Capítulo 165
Al sumirse en un sueño profundo, su consciencia se hundió bajo la superficie del dormir.
Y entonces, el recuerdo de aquel día inolvidable vino a él tomando la forma de un sueño.
Hace 290 años.
Un capítulo repugnante de la historia, en el que esos humanos arrogantes y presuntuosos le habían infligido una humillación.
* * *
Aquella noche, las trayectorias de las estrellas se invirtieron.
Era un desastre natural inevitable.
La noche del “Cambio de Ciclo”, que llegaba solo una vez cada miles de años.
Una sensación espantosa, como si el mundo entero se diera vuelta, cubrió todo su cuerpo.
La infinita energía mágica que fluía por sus vasos sanguíneos se retiró en un instante como la marea bajando, y cada vez que respiraba, su garganta se sentía áspera y oprimida, como si estuviera tragando virutas de metal.
El único momento en que el Ser Absoluto se volvía más vulnerable.
Quién iba a imaginar que esos insectos hubieran leído incluso el flujo de los cuerpos celestes y esperado solo este instante.
Cuando levanto la cabeza, vio un enjambre de bichos negros cubriendo el suelo.
Humanos.
Miles, no, decenas de miles de magos se apiñaban como una hormiguera, recitando hechizos.
El sonido de sus torpes cánticos, saliendo de sus bocas, se convirtió en decenas de miles de agujas afiladas que perforaban sus tímpanos.
[—¡Cómo se atreven!]
Su rugido sacudió la tierra, pero ellos no retrocedieron.
El único resquicio: la puerta del cielo se abría y su poder tocaba fondo. Esos insectos, quemando sus propias vidas como leña, se abrían paso a través de esa brecha.
¡CRRRRUUMB!
La tierra se partió y se abrió como una enorme boca. Al mismo tiempo, el abismo húmedo y oscuro, sin un ápice de luz, de las profundidades subterráneas me tragó.
Era un acto desesperado y cobarde: si no podían matarle, de alguna manera le encerrarían.
Sus extremidades fueron atadas por grilletes invisibles, y desde la lejana superficie llegó el sonido de ellos sellando la entrada.
Y justo antes de que la última luz desapareciera, su líder, escupiendo sangre, lanzó una maldición.
—¡Escucha, dragón maligno Asperilion! ¡Tú, que te enamorarás de un humano, finalmente serás destruido por ese mismo amor!
En ese momento, más que enfadarse, se sentía atónito y soltó una risa burlona.
¿Amor? ¿Destrucción?
Enterrado bajo rocas y tierra desagradablemente pegajosas, sentía un asco respetuoso por su repugnante imaginación.
«Que me enamorara y muriera por unos humanos indistinguibles de los gusanos que parasitaban carne podrida.
¿Podría haber un insulto más creativo que ese?
Pero estaban locos.»
Para completar esa absurda maldición, incluso habían puesto bajo hipnosis colectiva a los humanos de los alrededores.
—Si cada año se ofrece una doncella como novia al “dios”, la aldea estará a salvo.
Podía sentir cómo la mentira se infiltró en las débiles mentes humanas.
Su plan era, incluso de esa manera, arrojar carnada frente a su boca, y rogar que se obsesionara con una de ellas.
Rió con desdén en la oscuridad negra como el carbón.
[—Muy bien, inténtalo.]
Su burla subió a través de la tierra y sacudió todo el imperio.
[—Trescientos años. Si hasta el día en que este torpe sello se rompa, yo no amo a un simple humano, vuestro imperio desaparecerá de esta tierra sin dejar ni un puñado de cenizas.]
[—Vosotros, humanos, pagaréis muy caro el precio por haberme enterrado en un lugar como este.]
Así pasaron 290 años.
En la superficie, las generaciones cambiaron decenas de veces, y todos aquellos que recordaban el terror de aquella noche habían vuelto a la tierra.
La profecía de la destrucción se convirtió en un viejo cuento para dormir a los niños, y solo quedaba una cosa.
Una costumbre hueca, transmitida por hábito, olvidando su razón y propósito.
—Si cada año se ofrece una novia, el dios protegerá la aldea.
Solo esa creencia estúpida y patética permanecía, tenaz como el musgo en las paredes de la cueva.
* * *
«Je…»
Asperilion exhaló un leve suspiro y abrió los ojos.
Había sido un sueño terriblemente vívido.
El lugar donde abrió los ojos seguía siendo el interior frío y húmedo de la cueva.
La realidad en la que llevaba atrapado 290 años.
Tal vez las estaciones habían cambiado, pues el olor del viento que se filtraba entre las grietas de las rocas era diferente.
Podía leer el paso del tiempo solo por ese cambio sutil.
Un mes.
Había pasado un tiempo considerable.
Para él era solo un instante, pero para los humanos era un tiempo cruel donde pendía su supervivencia.
«Qué silencio.»
El interior de la cueva estaba quieto como una tumba.
Asperilion miró al vacío con ojos indiferentes.
Como se ofrecía un sacrificio al año, en los últimos 290 años habían pasado exactamente 290 sacrificios.
El final era siempre el mismo.
Algunos, incapaces de soportar el miedo, habían muerto con el corazón detenido en menos de un día. Otros, tras gritar día y noche hasta quedarse roncos, habían muerto de hambre.
O, devorados por esta oscuridad y soledad absolutas, se habían golpeado la cabeza contra la pared hasta morir.
Tan débiles y frágiles hasta lo ridículo era la raza humana.
«Esa mujer no será diferente.»
El sacrificio número 291.
Vino a su memoria la imagen de ella, atrevidamente proponiendo un trato: si la dejaba vivir, se mantendría callada. Pero eso era todo.
Por muy ágil que fuera una lengua de tres pulgadas, es impotente frente al frío y el hambre.
Por muy tenaz que fuera la vida, un mes era un tiempo difícil de resistir.
Seguramente ya sería un cadáver frío.
«Como el molesto humano ha desaparecido, ahora podré descansar más cómodamente.»
Llegó a una conclusión satisfactoria y lentamente se incorporó.
Pensando en dónde deshacerse del cadáver que debía estar esparcido por la cueva, pudriéndose.
Sin embargo.
«…»
Luz.
Al límite de su campo de visión, una luz que no se había apagado parpadeaba.
Una pequeña fogata aún crepitaba, y frente a ella, una humana envuelta en pieles de bestia cosidas.
Esa pequeña humana seguía viva.
«Qué tenacidad.»
Sus cejas de dragón se movieron ligeramente ante una vitalidad inesperada.
Era la repugnancia que se siente al ver un insecto que, por más que lo pisas, no muere y sigue retorciéndose con vida.
Era un entorno donde debería haber muerto, pero, como una cucaracha, su aliento se aferraba con terquedad.
Y además, ahora…
«…¿Acaso está friendo en el escudo?»
La humana había colocado el escudo boca arriba, con su parte cóncava hacia arriba, sobre la fogata.
«…¿Está loca?
¿Habrá perdido la razón tras un largo hambre?
¿Así que ese trozo de metal empezó a parecerle comida?»
Pero, mirando más de cerca, para ser una loca, estaba demasiado serena.
CRICK, CRACK.
Golpeó el escudo con tranquilidad. Comprobando si el calor se distribuía uniformemente.
—Con esto debe bastar.
Luego colocó sobre el escudo la carne de lagarto plateado que había preparado antes.
Estaba usando un instrumento que en el campo de batalla detenía flechas, como simple plancha para asar carne.
Poco después, la carne de lagarto, con un tinte plateado azulado, empezó a cocinarse.
SIZZLE
Junto con el sonido de la carne friendose, se elevó un olor desconocido.
La grasa que burbujeaba en la superficie de la carne salpicó al tocar las llamas.
CHIIII
Con un sonido innecesariamente estridente, un olor penetrante atravesó el aire viciado de la cueva e invadió con fuerza.
La nariz de Asperilion se movió ligeramente.
«Esto es…»
Un aroma peculiar, nunca antes olido en su vida.
Demasiado extraño para sentirlo simplemente como agradable, demasiado irritante para ignorarlo, un olor intenso.
Odelli sacó con familiaridad un recipiente improvisado hecho de una piedra rota.
Había raspado y recolectado antes cristales de sal y polvo de musgo pegados a la pared de la cueva.
Cuando lo espolvoreó sobre la carne, el aroma del musgo se elevó como hierbas, mezclándose en el aire.
Entonces, el olor se volvió más denso y abundante, invadiendo obstinadamente el sensible olfato del dragón.
Odelli tomó cuidadosamente un trozo y se lo llevó a la boca.
—Mmm.
Perfecto.
En su rostro se extendió una expresión de satisfacción incomparable.
NOM, NOM.
Recogiendo y comiendo carne de reptil sobre un montón de basura, y poniendo una expresión tan feliz.
Asperilion observó fríamente esa escena incomprensible.
No pudo evitar preguntar.
Qué demonios era esa locura.
[—…¿Qué estás masticando y tragando ahora?]

RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD