Capítulo 14
Aunque era una pequeña emoción que podría haber pasado por alto si no le prestaba atención, Dojin la sintió con una claridad extraña. Una pequeña expectativa que había presenciado sin querer, en realidad, tan insignificante como una mala hierba, pero que le llamó poderosamente la atención.
—¿Desde cuándo me estabas esperando? —preguntó Dojin mirando a Yun-yeong con la sensación de haber recibido un leve golpe en la cabeza.
Como Dojin permaneció en silencio, Yun-yeong, que parecía sentirse incómodo, parpadeó con sus hermosas pestañas.
Esta escena le resultaba extraña: el hecho de que alguien lo estuviera esperando. No por trabajo, sino simplemente por su existencia.
En una casa vacía, esperar a alguien siempre había sido su tarea, por lo que le resultaba desconocido el momento en que alguien lo llamaba al abrir la puerta y entrar. Era algo que no recordaba desde hacía mucho tiempo.
—¿Señor? —preguntó Yun-yeong.
Finalmente, asintió con la cabeza y sonrió. O al menos, pensó que había hecho el gesto de sonreír. No estaba seguro de qué expresión tenía en ese momento.
—¿Me estabas esperando, joven Maestro?
—No, en realidad no —respondió Yun-yeong.
Como si le pesara haberlo negado de inmediato, el chico añadió en voz baja:
—Es que me desperté temprano y… como estaba aburrido, vine a vigilar al señor.
—¿Pensaste en mí tan pronto como abriste los ojos? —preguntó Dojin, que, aunque hablaba con naturalidad, como siempre, notó su corazón se agitarse al decir esas palabras.
—¿Por qué dices eso?
—Es solo que yo sí que pensé en el joven Maestro —respondió Dojin.
Al escuchar esas palabras, las orejas de Yun-yeong, y esta vez incluso sus mejillas, se sonrojaron ligeramente. Dojin esperaba que le respondiera con una réplica mordaz, como de costumbre, pero en su lugar dijo algo inesperado.
—¿No te aburres jugando conmigo? Yo pensé que podrías aburrirte…
—¿Qué? ¿Por qué? Más bien, ¿no estabas enfadado porque no te prestaba atención cuando jugaba? —preguntó Dojin.
—Honestamente, es un poco patético que alguien de tu edad se esfuerce tanto por ganar —respondió Yun-yeong.
Dojin soltó una risa incómoda ante la impertinente respuesta del chico. Aun así, este continuó hablando sin parar.
—Pero jugaste conmigo, adaptándote a mí. Yo… no tengo muchos recuerdos de jugar con otros. Por eso pensé que podría ser aburrido para ti.
«¿Por qué? ¿Por qué alguien tan amable y lindo como tú no tiene recuerdos de jugar con otros?»
Muchas preguntas pasaron por su mente, pero en lugar de indagar, simplemente sonrió como lo haría con Doyeon. No quería presionarlo para que hablara de algo que claramente no quería compartir. En cambio, lo tranquilizó de manera simple y directa.
—Fue divertido. Creo que yo disfruté demasiado y tú te aburriste. Hoy haremos algo diferente.
—¿En serio? —preguntó Yun-yeong, su expresión iluminándose.
La expresión de Yun-yeong se tornó radiante. Dojin, impulsivamente, extendió su mano hacia la cabeza del chico, como solía hacer con su hermana. Verlo feliz le llenó el pecho de emoción.
—Sí, en serio —respondió Dojin.
De manera descarada le acarició el cabello. El pelo castaño que se enredaba entre sus dedos era sorprendentemente suave. Nunca había tocado seda, pero imaginó que debía de sentirse así: elástica y suave al tacto.
—Oops —murmuró.
Yun-yeong, que solía hacer un escándalo incluso si le tocaban el borde del ojo, esta vez no se movió. Dojin esperaba que se alejara con una expresión seria, como había hecho antes, pero se quedó quieto. Cuando retiró su mano, el rostro de Yun-yeong quedó al descubierto y sus ojos parecían a punto de llorar. Fue solo un instante.
Joven, frágil y que parecía a punto de romperse.
Dojin se sintió abrumado por una sensación que no había experimentado en mucho tiempo. No sabía qué parte de su acción le había afectado, así que lo observó en silencio.
Yun-yeong miró la mano de su guardaespaldas, que se retiraba, con una expresión triste. No parecía enojado ni herido en su orgullo. Al no encontrar una razón clara, decidió cambiar el ambiente.
—¿Vamos a comer, joven Maestro? —preguntó Dojin.
Afortunadamente le siguió el ritmo. Desviando rápidamente su mirada de la mano, Yun-yeong lo reprendió.
—El señor es un glotón.
—Sí, me dicen el demonio de la carne —respondió Dojin.
—Vas a engordar.
—Antes pesaba más. Era luchador de judo.
Yun-yeong escuchó en silencio y luego preguntó:
—¿Tienes fotos de esa época?
—Si el joven Maestro come bien hoy, se las mostraré.
—…Qué ridículo —respondió Yun-yeong.
Aunque decía eso, el hecho de que no lo negara era una señal de aceptación, y finalmente pudo reírse con tranquilidad. Después de preocuparse por Doyeon la noche anterior, un pequeño sentimiento de calma llegó a su corazón.
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La señora Joo llamó a Dojin “tesoro” esa mañana. Dijo que era la primera vez en años que el joven Maestro se comía un tazón entero de arroz y estaba muy contenta. La mesa del desayuno estaba tan lujosa puesta que parecía excesiva, y Dojin probó por primera vez el “tarakjuk” o gachas de leche.
Además, había rollitos de huevo con huevas de pescado, pescado asado y “jeotgal” o mariscos fermentados. Un desayuno relativamente ligero pero delicioso, algo que era difícil de conseguir en casa de sus tíos.
Aunque sus tíos intentaron criar a los hermanos sin que les faltara nada, no había sido una tarea fácil. Ambos trabajaban desde temprano por la mañana y no eran precisamente ricos. Solo ganaban lo suficiente para mantenerse y además tenían deudas por haber ayudado a su padre en el pasado.
No queriendo ser una carga para quienes lo cuidaban, Dojin solía comer solo arroz y kimchi. A veces, su tía lo veía y, sintiéndose culpable, le preparaba bulgogi u otros platillos, pero más que disfrutarlos, se sentía incómodo por el gasto.
Para él, incluso el precio de un simple café americano helado era un lujo. Habiendo crecido como un huérfano que solo necesitaba un lugar para dormir y comida para no morir de hambre, tenía muy poca experiencia con una variedad de alimentos. Tampoco era común que recibiera comida de otros.
Después del desayuno, Dojin recorrió la mansión buscando algo que hacer con Yun-yeong. Milagrosamente recibió de la señora Joo unas canicas, algo a lo que no había jugado desde que era un niño pequeño. No era muy bueno en eso, pero como era un juego simple que involucraba el cuerpo, Yun-yeong podría aprenderlo fácilmente.
—¿El señor es de la vieja escuela? —preguntó Yun-yeong, sentado en la alfombra de la habitación.
«Esto es por lo que los niños no son buenos. Con solo unos años de diferencia, siempre te hacen sentir viejo».
—No, solo soy cuatro años mayor que el joven Maestro. Nacimos en la misma época —respondió Dojin.
—Pero, ¿cómo sabes de esto?
—Lo jugaba cuando era niño. Mi hermana menor estaba enferma, así que mis padres la cuidaban y yo crecí con mi abuela en el campo.
Al escuchar lo de “enferma”, Yun-yeong lo miró.
Dojin, que estaba tratando de recordar cómo se jugaba con las canicas, sintió su mirada y levantó la cabeza.
—Ah, ahora está bien. Fue hace mucho tiempo.
—Sí, bueno —respondió Yun-yeong.
Aun así, como si le pesara, el chico murmuró en voz baja:
—¿Me parezco a la hermana del señor? ¿Por eso me tratas bien?
—Bueno, no. Para empezar, mi hermana es una chica y Beta, así que es muy diferente al joven Maestro. Además, su personalidad también es distinta. Es solo que…
—Entonces, ¿por qué me tratas bien? Podrías seguir jugando videojuegos como siempre, ¿no? Es raro que te tomes la molestia de buscar algo como esto —preguntó Yun-yeong.
Yun-yeong siempre era así, lanzando preguntas directas. Sus ojos, que lo miraban fijamente, parecían esforzarse por entender algo que no comprendía.
«Es un niño con fuertes defensas», pensó Dojin. Recordó que el día anterior también intentó averiguar por qué se quedaba a su lado.
—Ya te lo dije ayer. Mi trabajo es tratarte bien, joven Maestro. Además, me pagan bien por ello —respondió Dojin.
—En esta casa hay muchas personas así, pero nadie lo hace como tú.
—¿Y la Señora Joo? Es muy amable. Estaba feliz porque el joven Maestro comió bien.
El rostro de Yun-yeong se enfrió. Con una mirada compleja perdió interés en el juego y se enderezó, borrando gradualmente su expresión.
—No. Solo me cuida porque le resultaría problemático si yo me enfermara o me muriera de hambre. Cuando bajamos esta vez, incluso dijo que le daba pena tener que separarse del joven Señor.
Yun-yeong no parecía decepcionado, sino más bien hastiado. Su opinión contrastaba con su apariencia amable, lo que dejó a Dojin confundido. Después de un momento de reflexión, preguntó:
—¿El joven Señor?
—Sí. Mi medio hermano. No debo llamarlo “hyung”.
Era una afirmación extraña. No solo la palabra “hyung” era desconocida, sino también la idea de que no debía llamarlo “hermano”.
De repente, Dojin recordó lo sucedido hacía dos días. ¿Tendría algo que ver la actitud seria de Yun-yeong cuando le pidió que lo llamara “hyung” con esta situación?
—Esto no es una historia de “Hong Gildong*”. ¿Dónde se ha visto algo así? —preguntó Dojin.
*N/C: En Corea, mencionar a Hong Gildong alude a la discriminación social o familiar, especialmente cuando alguien es tratado como inferior dentro de su propia familia.
Ante la incredulidad de Dojin, la expresión de Yun-yeong cambió ligeramente. Su rostro, que antes parecía cansado de contar una historia desagradable, se suavizó un poco.
—¿Hablas de la expresión “no poder llamar padre a su padre, ni hermano a su hermano”?
—Conoces incluso los proverbios de cuatro caracteres. El joven Maestro es muy inteligente. Dicen que los Alfas dominantes son todos inteligentes.
—¿Qué clase de proverbio es ese…? —preguntó Yun-yeong.
Yun-yeong lo reprendió, pero luego lo miró con un poco de preocupación.
—¿Has investigado sobre los Alfas dominantes?
—Pensé que debía saberlo bien para servir al joven Maestro, pero no encontré mucha información. Parece que nadie cree que existan.
Yun-yeong se inclinó ligeramente y comenzó a jugar con las canicas. Su rostro, que mostraba aburrimiento, parecía sereno para su edad.
—Hubiera sido mejor si eso no existiera. Es un rasgo casi inexistente en Corea, y yo soy un caso especial dentro de eso. Mi feromona es demasiado fuerte y mi cuerpo no podía manejarlo hasta que crecí y me adapté.
Dojin no tenía una respuesta para eso, así que simplemente escuchó.
«Entonces, es verdad lo que investigué».
—En el extranjero, los Alfas dominantes aparecen en las pruebas de rasgos genéticos, así que es algo que se sabe desde que nacen, pero en Corea no hay ese tipo de muestras, así que todos pensaban que era un Alfa normal. Mi feromona casi no se siente, así que hay más personas como el señor, que piensan que soy un Omega.
Yun-yeong no parecía decirlo con intención de criticarlo, pero Dojin se sintió nuevamente apenado.
Una cosa que había aprendido con el tiempo era que lo que a él le parecía bueno no necesariamente era algo agradable para la otra persona. Un cumplido como “eres lindo” podría ser un detonante para Yun-yeong, por lo que era comprensible que alguien como él le resultara desagradable.
—El joven Maestro tenía razones para odiarme desde el principio. Yo también actué como un tonto.
Al verlo reflexionar de nuevo, el chico negó con la cabeza. Recogió las cinco canicas y las hizo rodar en su palma. El sonido de las canicas chocando resonó en la habitación.
—El señor es honesto. Por eso no me desagrada. Es mucho mejor que aquellos que fingen no estar a mi lado por dinero.
Sus palabras lo conmovieron de una manera inexplicable.
«Es cierto. Es por el dinero. Ya se lo dije ayer».
Aunque lo afirmaba internamente, al recordarlo esperándolo esa mañana, sintió una extraña vacilación.
«¿Realmente el dinero lo es todo?»
Dojin se hizo esa pregunta. Para alguien como él, su actitud era algo ambigua. Le preocupaba que Yun-yeong pudiera tomar una decisión equivocada y también le molestaba que aceptara tan fácilmente que estaba con él por dinero. Le resultaba incómodo actuar de manera indecisa, algo que normalmente detestaba. Para recomponerse, murmuró para sí mismo.
—Incluso si hay otras razones, no pienses demasiado en ello. Después de todo, es una relación que terminará, como todas las demás. No añadas sentimientos inciertos a algo que es puramente material.
—Es un alivio.
«Sí. Digamos que es solo una relación basada en el dinero. Eso es más cómodo para ambos. No pienses en cosas innecesarias. Como siempre, concéntrate solo en lo que es seguro y duradero».
Mientras repetía esas palabras como un mantra, Dojin sonrió. Como siempre, moderadamente.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: BYUL
CORRECCIÓN: MERLISYS
REVISION: FREYJA