Capítulo 179
La voz que se quejaba diciendo que siempre tenía el cuerpo frío.
Las manos cálidas que, durante toda la noche, le frotaban brazos y piernas para compartirle su calor.
¿Por qué, de entre todos los seres, justo en las manos arrogantes de aquel dragón se superponía el recuerdo de aquel hombre tan dolorosamente querido?
«…De verdad debo extrañarlo mucho.»
Que incluso en alguien que no tenía nada que ver con él, terminara persiguiendo su sombra.
Odelli alzó la mirada y observó a Asperilion.
Aquella actitud suya le resultaba profundamente incómoda.
Ese gesto cuidadoso, esa calidez innecesaria… todo eso solo debía pertenecer a una persona.
A Rudville.
«¿Cuándo piensa dejar de fingir ser un amo considerado?»
Asperilion le dio unas palmadas distraídas en la cabeza, como si tratara con una cría, y luego desapareció entre las sombras.
«Rudville.»
El nombre le cruzó la mente una vez más.
El hombre que había entregado su alma sin dudar para evitar su muerte.
El que había soportado en soledad aquella agonía insoportable.
«¿Estará comiendo bien…?»
O siquiera respirando con normalidad.
Ella sabía mejor que nadie que, sin ella, Rudville no era más que una cáscara vacía.
Cada segundo que pasaba respirando en aquel lugar se sentía como tiempo robado, construido a base del sufrimiento de él.
El remordimiento y la añoranza la estrangularon.
«Te extraño.»
Extrañaba esos ojos púrpura, ese calor suave que siempre la envolvía.
La impotencia de no poder correr hacia él y abrazarlo le recorría el cuerpo como un veneno.
—…Haah.
Odelli se abrazó las rodillas y hundió el rostro entre ellas.
Un mundo sin él, aunque fuera pacífico, no era más que un castigo.
No sabía cuánto tiempo pasó así, aferrándose al único calor permitido en aquel laberinto frío.
Entonces…
¡BUM!
Un estruendo sacudió lo profundo del laberinto.
Poco después, Asperilion regresó arrastrando una bestia.
La arrojó al suelo con desdén.
Era un jabalí gigante, del tamaño de una casa.
Un monstruo de tres colmillos, con una piel más dura que el acero, imposible de cortar con armas comunes.
[—Come.]
Asperilion habló con indiferencia, sacudiéndose la sangre de las manos.
Odelli miró al enorme cadáver con expresión incómoda.
—…Creo que me llevaría un mes entero solo despellejarlo.
[—Los humanos son realmente molestos.]
Aunque chasqueó la lengua, movió los dedos.
RAS, RAS.
Las garras del dragón atravesaron la piel dura como si fuera tofu.
Con movimientos ya expertos, separó la carne en porciones manejables.
Odelli colocó los trozos sobre el fogón.
Añadió las hierbas que Mir había recolectado afuera y, al asarlas, un aroma delicioso llenó la cueva, incomparable con cualquier comida anterior.
[—Sniff, sniff.]
Desde un rincón, el bulto negro que fingía dormir —Mir— alzó las orejas de golpe.
Se acercó sigilosamente y se restregó contra la pierna de Odelli.
[—Oh. El olor no está nada mal. Este gran señor Mir se dignará a probarlo.]
—¿No decías hace un momento que olía a hierba y que no lo querías?
[—¡Eso fue cancelado! ¡Dámelo de una vez, humana!]
Odelli le lanzó un trozo de carne bien asada, y Mir lo atrapó al vuelo.
Y en ese instante, los ojos dorados del felino se abrieron de par en par.
[—……!]
¡Este sabor…!
Crujiente por fuera, jugoso por dentro.
Una experiencia completamente distinta a la carne cruda de siempre.
Mir tragó con desesperación y saltó directo al regazo de Odelli.
[—¡Dame más!]
—Tranquilo. Lo que es para ti lo tengo aparte.
[—¿Ah? ¿Qué es eso?]
—Se llama churu.
¿Churu?
Mir olfateó con desconfianza aquella sustancia indefinida envuelta en hojas.
[—Hm… no huele mal, pero… tiene pinta de moco. ¿Pretendes darle esto al gran Mir…?]
Refunfuñando, sacó apenas la punta de la lengua rosada y la tocó con cautela.
LICK.
Y en ese mismo instante.
Las pupilas de Mir se contrajeron como agujas… y luego se dilataron como lunas llenas.
[—……?!]
Una descarga recorrió su espina dorsal desde la lengua.
Salado, sabroso, extraño, ligeramente dulce… un sabor brutal que atacaba directamente el instinto.
[—¡E-esto es…!]
Y entonces, como si su razón se hubiese cortado de raíz, Mir empezó a devorar con frenesí.
CHUP CHUP CHUP CHUP CHUP.
[—¡E-está delicioso! ¡Ngh, ñam! ¿Qué es esto? ¡Se derrite en la boca!]
La desconfianza había desaparecido por completo.
Mir se aferró con ambas patas delanteras a la muñeca de Odelli, como si temiera que le quitaran aquel manjar.
Las almohadillas suaves se hundieron en su piel con desesperación.
[—¡Exprímelo más! ¡Todavía queda dentro! ¡Vamos, aprieta más!]
Apenas Odelli presionó el improvisado tubo de hojas, la lengua áspera volvió a recorrerle los dedos sin descanso.
En ese momento, no había un antiguo espíritu ni una bestia temible.
Solo un gato dominado por el churu.
«Sigue siendo igual de débil ante esto…»
Justo cuando pensaba eso..
[—Aprobado.]
—…¿Eh?
[—Te reconozco como mi dueña, humana.]
Mir, orgulloso, bajó la cabeza y empezó a frotarla contra la palma de Odelli mientras ronroneaba.
[—Ese lagarto no tiene nada de refinado, pero tú… tú sí que sabes tratarme. Tendré la bondad de servirte.]
—Vaya, qué honor…
Odelli murmuró con una sonrisa amarga mientras el pequeño tirano seguía devorando su premio, completamente conquistado.
[—Pero hay una condición. Ese “churu”… deberás ofrecérmelo tres veces al día… no, cinco contando los bocadillos.]
Mir se aferró a la ropa de Odelli, exigiendo con descaro.
Fue entonces cuando.
[—Silencio.]
Con esa voz gélida, Mir salió volando por los aires.
Asperilion lo había agarrado del pescuezo y lo sostenía en alto.
[—¿Quién te dio permiso para sentarte junto a mi propiedad, bestia?]
[—¡Kyaaa! ¡S-suéltame! ¿Solo tú puedes comer? ¡Yo también tengo derecho aaagh!]
Sin la menor piedad, Asperilion lanzó a Mir contra el fondo de la cueva.
Luego, como si fuera lo más natural del mundo, tomó asiento junto a Odelli y empezó a comer la carne que ella había asado.
«Decía que comer era un acto inútil propio de mortales…»
Y ahora parecía disfrutarlo más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Era… pacífico.
El dragón —salvo por su carácter insoportable— se mostraba sorprendentemente atento.
Mir era ruidoso, pero adorable.
Y, poco a poco, la vida en aquel lugar comenzaba a volverse extrañamente cotidiana.
Pero…
—…
Odelli no lograba reír con tranquilidad ni una sola vez.
Cada sonrisa iba acompañada de un cálculo frío.
«Logré bajar su guardia haciéndole creer que acepto ser su posesión…»
Pero eso no bastaba.
Aún no tenía pistas sobre cómo regresar.
«Tengo que encontrar una forma.»
No podía quedarse allí para siempre.
[—Otra vez perdida en tus pensamientos.]
La voz baja de Asperilion le rozó el oído.
[—Me miras como si pensaras en otro. Es desagradable.]
Antes de que pudiera reaccionar, él le levantó el mentón con los dedos, obligándola a mirarlo.
[—¿En quién piensas cuando me miras así?]
Su mirada era intensa, casi obsesiva.
Como si quisiera arrancar de su interior el nombre que escondía.
[—¿En ese tal ‘Ru’?]

RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD