Capítulo 10
El salón del tercer piso contaba con una enorme ventana que cubría toda una pared, posiblemente diseñada para beneficiar a Yun-yeong, que tenía una salud delicada. Debido a esto, el sol entraba con tanta fuerza que, a pesar del aire acondicionado, el calor era bastante intenso.
La ausencia de cortinas dejaba claro que esta no era una casa habitada por personas comunes. Dojin, sentado en el sofá, se colocó cerca de la ventana para bloquear la luz y evitar que Yun-yeong sufriera por el calor.
Sin embargo, incluso sin el sol directo, el chico fruncía el ceño. Llevaba aproximadamente tres horas con esa expresión, y en el momento en el que Dojin anotó el gol decisivo, Yun-yeong apretó los labios y soltó el joystick.
—Ah, gané de nuevo. Lo siento —dijo Dojin con la mayor humildad posible, conteniendo una sonrisa. En la gran pantalla de 75 pulgadas, un famoso futbolista sonreía mientras corría por el campo.
Como solía ocurrir cuando los chicos se reunían, habían estado jugando al fútbol durante más de una hora. Lamentablemente, Yun-yeong no había logrado vencerlo ni una sola vez.
—¿Quieres jugar de nuevo? —preguntó Dojin con amabilidad.
Yun-yeong, molesto, apretó el botón de encendido del control remoto del televisor. Al apagar bruscamente la pantalla, hizo un esfuerzo por no parecer resentido y preguntó:
—… ¿No trabajas para mí?
—Bueno, en última instancia, sí.
—Entonces, ¿por qué nunca me dejas ganar? ¿No eres un adulto mayor?
—Una victoria obtenida de esa manera no tiene valor, joven Maestro. Eso es algo que se hace con los niños pequeños.
Dojin sabía que debía apagar correctamente la consola para evitar que se dañara: dejarla en modo de espera podría causar problemas. Aunque pensaba en eso, decidió no mencionarlo para no irritarlo más. Después de todo, no era suya, y en una casa rica como esta, podrían comprar otra si se estropeaba.
—¿Solo comemos y jugamos?
—Cuando los chicos se juntan, ¿qué más hacen si no es beber o jugar?
Dojin no tenía problema alguno en aceptar cosas gratis siempre que no hubiera consecuencias graves, por lo que en su época escolar solía ser invitado a muchas reuniones. Como jugaban mucho a la consola, sabía cómo jugar a casi cualquier juego popular.
—No quiero jugar más. No es divertido.
Yun-yeong, realmente enfadado, se recostó en el sofá y sacó su teléfono. Después de perder durante tres horas seguidas, era comprensible que estuviera de mal humor. Dojin había ganado en dos juegos de lucha antes de jugar al fútbol, y allí también lo había derrotado. Si hubieran jugado un AOS* o un FPS*, tal vez las cosas habrían sido diferentes, pero solo tenían una consola en la casa. A menos que hubiera otra computadora, no había muchas opciones.
*AOS: Abreviatura de “Age of Sigmar”, de la franquicia Warhammer. Se trata de un juego de estrategia que simula batallas entre ejércitos utilizando miniaturas. Cuenta hasta la fecha con cuatro títulos en formato videojuego.
*FPS: El término First-Person Shooter o Disparos en Primera Persona se refiere a un género de videojuegos cuyas características son que se tratan de juegos de acción rápida que involucran armas y en el cual el jugador se relaciona con el entorno usualmente en primera persona.
Dojin sabía por experiencia que jugar en serio era mejor que dejar ganar al otro, ya que eso despertaba el espíritu competitivo. Aunque había intentado moderarse, parecía que Yun-yeong simplemente no era bueno en los juegos.
Al repasar las últimas tres horas, comenzó a sentirse un poco incómodo. ¿Realmente había sido necesario vencer a un niño? Se arrepintió un poco.
—Joven Maestro, ¿estás enojado?
—No. Simplemente no suelo jugar a este tipo de juegos, así que no me divierten.
Dojin asintió con una expresión amable y Yun-yeong dejó su teléfono sobre la mesa. Sus ojos marrones, llenos de resentimiento, lo miraron fijamente.
—Es la primera vez que juego a esto.
—¿En serio? Entonces, ¿cómo supiste los controles?
Al ver la expresión genuinamente molesta de Yun-yeong, comenzó a sentirse cada vez más culpable. Después de dos días con él, sabía que el chico no era el tipo de persona que mentiría por algo así.
—Me da vergüenza decírtelo.
—¿Por qué?
—Pensé que, como soy más joven, sería mejor que tú.
—Vaya, cualquiera pensaría que hay una gran diferencia de edad entre nosotros. Yo también estoy en mis veintes.
—Desde que tienes la “s” en tu edad, ya estás en la mitad de los veinte.
La respuesta de Yun-yeong, basada en algo que había escuchado en alguna parte, dejó a Dojin sin palabras. Aunque ya se estaba acostumbrando a que lo llamaran “ajusshi*“, lo de mitad de los veintes lo golpeó un poco.
N/T: *Ajusshi (아저씨) es un término en coreano que se usa para referirse a un hombre mayor, generalmente de mediana edad. Es similar a decir “señor” en español. Se emplea comúnmente para dirigirse a hombres que no son familiares pero que son mayores que uno, como vecinos, conocidos o personas en situaciones informales. Es un término respetuoso, pero no formal.
—Debe de ser agradable ser un joven lleno de energía como tú, joven Maestro.
—Ya casi soy un adulto.
—¿Cuántos años tienes?
—Estoy en mi último año de secundaria.
Al escuchar su edad, Dojin soltó un suspiro de alivio. Había pensado que tendría una edad similar a la de su hermana menor, pero resultó que eran exactamente de la misma edad.
—Joven Maestro, tienes la misma edad que mi hermana menor.
—… ¿Tienes una hermana? —Yun-yeong hizo la pregunta y, como si hubiera entendido algo, continuó con un tono de enojo—. Ah, por eso me tratas como a un niño.
—Bueno, técnicamente eres un niño.
Al escuchar la palabra “niño”, Yun-yeong frunció el ceño como si hubiera escuchado algo ofensivo. Sus orejas se enrojecieron y de repente se movió al extremo del sofá, visiblemente incómodo.
—Pronto seré un adulto.
—Lo sé. Pero yo soy un ajusshi, así que para mí eres un niño —sonrió Dojin burlonamente mientras usaba el término que tanto odiaba el chico.
Yun-yeong, temblando de frustración, se cubrió las orejas y agarró su teléfono, fingiendo mirar la pantalla.
Su comportamiento tímido era tan lindo que Dojin sintió ganas de seguir molestándolo. Aunque sabía que no debería comportarse así con alguien que, en esencia, era su empleador, no pudo evitar sentir que Yun-yeong se lo estaba permitiendo, lo que lo animó a seguir bromeando.
—¿Estás enviando mensajes a tu novia y por eso no quieres escuchar a este ajusshi?
—Eres como un viejo cascarrabias. Deja de hacer eso.
—Ahora soy un ajusshi y un viejo cascarrabias… A los veintitrés años ya he logrado mucho —se rio Dojin mientras se acercaba a Yun-yeong, quien rápidamente cubrió su teléfono y levantó la voz.
—Aléjate, viejo cascarrabias.
—Honestamente, en términos de flexibilidad mental, tú eres más conservador que yo. Yo tengo un alma joven, ¿sabes? ¿Te da vergüenza hablar de tu novia? Normalmente, los chicos hablan de eso con sus mayores.
—¡No tengo novia…!
Dojin no pudo evitar reírse. El día anterior, Yun-yeong parecía distante y un poco intimidante, pero ahora era simplemente un estudiante de secundaria.
«Así que esto es lo que se siente salir con alguien más joven. Tiene su encanto».
La repentina idea lo dejó un poco avergonzado. En la universidad, los estudiantes de último año a menudo coqueteaban con los de primer año, y ahora él se sentía como uno de ellos. Tal vez por eso Yun-yeong lo llamaba “viejo cascarrabias”.
Dojin se aclaró la garganta y Yun-yeong, con una expresión de profundo resentimiento, le mostró su teléfono. En la pantalla había un juego con gatitos sentados en un porche, moviendo sus colitas.
Era un juego lindo que ya había visto antes. Su hermana menor lo había descargado cuando estaba obsesionada con tener una mascota.
—Estaba jugando a esto.
—Wow, juegas cosas muy lindas, joven Maestro. ¿Te gustan los gatos?
Sorprendido por su reacción genuina, el chico parpadeó varias veces. Los gatitos en la pantalla eran bastante adorables, y Dojin se inclinó para ver mejor, mientras Yun-yeong murmuraba:
—No es que me gusten especialmente los gatos…
—Te pareces un poco a un gato, joven Maestro.
—¿Eso es un insulto?
—No me atrevería a insultar a alguien como usted. Es un cumplido.
Por supuesto, la parte en la que los gatos se ponían furiosos y bufaban cuando te acercabas demasiado fue omitida. Pero decir que era lindo no era mentira.
—…Tú también te pareces a algo.
—¿A qué? ¿A una celebridad? Bueno, soy bastante guapo.
—Me das asco…
Yun-yeong retiró bruscamente su teléfono. Dojin se encogió de hombros.
—No puedo mentir sobre ser guapo.
Entonces, Yun-yeong lo miró fijamente con una expresión extraña y dijo:
—Supongo que vales por tu apariencia.
—Bueno, he escuchado eso antes.
En realidad, nunca le habían faltado pretendientes, así que no podía negarlo. Tampoco había amado a alguien de verdad, por lo que sus relaciones se basaban más en lo físico que en lo emocional. Sin embargo, desde que su naturaleza se manifestó, las relaciones casuales se habían vuelto más aceptadas en Corea. La sociedad se había vuelto más abierta y la gente ya no lo criticaba tanto.
—Parece que has tenido muchas novias, ajusshi.
—He tenido algunas. ¿Y tú, joven Maestro?
Yun-yeong lo miró con incredulidad.
—¿No escuchaste lo que dije antes? No salgo con alguien a menos que sea para casarme.
—Wow… No sabía que eso significaba que nunca habías tenido novia. Los jóvenes de hoy en día suelen ser más avanzados, ¿no? Joven Maestro, ¿cómo manejas tus… impulsos?
Al mencionar el tema, las orejas de Yun-yeong se enrojecieron de nuevo. Se levantó bruscamente del sofá, como si hubiera escuchado algo inapropiado.
—No quiero hablar de eso.
—Ah, entiendo. Lo siento.
Dojin se dio cuenta de que estaba tratando a Yun-yeong como si fueran amigos cercanos, lo cual no era apropiado. Yun-yeong lo había estado tolerando, pero había cruzado una línea. No debería de haber hecho esa pregunta.
«¿Por qué sigo haciendo esto? No había necesidad de preguntar eso».
Dojin reflexionó rápidamente y se apresuró a pensar en algo que pudiera interesar a Yun-yeong. Buscó alguna actividad que pudieran hacer juntos y que no requiriera mucha habilidad, como los juegos. En la ciudad habría más opciones, pero en un pueblo pequeño como este, las posibilidades eran limitadas.
Mientras pensaba, escuchó pasos subiendo las escaleras. La señora Joo, quien lo había guiado esa mañana, apareció con una sonrisa amable.
—Ustedes dos, es hora de almorzar. Parece que se han divertido tanto que se olvidaron de la hora.
—… No tengo hambre.
Yun-yeong rechazó la oferta con una expresión que sugería que no tenía apetito, pero Dojin lo convenció.
—Joven Maestro, todavía estás en edad de crecimiento. Debes comer bien para crecer.
—Madre mía.
La señora Joo se rio disfrutando del carisma de Dojin. Yun-yeong, que estaba a punto de entrar a su habitación, lo miró con incredulidad.
Un día atrás habría pensado que Dojin era descarado, pero hoy lo veía de otra manera. Incluso comenzaba a parecerle lindo, y Dojin no pudo evitar sonreír. Al mostrar su famosa sonrisa radiante, Yun-yeong finalmente cedió.
No esperaba que Yun-yeong siguiera su consejo. Parecía que le importaba su estatura. Aunque ya medía más de 180 cm, tal vez quería ser más alto. Dojin sonrió para sí mismo, sintiendo que la inexplicable sensación de incomodidad que tenía antes se desvanecía un poco.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: BYUL
CORRECCIÓN: MERLISYS
REVISION: FREYJA