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Capítulo 51

Una vez calmada la situación, era hora de buscar la verdad que tanto me intrigaba, la verdad que debería haber sabido hacía mucho tiempo.  

Ya no podía confiar en el conde Yufs.

A juzgar por su carácter, se le podía considerar sin exagerar el mentor ideal, pero ni siquiera él podía desafiar la voluntad del Emperador y Gran Duque Haylian.

—Aquí tienes el libro de historia que pediste. … No solo para ti, sino incluso en los libros de texto que enseñan historia a los niños hoy en día, la información sobre el comienzo del Cataclismo y el Gran Sacerdote Elementalista está muy restringida.

Esimed me entregó el libro que contenía los registros históricos más precisos que existían y habló en voz baja.

—Probablemente, el Emperador me dio este libro porque… estaba claro que viviría confinado hasta mi muerte, por lo que no tenía nada que temer al hacerlo.

Miré fijamente el grueso tomo con su cubierta desgastada y mi expresión se endureció.

El problema de la distorsión histórica, encabezado por el Emperador y Robertick, se estaba volviendo cada vez más grave.

Tenía que detenerlo de alguna manera, pronto.

—Gracias, Esimed.

Tragué saliva y esbocé una sonrisa forzada.

Después de que Esimed se marchara, hojeé frenéticamente el espeso tomo, que parecían varias enciclopedias encuadernadas juntas, buscando la sección que necesitaba.

¿Mitos fundacionales? Eso ya lo sabía.

¿La venerable historia de la Gran Casa de Haylian? Irrelevante.

Lo que más necesitaba saber ahora era…

«¡Lo encontré!»

Registros sobre el Gran Sacerdote Elementalista, información sobre qué era exactamente esta entidad.

Lo que descubrí fue esto:

[El Gran Sacerdote Elementalista es un ser creado por los Reyes Elementales de la naturaleza para impedir el desastre que el Rey de los Espíritus Oscuros y sus siervos traerían, según fue predicho.

Es una creación especial, nacida al fragmentar el “Aliento del Rey de los Espíritus” considerado la fuente misma de los Reyes Elementales y conferirlo al alma humana.]

[Las personas que nacieron como Grandes Sacerdotes Elementales fueron solo seis a lo largo de toda la historia, y el motivo por el cual fueron elegidos como tales es algo que nosotros, simples humanos, jamás podremos comprender. 

.

.

.

Estos individuos podían manejar libremente una cantidad de poder inmensamente superior a la de un elementalista común.

Sin embargo, tampoco eran seres completamente perfectos.

Solo podían usar los poderes del Rey Elemental que les había otorgado su fuente, por lo que, a diferencia de los elementalistas ordinarios, a quienes se les conceden tres atributos elementales, ellos solo poseían un único atributo.

En compensación, eran seres extraordinariamente especializados en ese solo elemento, lo que los hacía incomparablemente más excepcionales y poderosos que cualquier elementalista común.

Mientras que un elementalista normal apenas podía ejercer la mitad del poder de un espíritu elemental, ellos eran capaces de manejar casi todo el poder de un Rey Elemental de la naturaleza.

Por eso, los Grandes Sacerdotes Elementales son considerados las encarnaciones más cercanas al poder original de los Reyes Elementales.]

—Wow… Entonces, esos ancianos también…

¿Significa que, aunque nacieron con cuerpos humanos, podían usar un poder comparable al de un Rey Elemental?

Durante el tiempo que viví con ellos, parecían simples abuelos y abuelas tan comunes que llegué a olvidar cuán poderosos eran realmente.

Jamás imaginé que fueran seres tan extraordinarios.

—…Pero, ¿por qué mi abuelo era tan fuerte, entonces?

Si era así, me resultaba cada vez más misteriosa la verdadera identidad de mi abuelo, ese hombre del que se decía que podía estar a la altura de los Grandes Sacerdotes Elementales, aquellos seres venerados como algo más que humanos.

Un simple humano que jamás recibió la bendición de ningún espíritu.

¿Podía alguien así poseer una fuerza tan… inverosímil?

Cuando alguna vez le pregunté por qué nunca usaba ese poder, mi abuelo me respondió que no había recibido ninguna bendición, y que, con el paso del tiempo, su cuerpo ya no podía soportar tal fuerza… por eso había decidido abstenerse de usarla.

—¿Y si el abuelo también fue uno de ellos…? —murmuré.

¿Y si, aunque nunca se descubrió, había nacido con el Aliento del Rey Elemental  en su alma?

Tal vez no se distinguía de los demás por carecer de un rasgo evidente…

No, no. Era una idea absurda, sin fundamentos.

Negué con la cabeza y volví a leer los registros desde el principio.

[Los nombres de los seis Grandes Sacerdotes Elementalistas son los siguientes:

Gran Sacerdotisa Elementista del Viento, Mekaila Euphorium.

Gran Sacerdotisa Elementista del Agua, Atara Hakadella.

Gran Sacerdote Elementista de la Tierra, David Kalan Terrasium.

Gran Sacerdotisa Elementista del Bosque, Sisiphea Dryad.

Gran Sacerdote Elementista de la Luz, Ezequiel Yereminia Haylian.

Gran Sacerdotisa Elementista del Rayo, Judith Sephemia.]

—…La que fue la Gran Sacerdotisa Elementista del Agua era… —murmuré.

No me había dado cuenta hasta ahora, pero ella era la esposa de mi abuelo, la que murió poco después de dar a luz a Mariette…mi abuela materna.

—En la obra original ni siquiera se mencionaba un personaje así…

Susurré, con el corazón agitado. Una sensación extraña me recorrió el pecho.

—Entonces, Mariette realmente era noble de cuna…

Tanto su padre como su madre habían sido héroes que salvaron el mundo.

Seguramente la razón por la que Mariette y yo compartimos la afinidad con Niad, el espíritu del agua, se debía a que mi abuela fue la Gran Sacerdotisa Elementista del Agua.

Mientras acariciaba distraídamente el nombre de mi abuela en la página, murmuré para mí misma:

—Y además… ¿eh?

Mis pensamientos se disiparon de golpe.

Cuando bajé la mirada y vi el siguiente nombre, abrí los ojos de par en par, sorprendida.

—¡¿Haylian?!

¿Por qué aparece ese nombre aquí?

Con la boca entreabierta, leí una y otra vez el nombre registrado como el Gran Sacerdotisa Elementista de la Luz.

Y entonces, una figura apareció con claridad en mi mente…

—El abuelo Ezequiel…

Aquel anciano de larga cabellera blanca, casi plateada, que caía hasta sus pies, siempre con una sonrisa serena y amable en el rostro.

¡Dios mío…!

¿Así que él provenía de la Casa del Gran Ducado de Haylian?

—Con razón siempre sentí que se parecía a Robertick…

Ahora que lo pienso, el atributo principal de Robertick también es la luz.

¡Dios mío…! Que existiera una conexión así, y yo ni siquiera lo había notado.

Aunque, pensándolo bien, en parte era culpa de Robertick.

Siempre insistía en que yo era su única pariente de sangre, su única hija legítima, y se aferraba a mí con una obsesión casi enfermiza.

Por eso había creído que los únicos descendientes que quedaban en este mundo de la Casa del Gran Ducado de Haylian éramos él y yo.

—Supongo que deben ser parientes lejanos.

Murmuré.

Si fuera pariente directo, no habrían tenido motivo alguno para abandonar el Imperio Roshan.

Aun así, ¿cómo decirlo?

El hecho de que existieran otros miembros de mi familia por parte de mi padre, además de Robertick, me parecía bastante agradable.

—Tengo que visitarlos la próxima vez.

Murmuré alegremente, bajando la mirada.

—Judith Sephemia… ¿Hmm? ¿Qué es esto?

Pero había algo extraño.

Frunciendo el ceño, volví a leer esa sección.

Sephemia podía ser un apellido, pero el final del nombre… parecía ser…

—Como si el registro original hubiera sido borrado…

Froté la sección borrosa varias veces, pero la parte completamente borrada nunca se reveló….

 —… ¿Qué significaba esto?

—Este maldito mundo… ¿por qué está lleno de tantos misterios?… 

Suspire con cansancio mientras cerraba el libro.

Ya había revisado todos los registros relacionados con los Grandes Sacerdotes Elementistas.

Y entonces…

—El “Cataclismo” fue un acontecimiento mucho más trascendental en este mundo de lo que había imaginado.

En la obra original, nunca se mencionan cosas como el Gran Sacerdote, el Comienzo del Cataclismo el Rey Espíritu de la Oscuridad.

La historia sólo giraba entre el amor tierno y trágico entre Shastia y Robertick, y las maquinaciones de la malvada Mariette.

Ahora que conocía los hechos reales del pasado, podía darme cuenta de cuanto había desperdiciado la novela original su propio universo.

—…Arcane.

Y así, mis pensamientos volvieron inevitablemente a aquel día, al bosque envuelto en una oscuridad tan densa que no se veía ni un centímetro por delante, donde nos encontramos con… el Rey Espíritu de la Oscuridad, Arcane, que nos reveló por primera vez su verdadera forma, envuelto en un cuerpo humano.

[—Mi querido hermano menor. Así que estabas aquí todo el tiempo.]

Dirigiéndose a Esimed como su hermano.

[—Por fin estoy ante ti. No puedes imaginar cuánto te he buscado sin descanso durante todo este tiempo. ¿Por qué te has ocultado bajo la frágil forma de un ser tan insignificante? Tú no eres una criatura humilde…]

Sus palabras, impregnadas de una emoción incomprensible, temblaban con una melancolía que me resultaba imposible de entender.

Y luego estaban aquellas otras frases, intercambiadas entre Ilipa y Arcane:

[— ¿Por qué detienes cada uno de mis pasos?]

[—Tu hora aún no ha llegado.]

Una súplica cargada de reproche, respondida con una frialdad distante.

[— No renunciaré a ti.]

[— Aunque deba destruirlo todo, no volveré a perderte.]

Y esas últimas palabras que Arcane pronunció antes de desaparecer…

¿Qué demonios significaban?

—¿Qué era eso…? ¿Qué quería decir? 

Gemí, pasándome los dedos por el cabello.

Nada tenía sentido.

¿Cómo encajaba todo esto?

— ¿Debería preguntarle a Esimed? …No, ¿cómo podría él saber por qué el Rey espíritu de la Oscuridad lo llamó “hermano”?

Esimed también había mirado a Arcane con la misma expresión que todos nosotros, como si no entendiera ni una sola palabra de lo que aquel estaba diciendo.

—Ilipa…

Siendo ambos Reyes Elementales, era lógico pensar que existía algún tipo de conexión entre ellos.

Aun así… había algo en todo aquello que me provocaba una profunda inquietud.

—Ahora que lo pienso…  tenía la intención de ir a Literra para aprender sobre el Rey Espíritu de la Sabiduría… 

Debido a todos los sucesos que se habían desatado hasta ahora, lo había olvidado por completo.

¿Debería volver?

—Sí, iré. Esta vez no hay peligro…

Debía averiguar al menos una cosa con certeza.

Con esa determinación, me levanté del asiento, decidida a regresar a Literra.

* * *

—No puedo permitirlo, Edith. 

—… ¿Eh? ¿Por qué? —

Pero, como era de esperarse, había un obstáculo inesperado.

Ese obstáculo era Robertick.

—Un incidente de secuestro como el de antes puede ocurrir en cualquier momento. No puedo permitir que salgas del Imperio Roshan hasta que domines plenamente los poderes elementales.

No, el secuestro anterior se había debido a ese acosador imprevisto, Liat…

— ¡Hay un libro que realmente deseo encontrar! ¡No pasaría nada si fuera con el abuelo y sus amigos!! 

Grité con urgencia, intentando convencer a Robertick, pero su expresión se endureció aún más que antes.

—No. No puedo permitirlo.

— ¿Por qué?

Le estaba pidiendo acompañantes en quienes confiara más que en él mismo… ¿por qué se niega?

—Eres mi hija. No puedo confiarte una vez más a aquellos que no son más que glorias pasadas



TRADUCCIÓN: DULCINEA
CORRECCIÓN: DULCINEA
REVISIÓN: DULCINEA
RAW HUNTER: ACOSB


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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