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Capítulo 176

El veneno concentrado en la punta de sus afiladas garras brillaba con un tono violáceo.

Se detuvo justo sobre la cabeza de ella.

Incluso el mero roce del aire impregnado de toxinas hacía que la piel le ardiera.

[—¿Dónde está el lagarto? ¿Se escondió gimoteando por el eclipse? Dímelo ahora. Vine a derretir a ese insolente.]

—…

[—¿Eres muda? Entonces no hay razón para dejarte con vida.]

Como si hubiera perdido el interés, los ojos dorados se afinaron con crueldad.

La bestia abrió las fauces.

Lo bastante grandes como para tragar su cabeza de un solo bocado y disolverla.

La sombra de la muerte se abatió sobre ella.

«Voy a morir.»

En el instante en que Odelli cerró los ojos con fuerza…

¡KRAAANG!

Desde lo profundo de la cueva estalló una explosión carmesí.

El aire se desgarró con un estruendo ensordecedor, y la densa niebla venenosa se evaporó en un instante.

[—¡GRAAAH!]

El monstruo rodó por el suelo lanzando un alarido.

Odelli observó, atónita, cómo la pantera negra envuelta en llamas era lanzada varios metros hacia atrás.

Entre el humo espeso emergió una silueta envuelta en furia.

Era Asperilion.

Aún conservaba su forma humana, pero detrás de él se alzaba la imagen ondulante de un dragón colosal, como un espejismo ardiente.

Sin embargo, algo era distinto.

Había sangre en la comisura de sus labios, y el sudor frío empapaba su rostro pálido.

Había forzado su poder debilitado por el eclipse para salvarla.

[—¿De dónde salió… este gato callejero?]

Escupió saliva teñida de rojo mientras gruñía.

[—Te atreves a ensuciar mi territorio con tu hedor.]

[—¡Ja! Así que el lagarto está hecho polvo después de todo.]

La pantera negra rió con desprecio al percibir su estado.

El veneno volvió a emanar de su cuerpo en oleadas densas.

[—¡Ni tu fuego ni tu magia podrán resistir mi veneno esta vez!]

En un instante, la bestia se impulsó desde el suelo.

El fuego del dragón y el veneno de la pantera chocaron con violencia.

La entrada de la cueva tembló como si fuera a derrumbarse.

¡CRASH! ¡BOOM!

En circunstancias normales, aquello no habría sido un combate.

Pero ahora, con el maná casi agotado, Asperilion debía concentrar todo su poder ofensivo, incapaz de desplegar siquiera una barrera defensiva.

Y entonces…

La garra impregnada de veneno encontró un ángulo muerto.

Su trayectoria apuntaba directamente hacia Odelli, que permanecía paralizada.

[—……!]

Ella solo pudo observar, incapaz de moverse, cómo la garra se abalanzaba sobre ella.

Un sentimiento aplastante de impotencia la invadió.

Cerró los ojos con fuerza.

Y en ese instante.

¡PSHHK—!

Se oyó un sonido sordo.

—¿…?

No hubo dolor.

Cuando logró abrir los ojos, lo primero que vio fue una negrura absoluta, como si toda la luz y el sonido del mundo hubieran sido tragados.

Frente a ella, bloqueándole la vista, estaba una espalda amplia, respirando con dificultad.

Asperilion había recibido el ataque con su propio cuerpo, interponiéndose entre ella y la amenaza.

—¡Asperilion!

Los ojos de Odelli se abrieron de par en par.

El dragón estaba herido. Se había interpuesto para protegerla.

Antes que el miedo, lo que la invadió fue el desconcierto.

«…¿Por qué?»

Había recibido el veneno con su propio cuerpo en lugar de dejar que alcanzara a aquella humana a la que despreciaba.

El hombro de Asperilion se desgarró, y la herida se tiñó de un púrpura ardiente mientras la carne se consumía.

No era una herida común.

El veneno, capaz de derretir incluso los huesos, se expandía por sus venas.

Pero Asperilion, como si el dolor no existiera, sujetó el cuello de la bestia con una sola mano.

Sus ojos brillaban con una locura carmesí.

[—Arrodíllate.]

Lengua dracónica.

Una orden absoluta, imposible de resistir.

En el cuerpo del monstruo resonó el crujido de los huesos aplastándose.

CRAC.

[—¡G—ghh…!]

La pantera negra escupió sangre y fue obligada a estrellarse contra el suelo.

Por más debilitado que estuviera, la jerarquía de un dragón primordial no podía ser desafiada.

«…Así que los dragones de esta era podían hacer algo así.»

Odelli lo comprendió al verlo.

Hasta ahora solo había conocido al cadáver invocado de un dragón, por eso no había sentido su verdadero terror.

Asperilion había sido indulgente con ella todo este tiempo.

Con desdén, tomó al monstruo inconsciente y lo arrojó hacia la entrada de la cueva como si fuera basura.

¡THUD!

El silencio se apoderó del lugar.

La niebla venenosa se disipó, y el dragón se volvió lentamente hacia Odelli.

De su hombro desgarrado goteaban sangre oscura y veneno violáceo.

Aun así, no se molestó en atender la herida.

En cambio, purificó de inmediato la mano manchada de toxina y tomó bruscamente el mentón de Odelli.

Sus ojos brillaban peligrosamente, como si hubiera perdido toda racionalidad.

[—……Haa… haa.]

Ni la humillación de haber sido herido por una criatura inferior parecía importarle ya.

Lo que no podía soportar era la idea de que aquella pequeña humana hubiera estado a punto de ser dañada.

Solo pensar en ello hacía que su corazón se agitara violentamente.

Como si el eje que sostenía su mundo se hubiera resquebrajado.

«…Esto es desagradable.»

Esa sensación fuera de control, esa reacción física que traicionaba su voluntad, le resultaba insoportable.

Respirando con dificultad, pasó el pulgar por los labios de Odelli.

La sangre caliente que brotaba de su propia herida se extendió por la mejilla blanca de ella.

Como una marca imborrable de posesión.

—Asperilion… tu herida…

[—No importa.]

Cortó las palabras de Odelli como si las escupiera, gruñendo en voz baja.

El apego absoluto que Rudville había sembrado sin querer y el arrogante instinto posesivo del dragón se entrelazaban, incendiando su razón hasta volverla blanca.

[—Grábate esto, humana.]

Sus ojos brillaban con una intensidad capaz de devorarla.

[—Tu vida ya no te pertenece. Ni vivir ni morir… ni siquiera resultar herida, está permitido sin mi consentimiento.]

No era una simple advertencia.

Era una declaración de dominio.

Mi territorio.

Mi posesión.

Mi juguete.

Un reproche afilado contra la osadía de intentar romperse sin el permiso de su dueño.

Asperilion clavó la mirada en los ojos temblorosos que tenía debajo.

[—Tu…]

Azul hielo.

Un color que decían se parecía al cielo reflejado en un bloque de hielo puro.

Ese adjetivo inútil no dejaba de resonar en su mente.

[—¿…cómo te llamas?]

Para él, los nombres no eran más que herramientas lingüísticas para clasificar individuos.

No tenía sentido preguntarle el nombre a criaturas tan insignificantes como piedras al borde del camino.

Pero Odelli ya había destrozado todas las reglas que él había impuesto.

Era la primera “excepción”.

{—Cuando vea algo pequeño, pensará primero en mí.}

Esa predicción descarada, clavada como una maldición, resonó en sus oídos.

Sí. Una maldición.

Por eso necesitaba confirmarlo.

Saber qué era exactamente esa pequeña criatura blanca que estaba sacudiendo su mundo inmutable.

—¿Mi nombre?

Odelli parpadeó, sorprendida, y enseguida su mente empezó a moverse con rapidez.

El dragón le estaba preguntando su nombre.

Eso significaba que estaba dejando una marca, una oportunidad irrefutable.

No iba a desperdiciarla.

—Mi nombre es…

En ese instante…

CHIS.

Sintió como si las sílabas se rompieran dentro de su boca.

Su nombre no llegó a formarse. Se cortó en seco en el aire.

Odelli frunció el ceño.

«¿Se me cerró la garganta?»

Volvió a intentarlo, con más claridad.

—Yo soy…

Pero ocurrió lo mismo.

En el momento en que iba a pronunciarlo, el sonido se desvaneció, como si alguien lo hubiera borrado con una goma invisible.

No era que no pudiera hablar.

Era como si este mundo rechazara la existencia misma de ese nombre.

«¿Eh…?»

Un sudor frío recorrió la espalda de Odelli.

Algo estaba mal.

[—¿Qué estás haciendo?]

preguntó Asperilion con frialdad.

A sus ojos, Odelli solo parecía dudar, abriendo y cerrando los labios sin emitir sonido alguno.

Odelli se llevó una mano al cuello.

Era como si una mano invisible le estuviera estrangulando las cuerdas vocales. No podía pronunciar ni una sola sílaba.

Le faltaba el aire.

No era una simple restricción mágica.

Era algo mucho más grande, abrumador, una fuerza que pertenecía al propio mundo y que se imponía sobre ella.

Entonces, apenas, logró dejar escapar una sola sílaba.

—Del.

Un fragmento de su nombre.

El único sonido que ese mundo permitía.

Y, como si el lenguaje de aquella era lo completara por sí solo…

—la.

—…Della.

Como una burla del destino, ese fue el único nombre que pudo pronunciar.

Robin: KIAAAAA  no mms!! no mms!!!



RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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