Capítulo 171
No importaba dónde estuviera, ya fuera en un pasado de miles de años atrás o en las profundidades más remotas del infierno.
Fue justo en ese momento.
¡FUAAAK!
Dentro del tubo de cristal, el cristal rojo colgado del cuello de Odelli se agitó violentamente y emitió un resplandor intenso como la sangre.
El Cristal de Sangre.
El avatar creado a partir de su alma estaba brillando como loco.
—…¡…! —Mir gritó con los pelos erizados—. ¡El amo, el amo está vivo!
Esa era la prueba de que su alma seguía viva en algún lugar.
—Atrapado.
Las coordenadas estaban fijadas.
Rudville, sin vacilar, vertió toda su energía mágica hacia esas coordenadas.
«No puedo mover el cuerpo físico.»
Era imposible cruzar la enorme barrera del tiempo de miles de años y trasladar también ese cuerpo.
Tampoco podía extraer solo el alma y enviarla al pasado, como había hecho el dragón.
Resultaba frustrante, pues eso pertenecía únicamente al dominio de los dioses, o al de un dragón infinitamente cercano a ellos.
Entonces, solo quedaba un método.
«Interferencia mental.»
Lanzar su voluntad para dominar la conciencia del dragón y recuperar a Odelli.
—Suéltala —dijo, inyectando energía mágica con su mano ensangrentada como si estuviera exprimiendo su propio corazón.
Con tal de traerla de vuelta, no le importaba si su corazón estallaba.
—No te atrevas a codiciar a mi mujer —ordenó, exigiendo que escupiera inmediatamente a Odelli de esa línea temporal y la devolviera a su lugar original.
Robin: la verdad Rudville es el ML de los ML puso la vara demasiado alta para ellos!! No se conformen con menos.
¡KIIIIING!
Con un zumbido ensordecedor que parecía rasgar los tímpanos, una gigantesca grieta en el espacio-tiempo se abrió a la fuerza tras Rudville.
A través de esa abertura, Rudville lanzó su feroz voluntad hacia el pasado.
Esta traspasó el muro dimensional y se precipitó hacia el recipiente de energía mágica más poderoso junto a Odelli: Asperilion.
¡FUAAK!
Pero Rudville había pasado por alto algo.
Que el corazón que usó como medio no contenía solo una orden.
El amor angustiado, la devoción, la añoranza arraigada en los huesos, la obsesión que ni la muerte podría separar, acumulados capa tras capa durante miles de regresiones.
El hecho de que esa enorme masa de emociones se había mezclado con la orden y también había sido enviada.
La luz estalló y Rudville, tambaleándose, cayó al suelo.
Jadeando con fuerza, clavó la mirada en el vacío que se extendía ante él.
—¡Hiik, humano loco! ¡Déjate curar ahora mismo! —Mir, aterrado, derramaba energía mágica a raudales, conjurando hechizos curativos mientras se agitaba histéricamente.
Pero Rudville, desde el charco de su propia sangre, esbozó una sonrisa torcida.
—…Lo habrás escuchado, Asperilion.
—Si escuchaste mi advertencia, deberías escupirla de inmediato.
Rudville tragó saliva para calmar su respiración entrecortada y se limpió con rudeza la sangre de la boca.
Ignoraba por completo, incluso en sueños, que por las grietas de su corazón destrozado se había filtrado un amor feroz, fermentado durante miles de años.
* * *
Ese día, el aire de la cueva era sutilmente distinto.
Odelli caminaba por el camino que ya había recorrido decenas de veces, cuando de pronto sintió un frío penetrante que le erizó el vello de la espalda.
«…¿Tengo frío?»
Odelli se frotó los brazos con las palmas y levantó la cabeza.
«¿Por qué hace tanto frío?»
Parecía que la temperatura había caído en picado en un instante.
Era como si, antes incluso de que cayeran todas las hojas, hubieran saltado de repente al corazón del invierno.
«Esto no está bien.»
Su plan era recolectar provisiones con anticipación antes de que llegara el invierno.
Odelli se apresuró a buscar a los lagartos plateados que se habían convertido en su alimento básico.
Revisó los rincones y grietas de las rocas donde solían estar los lagartos.
Pero…
«No están.»
Parecía que, como si se hubieran esfumado, los numerosos individuos de ayer habían desaparecido.
Habían reaccionado al frío repentino escondiéndose en las grietas para entrar en hibernación.
«Siempre sentía un calor emanando de las profundidades de la cueva.»
El lado donde estaba el dragón siempre le parecía tener una temperatura más alta.
Gracias a eso, en la cueva habitaban siempre pequeñas criaturas, independientemente de la estación.
Pero hoy ese calor había desaparecido, y en su lugar, un frío húmedo y pegajoso envolvía la cueva.
«¿Dónde se ha metido Asperilion?»
Odelli dirigió sus pasos hacia el lugar más profundo donde él solía yacir.
La cueva era tan grande y extensa que tuvo que caminar un buen rato para llegar allí.
—…¿Asperilion? —lo llamó con cuidado.
A medida que se acercaba, escuchó un sonido débil, un susurro apenas audible de respiración.
Normalmente, cuando esa criatura colosal respiraba, toda la cueva retumbaba.
Pero la respiración que escuchaba ahora era pequeña y carente de fuerza, como el sonido de una fuga de aire.
Odelli detuvo sus pasos.
En la oscuridad interior, algo se movía ligeramente.
Fue entonces cuando Odelli distinguió la figura del dragón.
Él, que solía erguir su cabeza intimidante del tamaño de una casa, estaba acurrucado contra la pared, con la espalda apoyada.
Con la cabeza gacha, exhalando con dificultad.
La enorme criatura se retorcía como si estuviera luchando contra algo.
Sorprendida, dio unos pasos hacia adelante.
—¿Le duele algo? ¿Está herido?
Solo entonces el dragón levantó la cabeza muy lentamente.
Los ojos negros como el carbón que la miraron fijamente, a diferencia de lo habitual, habían perdido su enfoque y estaban hundidos, densos como un pantano.
[—…Aléjate.]
Desconcertada, Odelli observó su estado.
—No, ¿qué le ha pasado de repente para estar así…?
Era como ver una cordillera que creías inquebrantable agrietarse y tambalearse desde dentro, de repente.
Ella extendió la mano sin pensar y abrió mucho los ojos al ver que las puntas de las escamas del dragón presentaban finas grietas.
Lo que normalmente fluía con un brillo lustroso como la obsidiana ahora parecía corteza de árbol seca.
En ese momento, un trozo de escama del tamaño de una palma cayó al suelo con un golpe seco.
El dragón cerró los ojos y contuvo la respiración como si apretara los dientes.
[—Te dije que no te preocuparas.]
¿Cómo no iba a preocuparse?
Si ese ser llegaba a morir, ella nunca podría volver a su mundo original.
«No, antes de eso, me voy a morir de hambre.»
Su alimento básico, los lagartos, habían entrado en hibernación.
Inquieta, Odelli siguió merodeando alrededor de Asperilion.
Asperilion parecía tener dificultades incluso para mantener su compostura habitual, como si el dolor lo superara.
[—…Grruñ.]
Su mente estaba terriblemente distorsionada.
Junto con un agudo zumbido que parecía revolver su cerebro, una sed extraña y feroz surgía desde lo más profundo de su corazón.
Hasta ayer mismo, este pequeño humano no era más que un insecto insignificante.
Pero ahora, su cuerpo ardía por voluntad propia, ansiando constantemente extender la mano hacia ella.
Como si un hierro al rojo vivo se hubiera grabado en su alma.
[—…Un trabajo burdo.] —masculló, aferrándose con fuerza a su razón.
Sin embargo, de manera extraña, no percibía una energía ajena.
Si alguien hubiera intentado lavarle el cerebro con magia oscura, él, un ser cercano al origen mágico, no habría podido no detectarlo.
No, para empezar, eso ni siquiera era posible.
Pero esta energía era diferente.
No era un intruso externo… sino como un instinto que brotaba desde su interior.
Era como si un alma que era una se hubiera desgarrado en dos, y una pulsación escalofriantemente idéntica a la suya resonaba desde dentro.
[—No te atrevas a codiciar a mi mujer.]
Lo que resonó, pisoteando brutalmente su interior, fue una voluntad feroz que había volado a través de la causalidad del espacio-tiempo.
[—…¿Tu mujer?]
En ese instante, todo el cuerpo de Asperilion se envolvió en llamas de furia, como si le hubieran tocado una escama inversa.
Clavó en Odelli una mirada ardiente.
El hecho de que la voluntad de un simple humano se atreviera a intentar subyugar su mente hizo que miles de llamas de ira se alzaran dentro de él.
Mientras la orden imposible de rechazar fluía por sus venas, el orgulloso y rebelde ego del dragón comenzó a transformarse de una manera extraña.
[—¿Te atreves a darme órdenes a mí?]
[—Ja, está bien.]
[—No importa quién sea el dueño de esta fuerza blasfema que intenta controlarme. Si es algo que anhelas tanto… con gusto lo arrebataré y lo pisotearé ante tus ojos.]
[—No, esto ahora es mío.]

RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD