Capítulo 167
Odelli, en silencio, colocó la carne recién preparada sobre el escudo calentado al rojo vivo.
CHSSSS
Mientras la carne se chamuscaba y rezumaba grasa, un olor característico, profundo y sabroso, comenzó a dispersarse por la cueva.
Las pupilas negras del dragón oscilaron brevemente.
Pero al instante siguiente, volvieron a su estado frío e indiferente, como si nada hubiera pasado.
—¿No tiene hambre?
[—Aliviar el hambre y subsistir es el destino de las criaturas débiles y minúsculas. Yo nunca he estado sujeto a tales limitaciones.]
—…¿Entonces está diciendo que nunca en su vida ha probado la comida?
[—Así es.]
Ante la respuesta contundente, Odelli parpadeó, desconcertada.
¿Ni una sola vez en toda su existencia?
Como nunca lo había visto llevarse nada a la boca, había supuesto que era algo así como “un cuerpo conveniente que no necesita comer”…
Pero que nunca hubiera probado la comida desde su nacimiento…
Eso era una cuestión de otro nivel.
Tras reflexionar un momento, Odelli preguntó con cautela:
—Entonces, ¿qué hace normalmente?
[—…]
—Si no come, debe pasar ese tiempo haciendo algo más…
[—¿Por qué iba a…?]
—¿Como algún pasatiempo, o algún otro placer?
El dragón la miró como si no pudiera entenderla.
Tenía la expresión de quien escucha una pregunta absurda, como preguntar por qué arde el sol o por qué sopla el viento.
[—Resistir el flujo del tiempo con acciones tan insignificantes es algo que solo hacen los mortales.]
—…
[—Yo simplemente existo.]
Al escuchar esa respuesta, Odelli se quedó sin palabras por un momento.
«…¿No hace nada?»
«Entonces, ¿con qué diablos encuentra alegría para vivir?»
Incluso si no fuera por el mero propósito de mantener la vida, comer algo delicioso era un pequeño placer que cualquiera podía disfrutar.
Claro, el dragón era un ser superior, incomparable con los humanos, una criatura que podía existir sin depender de sensaciones como el placer o el sabor.
Pero aun así…
Si nunca había probado ninguno de esos placeres, ¿cuán vacía debía ser esa vida?
«Ahora mismo, lo único que hace es fundirse con el suelo de la cueva y observarme.»
A cualquiera le parecería aburrido.
Hasta ahora, Odelli había pensado que, como era un ser que había vivido eones, su actitud cínica se debía a estar hastiado de todos los placeres y estímulos del mundo.
Como Rudville.
Parecía un ser que, tras haber sido emperador, haberse ganado el título de villano del siglo y haber tenido innumerables experiencias, había caído en el hastío.
«Pero quizás no era así…»
Jamás se le había ocurrido que, en lugar de haber probado todas las delicias del mundo, fuera un ser que ni siquiera tenía el concepto de “comida”.
«…¿Era todo lo contrario?»
¿Era tan indiferente no por haber experimentado mucho, sino por no haber tenido ninguna experiencia?
Este mundo gira en torno a los “humanos”, que crearon la civilización.
Pero para él, los humanos no eran más que criaturas minúsculas, así que no había tenido ninguna razón para exponerse a ningún estímulo relacionado con el mundo humano.
«Ya veo.»
Solo entonces Odelli sintió que empezaba a entender un poco la razón detrás de la actitud que había mostrado hasta ahora.
«El dragón en este momento es como un papel en blanco.»
El más fuerte de este mundo.
Un ser trascendente.
Una existencia que reina en la cima del mundo.
Títulos grandiosos e imponentes al oído, pero que, dicho de otra manera…
Significaban que era el único ser en este mundo que no pertenecía a ningún lugar, un solitario.
Sin emociones, sin pasatiempos, sin deseos, sin interés.
Sin comer, sin cansarse, sin necesitar nada, simplemente “existiendo” en este mundo y dejando pasar el tiempo.
Eso debía de ser algo muy solitario.
«…Entonces, puedo usar eso.»
De repente, Odelli recordó algo del pasado.
«Rudville, cuando perdió la memoria, al principio también abrió su corazón a través de la comida.»
Lo que podía hacer en esta cueva era extremadamente limitado.
Pero para sobrevivir y volver, tenía que usar todos los medios posibles.
«…Tanto si funciona como si no, debo intentarlo.»
Incluso si esa elección provocaba la ira del dragón y resultaba en su muerte aplastada en un instante.
Ya estaba preparada para eso.
—Se puede comer aunque no sea para sobrevivir. Cuando comes algo delicioso, te sientes bien.
[—¿Sentirse bien?]
Asperilion soltó una risa burlona.
[—¿Acaso mi estado de ánimo va a cambiar por esa simple…?]
Antes de que pudiera terminar la frase, Odelli tomó un trozo de carne bien asada y, sin vacilar, lo lanzó directamente hacia su boca.
[—…!]
Fue un instinto.
Tan pronto como detectó el objeto volador, su cuerpo reaccionó primero.
Los reflejos de un depredador atraparon al instante lo que había entrado en su boca.
[—…]
Por un momento, un silencio muy pesado descendió.
[—Esta pequeña criatura se atreve…]
«¿A tirarme basura a la boca?»
Pero algo aún más absurdo ocurrió justo después.
La intención de castigar tal insolencia fue rápidamente desplazada por la sensación desconocida que se extendía por su boca.
Un sabor profundo y sabroso.
La textura de la grasa derritiéndose suavemente.
El leve aroma a fuego.
Y, por último, el intenso regusto que golpeaba ligeramente la punta de la lengua.
Estímulos desconocidos, experimentados por primera vez, estallaron como fuegos artificiales multicolores, y aquello que hasta entonces había menospreciado como “la cocina humana” trastornó inesperadamente sus sentidos.
[—…]
Las pupilas verticales del dragón se contrajeron levemente y luego se expandieron, oscuras como la obsidiana.
Sin perder de vista esa reacción fisiológica, Odelli preguntó con naturalidad:
—¿Está rico, verdad?
Asperilion no respondió.
No, no pudo.
Ni siquiera sabía cómo definir aquellos estímulos complejos en sus papilas gustativas.
290 años sellado en esta cueva.
El tiempo que él había existido era mucho más largo que eso.
Durante todo ese tiempo, ningún estímulo había sido necesario para él.
No valía la pena recordarlo, ni había necesidad de reaccionar.
Pero ahora…
Sintió que una grieta muy fina se abría en sus sentidos, endurecidos como la roca por el paso del tiempo.
El sentido del gusto, reaccionando a una carne “deliciosa” bien asada.
Complejo, innecesario… por mucho que su mente lo rechazara, no podía dejar de pensar en ello.
Este cuerpo perfecto había reaccionado al alimento lanzado por una criatura minúscula.
[—…Humana.]
Su voz sonó baja, como el sonido de algo arrastrándose por el suelo de la cueva.
[—¿Eres consciente de lo que acabas de hacer?]
Aun ante aquel tono cargado de amenaza, Odelli ni siquiera parpadeó, limitándose a inclinar ligeramente la cabeza.
Con un rostro que parecía genuinamente ignorante.
—¿No le gustó?
Parecía una reacción ligera, como si creyera que la razón de su ira era simplemente que la comida no había sido de su agrado.
—Es comprensible. Los ingredientes son limitados.
Odelli removió el fuego con un improvisado atizador y añadió, como de pasada:
—Si tuviera mejores ingredientes, podría mostrarle un sabor mucho más auténtico.
Sus palabras sonaban triviales, pero sutilmente sembraban la expectativa de que quizás, la próxima vez, podría probar un plato aún mejor.
[—…Ja.]
Solo entonces Asperilion lo entendió con claridad.
El hecho de que esta pequeña humana estaba fingiendo deliberadamente no saberlo.
Con un rostro inocente, se atrevía a “tentar” al dragón.
Como si, con un gesto, le ofreciera mostrarle a un ser que ni siquiera conocía el concepto de la comida, un mundo de sabores más profundo e intenso.
Pensando que podía domesticarlo, controlarlo.
[—Atreverse.]
Una simple humana.
Una criatura inferior y efímera.
Intentando ponerle una correa al “dragón”, el depredador supremo y ser trascendente de esta tierra.
«¿La mato?»

RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD