Capítulo 206
Él golpeteó con la yema del dedo sobre el pecho de Odelli, justo donde latía su corazón.
—…Eres codiciosa.
—¿Ahora lo entiendes? Yo, que una vez dominé el mundo, te he convertido en mi mundo entero.
Rudville abrazó a Odelli con más fuerza aún.
Un calor más intenso que el vapor del baño llenó el espacio entre ellos. Odelli, fingiendo rendirse, rodeó su cuello con los brazos.
Así comenzó una noche obstinada y ardiente, en la que él parecía empeñado en grabar su presencia actual en cada partícula de su ser.
* * *
El cielo del Imperio se tiñó de carmesí.
El Emperador Frederick, de pie frente a la ventana de su estudio, contemplaba la columna de energía mágica rojo oscuro que se elevaba desde la mansión del Duque Kardel, al otro lado de la capital.
No era magia común.
Era el presagio de una calamidad que amenazaba con tragarse el mundo.
«Ese lunático de Rudville, al final se ha vuelto loco y planea autodestruirse».
El Emperador chasqueó la lengua.
Durante los últimos tres años, no había movido un dedo contra el Gran Duque de Exion.
No, más bien, no pudo hacerlo.
La destructiva locura que Rudville exhibió el día en que Odelli murió, tres años atrás, había dejado una profunda impresión incluso en el Emperador.
Un perro rabioso muerde si se le provoca.
Así que el Emperador cambió de estrategia.
Optó por enterrarlo socialmente, aislándolo, difundiendo rumores de que el Gran Duque, enloquecido por el dolor, había recurrido a artes prohibidas. Esperó a que se consumiera a sí mismo.
Pero esos tres largos años solo habían forjado a Rudville en una bestia más terrible que la muerte misma.
Y entonces, en ese preciso instante…
¡FUUUAAAH!
El mundo, teñido de rojo, fue barrido por una sola onda de poder.
Una luz azul, vasta y cegadoramente pura.
Cuando esa luz barrieron el palacio imperial, el Emperador sintió algo extraño.
El insoportable dolor y las convulsiones que lo habían atormentado sin tregua durante tres años, desde la muerte de la Duquesa de Exion, disminuyeron como por arte de magia.
Como si hubiera tomado un analgésico.
No, era algo superior.
Aunque fugaz, aquello era una curación perfecta.
«…¿Qué demonios fue eso?»
Un escalofrío recorrió al Emperador. Esto estaba en otro nivel comparado con los poderes purificadores que Kardel solía ofrecer. Era un milagro divino en sí mismo.
Y a la mañana siguiente, el Capitán de la Guardia Imperial llegó pálido, con el reporte de la identidad de aquel milagro.
—¡Su Majestad! ¡Tenemos información de la mansión del Gran Duque de Exion!
—Habla.
—Esa luz de ayer… se originó en la mansión Kardel. Y en el centro de ella…
El Capitán tragó en seco. Su rostro era el de alguien que ha visto un fantasma.
—…estaba la Duquesa de Exion.
—¿Qué?
Los ojos del Emperador se abrieron desmesuradamente.
—¿Acaso la Duquesa no murió hace tres años? ¡Con el corazón atravesado por la garra de un dragón!
—Eso es lo que creíamos, pero… está viva. ¡No, ha resucitado! Y se dice que fue ella quien liberó ese poder purificador abrumador que tiñó el cielo de azul ayer.
Instantáneamente, todas las piezas encajaron en la mente del Emperador.
Odelli, a quien daban por muerta, había vuelto.
Y ayer, ella había desatado un poder ‘purificador’ de una escala imposible, que cubrió todo el Imperio.
Ese poder había curado temporalmente su cuerpo corrupto.
«¡Odelli…! ¡Odelli Exion!»
La comisura de sus labios se torció en una mueca. La sorpresa se transformó en un éxtasis delirante.
Ella ya no era un simple purificador.
Era el ‘elixir de la inmortalidad’ que podría otorgarle la vida eterna, quizás incluso convertirlo en un dios.
«Los cielos no me han abandonado.»
Debía obtenerla. A cualquier costo. Llevarla al palacio imperial, diseccionar su cuerpo y hacerlo suyo.
TOC, TOC.
—Su… Su Majestad, ha llegado un… ‘regalo’ de la mansión del Gran Duque de Exion.
El sirviente tartamudeó, con el rostro lívido, pero el Emperador, sin hacerle caso, soltó una risa jovial.
—El momento no podría ser más perfecto.
Ya venía ella misma, inclinando la cabeza primero.
Claro, después de vivir de espaldas al Imperio durante tres años, finalmente habría entendido que necesitaba el perdón de su soberano.
Él malinterpretó aquello como un gesto de reconciliación tardía de parte de un rebelde, o una señal de súplica por clemencia.
—Que pasen.
Las puertas de la audiencia se abrieron y varios soldados arrastraron hacia dentro algo que parecía un gran saco.
El Emperador, lleno de expectación, descendió de su trono.
Pero cuando el saco fue retirado, lo que se reveló no era el ‘regalo’ que él esperaba.
—¡Ugh! ¡Ughh!
Era un hombre de mediana edad, ensangrentado, encadenado y retorciéndose como una bestia.
Era el Duque Kardel.
—…Ja.
La expresión del Emperador se congeló en frío desdén.
Al ver al Emperador, el Duque se arrastró por el suelo, con los ojos en blanco, con una mirada que imploraba vida de manera obscena, como diciendo que había hecho todo lo que le pidieron.
Durante tres años, el Emperador había anunciado falsamente al pueblo que el Duque Kardel estaba bajo ‘arresto domiciliario’.
Si se supiera que el Gran Duque lo tenía secuestrado en un sótano, el prestigio de la familia imperial se desplomaría.
El Emperador sabía que Rudville estaba matando lentamente al Duque, pero guardó silencio. No había nada que ganar interfiriendo.
Su paciencia durante esos tres años no había sido por benevolencia.
Simplemente había esperado a que Rudville usara y descartara al Duque.
Calculaba que, cuando el Gran Duque lo desechara, él podría recuperar esa cáscara vacía y exprimir hasta la última gota de los secretos de su familia y la ubicación de su laboratorio oculto.
Así había esperado tres años, creyendo que el poder purificador residual del Duque y su conocimiento podrían curar su cuerpo corrupto.
Pero…
—Enviar esta basura como ‘regalo’…
El Emperador retrocedió, tapándose la nariz como si hubiera visto algo repugnante.
Rudville había usado y exprimido al ‘Duque’ que el Emperador tanto ansiaba durante tres años, y ahora que ya era un montón de carne inútil, lo arrojaba de vuelta al palacio.
Era una clara burla.
«¿Esto es lo que querías? Adelante, tómalo si te atreves.»
El mensaje no verbal de Rudville hizo que la sangre hirviera en la cabeza del Emperador. Sin duda se burlaba de los cientos de asesinos que el Emperador había enviado para recuperar al Duque secuestrado.
«Solo regresaron sus dedos cortados.»
La mansión del Gran Duque de Exion se había convertido en un territorio prohibido, incluso para el Emperador.
Pero ahora que había aparecido el ‘artículo real’, parecía que este viejo sabueso, desgastado y sin magia que exprimir, ya no era necesario.
—Llévenselo.
—¿…Perdón?
—Arrojen esta cosa inútil a las mazmorras subterráneas de inmediato. Me da asco verlo.
—¡Ugh! ¡¡Ughh!!
Mientras el Duque era arrastrado a rastras, forcejeando, el Emperador tomó la carta que había llegado con Odelli.
El Duque ya no importaba. Ahora era desechable.
La ‘verdadera poción’, Odelli Exion, había resucitado y venía por su propia voluntad al palacio imperial.
Deslizó un dedo áspero sobre el sello rojo de cera de la carta.
Una sensación punzante recorrió su yema… una energía purificadora de una pureza despejante. Solo esa leve vibración hizo que su persistente dolor de cabeza desapareciera como por encanto.
—Ja, jaja…! ¡Sí, esto es!
El Emperador abrazó la carta como un tesoro, embriagado de euforia.
Los tres años de angustia, aislar al Gran Duque y hacer la vista gorda ante el secuestro del Duque, finalmente habían sido la preparación perfecta para obtener este gran botín.
Con esto, podría deshacerse de su cuerpo viejo y enfermo y reinar una vez más como un soberano poderoso.
—Ven pronto, mi inmortalidad.
Robin: oiii este viejo baboso

RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD