Capítulo 213
De sus yemas de dedos fluía un poder dorado, y del corazón de Odelli se elevaba una energía azul.
Dos luces diferentes resonaron y se mezclaron en una sola.
Corazón y alma. Cuerpo y memoria.
Era el momento de una fusión perfecta.
¡KIIING!
Entonces, Mir, acurrucado en los brazos de Odelli, se agitó rompiendo la atmósfera.
ÑAM ÑAM ÑAM.
Al mezclarse la pesada energía de Rudville con el cálido aliento de Odelli, el pequeño, que había estado robando y saboreando el poder a escondidas, ronroneó y movió la cola.
Rudville soltó una risa ahogada con los ojos húmedos.
—Sigues siendo un tonto.
¡KYAAA!
Él besó profundamente la frente de Odelli y le tomó la mano con fuerza.
—Vamos, Odelli. Ahora sí, a nuestro verdadero hogar.
Los dos, sin soltar sus manos entrelazadas, comenzaron a caminar lentamente.
Bajo el sol poniente, sus largas sombras finalmente se superpusieron perfectamente en una sola.
Miles de años de espera.
Y la larga, larga lucha, por fin había terminado.
* * *
La deslumbrante luz de la mañana se filtraba entre las blancas cortinas.
La habitación del Gran Duque estaba en silencio.
El mundo liberado de la oscuridad era incomparablemente pacífico, pero el hombre en la cama aún vagaba solo por el infierno.
Rasgando esa tranquila quietud, surgió un gemido bajo.
—…No te vayas.
Desde la oscuridad, Rudville dejó escapar un gemido sofocado.
El sudor frío corría por su frente, empapando la almohada.
Sus párpados cerrados temblaban sin cesar, y en el dorso de sus manos, aferradas a las sábanas, las venas se marcaban grotescamente.
Era un sueño.
Un ciclo repetitivo y terriblemente familiar: su muerte.
«Lo siento, Ru…».
Odelli, muriendo mientras vomitaba sangre.
Él mismo, gritando mientras abrazaba su frío cadáver.
Sin importar cuántas veces retrocediera el tiempo, suplicara a los dioses o vendiera su alma al demonio… al final, sus manos siempre se enfriaban.
Esos miles de desesperaciones llegaban como una ola negra, apretando su garganta.
La guerra había terminado y el retorno cesó, pero las heridas de decenas de miles de años grabadas en su alma aún no habían sanado.
—Por favor, vive… Odelli, por favor…
Él alcanzó el aire vacío.
Era un forcejeo desesperado por atrapar una ilusión inalcanzable.
Fue entonces.
—Ru.
Una cálida temperatura cubrió su mano.
Un calor suave y ardiente, incomparable con el frío cadáver de su sueño.
—…!
Rudville abrió los ojos de par en par, jadeando.
Sus pupilas desenfocadas vagaron por la oscuridad, hasta captar a la mujer de cabello plateado acostada a su lado, mirándolo con preocupación.
—…¿Odelli?
—¿Tuviste una pesadilla?
Odelli le apartó el flequillo mojado por el sudor frío.
En lugar de responder, Rudville la atrajo hacia sí con rudeza.
La desesperación de que ella pudiera desaparecer como humo en cualquier momento se transmitía intacta en la fuerza casi aplastante de su abrazo.
—Jaa… Jaa…
Su corazón palpitaba como si fuera a estallar.
Odelli, en lugar de empujarlo diciendo que le hacía daño, rodeó su espalda con los brazos y le dio palmaditas suaves.
—Estoy aquí. No me voy a ninguna parte.
—…Pensé que habías muerto. Que otra vez, en mis brazos…
—No estoy muerta. Con tu corazón latiendo así dentro de mí, ¿cómo podría morir?
Odelli tomó su mano y la colocó sobre su pecho izquierdo.
ZUM, ZUM, ZUM.
Un latido regular y fuerte.
Ese sonido fue calmando gradualmente la respiración inestable de Rudville.
UUUUN
Entonces, del corazón de Odelli emanó un brillo azul.
Era la vitalidad del dragón, el puro poder de purificación.
La onda azul, mezclada con su voluntad, envolvió el cuerpo de Rudville y acarició las negras heridas incrustadas en lo profundo de su alma.
