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Capítulo 17

Dojin apenas se había cruzado con él aquellos días, por lo que el rostro de Yun-yeong empezaba a desdibujarse en su memoria. La última vez que habían comido juntos fue diez días atrás, y hasta ese encuentro se había limitado a verlo una vez cada dos días, como si fuera una obligación intermitente.    

De hecho, sentía que había tenido más que hacer cuando solía acompañarlo. Durante las últimas dos semanas no había hecho nada más que merodear por el pasillo frente a su habitación.  

—Ah, sí… —respondió Dojin, aunque las palabras se le atascaron en la garganta.

Sabía que debía aceptar la situación sin más, pero la sequedad en su boca delataba su culpa. Estaba seguro de que Yun-yeong no comía bien por causa suya.  

«Era evidente…Yun-yeong lo evitaba a propósito. Claro, todo es por mí. Por mi culpa ni siquiera se alimenta».

—No estará enfermo, ¿verdad? —preguntó Dojin.  

—No. En realidad, nunca ha comido mucho. Pero últimamente, aunque no lo aparente, ha cambiado mucho. Cada día parece más saludable, es casi mágico —respondió la Señora Joo con una expresión ambigua, entre contenta y preocupada.

Dojin asintió, fingiendo no notar su conflicto.  

—Me alegra oír eso.  

—A principios de mes hasta se sentaba a comer contigo y sonreía. Pero parece que se ha cansado rápido. Siempre ha sido así, voluble, aunque nunca le han gustado mucho las personas…  

«… Eso no me parece cierto».

Dojin encontró extraño que alguien como la Señora Joo, que llevaba años cuidándolo, lo juzgara así. Hasta él, que lo conocía desde hacía poco, sabía que Yun-yeong era más cálido de lo que aparentaba.  

Mientras intentaba convencerse de que no debía involucrarse más, un sonido proveniente del tercer piso lo paralizó. Solo una persona vivía allí. Con el corazón acelerado sintió un impulso inexplicable. Después de diez días sin verlo, anhelaba encontrarse con ese rostro.  

«No es necesario evitarlo. Solo debo actuar con normalidad… Al fin y al cabo, soy su guardaespaldas».

Los pasos de Yun-yeong, a diferencia de los de otros chicos, eran suaves y silenciosos. Dojin se tensó al escuchar cómo resonaban en el pasillo. La boca seca, la garganta ardiente. Quería volver, pero una presión invisible lo detuvo. No era por las feromonas, como antes, sino algo más intenso.  

Al final, giró lentamente. Allí estaba Yun-yeong, descendiendo las escaleras con una expresión impasible. Dojin lo miró fijamente notando algo distinto.  

¿Había crecido? Su belleza andrógina de antes ahora se veía más masculina. Su rostro estaba más delgado, la línea de la mandíbula más definida. Pero lo que más le sorprendió fue su estatura: ahora eran de la misma altura.  

«¿Cuándo creció tanto? A los diecinueve, los huesos ya no…»

Contuvo las ganas de comentarlo. El cambio de Yun-yeong no era asunto suyo. Sin embargo, su mente se agitaba: por mucho que intentara negarlo, su atención siempre volvía al chico.  

—¿Ha salido a descansar, joven Maestro? El Supervisor Park dijo que ha estado estudiando mucho —dijo la Señora Joo.  

—… Sí. Solo eso —respondió Yun-yeong con frialdad, clavando sus ojos en Dojin.

Este, nervioso, olvidó su habitual sonrisa. Yun-yeong frunció levemente el ceño, como si quisiera decir algo, pero reprimió sus emociones, como siempre. Su rostro pálido se tornó aún más blanco al inclinar la cabeza. El silencio pesaba.  

«Me equivoqué todo este tiempo», pensó, aturdido.  

Yun-yeong estaba desesperado en silencio. Había asumido que, tras tres días de distanciamiento, el chico ya lo habría olvidado. Se había engañado a sí mismo para aliviar la culpa, creyendo que todo estaba resuelto.  

Dojin recordó las palabras del Director Song:

{—La familia de Yun-yeong lo menospreciaba, incluso los sirvientes se burlaban de él. Un chico que nunca se defendía.}

«¿Cuánto habría sufrido?»

Él no era una persona particularmente bondadosa y Yun-yeong no era su familia, ni siquiera su hermano. Entonces, ¿por qué le importaba tanto?  

El sonido de la puerta principal al abrirse interrumpió sus pensamientos. Una voz femenina estalló en el vestíbulo:  

—¡Yun-yeong! ¡Mamá está aquí! Vine después de escuchar todo lo que pasa. ¿No bajarás a saludarme después de tantos años? ¿Y cómo es eso de que te manifestaste como Alfa raro? ¡Ni siquiera me llamaste!  

—¡Te dije que te fueras, Shin Yerim! —rugió el Supervisor Park siguiendo a la mujer.  

Era una belleza impactante: cabello ondulado castaño y rostro diminuto. Pero su elegancia contrastaba con su voz áspera.  

—¿Qué? ¿Me golpearás? ¡Si me tocas, destruiré esta casa! ¡Ya preparé todo para enviar todos sus secretos a la prensa! ¡Suéltame, maldito!  

La Señora Joo palideció:  

—¿Joven Maestro…? ¿Quiere que…?  

—No. No la dejen entrar —murmuró Yun-yeong, retrocediendo hacia las escaleras.  

Pero la mujer ya estaba subiendo. Al verlo, gritó con falsa dulzura:  

—Cariño, ¡mamá está aquí!  

Yun-yeong se detuvo. Su barbilla temblaba, los labios apretados. Ella sonrió satisfecha:  

—Hijo… Cuánto tiempo.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: BYUL
CORRECCIÓN: MERLISYS
REVISION: FREYJA



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