Capítulo 4
—Hoy, en cuanto me viste, pensaste que era un Omega, ¿verdad? Por eso me miraste de esa manera.
Yun-yeong, quizás debido a las muchas experiencias que había tenido, lanzó otra frase. Su voz irritada hizo que Dojin se sintiera incómodo. Hasta hacía un momento él había pensado eso, así que no podía negarlo con mentiras.
—Lo siento. Es que eres bonito… Honestamente, eso fue lo que pensé.
—Olvídalo. Todos piensan lo mismo.
—Pero está mal pensar como yo. Es un prejuicio.
Ante las palabras de Dojin, Yun-yeong cerró la boca.
—No hagas caso a las personas que actúan sin pensar. Sus palabras no te afectarán en absoluto.
Mientras intercambiaban palabras, llegaron al supermercado. El supermercado, con el letrero “Bongsunga Mart” escrito en un estilo de letra antigua, parecía haber estado en ese lugar durante mucho tiempo, ya que estaba bastante oxidado.
Al echar un vistazo, afortunadamente aún no habían cerrado. Los ancianos, que estaban sentados en un banco jugando a las cartas frente al supermercado, dirigieron su mirada hacia los dos jóvenes que aparecieron de repente. Entre ellos, una señora que agitaba un abanico se levantó del banco y aplaudió.
—Vaya, ¡qué guapos son! ¿A qué han venido?
—Con este calor… ¿No tienen calor? ¿Han venido desde Seúl?
—Vaya, ¡seguro que han estado trabajando en el campo! ¡Qué calor hace!
El bullicio repentino de la gente pareció incomodar a Yun-yeong, quien se escondió detrás de Dojin. Parecía ser tímido. Su comportamiento contrastaba con su actitud desafiante anterior, y era un poco, solo un poco, adorable. Dojin, sin darse cuenta, sonrió y enderezó aún más su postura.
—Vaya, ¡este lugar está lleno de gente guapa! ¿Podemos comprar algo?
—¡Claro que pueden comprar! ¡Adelante!
—Déjenlo en mis manos.
Dojin entró rápidamente al supermercado para comprar lo que necesitaba y regresar. Yun-yeong lo siguió de cerca, mirando a su alrededor con incomodidad. Su cabeza era un poco más pequeña que la de Dojin.
«Visto así, parece un Alfa».
Él era bastante alto, pero Yun-yeong tampoco era bajo. Si Dojin medía más de 180 cm, Yun-yeong probablemente también superaba los 180 cm. Desde que lo vio por primera vez, pensó que tenía una buena complexión, y si no le prestaba tanta atención a su rostro, podía parecer muy masculino. Pero, ¿qué sentido tenía definir eso?
Al mirarlo de reojo, sus ojos se encontraron. Los ojos de Yun-yeong, que no estaban enojados, eran tranquilos y hermosos. La forma de sus ojos, ligeramente inclinados, le daba una expresión sonriente. El aura única que emanaba de una persona hermosa hizo que Dojin se detuviera por un momento, y entonces Yun-yeong preguntó:
—¿Qué vas a comprar?
—Ah…
Dojin miró hacia el interior del supermercado. Sobre los estantes de metal oxidados había galletas, cajas de productos en el suelo y una exhibición de bebidas manoseadas. Buscó el lugar donde estaban las bebidas alcohólicas.
—Vine a comprar bebidas para adultos. Los niños no deberían ver esto.
Era una frase sincera, pero en ese momento, Yun-yeong soltó una risita. Para él, que solo lo había visto actuar de manera desafiante, era la primera vez que lo veía reír. Sus ojos bien formados se suavizaron y su rostro se iluminó como si hubiera florecido una flor. Aunque solo fue una risita.
La escena era tan bonita que Dojin, sin darse cuenta, soltó:
—Te ves muy guapo cuando sonríes.
Entonces, la expresión de Yun-yeong se enfrió de inmediato. Retiró la sonrisa que apenas había mostrado y reprendió a Dojin:
—No he sonreído. No hables por tu cuenta.
—Acabas de sonreír.
Dojin hizo una mueca de risita y Yun-yeong apretó los labios. Podría haberlo ignorado, pero después de unos segundos de silencio, decidió responder.
—Fue porque me pareció ridículo. Podrías haber dicho que viniste a comprar alcohol, ¿por qué decir “bebidas para adultos”? De todos modos, tú tampoco tienes más de 20 años, ¿verdad? Si alguien te escucha, pensará que eres un adulto de verdad.
Yun-yeong caminó hacia la exhibición en lugar de Dojin. Mientras abría el refrigerador para mirar las bebidas alcohólicas, Dojin se acercó y preguntó en voz baja:
—¿Cuántos años crees que tengo?
—Si lo preguntas, pareces mayor.
—¿Por eso me llamaste “señor”? ¿Realmente parezco un señor?
Dojin estaba genuinamente preocupado, y Yun-yeong, que tocaba ligeramente las botellas de alcohol, murmuró:
—No, eres guapo, así que no pareces un señor.
Dojin captó la voz baja de Yun-yeong. Complacido por el cumplido de alguien tan arisco, se inclinó hacia él mientras elegía las bebidas. Mirándolo desde arriba, sonrió y dijo con voz juguetona:
—¿Parecía guapo?
Molestar a los niños siempre era divertido, y Dojin estaba genuinamente disfrutando. También le alegraba que su protegido, que parecía tan grosero, fuera en realidad un estudiante bastante lindo. Mientras sonreía, Yun-yeong lo miró fijamente y luego giró la cabeza.
—No finjas que somos cercanos. Aléjate.
—Sí, sí, joven Maestro.
En cuanto Yun-yeong retrocedió, Dojin se acercó y cubrió las bebidas alcohólicas. Luego, rápidamente tomó varias latas de cerveza y cerró la puerta del refrigerador. Al ver esto, Yun-yeong lo reprendió:
—En estos días, hasta los estudiantes de primaria beben alcohol. ¿Por qué te pones tan *exquisito? Apuesto a que tú también bebías en la secundaria.
*N/T: En algunos países hispanohablantes, especialmente en contextos informales o coloquiales, “ponerse exquisito” significa “actuar de manera exageradamente prudente, sensible o quisquillosa”.
Era cierto. Los chicos que hacían deporte solían beber después de los entrenamientos, y Dojin también había sido arrastrado a esas situaciones desde una edad temprana. Pero sabía que lo que hacía era ilegal y no era algo de lo que presumir. No era un logro.
—Pero eso no lo hace correcto —miró Dojin hacia afuera.
Aunque había clientes dentro, la señora seguía sentada en el banco, viendo las cartas con tranquilidad.
Las risas resonaban desde afuera y el viento soplaba suavemente a través de la puerta abierta. El sol ya se había puesto y la noche era fresca, en contraste con el calor abrasador del día.
Sumido en un estado de ánimo tranquilo, Dojin olvidó apurarse y se detuvo por un momento para disfrutar de la escena. Yun-yeong también parecía fascinado por el supermercado, mirando a su alrededor con curiosidad. La parte posterior de su cuello, que nunca había visto el sol, era hermosa.
—Veintiséis años.
—¿Eh?
—La edad. ¿No tienes veintiséis años?
Fue una frase inesperada que vino de Yun-yeong, que estaba mirando las galletas.
«Veintiséis años. Así que por eso me llamaste “señor”».
Dojin se sintió un poco herido por el apodo justificado. No era la primera vez que lo veían mayor de lo que era, pero, aun así, había una gran diferencia entre veintitrés y veintiséis años. Sintiéndose un poco deprimido, murmuró para sí:
—¿Tengo cara de viejo?
—… ¿Cuántos años tienes?
—Veintitrés.
Al parecer, era más joven de lo que Yun-yeong había pensado, ya que este se giró rápidamente para mirarlo. Su actitud de evaluarlo no se parecía en nada a la de un joven mimado de una familia adinerada. Si lo fuera, en lugar de ser manipulado por un guardaespaldas como él, habría intentado manipularlo.
—Eh…
Yun-yeong bajó la mirada hacia sus zapatos y murmuró:
—Me equivoqué. Lo siento.
Las puntas de sus zapatos deportivos manchadas de tierra rozaron el suelo con incomodidad. Dado que Yun-yeong no había mostrado ningún signo de disculpa por todo lo que había sucedido antes, Dojin estaba más sorprendido que nadie.
«Es más tierno de lo que esperaba».
Su hermana menor, Doyeon, también solía actuar de manera grosera, pero se ponía nerviosa cuando la molestaban un poco. La imagen de su hermana colgándose de él se superpuso con la de Yun-yeong.
—Entonces, ¿puedes llamarme “hyung” en lugar de “señor”?
Tal vez porque por un momento vio a Doyeon en él, su corazón se ablandó un poco. Aun así, ser llamado “señor” a los veintitrés años era incómodo, por lo que que Dojin le preguntó en tono de broma.
Pero no esperaba que lo llamara así. No eran cercanos y Yun-yeong no parecía ser muy sociable.
Yun-yeong permaneció en silencio por un momento. Después de mirar al suelo, levantó ligeramente la cabeza y observó a Dojin como un niño que busca pistas. Su rostro, tratando de discernir si era una broma o era en serio, mostró un ligero rubor.
Contrario a lo que esperaba, que lo rechazara con disgusto, su expresión cambiante lo tomó por sorpresa. Mientras se preguntaba si en realidad lo llamaría “hyung”, los labios rosados de Yun-yeong se abrieron ligeramente.
—No quiero. ¿Por qué deberías ser mi hyung? No hay mucha diferencia de edad.
Pero, a pesar de su expresión, Yun-yeong finalmente puso una barrera. La suavidad que había mostrado brevemente desapareció y rápidamente creó distancia, girándose.
—¿No es como el cielo y la tierra entre un estudiante de secundaria y yo?
—No te llamaré “hyung”.
—¿Entonces seguirás llamándome “señor”?
—Sí.
—No es fácil, no es fácil —murmuró exageradamente Dojin para aligerar el ambiente.
Pero en el fondo, se sintió aliviado. Era bueno haber evitado una situación incómoda donde una broma se tomaba en serio. Dojin, recuperando la compostura, recordó que era hora de irse.
Colocó las cervezas que había elegido en el mostrador. Luego, buscó las castañas que su superior, Sang-hyun, le había pedido. Mientras pensaba en qué más comprar, le hizo una oferta a Yun-yeong. También era una forma de disculparse. Se sentía mal por haber hecho que considerara su propuesta tan seriamente.
—Entonces, ¿me ayudas a elegir los aperitivos? No sé mucho sobre snacks, no sé cuáles son buenos.
Las palabras de Sang-hyun llamándolo tacaño no eran falsas. Él rara vez abría su billetera a menos que fuera necesario.
Comer snacks era un acto innecesario y no recordaba haber comprado golosinas nunca con su propio dinero. Incluso cuando su padre estaba vivo, no eran una familia acomodada, y después de eso, vivió dependiendo de otros, por lo que para Dojin era un desperdicio.
Pero al menos no vivía endeudado. No pedía prestado ni gastaba en exceso, así que no era una carga para los demás. Dojin no se avergonzaba de su vida. Lo que otros dijeran no importaba.
Esta vez, la oferta no pareció desagradarle a Yun-yeong, quien comenzó a mirar los snacks. El chico, que ya era de pocas palabras, se volvió aún más silencioso, como si le hubieran encargado una tarea importante, y eligió los snacks con cuidado. Su actitud era tan peculiar que atrajo la atención de Dojin.
«¿Cuánto tiempo pasó?»
Yun-yeong eligió los snacks. Después de mucho pensarlo, eligió unas palomitas de maíz con una imagen de maíz frito en la bolsa.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: BYUL
CORRECCIÓN: MERLISYS
REVISION: FREYJA