
Mekaila, reflejando la inquietud de Ariel, acomodó varias veces con la mano su túnica desordenada por el viento, que aunque sereno, contenía una violencia imposible de ocultar.
—No hay salida. Todas las rutas hacia el exterior han sido bloqueadas por la codiciosa oscuridad.
[—Mentira.]
Ariel desechó sus palabras de inmediato y la miró. Sus ojos, siempre claros como el cielo, ahora se deformaban con una pasión desbordada.
[—Lo sabes. Si recurres a mi poder, tú, el joven bendecido por Astrape, tu discípulo, y la muchacha amada por Ilipa podrán escapar sanos y salvos de aquí.]
—¿Y qué será de los muchos que queden atrás? —Mekaila lo miró fijamente y respondió con tono sereno.
Ariel replicó con dureza:
[—Para mí, tú eres lo más importante. Ese joven, tu discípulo y la muchacha de abajo son seres queridos por otros Reyes Espíritu, así que los llevaré también. Pero las demás criaturas no son asunto mío.]
Ariel lanzó una mirada hacia el caos de abajo, donde se mezclaban gritos y locura, y murmuró:
[—Ignis desea la paz y permanece como espectador de toda tragedia. Laer es inflexible y jamás se doblega. Yo he intentado mantenerme neutral entre ambos… pero contigo no.]
Sus ojos azules, teñidos de furia, se clavaron en Mekaila.
[—En el flujo del destino, desde los tiempos primordiales, he perdido a todos los seres que amé. Y lo único que me queda en este mundo… eres tú. Eres lo último. El único ser que anhelo con todas mis fuerzas no perder… ahora eres tú.]

TRADUCCIÓN: MIKUMKZUU
CORRECCIÓN: MIKUMKZUU
REVISIÓN: MIKUMKZUU
RAW HUNTER: ACOSB