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Capítulo 191

Sus ojos se abrieron de par en par.

[—Así que al final… habías desobedecido mi orden y salido de tu escondite.]

El calor que le subía hasta la cabeza se extinguió en un instante.

En su lugar quedó una sensación helada y devastadora: el miedo de no poder protegerla.

«¿Estás loca? ¿A dónde demonios crees que vas?»

Con ese cuerpo tan frágil que podría romperse con solo rozarlo… ¿acaso venías decidida a morir?

El terror le recorrió la espalda como un golpe seco, haciéndole fallar el juicio por una fracción de segundo.

Toda su atención se volcó únicamente en ella.

Y en ese instante fatal.

¡SSSSHHK!

El instinto agudo del dragón captó una intención asesina que se abalanzaba desde su punto ciego.

La daga negra, capaz de borrar la existencia misma, volaba directo hacia su corazón.

[—……!]

Debía esquivarla.

Su instinto se lo gritaba.

Pero no pudo moverse.

Si giraba el cuerpo para evitar el ataque, Odelli quedaría completamente expuesta detrás de él.

En ese brevísimo instante, el dragón tomó una decisión.

Renunció a esquivar.

En su lugar, desplegó las alas y giró el cuerpo para recibir el golpe con la espalda, tratando de cubrirla con su propio cuerpo.

Aunque tuviera que ser destrozado.

Aunque tuviera que desaparecer.

Con tal de que ella no resultara herida.

Pero…

—…

Odelli entendió su intención en el acto.

Ese idiota… estaba dispuesto a recibir ese ataque para salvarla.

Tal como siempre lo había hecho Rudville.

«No.»

«Tú tienes que vivir.

Pase lo que pase.

Aunque mi alma se rompa aquí mismo.»

Cuando él abrió los brazos para envolverla, ella no retrocedió.

En lugar de eso, impulsó su cuerpo hacia adelante.

Su velocidad era la de una simple humana…

pero aprovechó la fuerza con la que él intentaba atraerla hacia sí.

[—……?!]

En el momento en que él la atrapó para protegerla, Odelli giró el cuerpo usando ese mismo impulso y empujó su pecho con todas sus fuerzas.

Se deslizó hacia el interior del espacio que debía ser el más seguro.

El lugar que sus alas protegían.

Y allí, deliberadamente, se interpuso en la trayectoria de la muerte.

[—¡Della, apártate!]

El grito desesperado de Asperilion resonó mientras estiraba la mano hacia ella.

Pero ya era demasiado tarde.

Se oyó un sonido sordo, escalofriante.

No fue el ruido de la carne al ser atravesada.

Fue como si se rasgara papel húmedo… o como si una parte del mundo hubiese sido arrancada en silencio.

[—……Ah.]

Antes siquiera de que los dedos de Asperilion alcanzaran el borde de su ropa la daga negra que devoraba el espacio se hundió profundamente, muy profundamente, en el centro del pecho de Odelli.

…KHK.

Un chorro espeso de sangre brotó de su boca.

[—¡Della!]

Asperilion la atrapó cuando su cuerpo se desplomó sin fuerzas.

Era extraño.

Aunque había sido atravesada por un arma capaz de borrar la existencia, el dolor era casi inexistente.

Solo sentía cómo todo su cuerpo parpadeaba en blanco, envuelto por una frialdad extrañamente suave.

«…Lo logré.»

Odelli suspiró aliviada.

Él estaba a salvo.

Su corazón seguía latiendo.

Su alma no había sido destruida.

Eso era suficiente.

Levantó la vista con dificultad.

Entonces sintió algo frío y húmedo deslizándose por su cuello.

Era Mir.

[—……Lo siento, ama. Esto es lo último que puedo darte.]

La voz del pequeño temblaba.

Estaba inyectando en su cuerpo el veneno más perfecto que poseía: uno capaz de paralizar por completo los nervios.

[—No te va a doler. No grites. Solo… duerme tranquila. Esto es todo lo que puedo hacer por ti…]

Las lágrimas del pequeño gato cayeron sobre su mejilla.

Gracias al veneno de Mir, que adormecía los sentidos, Odelli pudo ignorar la sensación horrible de su pecho siendo devorado desde dentro.

—Gracias, Mir…

«Cuando vuelva… te daré cien churus…»

Gracias a esa misericordia, pudo regalarle a Asperilion una sonrisa serena en lugar de un grito de agonía.

La sangre se extendió como una flor carmesí sobre el vestido de seda que él mismo le había dado.

Pero lo que aterrorizó a Asperilion no fue la sangre.

Desde el punto donde estaba clavada la daga, la existencia misma de Odelli comenzaba a desvanecerse como humo negro.

No era una herida.

Era un borrado.

La carne, la sangre, el alma… todo estaba siendo eliminado.

[—¿Q-qué es esto…?]

Con manos temblorosas, intentó presionar la herida.

Pero en el instante en que la tocó, sintió cómo su propia energía era arrancada.

Vacío absoluto.

Caos primordial.

Una fuerza de extinción que ni siquiera los dioses podían detener.

[—¡No… no, no!]

Desesperado, liberó una oleada de magia curativa del más alto nivel.

Pero el agujero negro se burló de todo, absorbiéndolo sin resistencia, devorando su poder como un pozo sin fondo.

Desde su visión cada vez más borrosa, Odelli lo vio.

Vio cómo el brazo de Asperilion comenzaba a ennegrecerse, consumido por la energía que intentaba salvarla.

Las venas se le marcaron con violencia.

La inmensa fuerza vital de un dragón ancestral estaba siendo drenada… solo para aferrarse a una humana.

«…Ah.»

Entonces lo entendió.

No era solo la daga.

Desde el principio, este mundo había rechazado su existencia.

Por eso su nombre no podía ser pronunciado correctamente.

Por eso siempre intentaba borrarla.

Ella no pertenecía a este tiempo.

«Tal vez… por eso el flujo del tiempo entre pasado y futuro estaba tan distorsionado.»

Cuando Odelli pasó un mes en ese lugar, en la línea temporal original ya había transcurrido un año entero.

Esa extraña diferencia era el resultado de una especie de sistema inmunológico activado por el mundo para rechazarla a ella, un “cuerpo extraño”.

Para reducir aunque fuera un segundo el tiempo que ella, alguien que no debía existir en esa era, permaneciera allí, el mundo forzaba el avance del reloj.

Con el fin de minimizar al máximo la porción de historia ocupada por el error llamado “Odelli”.

Y si ella había logrado mantenerse a salvo hasta ahora, era porque Asperilion había estado resistiendo con todo su cuerpo la fuerza correctora del mundo, aun a costa de degradar su propio rango de existencia.

«…Qué necio.»

«Por mi culpa, estabas muriendo.»

«Cada instante que yo respiraba en este lugar era para ti un dolor que te arrancaba la carne.

Para mantenerme a tu lado, te estabas marchitando poco a poco.

Igual que lo hizo Rudville, tú también estabas sacrificándolo todo sin escatimar métodos ni tu propio cuerpo.»

«Si yo me quedo aquí…»

«Él lo daría todo por salvarme.

Pero si yo me iba…»

Seguiría el futuro ya establecido, abandonaría su cuerpo y haría circular su alma para renacer algún día como humano.

Esa era la única forma en la que podía seguir existiendo.

«…Yo pensaba morir aquí.»

Pero ya no era posible.

Las leyes de esta era no podían impedir su desintegración.

«Y si Rudville, portando el poder de un dragón, llega a tener ese poder…»

Ni siquiera permitiría su muerte.

Estaba segura de que cometería incluso el pecado imperdonable de matar a un dios con tal de traerla de vuelta.

De pronto, Odelli comprendió que ni siquiera podía morir en paz.

Movió los labios manchados de sangre.

—…Asperilion.

[—No hables. La grieta… la grieta se está expandiendo.]

—Lo ves, ¿no? No se está curando.

Odelli señaló la realidad con voz tranquila.

En su tono no había arrepentimiento ni miedo.

Solo la serenidad de alguien que había cumplido su papel por la persona que amaba.

—Si me quedo aquí, desapareceré. Y tú… también morirás por aferrarte a mí.

[—…No importa. Prefiero morir contigo a perderte.]

—No.

Odelli alzó la mano temblorosa y acarició con cuidado la mejilla del dragón, presa del pánico.

Ese gesto no era una ilusión.

Era el amor y la culpa de alguien que había condenado a quien más amaba.

—Tú tienes que vivir. Vivir… y venir a encontrarme.



RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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