Como si hiciera crecer carne nueva sobre heridas desgarradas.
«Ya está bien, Lu.»
Cubrió cálidamente sus recuerdos, desgastados tras presenciar miles de muertes.
«Todo terminó. Estamos a salvo.»
Ante su voz que resonaba en su alma, algo caliente cayó de los ojos de Rudville.
Solo entonces lo sintió de verdad.
La habitación bañada por el sol de la mañana. La mujer respirando cálidamente en sus brazos.
Ya no había olor a sangre, ni el frío de la muerte.
«…Ah.»
Rudville miró a Odelli con los ojos húmedos.
La obsesión de calcular cada posibilidad y escenario cada mañana al despertar, solo para salvar a Odelli, se desvaneció como nieve derretida.
—Ya no…
Enterrando su rostro en el cuello de Odelli, murmuró con voz ronca.
—Ya no… tengo que retroceder en el tiempo.
Una vida sin miedo a que llegue el mañana.
Una vida en la que no tengo que volver a conocerte desde el principio.
Qué milagro tan abrumador era eso.
—Sí. Ahora solo tenemos que mirar hacia adelante.
Odelli le acarició la espalda como si calmara a un niño.
Esa mañana, Rudville cayó en un sueño profundo, libre de pesadillas, por primera vez en muchísimo tiempo.
* * *
Después de una semana agitada como una guerra, la paz finalmente llegó al Gran Palacio Ducal.
Rudville dejó todas las complejas tareas de limpieza posteriores de la corte imperial en manos de los funcionarios y se centró únicamente en pasar tiempo con Odelli dentro del castillo.
En el comedor, se desarrollaba una escena peculiar.
TAC.
Odelli se llevó a la boca un trozo de bistec bien asado con el tenedor.
NOM NOM.
Mientras ella masticaba y tragaba la carne en ese proceso común, Rudville, sentado frente a ella con la barbilla apoyada en la mano, la observaba fijamente.
Sus largos dedos, jugueteando con la copa, parecían relajados, pero sus ojos color púrpura seguían obstinadamente sus labios y su nuez.
«…».
Era insoportablemente incómodo.
—…¿Por qué me miras así?
—No es nada…
Él curvó lentamente las comisuras de sus labios.
—Es que eres demasiado hermosa.
—…
NOM.
Odelli se quedó sin palabras.
Si dice que me mira porque soy hermosa, ¿qué puedo decir?
—Ver cómo comes con gusto… es como un milagro.
—…
—Antes, te costaba trabajo hasta tragar un sorbo de agua. Pero ahora estás completamente viva.
¿De cuándo exactamente está hablando?
Su voz era plana, como en una conversación cotidiana, pero la emoción subyacente no era para nada ligera.
Entrecerró los ojos y la recorrió lentamente, como si la lamiera con la mirada.
Era una mirada cargada de una sed intensa y alivio, como si estuviera fascinado por el mero hecho de su vitalidad.
—Sigue comiendo. Con solo verte comer, ya me siento lleno.
—Voy a tener una indigestión.
Odelli, ruborizada por una vergüenza innecesaria, desvió la mirada.
Pero como no le desagradaba del todo el peso de su mirada, fingió no darse cuenta y tomó un bocado aún más grande de ensalada.
Después de la comida, durante el paseo por el jardín.
Odelli caminaba alegremente por el sendero de tierra cuando la punta de su pie tropezó ligeramente con una pequeña piedra.
—¡Ay!
En el instante en que perdió el equilibrio.
Antes de que su cuerpo se inclinara hacia el suelo, una sombra negra la envolvió.
TOC.
Sin saber cuándo se acercó, Rudville agarró firmemente su cintura y la sostuvo contra su pecho.
Cuando la sorprendida Odelli levantó la vista, vio el rostro de Rudville, fríamente sereno.
—…Debes tener cuidado.
En lugar de ayudarla a ponerse de pie, la levantó de un tirón y la cargó en sus brazos.
Con total naturalidad.
—Fue solo un pequeño tropiezo…
—Este camino no me gusta.
Ignorando las palabras de Odelli, Rudville miró fríamente el sendero de tierra.
Su mirada era como si estuviera dictando sentencia de muerte a un objeto inútil que se atrevía a hacer tropezar a su mujer.

RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD