Capítulo 185
Solo con complacer al dragón no había forma de saber cuándo podría escapar.
Además, a juzgar por el hecho de que incluso le había puesto un grillete, era más probable que él se sintiera tranquilo creyendo que ya le pertenecía, y la encerrara todavía más profundo.
Había que modificar el plan por completo.
«Hace falta un choque fuerte.»
La única manera de romper ese círculo de obsesión enfermiza era, paradójicamente, el miedo a la pérdida.
Si en este tiempo pasado ella quedaba en un estado irreversible…
Si se encontraba al borde de la muerte…
Entonces Asperilion se vería obligado a elegir.
Mantenerla a su lado convertida en un cadáver, o devolverla al mundo del que provenía para salvarle la vida.
«Aunque me cueste la vida.»
Ese sería el golpe definitivo.
El único método capaz de romper la cadena de esta locura.
Los ojos azules de Odelli se enfriaron.
El momento de crear una despedida imposible de rechazar había llegado por sí solo.
Pero Asperilion interpretó aquella determinación fría como simple desesperación nacida del encierro.
[—Todo este desagradable caos es culpa tuya.]
—……¿Qué?
La acusación cayó sobre Odelli sin previo aviso.
—¿Mi culpa?
[—Has sido tú quien me hizo probar esa repugnante carne. Me contagiaste los vicios insignificantes de los humanos y enturbiaste mis sentidos.]
Asperilion le sujetó el rostro con rudeza.
No había forma de evitar que sus miradas se entrelazaran.
[—Tu existencia extrajo de mí una compasión innecesaria y abrió una grieta en mi mundo perfecto y monótono.]
Apretó su hombro con fuerza, como si quisiera aplastarlo.
Él estaba convencido.
Que aquellos magos rastreros se hubieran acercado era consecuencia directa de la mínima vacilación emocional que había tenido al reaccionar ante Della, de esa fisura en su poder.
Y, sobre todo…
La causa más decisiva de su debilidad.
El hombre que Della había dejado atrás en el futuro.
Ese “esposo”.
La noche del eclipse lunar.
Asperilion recordaba con absoluta claridad aquella voluntad ajena, poderosa y extraña, que se había infiltrado en su mente.
{—Ni se te ocurra codiciar a mi mujer.}
Aquella intrusión escalofriante.
¿Cómo podía la voluntad de un simple humano someter a un dragón trascendental?
Pero la respuesta era evidente.
Con altísima probabilidad…
«Porque compartimos la misma alma.»
Incluso desde su arrogante lógica, la conclusión era innegable.
Ese humano insolente no era un extraño.
Era él mismo, en un futuro lejano, tras cruzar incontables eras.
Soltó una risa incrédula.
¿Él, renaciendo como humano?
¿Aceptando convertirse en una criatura débil y despreciable?
¿Renunciando a la inmortalidad para abrazar el sufrimiento de lo mortal?
¿Por qué demonios?
«Por tu culpa.»
Esa pequeña mujer frente a él, Della.
Por obtenerla, sería capaz incluso de abandonar ese gran poder y cubrirse con el miserable cascarón de un humano.
«Al final, acabaría enloqueciendo por ti.»
[—Has osado hacer que este gran dragón se preocupe por una criatura tan insignificante.]
—……!
[—Debes asumir la responsabilidad de esto.]
Una exigencia absurda y arrogante, nacida del hecho de que ella lo había vuelto débil.
Asperilion soltó una risa baja, casi un gruñido, mientras miraba a Odelli con expresión cansada.
Luego se inclinó hacia su oído y susurró, como si dictara una profecía.
[—Pero no temas.]
[—…….]
[—Aunque llegue a enloquecer por ti, jamás permitiré que por tu culpa me destruya o caiga en la ruina.]
En su mirada brilló una determinación feroz.
Era la arrogancia absoluta de un ser que jamás había abandonado la cúspide de la cadena alimenticia.
[—Saldré de aquí y levantaré un reino para ti. Pisotearé el imperio humano y lo pondré entero a tus pies. Construiré para ti la jaula más segura y espléndida del mundo.]
El plan de borrar el territorio imperial del mapa y exterminar a los humanos fue descartado.
Asperilion decidió que dejaría con vida solo a unos pocos útiles, para utilizarlos como esclavos.
Esclavos para el reino de Della.
[—Así que pasarás toda tu vida a mi lado, expiando el pecado de haberme vuelto débil.]
Era una declaración que sonaba a maldición.
Pero Odelli, en medio de aquella presión sofocante, encendió una luz extraña en sus ojos.
Asperilion le sujetó el rostro con rudeza y la advirtió:
[—Así que quédate quieta aquí. No te muevas. Si no quieres que una magia perdida te atraviese por error.]
Para Asperilion, los magos humanos no representaban ninguna amenaza.
Lo único que temía era que, en medio del caos, Odelli escapara… o resultara herida por accidente.
Por eso la había encerrado en el lugar más profundo y seguro, y le había puesto un grillete.
Ocultando sus emociones, Odelli respondió como siempre.
—……Está bien. Me quedaré aquí.
Como si aceptara dócilmente su destino.
Como si aquella mujer que suplicaba por su vida siguiera siendo la misma.
Al escuchar la respuesta que tanto deseaba, los labios de Asperilion se curvaron por fin en una sonrisa satisfecha.
Se inclinó y besó largamente la frente de Odelli.
[—Bien. Buena chica.]
CHAS.
El sonido húmedo del beso resonó en la cueva.
Pero él no se apartó de inmediato.
Della, sentada dócilmente a su lado, con el grillete puesto.
Sin escapatoria, completamente bajo su control.
La contempló como quien observa una pieza preciosa de su colección, con una mirada lenta, pegajosa, obsesiva.
[—Si desde el principio hubieras sido así…]
Su pulgar recorrió con lentitud los labios de Odelli.
El tiempo pareció detenerse.
En el interior de la cueva se extendió un silencio denso, sofocante.
Y por un instante, Asperilion deseó que aquel momento perfecto durara para siempre.
♥♥♥
Desde aquel día, Odelli llevó una vida extremadamente normal.
Hasta que llegara el día decisivo, debía evitar cualquier acción imprudente que despertara las sospechas del dragón.
Bajo aquella paz engañosa, actuaba como una prisionera perfecta y una ofrenda dócil.
[—Come.]
Sentado frente a la mesa, Asperilion empujó un plato con carne recién asada y verduras.
Había observado a Odelli cocinar por encima del hombro y, al parecer, había intentado imitarla con bastante decencia.
—……¿Usted cocinó?
Los ojos de Odelli se abrieron de par en par.
Esta vez no estaba actuando. Estaba sinceramente sorprendida.
[—El cuerpo humano es demasiado débil. No pienso dejar que te mueras de hambre.]
Dijo eso mientras cruzaba los brazos, como si estuviera concediendo una enorme benevolencia.
[—¿Creíste que, además de ponerte un grillete, iba a obligarte a cocinar?]
Eso sí que habría sido un gusto bastante retorcido.
Aunque, pensándolo bien, ponerle un grillete ya era suficiente prueba de ello.
Sin saber si aquella actitud era una muestra de consideración o la obsesión de un coleccionista cuidando su posesión, Odelli se sentó frente a él con expresión incómoda.
[—¡Ja! Todo esto lo traje yo mismo para ti. Estas “ensaladas”. Los humanos dicen que si no comen verduras se enferman, ¿no?]
Mientras presumía, Mir se acercó y ella le dio unas palmaditas en la cabeza antes de tomar la cuchara en silencio.
Entonces…
CLINK.
El sonido del plato de Asperilion rozando los cubiertos le llamó la atención.
Odelli levantó la vista sin pensar y se quedó inmóvil.
Él estaba apartando con precisión quirúrgica las raíces rojas que había en el guiso.
[—……]
Las apartaba una por una, frunciendo el ceño como si fueran veneno.
—……Es usted muy quisquilloso con la comida.
Preguntó como al pasar.
Asperilion se detuvo en seco.
[—¿Quisquilloso yo?]
—Eso es bueno para la salud, ¿por qué lo aparta?
[—……Eso de meter hierba en el cuerpo para estar sano es cosa de humanos débiles.]
—¿No le gusta el sabor?
[—Sabe a tierra.]
—…….
[—Parece como si estuviera masticando barro. Cómelo tú, te hará bien.]
Dijo con desagrado, empujando los trozos de rua hacia el plato de Odelli.
Ella se quedó mirándolo en silencio.
Era lo mismo que hacía Rudville.
Incluso en el campo de batalla, cuando apenas había comida, él siempre se las arreglaba para evitar ese ingrediente en particular.

RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD