Capítulo 173
«Su estado es inestable.»
Odelli observó con atención a Asperilion y, aprovechando el momento en que bajó la guardia, le sujetó la muñeca de inmediato.
Luego, sin ningún reparo, volvió a tirar de su brazo.
[—¿Tú…]
—Primero voy a tomar tu pulso. Quédate quieto.
Su tono era educado, pero el contenido era claramente una orden.
Los ojos de Asperilion descendieron muy lentamente hasta su mano.
«El pulso no es estable. Late, se detiene y luego vuelve a acelerarse… El flujo de maná se ha vuelto inestable.»
El calor que desprendía su cuerpo, percibido tan de cerca, era anormal.
Su carne ardía con una fiebre intensa, pero el núcleo interno donde se concentraba el maná estaba excesivamente frío.
—Es un síntoma típico de agotamiento de maná.
Que un dragón, una criatura mágica, sufriera agotamiento de maná resultaba insólito.
Sin embargo, considerando su naturaleza, influenciada por los movimientos celestes, no era extraño que la energía del eclipse lunar hubiera alterado temporalmente la circulación de su maná.
Odelli, ignorando la reacción de Asperilion, presionó con la otra mano el centro de su pecho.
Era un punto vital.
El cuerpo de Asperilion se tensó como si hubiera recibido una descarga.
Debería haberla apartado de un golpe, incluso romperle el cuello por su atrevimiento…
Pero algo era extraño.
Desde el lugar donde ella lo tocaba, la opresión que le bloqueaba la respiración comenzó a disiparse, y el calor abrasador empezó a enfriarse poco a poco.
Como si ese ‘parásito’ que se agitaba dentro de su cuerpo se hubiera calmado en respuesta al contacto de ella.
[—……Ha.]
Mordió su labio y dejó escapar un jadeo áspero.
Aunque su razón le gritaba que debía apartarla, su cuerpo ansiaba con avidez el calor de aquella pequeña mano.
No lograba comprender aquella sensación desagradable y, al mismo tiempo, dulcemente humillante.
—Si lo dejamos así, tu maná podría disminuir aún más.
Odelli llegó a esa conclusión con calma.
—Estuvo a punto de ponerse grave.
[—…….]
—Así que quédese quieto. Voy a tratarlo.
Al haber cambiado de cuerpo, también había perdido su capacidad de purificación, así que lo único que podía hacer en ese momento era aplicar un tratamiento básico.
Además, en aquella cueva no había medicamentos ni herramientas adecuadas.
Odelli apoyó la palma sobre su cuerpo, sintiendo su temperatura, y comenzó a estabilizar el flujo desordenado de maná.
Presionaba con los dedos las zonas bloqueadas para liberar la tensión, y en las áreas heladas colocaba piedras calentadas para que el calor se filtrara lentamente.
[—…….]
Y para Asperilion, todo aquello se sentía como si un humano estuviera recorriendo su cuerpo con las manos.
Nunca había experimentado algo llamado ‘tratamiento’.
Lo único que conocía como curación era ver a sacerdotes liberar poder divino para cerrar heridas al instante,
o a magos inyectar maná en medicinas para soldar huesos rotos.
Pero esta pequeña humana…
estaba tocando su cuerpo y afirmando que lo estaba curando.
[—……¿Y esto se supone que es un tratamiento?]
preguntó Asperilion con un gemido contenido, pero Odelli respondió con firmeza.
—Deje de quejarse.
[—…….]
Un toque cuidadoso, pero obstinado.
Asperilion no lograba comprender el significado de aquel gesto.
Solo podía percibir vagamente que, cada vez que ella lo tocaba, su respiración desordenada comenzaba a estabilizarse, muy lentamente.
Y que aquella añoranza y locura que resonaban ruidosamente en su interior también se iban calmando, como si fuera una mentira.
Era una situación tan humillante que le hacía arder el orgullo, y aun así, por alguna razón, no podía apartar su mano.
En ese momento, el cabello plateado de ella cayó bajo la luz de la luna roja.
Aquel color difuso, como si pudiera desvanecerse en cualquier instante, se le quedó grabado en la vista de forma extraña.
—Mi cabello es plateado.
—Mi piel es blanca, pero frágil.
—Y mis ojos son de un azul claro, lo llaman azul hielo.
Las palabras que había considerado simples balbuceos de una humana insignificante resonaron en su mente como un zumbido persistente.
No tenía intención alguna de observarla con atención, pero aun así su mirada se movió siguiendo aquel “ruido”.
No era interés deliberado.
Simplemente, al haberlo escuchado, terminó por reconocerlo.
«Es una apariencia peculiar.»
Se dio cuenta, tardíamente, de que aquella humana era completamente blanca de pies a cabeza.
Una presencia tan tenue que, de estar sobre la nieve, sería imposible de encontrar.
La sensación de que podía desaparecer en cualquier momento… un pensamiento inútil y trivial que lo siguió sin razón.
«…Al final, no deja de ser una humana.»
Y aun así, mientras lo pensaba,
no pudo evitar preguntarse si acaso no era cierto cuando ella se había llamado a sí misma ‘la única humana’.
—No se mueva. Tendré que tratarlo durante toda la noche.
[—…….]
El dragón cerró los ojos sin comprender por qué estaba observándola de ese modo.
El tratamiento de Odelli continuó durante toda la noche.
Y ese día, el ser más poderoso de la superficie confió su cuerpo, aunque solo por un instante, a una pequeña humana.
♥♥♥
Odelli se dio cuenta en algún momento de que estaba cabeceando.
«…Ah, todavía tengo que seguir.»
Quizá porque su cuerpo se había vuelto más joven, le resultaba difícil espantar el sueño.
Los párpados se le volvían pesados como plomo y su cuerpo se inclinó levemente hacia adelante.
La mano que intentaba tomarle el pulso una última vez se balanceó dentro de su campo de visión cada vez más borroso.
Y entonces, su cabeza cayó de golpe.
[—…….]
Asperilion observó la escena en silencio por un momento.
Había salido con aire solemne diciendo que lo trataría.
Lo había manoseado, presionado como si fuera un gato amasando, había calentado piedras y se las había puesto encima…
Y ahora estaba completamente dormida.
De verdad…
«Qué insignificante.»
¿Para qué se esforzaba tanto una cosa tan pequeña?
Asperilion fijó la vista en su mejilla.
Tal vez por el movimiento constante, su piel pálida estaba ligeramente sonrojada.
Sintió una sed extraña.
Ese rostro indefenso, esa mejilla tan blanda que parecía que se hundiría con solo tocarla… le surgió el impulso de comprobarlo con sus propios dedos.
Era una curiosidad traviesa, como querer reventar una gota de agua flotando en la superficie.
Y al mismo tiempo, un deseo retorcido de profanar algo que jamás debía tocarse.
Ni siquiera él entendía por qué sentía una pulsión tan absurda.
La razón le gritaba que apartara la mirada de inmediato.
[—…….]
Pero, como hechizado, su mano se movió.
Aquellos dedos peligrosos, acostumbrados únicamente a despedazarlo todo, se acercaron a su mejilla con el gesto más cuidadoso del mundo.
Dudaron un instante…
Y entonces, la tocaron suavemente.
Blandita.
[—……!]
Era tan suave que el dedo se hundió apenas, y tan cálida que parecía quemar.
Ante aquella sensación imposible, desconocida hasta entonces, el dragón se sobresaltó como si hubiera recibido una descarga y retiró la mano de golpe.
¿Pero qué demonios estaba haciendo…?
En ese instante, la cabeza de Odelli, que cabeceaba, se inclinó peligrosamente hacia adelante.
Su frente estaba a punto de estrellarse contra la roca dura del suelo.
—En este estado, bastaría con que aplicara un poco de fuerza con el dedo para que estallara. Incluso un toque accidental podría matarla.
De pronto, aquellas palabras invadieron su mente como una señal de advertencia.
Antes de que pudiera formular un pensamiento racional, la mano de Asperilion se movió primero.
[—…….]
Fue un acto reflejo.
Tiró con naturalidad del brazo que aún rodeaba su muñeca para ayudarla a mantener el equilibrio y, con la otra mano, sostuvo su hombro, atrayendo hacia sí el cuerpo que se inclinaba peligrosamente hacia adelante.
El pequeño cuerpo se acomodó en silencio contra su pecho.
El cabello plateado se deslizó sobre su brazo y el aroma humano que percibía de vez en cuando invadió de golpe su olfato.
La cueva quedó sumida en un silencio absoluto.
Y lo único que resonó atravesando ese silencio fue…
TUM, TUM.
Un latido tosco y pesado, tan fuerte que parecía retumbar contra las paredes de la cueva.

RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD